domingo, 25 de julio de 2021

Todo arde si le aplicas la chispa adecuada

No sé donde encontré esto tan chulo el otro día. En Twitter, supongo. La cuestión es que el fuego está lleno de verdades


En Carol decían esto de arriba y en un sentido totalmente distinto también lo cantaba Héroes del Silencio hace milenios. 



Todo arde si le aplicas la chispa adecuada.

miércoles, 21 de julio de 2021

Vacaciones en 3, 2, 1...

No pretendo herir susceptibilidades ni provocar envidias innecesarias, así que sólo os informo: en dos días me voy de vacaciones. 48 horas. 2880 minutos. Menos de 173.000 segundos, Pero, ¿quién los cuenta?

Estoy de este año hasta la pepitilla. Pensaba que lo llevaría mejor que 2020 pero está siendo también duro a su manera. Hay menos miedo, menos muertos, menos tragedia (por suerte), pero nos pilla ya con las defensas bajas, al límite de nuestra resistencia. Y esto de que nos muevan continuamente la línea de meta desmoraliza al más pintado. Porque, en teoría, este infierno se acababa ya. Hace un mes los casos estaban en mínimos y se suponía que gracias a las vacunas no iban a volver a subir a lo bestia. Era mucho suponer, claro. Nos hemos despistado un milisegundo y la variante Delta nos la está liando. Y mucho me temo que nos queda bastante por ver aún. No lo quiero ni pensar.

Por supuesto, mis vacaciones coinciden con un nuevo pico de incidencia, porque esa es una tradición que, por lo visto, ha llegado para quedarse. La que no se queda (a no ser que me confinen, cruzo los dedos para que no) soy yo. Ya se me fastidiaron todos mis días libres el año pasado. Voy a llenar mi maleta de prudencia y serenidad y voy a cambiar de aires un poquito porque si no al final terminaré estallando. Y será peor para todos, que una superheroína desequilibrada y con sus poderes extraordinarios intactos puede tener más peligro que el maldito bicho enrabietado.

Así que, colegas, hasta más ver. Y por la sombra, bombones.



domingo, 18 de julio de 2021

Compilando

Tenía una profe en la universidad que decía que hay trabajos de creación y trabajos de compilación, y con ello defendía que lo que hacíamos en su clase de coger en la biblioteca (era el Pleistoceno superior, casi nadie teníamos acceso a internet en casa y ni remotamente en el teléfono) libros sobre el tema que fuera y resumir (fusilar) lo mejor de cada uno en nuestros proyectos de 12 páginas estaba bien y tenía valor porque estábamos "COMPILANDO".

Bueno, pues siguiendo este sabio consejo hoy toca entrada de compilación, más que nada porque yo uso este blog en plan "puerta de mi nevera" o "corcho de mi habitación" para tener a mano las cosas que voy encontrando por ahí que me gustan. Aquí os las dejo.

¡¡BUENA SEMANA Y POR LA SOMBRA, BOMBONES!!


"Todo el mundo lo sabe: cuando te rompen el corazón en mil pedazos y te agachas a recogerlos, solo hay novecientos noventa y nueve trozos".

(Aquí dentro siempre llueve, CHRIS PUEYO)







("El café de los corazones rotos”, Penélope Stokes)


miércoles, 14 de julio de 2021

¿Bloqueos? surfistas

En su día me costó sangre, sudor y lágrimas sacarme el carnet. Aprobé el práctico a la segunda después de cinco millones de clases en las que lo pasaba de puta angustia, porque me sentía una inútil al volante. Seguramente no era para tanto, claro, pero la serenidad no es mi punto fuerte, me imaginaba un siniestro en cada curva y hacía unos nervios de flipar. En cuanto tuve el permiso me alejé todo lo posible del coche para evitar esas malas sensaciones y en unos meses, como era de esperar, se me olvidó conducir. Ni os cuento las megabroncas que tuve con los pobres SpeedyPadres cuando intentaron enseñarme de nuevo en polígonos industriales desiertos, siendo yo la peor alumna de autoescuela de la historia y ellos los profes con menos paciencia del universo. Parecía que jamás conseguiría dominar el volante. Y después me salió un truño de curro en la montaña más alta en la que no quedaba otra que ir en coche cada 10 minutos y, ¡OH, SORPRESA!, conduje de nuevo. MILAGRO. ¿Por qué? Porque no me quedaba otra. A la fuerza ahorcan.

Pienso mucho en esto ahora que varios amigos, al contarles algunas facetas perennemente paralizadas de mi vida, me recomiendan ir a terapia. "Algún bloqueo tendrás ahí", me dicen. Y bueno, no sé si tienen razón pero yo analizo esas situaciones en el pasado y no veo que mi comportamiento fuera determinante en como discurrieron los acontecimientos. Creo que las olas de la vida se generaron de una determinada manera y yo las surfeé como pude. Igual no demasiado hábilmente, eso os lo puedo reconocer, pero en todo caso, el oleaje, la marea, no la decidí yo, me vino de serie.

Siguiendo con la cutre metáfora surfista, lo que mis amigos quieren decir con lo del bloqueo es que quizá yo no cogí determinadas olas por miedo a caerme de la tabla antes de acabar, por ejemplo. O que fuera una onda tan grande que me engullera y me ahogara. Pero yo miro mi pasado y lo que veo, sobre todo, es un mar penosamente calmado, sin apenas rizos y los minúsculos que había, simplemente, no eran para mi.

Si hubiera venido una ola grande, de las potentes, una a la que se le intuyera recorrido hasta la playa, POR SUPUESTO que me habría subido a la tabla. Y a lo mejor estaría cagada de miedo por si me caía, o me hacía daño o tragaba agua, pero lo habría hecho porque cuando viene con la energía suficiente no tienes opción a elegir, o te subes o te subes, como en el coche del párrafo de arriba. A la fuerza ahorcan.

domingo, 11 de julio de 2021

En guerra

-"Y pensó sobre ganar. Sobre cómo estaba dejando que esto ganara, lo que sea que fuera, la locura dentro de ella. Cath, cero. Locura, un millón."

(Fangirl, Rainbow Rowell)

Como decíamos ayer... 

LITERALMENTE ayer, porque ayer tuve que publicar el truño ese de emergencia en pro del mantenimiento de hábitos. Lo que pasa es que en vez de meterme allí en harina preferí dejarlo para mejor ocasión que va a ser, por ejemplo, hoy.

¿Vosotros estáis siempre cansados? Yo a todas horas. Me siento agotada full time, con una rayita de batería perennemente. Como tengo que vivir y tirar pa'lante, luego me pongo y hago lo que tenga que hacer: cocinar, hacer deporte, salir de juerga hasta las mil (en tiempos prepandémicos, claro)...  Pero lo hago CANSADA. Y no hay razones para ello. Como razonablemente bien, salvo que se me cruce una serie o libro altamente adictivo duermo lo suficiente y en mi curro de ocho horas estoy casi siempre sentada. Entonces, ¿por qué leches me siento 24/7 al límite de mis fuerzas?

Por la guerra, supongo. 

La que hay siempre dentro de mí. La que Cath describe tan bien en la cita de arriba. 

Guerra con mi troll Porculero. 

Guerra con mi yo desastre. 

Guerra con mi voz mental que dice permanentemente que no estoy donde debería, ni con quien debería ni haciendo lo que debería.

Guerra con mi chiflada interior.

Guerra con los tsunamis de "esto tampoco funcionará", "lo que haces no es suficientemente bueno" y "qué necesidad de arriesgarse otra vez."

Veo a alguna gente tranquila, serena, cómoda en su piel, con su lugar en el mundo y pienso si ellos también estarán en guerra. Supongo que sí, claro, aquí cada uno tiene lo suyo. Entonces...

¿cómo hacen para que les de igual?





sábado, 10 de julio de 2021

Ni una excusa me voy a molestar en buscar

Iba a buscar una excusa, pero he pensado que no, que en este blog se va de frente y con la verdad por delante, así que al lío.

Como siempre, me propuse un montón de cosas a principio de año, entre ellas fijar varios hábitos. Estoy relativamente contenta porque nunca consigo cumplir NADA de estos objetivos bienintencionados y en este 2021 hasta ahora he logrado implementar casi al completo un par de ellos. Parece poca cosa pero entre dos y cero la diferencia es infinita, así que ni tan mal, oye.

Estas dos pequeñas-grandes victorias sobre mi yo desastre total son meditar un rato cada mañana al despertarme y actualizar este mi querido blog dos veces por semana. Diría que lo primero lo he hecho el 100% de las veces, entre semana, en finde, habiendo dormido 12 horas o tres, con ganas o a cara de perro, pero siem-pre. Y estos, colegas, para mi yo desastre total es un verdadero milagro.

Lo otro que había cumplido siempre hasta ahora era lo de mi rinconcito bloguero y esta semana un bloqueo absurdo en los dedos amenazaba con cortar la racha, así que como Ozores pensé "no hija noooo" y aquí estoy. Y mañana estaré aquí de nuevo salvo catástrofe inevitable. Porque tengo que conseguir llevar estas mierdas hasta final de año. Lo necesito. Necesito pensar que mi yo mejorada poco a poco, aunque sea milimétricamente, le va ganando terreno a mi yo desastre total. 

Esto es una guerra de yoes, voy perdiendo y como diría Ozores "no hija noooooooo"

domingo, 4 de julio de 2021

El mismo libro con distintos títulos

Es curioso como algunos autores han conseguido hacer de la escritura una carrera en la administración pública, para toda la vida. Escriben un libro que gusta y luego escriben el MISMO libro una y oootra y ooootra y ooootra vez hasta su jubilación. Como funcionarios del Estado, oye, un trabajo para siempre. Lo llaman sagas pero no lo son. Sagas son los mismos protagonistas enfrentándose a diferentes retos, creciendo y evolucionando. Distintos personajes viviendo la MISMA historia, idéntica, clavada, exacta, uuuna y oootra y ooootra vez no es una saga. No sé lo qué es, pero una saga no.

A veeer, que yo entiendo la idea. Como lector puede gustarte mucho una historia, que los protagonistas se queden apañados al final pero que tengas curiosidad por lo que les ocurrirá a los secundarios, que también te caen guay. Eso pasa. Y que para que una saga lo sea tiene que tener un hilo conductor, claro. Que hable de miembros de una pandilla, jugadores de un  mismo deporte, alumnos de un internado... algo que le de una unidad. Hasta ahí bien. Pero que sean atletas, por ejemplo, no significa que tengan que ser clónicos. Que sean todos guapérrimos de la muerte. Que sean todos unos juerguistas que nunca han querido tener novia hasta conocerla a "ella". Que sean todos listos. Que sean todos buenísimas personas con un pasado difícil. Que sean todos extrovertidos y populares a más no poder. Si son el mismo personaje con minúsculos matices distintos, sus reacciones van a ser iguales y la historia va a transcurrir, amén de terminar, igual. Y la primera que quiere finales felices soy yo, que bastante drama hay ya en la vida, ¿eh? Pero si a partir de la página 3 del segundo libro ya sabes TODO lo que va a ocurrir en los ocho siguientes y en qué orden, como que le quita emoción, ¿no?

Aunque bueno, a lo mejor nos pasa a todos un poco igual. A otro nivel, (porque no es lo mismo ni de coña) me acuerdo de la gracia que me hacía cuando estudiaba literatura en el cole y el capítulo que fuera hablaba de las "obsesiones" del autor de turno, de Machado, de Unamuno, del que tocara. Yo, que era una pipiola y no había leído nada, no entendía tanta repetición y ahora veo claro que es inevitable, en casi todos los géneros. Si escribes mucho pones mucho de ti en cada palabra y lo que piensas, lo que sientes, se cuela en cada letra. Y al final todos le damos vueltas a las mismas cuatro cosas desde el principio de los tiempos. Que se lo digan a los clásicos griegos...

miércoles, 30 de junio de 2021

Antibodas

No creo que me case. Nunca digas nunca porque en el momento menos esperado siempre puede producirse el plot twist del siglo, pero vamos, no tiene ninguna pinta. Y aún asumiendo la hipótesis de que en realidad soy la prota involuntaria de una peli romántica y pasado mañana voy a tropezarme con el amor de mi vida preferiría no pasar por el altar si puedo evitarlo. Es decir, no tengo nada en contra de la institución del matrimonio como tal, firmar los papeles, formalizarlo... eso lo veo útil en algunos casos y para diversas situaciones. Incluso me parece hasta bonito tener la esperanza de que vas a pasar con la misma persona toda la vida. Lo que no soporto son las bodas, como fiesta, como celebración. Qué horror. 

Respetos al máximo a los que os encantan, a los que creéis que es el día más feliz de vuestra vida y toda esa mandanga. En el fondo de los fondos entiendo vuestro argumento: estáis contentos y queréis compartirlo con vuestra familia y amigos y eso... pues bueno, es comprensible y dulce. Pero dejando las pasiones a un lado tenéis que reconocerme que las bodas se han salido de madre y que ahora mismo son bastante horror. Por lo menos para mi.

Me pasa un poco como con el fútbol, que se ha montado un negocio de tales dimensiones a su alrededor que le ha despojado completamente de su esencia, de su valor, de su verdadero significado y lo ha reducido al absurdo. Todo está tan desbordadamente magnificado que se ha vuelto surrealista y aceptamos cosas que no asumiríamos en ningún otro contexto. Unos zapatos blancos valen 30 euros a no ser que sean de novia, que entonces el mismo par pasa a costar 300 lereles. Por arte de magia. Qué ridiculez.

Cada vez hay más y más y más añadidos a lo básico que pasan a parecer obligatorios. Ceremonia. Ceremonia y banquete. Ceremonia, banquete y barra libre. Ceremonia, banquete, barra libre y orquesta. Ceremonia, banquete, barra libre, orquesta y lista de las canciones que van a sonar en cada momento exacto. Ceremonia, banquete, barra libre, orquesta, lista de las canciones que van a sonar en cada momento exacto y recuerdos para los invitados. Alpargatas para los que les molesten los zapatos en el baile. Fotos para las mesas. Autobús de la iglesia al restaurante. Candy bar. Recena. En tiempos pandémicos test de antígenos y mascarillas a juego con los vestidos. No sigo que ya veis por donde voy, ¿no?

Todo adquiere unas dimensiones tan inabarcablemente enormes, tan monstruosas, que algo inicialmente bueno pasa a ser malo. Los infinitérrimos preparativos desbordan los nervios de los novios, que tienen las peores discusiones de su vida, entre ellos y con sus padres. Conflictos a todas horas. Estrés. Del vergonzoso dineral tirado a la basura ni hablamos. Pufff, qué horror. No se lo deseo ni a mi peor enemigo. 

Así que si al final resulta que estoy metida en una comedia romántica y pasado mañana encuentro al amor de mi vida y os digo que me caso, aseguraos de que es en plan discretito en el juzgado. Porque si monto un fiestón al estilo de la boda de Farruquito igual la peli no es de amor sino de extraterrestres y lo que ha ocurrido realmente es que los marcianos me han abducido para hacer experimentos con mi cerebro. Que en fin, también los pobres marcianos, sorpresitas se iban a llevar...

domingo, 27 de junio de 2021

Imposibilidades literarias

"La expresión de Garrett es como La rueda de la fortuna en pleno giro; pasa de estado de shock a incredulidad y después a perplejidad; sigue avanzando a intriga antes de, finalmente, quedarse parada en sospecha".

(The Deal)

Lo comentábamos el otro día. En las pelis pasan todo el rato cosas que no ocurren en la vida real: aparcan siempre en la puerta, les cogen el móvil a la primera, se levantan perfectamente peinadas y maquilladas... Esos imposibles cotidianos. En los libros también se da este fenómeno de imposibilidad, pero de otra manera, centrado en el plano corto, cortísimo. En el interior más que en el exterior. A ver si consigo explicarlo. 

En las novelas el narrador tiene que contarle al lector lo que ocurre con suficiente detalle para que no sólo se entere bien de la movida sino que se meta en la historia. Eso es mucho, mucho detalle, claro. Si es un narrador omnisciente, lo sabe todo (pasado, futuro, pensamientos, sentimientos) y vale que vale, ahí nos tendremos que tragar lo que nos diga, qué remedio. Pero muchas veces es el protagonista el que relata en primera persona. Y entonces, ¿qué?

Porque eso es guay para entrar en la mente del personaje, para oírle pensar, que es la forma más creíble de conocerle. Ningún narrador omnisciente me va a convencer de que el prota es duro consigo mismo, sin embargo leer las cabronadas con las que su troll porculero particular le bombardea a todas horas no me va a dejar lugar a dudas.

Peeero, hay otras cosas que en primera persona no son tan verosímiles. A mi me chirría, sobre todo, descripciones como la de la cita de arriba, el detalle con el que se reconocen las expresiones, las miradas de otros personajes. Eso NO ocurre en la vida real, no me fastidiéis. En el día a día diferenciamos enfadado de alegre, nervioso de tranquilo y aterrorizado de sereno. Poco más. 

Con mascarilla o sin ella, es difícil percibir qué sentimiento hay detrás de una mirada. Vamos un poco a bulto, a lo gordo y después ya con las palabras decidimos si está rabioso o inseguro o suspicaz o harto. Y a menudo ni por esas, porque si me dieran un euro por cada vez que alguien se ha tomado en serio cualquier comentario (para mi) evidentemente irónico ahora mismo estaría en el Caribe bebiendo cocolocos y disfrutando de mi feliz vida de millonaria. Si muchos no reconocen una broma como para distinguir entre perplejidad, incredulidad e intriga, ¿no?

Lo pienso mucho cuando en mi día a día aparece una persona de esas que se quedan mirando, fijamente, sin hablar. Que les preguntas, "¿qué  pasa?" y te contestan "nada", porque ellos son así, de quedarse mirando, sin una razón aparente. Que tú les ves que están serios. No te parecen enfadados, pero tampoco se ríen y tu decodificador de expresiones ya no tiene más alcance, se queda bloqueado allí, sin dar más datos. Y piensas: "Ahora me vendría genial un narrador omnisciente que especificara. La observó con tristeza, con aburrimiento, con impaciencia... con lo que sea".

¿Dónde están los narradores sabihondos cuando se les necesita?

miércoles, 23 de junio de 2021

Errores apelotonados

"No estoy segura de cómo tuve la suerte de conocer a Conor. Como si todas las veces que el mundo se cagó en mis zapatos estaban llevándome a este gran regalo de lo siento. A veces tomamos todas las decisiones equivocadas, terminamos en todos los lugares equivocados, y aun así encontramos exactamente el lugar donde se supone que debemos estar. Conor es mi accidente feliz. Mi lugar equivocado, mi momento equivocado, el chico exacto."
(The Dare, Elle Kennedy)


Hasta un reloj parado marca la hora correcta dos veces al día y hasta en libros maluchos puedes encontrar a veces cosas que te resuenan. No voy a comentar nada de este porque, bueno, no creo que le den el Nobel, pero tiene algún diálogo ingenioso y algún esbozo de idea que me ha gustado. La de arriba, por ejemplo.

Porque estaría guay, ¿no? Que como en las matemáticas dos signos negativos se eliminan entre sí y queda un positivo, en la vida muchas equivocaciones apelotonadas formaran un acierto. 

Ojalá.

Ahora mismo veo mi vida como un enoooorme error. Unas veces la cagué yo. Otras veces el destino fue un cabronazo. Otras me faltó capacidad de reacción. Otras simplemente no tenía suficientes datos para atinar.

No sé. Da un poco lo mismo, supongo. Para el caso, patatas. 

Todo mal. 

Por eso me gusta pensar que estoy en medio de un proceso, de una receta a medio hacer, de un día de limpieza general de habitación. Ahora mismo están todos los zapatos por el suelo, toda la ropa encima de la cama, toda la mesa llena de pilas gigantes de papeles amontonados. Hay cáscara de huevo en la encimera de la cocina, miles de cacharros sucios en el fregadero, la campaña extractora haciendo un ruido infernal y el horno sin precalentar aún. Todo es un galimatías y un desastre. POR AHORA. Pero cuanto más grande es el caos, más cerca está la solución. Quiero pensar que el proceso avanzará, cada cosa encontrará su sitio en los cajones y armarios y el bizcocho terminará bien presentado en una fuente con un olor y una pinta increíble.

Y todos los errores de mi vida me llevarán a un acierto final. 

Ojalá. Sería un puntazo.

domingo, 20 de junio de 2021

Creatividad, miedo y Elizabeth Gilbert

 

Bueno, amics, pues con otros ocho siglos de retraso (como siempre) por fin me he leído Libera tu Magia, de Elizabeth Gilbert. Me ha molado bastante, la verdad. Con lo que doy la turra por aquí con el temita, ya sospecharéis que a mi me gusta hablar de escribir, del proceso creativo, de como nos sentimos los que "hacemos cosas" (pintar, actuar, componer...a cualquier nivel, además, da igual ser un superventas o un pringao) cuando las hacemos. No hay mucha ocasión de hablar de esto en el día a día y Elizabeth dedica todo un libro a comentarlo, con agilidad, con gracia y con cierta chispa, además. Así que sí, claro, me ha gustado. Dice muchas cosas interesantes pero voy a quedarme con dos. 

-Su definición de inspiración. Yo intenté compararlo en esta entrada con saber donde suena la música y ella lo ve más como una cinta transportadora, pero en el fondo queremos decir un poco lo mismo.

"A veces, cuando estoy en pleno proceso de escritura, me siento como si caminara de pronto por uno de esos pasillos móviles que hay en las terminales de los grandes aeropuertos; tengo un largo camino por delante hasta la puerta de embarque y me pesa el equipaje, pero me siento suavemente impulsada por una fuerza exterior. Algo tira de mí, algo potente y generoso, algo que desde luego no soy yo."

-Y con lo culocagao que soy, desde luego, también me ha resonado como le habla del miedo. Como debería hacerlo yo. Tal que así


"Estimado Miedo:

Creatividad y yo estamos a punto de emprender un viaje juntas. Entiendo que nos vas a acompañar, porque siempre lo haces. Reconozco que crees que tienes una misión importante en mi vida y que te tomas tu trabajo en serio. Al parecer, tu trabajo consiste en provocarme el mayor pánico posible cada vez que me dispongo a hacer algo interesante y, permíteme que te lo diga, lo haces de maravilla. Pero en este viaje yo también tengo la intención de hacer mi trabajo, que es emplearme a fondo y no perder de vista mi objetivo. También Creatividad hará el suyo, que es seguir siendo estimulante e inspiradora. En el coche hay sitio de sobra para los tres, así que adelante, ponte cómodo, pero que te quede clara una cosa: Creatividad y yo somos las únicas que tomarán decisiones. Admito y respeto que eres parte de esta familia, así que no te excluiré de ninguna actividad, pero, aun así, tus sugerencias nunca serán escuchadas. Tienes sitio, tienes voz, pero no tienes voto. No puedes tocar los mapas de carreteras; no se te permite sugerir desvíos en el itinerario; no se te permite subir o bajar la calefacción. Tío, ni siquiera puedes tocar la radio. Pero sobre todo, mi viejo y querido amigo, tienes absolutamente prohibido conducir."

miércoles, 16 de junio de 2021

Leer a lo loco

Ya os lo he contado, ¿no? Estoy intentando salir de mi zona de confort literaria y escribir cosas distintas a las que he escrito toda la vida y me está costando un cojón y medio. Muchísimo. Un montonazo. Que sufrimiento, de verdad.

Total, que para intentar mejorar, ahora intento leer en "modo escritora" en lugar de "modo lectora" para ver si me entero de qué leches hacen otros para escribir taaaannnn bien y que parezca taaaaan fácil. Aquí entre nosotros, qué cabritos algunos autores, de verdad, qué sencillez, qué agilidad, qué fluidez, qué credibilidad, qué chispa. Qué envidia, colegas.

El caso es que leer en "modo escritora" se me complica muchísimo porque mi lectora interior es ávida e impaciente, quiere saber YA como sigue la trama y el resto le da igual. Como cuando te metes tanto en un peli que no te enteras ni de la banda sonora, ni de la iluminación, ni del vestuario, ni de la fotografía. Luego le dan el Oscar en alguna de esas categorías, te fijas y te das cuenta de que todo eso era increíble. Y que seguramente gracias a que todo esa era tan genial no te has salido en ningún momento de la historia y has podido implicarte tantísimo en la peli, que al final es de lo que se trata.

A mi me ocurre con los libros, paso las páginas a lo loco porque quiero saber el desenlace y no me fijo en como se construye todo. Como he sabido desde el capítulo dos que el prota era taaan buen niño. Como he intuido que ella estaba enamorada mucho antes de que lo pensara y mucho menos de que lo admitiera en voz alta. Por qué ese personaje me cae tan horriblemente mal.

Sólo una vez saciada mi curiosidad soy capaz de releer con calma y reparar en los detalles. Y casi siempre me sorprendo en plan: "¿Esto ya había pasado en la página 50?", ¡Ohhh, qué gesto más monooo", "Ah, ahora entiendo ese silencio tan largo. No lo había pillado". Al releer me doy cuenta de que no me había enterado de la misa la mitad.

Ahora que estoy sudando tinta china para escribir ciertas cosas y que sé lo que cuesta, me imagino a los autores pensando al verme leer a lo loco: "Pero, tronca, ¿te quieres fijar más? No me he dejado la puta vida dándole a la tecla para que tú te lo tragues sin masticar. Saborea, colega"

Y tienen razón.

domingo, 13 de junio de 2021

Truños literarios flipantes

Últimamente estoy leyendo mucho. Bueno, igual eso es exagerar, estoy subiendo mi media de los últimos años, que era bastante pobre, para qué nos vamos a engañar. El caso es que por razones cero interesantes que no sé como resumir aquí, no estoy pudiendo "elegir" mis lecturas sino escoger entre lo que hay un poco a ciegas, por como me suena el título y poco más. ¿Sabéis cuando vas a la casa de veraneo, no tienes nada para leer en la playa, miras en las estanterías, todo es bastante horror (porque, bueno, por algo lo desterraste a la casa de veraneo, ¿no?) y aún así te llevas el de la portada menos hortera porque mejor eso que estar todo el día en la tumbona sin nada que leer? Pues un poco eso.  ¿Y en qué se traduce esta circunstancia? En que me estoy encontrando unos truños de padre y muy señor mío, claro.

Me sorprende porque estoy acostumbrada a que eso me pase con las pelis pero no con los libros. Es decir, estoy hablando del nivel de zurullez de las pelis alemanas de sobremesa, los telefilmes de suspense de Antena3 o las historias navideñas de serie B. Lo que, desde luego, es mucha pero que MUCHA zurullez. Que cuando las veo, pienso: "No sólo alguien ha escrito esta basura de argumento y de diálogos, sino que ha tenido el cuajo de llevarlo a un productor para que ponga la pasta para rodar semejante mierda. ¡Y lo han rodado!" Increíble.  Y luego dicen que los milagros no existen.

Bueno, pues estos milagros truñescos también se dan en los libros, al parecer. Yo no los había encontrado porque, como leía poco, me limitaba a recomendaciones o a títulos que, por lo que sea, habían despertado mi interés previamente. Que luego pueden gustarte o no, ojo. Puedes ODIAR una novela o una historia y admitir que está bien escrita. O incluso puede no gustarte el estilo (porque a ti no te va o no le has cogido el ritmo o no has empatizado con los protagonistas o lo que sea) pero en el fondo notar cierta habilidad literaria, cierta destreza narrativa. Como decir: "A mi el gazpacho no me convence pero es una receta sana y fresquita para el verano y eso se lo tengo que reconocer".

Nunca me había pasado de encontrarme un libro que no hay por donde cogerlo. En el que los personajes no sólo te caen mal y son horribles sino que están tan mal construidos que parecen de cartón piedra. Con un argumento trilladísimo llenos de clichés innecesarios y un ritmo espantoso. No, no, peor, con AUSENCIA total de ritmo, en el que las cosas pasan aleatoriamente, sin ninguna justificación ni coherencia con la historia. Lo que viene siendo un TRUÑO como un castillo, vamos,

Ver mierdas gigantescas en las pelis me sorprende, pero puedo entenderlo más. La peña se las pone de fondo para la siesta, antes de dormir cuando vuelve del curro agotado y sin media neurona operativa. Un poco como la comida basura, a veces necesitas  trapiñarte una pizza con patatas fritas y sumergirte en la paz mental que te regala la sobredosis de hidratos de carbono. Pero un libro hay que LEERLO. Requiere un esfuerzo mayor que una peli. Arrastrarte penosamente en el fango de palabras mal escogidas, diálogos absurdos, personajes abofeteables y escenas de vergüenza ajena. Página, tras página, tras página. Es una tortura.

Y no hablo de historias entretenidas sin mucha profundidad pero adictivas o de las que simplemente están dirigidas a otras edades y perfiles y por eso a ti no te llegan. Hablo de BAZOFIAS monumentales, colosales, desmesuradas. Hablo de auténticas mierdas. Y sin embargo, el libro está publicado, así que algún editor ha tropezado con ese manuscrito y no sólo no ha muerto de una intoxicación tras ingerir semejante porquería sino que ha pensado que a alguien le iba a gustar y ha puesto la pasta para publicarlo. In-cre-i-ble. Yo flipo.

miércoles, 9 de junio de 2021

Mi primera PCR, chispas

Pensaba que me iba a librar, pero no ha podido ser. Llevaba año y medio de suplicio pandémico esquivando al bicho y a algunas de sus implicaciones más incómodas pero ya era demasiado pedir que acabara este infierno coronavírico a cero en el marcador. Así que aquí está, ha llegado el momento. Es la hora de mi primera PCR, chispas.

Y ni siquiera es una PCR premium, de las que se hace por síntomas o por contacto estrecho. Es una PCR aguachiná, preventiva, un daño colateral de estar otra vez de médicos, que nunca trae nada bueno.

Total, que ahí lo llevo, palito por la nariz para vivir la Experiencia COVID completa, en dolby surround,  blue ray, incluyendo escenas eliminadas y entrevista con el director. ¿O que me pensaba, que iba a atravesar la peor crisis sanitaria de los últimos 100 años a tocha intacta y pie enjuto, como Moises abriendo las aguas del Mar Rojo?

No hija, no, aquí a pringar, como todos. A ver quién me he creído que soy...


domingo, 6 de junio de 2021

¿Y ahora qué?


 Leí esto en Twitter el otro día y pensé: EXACTO. Es eso, justo eso, totalmente eso. Lo han clavado.

¿No os pasa? Porque yo desde hace tiempo, y en especial en este intensísimo año y medio de infierno pandémico, es la sensación que tengo el cien por cien del tiempo. La impresión de estar apagando fuegos a todas horas, de ir de marrón en marrón, de no salir de una para meterte en otra. Como las olas de un mar picadísimo, pero quitándole la parte divertida y el comodín de acercarte a la orilla y salir del agua cuando estás harto o cansado.

Os lo digo de verdad que yo hay ratos que no miro el teléfono porque no consigo reunir fuerzas. Porque me temo que cuando lo coja veré en algún grupo de whatsapp que alguien está en urgencias oootra vez y hay que ir a recogerle o que quien sea se ha caído en el autobús y le han puesto una escayola. Que entraré en Twitter y leeré que se puede esquiar en la Castellana de todo lo que ha nevado o que unos zumbados han asaltado en Capitolio o que una nueva variante triple mutante zombie amenaza con reiniciar este CoronaApocalipsis y mandarnos a la casilla de salida.

Hay ratos que no entro en mi cocina porque noto un nuevo complot de los electrodomésticos en ciernes y prefiero no saberlo. No quiero ver el charquito que ha dejado el enésimo escape de agua de la nevera, ni oír el sospechoso ruido que hace un microondas que ahora ha decido dar vueltas a la comida unas veces sí y otras no, según le apetezca. No quiero comprobar que la vitrocerámica está haciendo su propia versión de Los Inmortales provocando que los fuegos vayan dejando de funcionar progresivamente porque "sólo puede quedar uno" ni averiguar el motivo de que tres de los programas de mi lavadora ya no centrifuguen.

Hay ratos que no quiero abrir el buzón para no ver las facturas, ni mirarme detenidamente al espejo donde cada vez encuentro novedades no deseadas, ni ir de médicos, en los que también me dan siempre alguna buena nueva que preferiría no recibir.

Me entran ganas de ponerme unos cascos con la música a tope y cancelación de ruido y cuando alguien me toque el brazo para que me quite los auriculares y comunicarme algún marrón decirles exactamente lo del tweet:

Por el amor de Dios, ¿qué hostias pasa ahora?

miércoles, 2 de junio de 2021

Son tiempos difíciles para los soñadores

¿No os pasa que estáis convencidos de haber visto una peli, pero vamos, seguros 100%, y al final resulta que no? A lo mejor os han hablado tanto de ella o habéis visto tantas escenas sueltas o tantas referencias o habéis escuchado tantas veces la banda sonora que os parece conocerla, aunque en realidad nunca la hayáis visionado al completo. Bueno, pues a mi me acaba de ocurrir con Amelie.


Le he echado un vistazo porque buscaba una escena que tenía dificultades en recordar y me he dado cuenta que no había visto ninguna. Nin-gu-na. Debía de ser el único ser de la galaxia que no conocía este (ya casi) clásico, que te encanta o te horroriza pero que no deja a casi nadie indiferente. A mi me ha encantado, claro. Y me he puesto a pensar, ¿por qué estaba tan segura de que la había visto? Y he caído. 
 
Speedytown, año 200.. pufff, no sé, 2milAlgo, hace mucho ya. Primera SuperGuarida independiente de una superheroína recién emancipada. Una Speedy enamoradísima por aquel entonces de un noviete bastante majo le invita por PRIMERA VEZ a su piso nuevo. PRIMERA VEZ que sube un chico a su PROPIA casa sin riesgo de interrupciones de algún espontáneo entrando en la habitación "sin querer". PRIMERA VEZ que tiene un noviete al que se puede llamar, al menos, noviete. Total, una ocasión especial, ya lo veis.

Las primeras superGuaridas no son habitualmente mansiones y la mía, desde luego, no lo era. Por no tener, no tenía aún ni ordenador. Ni vídeo. Ni tele. Así que Noviete se trajo su propio portátil y su CD de Amelie para que la viéramos. Y, aunque yo estaba convencida de que sí, al parecer, no la vimos. Por lo que sea. ;P

Así que ahora la peli me gusta por doble motivo: porque me parece original, muy poética, optimista y visualmente muy llamativa y porque desde hoy la tengo asociada a este recuerdo, que me ha hecho sonreír.

Aquí os dejo algunas frases del guion que me han gustado. ¿Vosotros sois de los que os encanta Amelie o de los que la odiáis? ¡Confesad!


-“Son tiempos difíciles para los soñadores.”

-“Cualquier otra chica habría llamado enseguida, habría citado al chico en una terraza para devolverle el álbum y así sabría si valía la pena seguir soñando o no. Eso se llama enfrentarse a la realidad. Pero eso… no es lo que Amelie quiere.”

“Un buen apuntador listo tras los tragaluces, es lo que haría falta para que un tímido tenga la última palabra.”

-"¿Ella está enamorada de él?
– Sí.
– Entonces ha llegado el momento de arriesgarse, de que ella se arriesgue de verdad.
– Eso es lo que piensa, está estudiando una estratagema para…
– Ya entiendo, le gustan las estratagemas.
– Sí.
– En realidad ella es una cobarde, precisamente por eso me cuesta captar su mirada.”

-"Si Amélie prefería vivir en sus sueños y seguir siendo una chica introvertida, estaba en su derecho, ya que malograr su vida es para todo ser humano un derecho inalienable.”

-"Verá, mi pequeña Amelie, usted no tiene los huesos de cristal, podrá soportar los golpes de la vida."

domingo, 30 de mayo de 2021

Mal de muchos...

Los inescrutables caminos de internet y el algoritmo de Youtube me hicieron tropezarme el otro día con este video. Y me quedé flipadísima con una cosa que dice en el minuto 4 o así.



No es que sea super mega fan de Jaime, pero me parece un tío muy listo, con mucho talento, mogollón de iniciativa y que hace cosas muy interesantes. Algunos de sus vídeos me encantan y creo que se puede decir que está en el top del bullullu youtubero español. O sea, no controlo de visualizaciones y seguidores, pero tiene que estar en el grupo de cabeza, ¿no? Con algunos por delante, pero aún así de los primeros. Así que se puede decir que en su curro, donde hay muchísima competencia, tiene éxito. Y aún así el tío dice que se siente siempre al borde del precipicio. Y yo me quedo: ¿lo qué?

"Si yo no dedico todo el tiempo de mi día a intentar que mi vida no sea una catástrofe, mi vida es una catástrofe"

Eso dice, el colega, y es como si me hubiera leído el pensamiento. A mí me pasa exactamente eso. ¿Sabéis cuando llevas muchísimas cosas en las manos, se te cae una, cuando te agachas a recogerla se te cae otra, para intentar evitar que se caigan más haces un gesto brusco y termina todo en el suelo? ÉSA es, exactamente, la sensación que tengo yo en mi vida, a todas horas, estar haciendo cada segundo de cada minuto equilibrios imposibles que suelen acabar mal.

Jaime es inteligente, analítico, resolutivo, con una enorme capacidad comunicativa, para aprender por su cuenta y para poner en marcha iniciativas novedosas. También se intuye que el hombre tiene sus issues, pero como todos, supongo. Y aún así él siente que bordea la catástrofe a todas horas. 

Así que si le pasa a Jaime, que es un crack, como no me va a pasar a mi. 

Mal de muchos.... epidemia. 

miércoles, 26 de mayo de 2021

Incursiones en terreno inexplorado

Los SpeedySobris crecen a marchas forzadas y como es lógico y natural conforme se introducen en la infernal locura de la adolescencia y se alejan de la infancia también se alejan un poco de todos. También de mi, claro. Es parte del proceso, es natural, sano, transitorio y cambiará cuando salgan de esa tormenta hormonal y lleguen a buen puerto, pero me da pena, la verdad. Es triste no poder llegar a ellos como antes lo lograba simplemente jugando al escondite o saltando olas o robando galletas saladas de la despensa de SpeedyDad. Así que, aunque sé que es tarea casi imposible, trato de buscar maneras de acercarme a su mundo.

Y para eso tengo que entender lo que lo conforma, sus gustos, sus inquietudes, lo que les divierte, que, como podéis sospechar, no se parece mucho a lo que me entretiene a mi. Así que estoy haciendo el esfuerzo para conocer, al menos por encima, sus aficiones. Lo que a veces se hace duro, sinceramente.

Con Tik Tok ya me he rendido. De verdad que no me puedo explicar como les divierte tanto. Traté de aguantar un poco porque me acuerdo que en el albor de los tiempos yo también odiaba Twitter y ahora me encanta, así que hice varios intentos con la otra red social por si la clave era aguantar el tirón. Pero como si quieres arroz Catalina. No me va, no le cojo el punto y con ello pierdo un millón de toneladas de materia conversacional adolescente.

Con los youtubers me ha ido algo mejor. Soportando un bombardeo inicial de estúpidos absolutos y memeces gigantescas he terminado dando con algunos que me gustan, con canales realmente interesantes y con vídeos muy muy muy bien hechos. El 90% de los que a ellos les van a mi no, claro, pero por lo menos entiendo el funcionamiento, el lenguaje que comparten. Como pasaba un poco con los blogs en su día, que cada uno tenía su estilo, sus formas, pero había como un sustrato común, como un tono, que sólo se entendía si blogueabas. Pues un poco lo mismo, conozco ese idioma común, no les oigo hablar chino. Menos es nada.

Twitch me cuesta, pero por lo menos entiendo su utilidad para un montón de asuntos, no tanto para los videojuegos de les encantan a ellos, pero sí para otras cosas. En esto, como no tengo tanto tiempo para ver streaming, les utilizo básicamente de oráculo, para preguntarles todas las dudas de como funciona el tema, técnicamente. Y algunos SpeedySobris, futuros grandes frikis, disfrutan a tope explicándome todo lo que saben.

Los videojuegos y la música (regueton, trap y variantes) lo dejo por imposible, no puedo, es superior a mi. Trato de recordar el nombre de los cantantes que más les gustan, pero siempre se me olvidan porque son todos como iguales, ¿no? O seré yo que no estoy en la onda, que también puede ser.

Y lo que estoy deseando es que lleguen (que espero que llegarán) a la etapa de la pasión por las novelas juveniles, que, por fin, es mi terreno. Algunas (muchas) aún me gustan (a ver, que hace dos días me leí Fangirl del tirón, con eso os lo digo todo) y las que ya me quedan lejos todavía puedo soportarlas con un paraguas de ternura. Ahí tengo cosas que aportar, emociones que compartir y sugerencias que hacer. De hecho, visualizo perfectamente la conversación sobre el libro de turno.

-¡Que no eres team Peter! Pero, pero, pero , ¿¿¡¡POR QUÉ!!?? ¡¡Si es un amooorrr!!

Como si lo viera...

domingo, 23 de mayo de 2021

Un sábado lector muy guay

Pero colegas, ¿cómo no me avisáis de estas cosas? Que llevamos año y medio en modo apocalipsis pandémico y necesito buenos ratitos como el comer, hombre... ¿No os dais cuenta que yo sola no me entero ni del nodo, que necesito vuestros sabios consejos de lectores infatigables sin complejos? En finnnn...

Menos mal que los caminos de internet son inescrutables y los dioses de la literatura misericordiosos y ayer, sólo con unos ocho añitos de retraso (ahí es nada), me hicieron tropezarme con Fangirl y pasar un sábado lector muy muy muy guay. Mucho. Que yo también parezco nueva, que era tan fácil como después de leer la preciosidad de Eleanor y Park echarle un ojo al resto de libros de Rainbow Rowell, que fijo que me encantaban también... Pero hijos míos, no se me ocurrió, qué queréis que os diga.

Total, que me lo encontré, me lo zampé en ocho horas y me encantó. De hecho, en contra de la opinión mayoritaria, tengo que confesar que me gustó un poquito más que Eleanor y Park. Y seguramente no es mejor, ¿eh? Pero a mi me llegó más porque la protagonista escribe y habla de escribir y de como le hace sentir la escritura y bueno... ¿Qué más le puedo pedir a la vida?

No os voy a hacer ni una reseña ni una crítica, ya hay millones por ahí. Es una historia de amor juvenil sin más pretensiones, tampoco le van a dar el Nobel. Pero la autora lo cuenta tan bien como siempre, con ese estilo tan fresco, tan ágil, con esos diálogos tan creíbles, con esos toques de humor que me arrancan a veces hasta carcajadas (de pocas cosas puedo decir eso últimamente). Con esos personajes tan majetes y ese chico bueno tan tan tan tan tan increíblemente adorable que cada página piensas que ojalá existiera en el mundo real. Y ENCIMA  Rainbow pone de prota a Cath, una friki que ESCRIBE. ¡¡FANFICTIONS!! Para qué queremos más...

Ha sido guay "hablar" con Cath de escritura, como hacíamos antes en la blogoesfera cuando había más gente por aquí dándole a la tecla (ejem, ejem, guiño, guiño, codazo) De oírla describir la sensación de olvidarse hasta de comer cuando te metes de lleno en inventar una historia. De leerla asegurar que tal personaje nunca diría tal o cual cosa. De observarla escribir con otra persona y vivirlo como "pensar" con ella, como una sola cabeza. De sentirme identificada cuando ella cree que se le da mejor "mover" personajes de otros, modificar algo existente que crear algo de cero. (Que no es que eso pase en este blog, qué va, para nada... ¿os acordáis de los "Inventando vidas"?)

Total, que ha sido un sábado lector guay y os lo quería contar. Y que os dejo algunas citas que me han gustado o me han hecho gracia. Que buen domingo. Y que la próxima vez me aviséis de estas cosas, hombre, que yo no me entero de la misa la mitad...

-"—Es un novio perfectamente bueno —diría Cath.

—Es una mesa auxiliar —respondería Wren.

—Siempre está ahí para mí.

—...para colocar revistas."

-"Había otros chicos pero ninguno parecía formar parte del sistema solar de Reagan como lo hacia Levy"

-—"Si Dios me puso en tu vida para evitar que lleves una jodida cola —dijo Reagan—, acepto la tarea".

—"Ese es el punto del Fanfiction —dijo ella—. Es que consigues jugar dentro del universo de alguien más. Reescribir las reglas. O doblarlas. La historia no tiene que acabar cuando Gemma Leslie se cansa de ella. Puedes estar en este mundo, este mundo que amas, por todo el tiempo que quieras mientras te mantengas pensando nuevas historias"...

-"A veces, escribir se parece a correr cuesta abajo. Los dedos vuelan  por delante de ti en el teclado igual que hacen las piernas cuando no pueden resistir del todo la atracción de la gravedad."

-"Y pensó sobre ganar. Sobre cómo estaba dejando que esto ganara, lo que sea que fuera, la locura dentro de ella. Cath, cero. Locura, un millón."

-—"No quiero besar a un extraño —contestaría Cath—. No estoy interesada en los labios fuera de contexto."

-"Reagan se parecía a Adele, pensó Cath. Si Adele tuviera algo como una hermana gemela más fuerte estafadora, una doble".

-—"¿Cuál es el plan? —preguntó ella.
 —Mi plan es hacer cosas que te hagan querer salir conmigo de nuevo mañana. ¿Cuál es tú plan?
—Voy a tratar de no hacer el ridículo".

—"¿No lo has hecho? —sonaba herido. (Ligeramente herido. Como, un padrastro, pero aun así.)"

miércoles, 19 de mayo de 2021

Verdades exageradas by Caitlin Moran

Menos mal que el otro día leí en un libro que no soy la única, porque ya empezaba a dudar de mi salud mental. En Como ser Mujer Caitlin Moran cuenta, con mucha gracia y pelín de exageración, la tendencia que tenemos (más las XX que los XY) a inventarnos historias, a imaginarnos en situaciones con otras personas de nuestro entorno. Y para eso pone el ejemplo de una chica que mira a su compañero de trabajo, alguien que no le gusta, ni siquiera le llama la atención, Sin embargo un día se le ocurre que si estuvieran saliendo podrían haber ido de viaje a París, porque una vez le oyó comentar a él de refilón que le encanta esa ciudad. 

"Querría ir en primavera para estrenar mi gabardina nueva, pero si empezáramos a salir hoy podríamos irnos de puente como pronto en noviembre. En ese mes llueve mucho, mi pelo se quedaría todo aplastado, tendría que llevar paraguas. Pero no podríamos ir de la mano porque yo llevaría el paraguas en una y el bolso en la otra. A menos que llevara todo en los bolsillos, para no tener que llevar bolso. Pero entonces no podría ponerme medias, porque si se me hace una carrera no tendría donde llevar el recambio y haría tanto frío que mis piernas se pondrían moradas y yo estaría tan nerviosa cuando volviéramos al hotel que intentaría taparlas con una toalla y él pensaría que no me estoy insinuando y dejaría de gustarle y ¡HAY QUE JODERSE! ¡¿POR QUÉ TIENE QUE LLEVARME A PARÍS EN NOVIEMBRE?! ¡LE ODIO!

El tipo ni siquiera le gusta. Apenas han hablado. Si la invitara a tomar algo probablemente diría que no, y sin embargo cuando vuelva a hablar con ella se mostrará cortante con él, que ni en sus fantasías más salvajes y cargadas de opio podrá adivinar jamás ni remotamente el motivo de su cambio de humor. Supondrá, quizá, encogiéndose de hombros, que le va a venir la regla o que tiene un mal día.

Nunca llegará a saber la simple verdad: que pasaron juntos un puente imaginario en París, que fue desastroso y que acabó con su ruptura por culpa de unas medias."

No me he podido reír más. Caitlin, como yo, morirá de exagerada y lo cuenta un poco a lo bruto pero esto, por lo menos en mi caso, es así total. No sé las demás porque habrá de todo en la viña del Señor, pero desde luego a mi me ha calado 100 por cien, es que soy yo literal. 

Es un alivio saber que hay más gente en mi equipo. Mal de muchos... epidemia.

domingo, 16 de mayo de 2021

Ser un Bic azul

Hay verdades universalmente aceptadas: Los baldosines desprendidos de las aceras que se llenan de agua cuando llueve y te pringan si los pisas son el MAL SUPREMO. Nunca hay suficientes puentes en el calendario del año. Y los bolígrafos que mejor pintan son los bolis Bic. Nada de inventos raros, ni Bic naranja ni colores alternativos, el Bic azul, el transparente, el clásico de toda la vida.

Sin alaracas. Cómodo. Sencillo. Eficiente. Seguro. Confiable. Podía haber en tu estuche bolis más bonitos, más originales, menos convencionales, pero al final, el que te llevabas al examen importante en el que nada podía fallar era el boli Bic que sabías que no te iba a dejar tirada bajo ningún concepto. Podía producirse un hecatombe mundial, una erupción volcánica o una invasión extraterrestre y tú podrías documentarlo todo escribiéndolo con tu boli Bic infalible.

Voy más allá. Estos bolígrafos tienen tapa, para (supongo) que no se sequen, pero ni siquiera les hace falta. En la mayoría de los casos aguantan tiempo y tiempo sin ella, sin pringarte el bolso cuando lo llevas sueltos, escribiendo a la perfección sin asomo de sequedad y siendo aún más prácticos porque ya no hace falta ni siquiera quitarles la tapa para usarlos. 

El inventor del bolígrafo y el espabilado comercial de Bic que lo vio en una feria y compró la patente pueden descansar tranquilos en su tumba, porque ya han hecho su contribución a la historia.

Y yo, al más puro estilo Bruce Lee en el anuncio de aquí abajo siempre pienso que lo mejor es ser sencillo, sin grandes pretensiones pero eficiente, independiente, sin apenas necesidades y totalmente de fiar. Sé el boli Bic del estuche, my friend.


miércoles, 12 de mayo de 2021

Mi suerte está roncando

Leí no sé donde el otro día que, a diferencia de lo que decía Julio César, mi suerte no está echada, está roncando. 

Que yo soy una pazguata, cierto. 

Que necesito espabilar, grandísima verdad. 

Que debería echarle más ovarios y jugármela más, sooooo true.

Pero que de vez en cuando también hace falta que salga un cinco para sacar las fichas de casa. O un seis para volver a tirar los dados y que la jugada mejore o para que saltes de puente en puente y que te lleve la corriente.

Venga Fortuna, Tique y el resto de jefazos que pilotan la sección de suerte de la Vida, echadme un cable, anda. Un cabo. En empujoncillo. Y el resto lo pongo yo, lo prometo.

Más o menos lo que dice Laura en la voz de Pablo, vaya.  

¡¡¡Vaaaa, por favorrrr!!!


domingo, 9 de mayo de 2021

No hay quien se lo crea

Leí el otro día un hilo en Twitter sobre cosas cotidianas de la vida que nunca vemos en las películas o cosas que ocurren siempre en la gran pantalla que nunca pasarían así en la vida real. Que siempre aparquen a la primera y en la puerta. Que preparen desayunos pantangruélicos de huevos, bacon, tostadas, zumo y bollos y luego nadie coma nada o si acaso cojan algo para el camino y salgan corriendo. Que estén todas las luces encendidas antes de entrar en casa, aunque sea la cabaña de la sierra a la que hace un año que no van. Esas cosas. 

Y luego pensé... lo que sale mucho en las pelis son momentos parejiles-romanticones (o más bien pre todo esto) que casi nunca ocurren así en la vida real. Por lo menos no en la mía, no sé en las vuestras. Si os animáis, podríamos hacer una lista entre todos, ¿no? Por lo pronto a mi se me ocurren estas:

-La facilidad con la que dos desconocidos en plena calle (o en un supermercado o en el gimnasio...) sin haber intercambiado ni dos palabras quedan para lo que ellos llaman "una cita" en la que invariablemente él va a casa de ella a recogerla. No sé si vosotros ligáis tanto en la calle (igual sí y en esto yo soy la rara), pero ¿le decís vuestra dirección al primero que pasa? Porque parece un poco peligrosillo, ¿no?

-Las conversaciones en estas "citas" en las que dan por hecho que se tiene que hablar de tu infancia y de tu color favorito. Lo del color es un punto en el que insisten mucho, de hecho ¿En serio los gustos cromáticos son tan importantes como para que necesiten ser aclarados desde el principio? 

-Cuando se quedan mirándose fijamente, sin palabras, durante cinco interminables segundos (suponemos pre-beso) que finalmente no acaban en nada. En esto tengo curiosidad, ¿os pasa? Porque en general tendemos a rellenar los silencios, que suelen resultar incómodos, sobre todo si no hay confianza aún. Aquí somos más de o me lanzo a la boca o disimulo a tope como si no se me hubiera pasado por la cabeza. Digo todo esto sobrios, ¿eh? Con alcohol de por medio es otro cantar.

-Cuando un personaje le dice una y otra y otra vez a otro que le gusta, que está loco por él/ella. Esto en el día a día tampoco ocurre mucho ¿verdad? Es decir, puede estar claro que le gustas a alguien y que el implicado no diga ni pío. O que lo confiese una vez y si no hay quorum, pues se hace como si nunca hubiera pasado nada. 

-Que los dos protas estén discutiendo a todo discutir, gritándose como posesos y que en el fragor de la pelea uno se despiste, se le escape lo que realmente piensa (que el otro le encanta y que está celoso o lo que sea) y que el numerito acabe en beso apasionado. 

-Que la pre-pareja (cuando aún no ha pasado nada físico entre ellos) se vea obligada a dormir castamente en la misma cama por la razón que sea (enfermedad, típica parada en motel cutrón en plena huida de los malos, disimulo obligado por malentendido familiar), que empiecen la noche cada uno en una esquina y se despierten por la mañana haciendo la cucharita perfectamente encajados y sin incomodidad ninguna: nadie le pilla la melena sin querer a nadie, nadie le aplasta el brazo al otro... ¡Si sincronizar eso lleva años de práctica! No hay quien se lo crea...

¿Qué más se os ocurre?

miércoles, 5 de mayo de 2021

El milagro del intercambio gaseoso

(Esto va a sonar a tópico a más no poder, pero lo voy a decir igual.)

Cada vez que hoy consigo respirar profundamente me sabe a gloria. Me doy cuenta de lo increíble que es poder llenar de aire los pulmones, del milagro del intercambio gaseoso . Y vosotros diréis, ¿qué te has fumado y por qué no nos pasas un poco? Y yo os respondo: no, hombre, no, un poco de paciencia que ahora os lo explico.

Con esto del puto bicho hemos oído hablar mucho últimamente de hipoxia y disnea, de dificultades respiratorias. Yo de momento he sido una suertuda que ha escapado del maldito bastardo vírico así que eso sólo me sonaba de oídas, pero ayer me costaba respirar. Por la mañana me venían constantemente bostezos interrumpidos que no lograba llevar a término. Aunque era incómodo, como a veces me ocurre durante un rato y luego se me pasa rápido, no me preocupé.

Cuatro horas después la cosa seguía igual y ya me dolía el pecho de los esfuerzos para tratar de hacer el gesto completo. A esas alturas ni siquiera conseguía ejecutar respiraciones profundas, sin bostezo. Ni de pie, ni tumbada, ni sentada. No me ahogaba pero sentía que me faltaba el aire. Me estaba poniendo nerviosa así que acudí al oráculo de San Google. Craso error.

La parte buena es que en internet, por loco que sea lo que te pase, SIEMPRE hay alguien al que le ocurre lo que a ti y con la consulta "no consigo terminar de bostezar, ¿qué hago?" salieron un montón de sufridores con este problema. La parte mala es que nadie les daba una solución a estos pobres desgraciados y que las explicaciones del fenómeno, como no podía ser de otra manera en la red de redes, eran apocalípticas. Problemas digestivos, circulatorios, cardíacos, ansiedad. CANCER. En internet te suceda lo que te suceda siempre terminas leyendo que podría ser un síntoma de cáncer. Es un clásico.

Quise tomármelo a broma pero no lo conseguí mucho, la verdad. Seguramente porque estoy otra vez de médicos y en proceso de saber si el Jamacuco Supremo va a tener segunda parte, solución, final feliz o yo que sé. Entre el colapso sanitario pandémico y que los médicos que me han tocado a mi en suerte son unos asperger incapaces de comunicarse con claridad con el resto del género humano, ahora mi salud está en unas circunstancias bastante indefinidas y en el momento IDEAL, por tanto, para que te cueste respirar. Y a mi me costaba un montón, cada vez más. Me dolía el pecho. No pensaba con claridad. No era capaz de concentrarme. Y dormir fue toda una odisea porque es increíble lo frustrante que resulta respirar pequeñito cuando lo que quieres es coger una bocanada grande, que te llene. Al nivel de quedarte a las puertas de llegar al orgasmo, no os digo más.

No sé muy bien como, al final me dormí y esta mañana me he despertado a las mil, como si me hubiera pasado por encima un tren de mercancías y pudiendo respirar profundo. Y cada vez que hoy logro llenar completamente mis pulmones de oxígeno pienso: ¡MILAGRO!

En serio, vamos por la vida (yo la primera) lloriqueando porque todo es un mierdo y bueno, no lo voy a discutir teniendo en cuenta, además, que estamos metidos en un CoronaApocalipsis interminable que nos tiene a todos hasta la pepitilla. Pero también es verdad que cada segundo ocurren milagros que damos por sentado. No nos vendría mal recordarlo de vez en cuando.

domingo, 2 de mayo de 2021

Microrrelatos teatreros

Últimamente estoy escribiendo mucho. O intentándolo más bien. Me cuesta porque llevo tanto tiempo dando la turra por aquí que el tono de este blog, que es muy yo, se ha convertido en mi voz literaria, una muy peculiar, muy reconocible. En general eso no me disgusta pero es cierto que me limita porque no sirve para todas la situaciones, ni para determinados estilos, así que estoy intentando salir de mi zona de confort y escribir cosas distintas de forma diferente. Y, colegas, qué duro es romper con los hábitos que tienes tan interiorizados por la práctica de años y años y años. ¡Qué duro es!

Me cuesta mucho todo, pero especialmente narrar, que es, casualidades de la vida, lo que menos hago por estos lares. Y si se trata de narrar en pequeño formato, tipo microrrelato, ya ni te cuento, porque la brevedad añade dificultad a la ecuación. Así que lo que  estoy haciendo es leer a los mejores, a ver si aprendo de ellos.

¿Vengo aquí a hablaros de maestros de la literatura breve? No, que seguramente los conoceréis incluso mejor que yo. Vengo a poneros un ejemplo de uno de los mejores relatos cortos que he leído y que ni siquiera es un relato. Es parte de una obra de teatro preciosa  que os recomiendo MILLONES si no lo habéis leído: "La llave del desván" de Alejandro Casona. Es un texto increíble que cuenta una historia muy chula que daría para una entrada entera, así que no me voy para lo hondo y me centro en lo que os quería contar.

El protagonista de la historia atraviesa un momento complicado que tiene que ver con su pasado y con su presente y que se manifiesta en forma de pesadillas muy perturbadoras que todos los personajes quieren descifrar para desvelar el misterio de la trama. Los sueños se ambientan en la infancia del prota y están desencadenados por un episodio traumático que él vivió cuando era muy pequeño. Hacia la mitad de la obra, Anselmo, el anciano jardinero de la casa familiar, cuenta este momento en poco más de 300 palabras y es un microrrelato magistral. Nos transmite perfectamente lo que ocurrió, los sentimientos de los que formaron parte de ello, por qué fue tan trágico... es, de verdad, INCREÍBLE. Os lo dejó por aquí para que juzguéis por vosotros mismos, creo que os meteréis en la trama incluso si no conocéis la obra de teatro, lo cual ya es para nota.


"Éramos tres amigos inseparables, el niño, el perro y yo. El Galopo, el mejor que hubo en la casa. Un día de pronto empezó a ponerse muy extraño: se escapaba del niño y de mi, de todos los que quería. Tardamos en darnos cuenta, hasta que vimos que era pleno verano y también escapaba del agua. Era la rabia. Ya ve: nosotros tardamos tres días en saberlo y él ya lo sabía... sabía que no debía acercarse a nosotros porque llevaba la muerte consigo. Cuando el padre lo supo, como el animal andaba siempre con la criatura, tuvo un miedo que le cegó: el miedo siempre aconseja mal.. "¡Ni un minuto más, Anselmo! ¡Ahora, ahí mismo!" Y bajó a encerrarse en la cueva para no oír. ¿Qué iba a hacer yo? Era mi obligación, pero no quisiera ver a nadie en mi lugar. Ahí estaba el Galopo, delante de mi, atado en el poste, con los ojos más grandes que nunca y temblando como una hoja. Imagínese si me habría visto mil veces con la escopeta y sin embargo temblaba; porque los animales no son como nosotros, ellos lo sienten en el aire y él sabía que aquel día la escopeta era para él. Tres veces me la eché a la cara y no pude. Por fin apreté los dientes para darme fuerza y tiré. Entonces fue cuando oí aquel grito que no se me borra. Era el niño que lo había visto todo, escondido ahí, entre los álamos. Cuando me volví a él con la escopeta en la mano, ¿qué pensaría que le iba a hacer? ¡Lo creyó, estoy seguro! ¿Y por qué no? ¿No acababa de hacerlo con el otro? Se le pusieron los ojos grandes, mirándome fijo y temblando como el perro... ¡igual que el perro! ¿Comprende, señor? Era la primera vez que el niño veía la muerte.(...) Yo sé que él ni siquiera se acuerda de esto, imagínese, cuando ocurrió tenía sólo dos años. Pero ya ve, amigos... nunca hemos vuelto a ser amigos."

Y nada, que me parece un texto increíble y que lo quería compartir con vosotros. Y que si no habéis leído la obra, que la leáis, porque también es increíble. Y que buena semana y por la sombra, bombones.

miércoles, 28 de abril de 2021

RIPT Tiburcio inventado

El okupa de mi músculo aórtico está ya haciendo las maletas. Todavía no se ha ido, pero ahí lo tengo, cerrando cajas y rellenando los agujeros de la pared que hizo con las chinchetas de colgar el calendario. En nada tendré mis aurículas y ventrículos disponibles, luminosos, totalmente reformados y para entrar a vivir.

Y esto que debería ser la fiesta padre (que tener a Tiburcio ahí perennemente era el cansinismo máximo) está siendo un drama y una pena negra, la verdad. Primero porque aún no hay nuevo inquilino y un corazón triste y vacío siempre mola menos que uno habitado, por supuesto. Pero sobre todo porque el desahucio lo estoy haciendo por falsedad documental y bueno.... eso es una lástima siempre, claro.

A ver, falsedad, falsedad, tampoco. Quiero decir que como yo me invento todo en estos temas, supuse y construí un Tiburcio perfecto, maravilloso y cien por cien adaptado a mis gustos que OBVIAMENTE no existe en realidad. Con el tiempo le he ido conociendo y bueno... él es él, no el diseño utópico e inalcanzable que yo me inventé. Así que se muda, con el acuerdo de todas las partes. Por él estupendo, que tiene su propia okupa cardíaca y a mi apenas si me ve. Y yo contenta porque querer a alguien que no te quiere no es positivo y soltar lastre (como cagar) es salud.

Y entonces diréis; ¿como que contenta, no has dicho que era un drama? A veeerr, contenta porque se que es bueno para mi a largo plazo, que era lo correcto, que era lo que había que hacer. Pero triste porque estoy como de luto. Mi sensación es que el Tiburcio inventado se ha muerto y me da pena. O sea, es que aunque en el fondo sospechaba que no existía, dentro de mi mente era real. Tanto, que lo usaba de apoyo, de muleta emocional, me salvaba malos ratos y me traía algunos buenos. Y en mi cerebro, inasequible al desaliento, aunque ahora no me quería, en el futuro eso podría cambiar. La posibilidad de un milagro siempre estaba allí y eso ayudaba a mantener el ánimo. Ese milagro ya no es posible porque mi Tiburcio (el inexistente) la ha palmado y me he quedado sin muleta ni esperanzas en venideros e inesperadísimos plot twist. Y qué queréis que os diga, eso me da bajona. No me digáis que a vosotros nunca os ha pasado lo mismo...

domingo, 25 de abril de 2021

Peque_alegrías y mini_positivos

(Me tomo la vida con calma, Medito. Me enfoco en lo positivo. La mayoría del tiempo llevo bien lo de la aceptación pero a veces necesito un break. Y lo siento, este blog es mi vía de escape, ya lo sabéis.  Así que se viene una breve interrupción antes de retomar la programación habitual. Preparad el diván.)

La vida está llena de pequeñas alegrías, estamos de acuerdo. Pero igual que los de sinazucar.org calculan a cuantos terrones equivalen una docena de churros habría que preguntarles cuantos minipositivos hacen falta para igualar algo BUENO (con mayúsculas) como que te vaya bien en temas fundamentales de la vida como trabajo, salud y amor.

Voy a empezar por lo último, que podría ser lo más polémico. ¿Hace falta tener pareja para ser feliz? Por supuesto que no. ¿Contar con alguien a tu lado que te quiera, que te respete, que te apoye a todo o nada, para el que seas la prioridad absoluta proporciona una enooooorme cantidad de felicidad? Desde luego. ¿Cuántas peque_alegrías hacen falta para alcanzar ese nivel de satisfacción? ¿Cuántas veces hay que encontrar aparcamiento a la primera, o disfrutar de un amanecer increíble, o bañarse en el mar o hacer un viaje épico a Nueva York para juntar todo ese volumen de júbilo? ¿Millones? ¿Trillones? ¿Me explico? Lo pensé el otro día viendo esta imagen.




Ya lo sé, no tiene nada que ver, pero vosotros me entendéis. Si la barra grande fuera vivir un gran amor, uno bonito, sano, positivo, duradero: ¿Cuántos mini buenos momentos tendríamos que apilar en la columna de la izquierda para que fueran de la misma altura? ¿Podrían llegar a ser iguales?

Yo tengo suerte. Estoy habituada a estar sola, valoro mucho mi independencia y ser impar no me supone un gran problema, la verdad. No me angustia, no me obsesiona. no lo percibo como un fracaso personal ni social. Pero pasan los años y cada vez pienso más en que no vivir esa experiencia, aunque sea una vez, es perderse algo increíble, algo fundamental de la vida que no puede sustituirse por un montón de otras cosas, por muy grande que sea ese montón. Y me da pena.

Que también me daría pena si no llego a ver nunca los auroras boreales en directo, pero ya me entendéis...

miércoles, 21 de abril de 2021

Blame it on autocorrector

 ¡Feliz cumple! Guárdame chinches, ¿eh?

Ay, el autocorrector, chinches no, chuches.

 

 Si vais a la pisci poneos a la compra, que hoy hace mucho calor.

Ay, el autocorrector, compra no, sombra.


Madre mía, colega, como estás, te daba como a un cajón que no cierra

Ay, el autocorrector, qué tal todo?

domingo, 18 de abril de 2021

Medalla de superviviente de pandemia

Si no pasa nada, a los SpeedyPadres los vacunan esta semana y es, DE LARGO, la mejor noticia que me han dado en meses. Fue pulsar "confirmar cita" y que se me quitara un peso gigante que tenía en el pecho. No es sólo es que se disipara el miedo a que el puto bicho se los llevara por delante, sino a todos los efectos secundarios que el terror permanente les estaba causando. Cognitivamente han dado un bajón enorme, pero claro, pienso en como estaría yo si me hubieran estado apuntando con una pistola en la cabeza desde el marzo pasado y demasiado bien han aguantado, la verdad. Así que como decían en Twitter el otro día, esa es la primera consecuencia de la vacuna.



Y es que cosas como esta nos permiten empezar a vislumbrar la luz al final del túnel, está lejos, pero ya puede verse la claridad. Hay que aguantar un poco más para dejar atrás este infierno. Porque esto, colegas, ha sido una guerra. Leía el otro día que los que apoyamos que cualquier vacuna se ponga a toda leche sólo nos importa salir de cañas y recuperar nuestra vida. Y no hijos míos, no, que parece que nos hemos olvidado que hace dos días estábamos así
 



Que esto ha sido un horror a todos los niveles. Que no son sólo los fallecidos, que los pequeños no han podido salir de casa y se les ha mirado permanentemente como sospechosos, sin deportes, sin extraescolares, sin parques. Que los mayores han estado literalmente secuestrados, sin poder hacer nada bajo amenaza de muerte. Que la gente no ha podido despedir a sus seres queridos, ni consolar a los que estaban rompiéndose de dolor. Que los abuelos no han podido abrazar a sus nietos, ni estar siquiera en la misma habitación que ellos. Que la peña no ha podido trabajar para alimentar a su hijos y no les ha quedado otra que ponerse en las filas del hambre. En serio, que lo hemos normalizado, pero es que esto ha sido muy pero que muy pero que muy heavy. POR SUPUESTO que queremos terminar cuanto antes.

¿Que las vacunas son una bomba para el cuerpo? Claro, como muchos otros medicamentos. Y claro que hay que ser extremadamente prudentes porque, como nos la tienen que poner a todos, cualquier percance, por ínfimo que sea, podría afectar a muchísimas personas. Así que precaución máxima, no faltaba más. Pero ahora mismo, son un mal necesario, es escoger entre lo malo y lo peor y si luego hay que apechugar con algún imprevisto, pues apechugaremos. Lo dicen en Twitter mucho mejor que yo.







Por favor, si tenéis la oportunidad, vacunaos, con lo que sea. Y aguantad un poquito más, ya queda poco, se ve el final del túnel, no falta nada para que nos den la medalla de "Yo sobreviví a la pandemia". Esto está ganado.

¡¡¡RESISTIDDDDDD!!
 

miércoles, 14 de abril de 2021

Los Green no nos rendimos

¿Vosotros tenéis una antirreferente? ¿Alguien cercano que representa todo aquello en lo que no queréis convertiros? ¿Que reúne esas características que odiaríais tener? No por nada, ese "alguien" no tiene por qué ser mala persona, ni haberos hecho nada horrible. Puede que incluso, a vuestra manera, le tengáis cariño y os llevéis bien con él/ella, sobre todo cuando pertenece a vuestra familia (cosas que courre a menudo). Simplemente no queréis ser como ellos. De hecho, os gustaría diferenciaros lo máximo posible

Dicen que para todos los momentos y sentimientos de la vida hay un capítulo de los Simpson que lo ilustra. A mi eso me pasa con Friends. Para todo. Sobre los antirreferentes Rachel dice lo de este video (minuto 2:50) y aunque mi caso es totalmente distinto, en el fondo de otra manera es un poco lo mismo y me resuena. Igual a vosotros también. Aquí os lo dejo.


domingo, 11 de abril de 2021

¿Dónde están las llaves?

Mi SuperGuarida es alquilada. En parte porque no tengo pasta para comprarla y me aterra estar encadenada a una hipoteca que me convierta en esclava del banco durante más de la mitad de mi vida y en parte porque me gusta la sensación de que cuando quiera puedo llenar unas cajas y empezar de cero en otro barrio, en otra ciudad, en otro país o en otro continente. Con el atascazo vital que llevo encima desde ni se sabe la idea de cerrar sesión y abrir otra totalmente distinta en un ordenador nuevo se me pasa por la cabeza bastante a menudo.

Nunca lo he hecho porque bueno...hay algunos factores a tener en cuenta también. Los SpeedyPadres están ya mayores, últimamente les pasa de todo y me da cosilla estar demasiado lejos para echar una mano cuando lo necesiten. Mi desastrosa trayectoria laboral tampoco ayuda mucho: si ya me va así de mal en SpeedyTown donde he trabajado mil años y todo el mundo sabe que soy de fiar imagina como de mal me podría ir en sitios donde no me conociera ni el Tato... igual tenían que introducir un término nuevo en el diccionario para poder expresarlo. Pero sobre todo no me he mudado porque no sabría a quien dejarle las llaves de mi piso.

¿Quién tiene un juego de llaves de vuestra casa para una emergencia? Para abrirte si pierdes las tuyas, para entrar si tu vecino de arriba se le rompen los grifos, el agua se cuela en tu casa cuando no estás y tu cocina empieza a parecerse al estanque del Retiro, para regarte las plantas en vacaciones... Las mías las tienen los SpeedyPadres y cuando ellos no están, mis hermanos. Prou. Podría dejárselas a algunos de mis amigos pero bastante tienen los pobres con sus batallas de papillas y pañales como para andar teniendo que ir a mi casa a achicar agua. Darle unas llaves mías a alguien que no conozco de TODA la vida... es que no me veo capaz. Preferiría tener que ir en barca por mi cocina inundada por los grifos del vecino, no os digo más.

Y lo pienso mucho ahora porque en una paso previo a cerrar sesión en SpeedyTown y abrir otra nueva en, no sé, Nueva Zelanda (por ejemplo) estoy metida en la guerra de hacer amigos nuevos. Sí, sí, guerra, hijos míos, guerra. Porque a ciertas edades (y más pandemia apocalíptica mediante) encontrar pandilla nueva es tarea casi imposible. Madre del amor hermoso, colegas, qué horror, lo que me está costando. Mira que como superheroína me he enfrentado a retos difíciles, pero comparado con esto evitar que un meteorito choque con la Tierra y la destruya es pan comido. Virgencita del camino seco qué trabajazo, troncos.

La peña está colapsada con sus curros, con sus bebés, con sus historias sentimentales, con sus paranoias mentales y no les da la vida para más, yo creo.  Y tampoco ayuda, supongo, que yo no dejo las llaves de mi casa (literal y metafóricamente hablando) a nadie que acabe de llegar. Total que a veces pienso, ¿no será más fácil esto en Nueva Zelanda? Allí por lo menos te tomas cañas mientras ves saltar a los canguros, ¿no?

miércoles, 7 de abril de 2021

Atascazo pandémico

Si os digo la verdad, lo más estresante del negocio superheroico no era arriesgar tu vida para vencer a supervillanos o para salvar el mundo. No. Lo peor eran las esperas. Es decir, que las batallas podían ser duras y que te dieran pa'l pelo y te dejaran lleno de moratones y con siete huesos rotos y eso, como podéis imaginaros, no era la panacea, pero al menos ya estabas allí, metido en faena y que fuera lo que tuviera que ser. Pero esperar en tensión máxima, cagado de miedo por no saber exactamente la que se te venía encima y con la presión de tener que estar a la altura y salvar el planeta de su destrucción total era una tortura china. Para todos, además. Aquí unos superhéroes pueden ser más experimentados, más serenos y menos dramas unos que otros, pero en el fondo todo perro pichichi lo llevaba fatal.

-Ayyy, de verdad, pero ¿cuándo va a aparecer de una vez Villano de Turno? Ahora aquí tocándonos los aparejos y luego todo son prisas.

-Bueno, Masa, qué le vamos a hacer son gajes del oficio.

-Ya, SuperMan, pero es que por muy entrenados que tengamos los nervios así es imposible mantener unos niveles de cortisol saludables. Que luego habrá una cuenta atrás de 3 minutos antes de alguno de estos cabritos lance su rayo destructor contra una ciudad llena de inocentes y nos haría buena falta todo este rato que estamos perdiendo ahora para conseguir evitarlo.

-Spiderman, asúmelo, te pagan más por esperar preparado que por saltar de edificio en edificio. Es así.

Aguardar perdiendo un tiempo que luego iba a ser crucial era el agobio máximo. No podías adelantar nada, no había nada que pudieras hacer en el presente para ayudar a tu angustiadísima yo futura. Es más, parecía que te estabas riendo en su cara desperdiciando unos minutos que ella iba a necesitar,  nunca mejor dicho, a vida o muerte.

Bueno, pues una sensación muy parecida me está regalando a mi este apocalipsis pandémico. La CoronaMovida mierder me ha cogido en mal momento, ya con unos añitos y después de un Jamacuco Supremo que por lo que parece va a tener segunda parte, y el temporizador de la vida se me ha puesto en modo cuenta atrás. En plan "colega, espabila, que sigues sin avanzar de pantalla y a la partida del videojuego cada vez le queda menos". Tengo la impresión continua de tener un lista interminable de tareas, para las que ya iría justa de tiempo de normal, pero que encima no puedo empezar porque siempre hay alguna CoronaPega en formato restricción. Iría a tal sitio, pero estamos confinados. Me apuntaría a esto, pero l han suspendido porque no se permiten las reuniones de más de seis personas. Intentaría hacer nuevos "amiguitos" pero la distancia de seguridad ya tal. Qué os voy a contar que no sepáis...

Para mi lo peor de la parálisis pandémica no es no hacer nada, sino saber que todo este tiempo desaprovechado luego te va a faltar. Es como estar atrapada en un atasco monumental poniéndote tarquicárdica porque llegas tardísimo al curro: sufres por el atascazo y porque vislumbras en el horizonte los marrones que te van a caer encima por el retraso.

Puto bicho, me tienes hasta la pepitilla. ¡¡VETE YAAAAAA!!

domingo, 4 de abril de 2021

Así de ¿simple?

Nada, que esto me lo encontré el otro día naufragando por Twitter  y me lo quería guardar por aquí. Que no os compliquéis la vida y que feliz domingo, bombonazos.




miércoles, 31 de marzo de 2021

Coger una buena ola

Iba a decir que hago surf pero bueno, cualquiera que me conozca un mínimo no se va a tragar semejante pegote ni jarto de vino, así que diré la verdad. Alguna vez he luchado contra las olas con una tabla de poliestireno expandido cerca. Y digo "cerca" porque estaba en cualquier posición menos debajo de mis pies ayudándome a surfear. Estaba al lado, o detrás o golpeándome la cabeza. Pero debajo, la verdad, muy pocas veces. Y cuando el mar está de buenas muy bien, pero cuando pillas al océano cabreado, ¡agüita! Y nunca mejor dicho. 

Total, que mis sucesivos profes surferos trataban de darme consejos para luchar contra mi inconmensurable inutilidad natural a ver si conseguían que me pusiera de pie en la tabla aunque fuera dos segundos. Spoiler: no lo consiguieron. Pero por el camino me dieron algunas pistas que para el deporte no me sirvieron demasiado pero para la vida quizá un poco más.

Y es que en el surf, como en la vida, para lograr el éxito es tan crucial tener habilidad como saber escoger una buena ola. No puedes surfearlas todas, así que debes decidir qué batalla vas a luchar, qué victoria te dará los mejores frutos en caso de que ganes. Aunque las olas rompen cerca de la orilla, se crean en la lejanía y en el horizonte parecen todas iguales. Es difícil saber cuáles serán altas o bajas, qué fuerza llevarán o si traerán consigo algún tipo de corriente que empujará la tabla hacia el fondo.

Como no puedes fiarte de la vista necesitas desarrollar una especie de intuición, una sensibilidad que te dice tocando el agua de tu lado como será la ola que está naciendo a muchos metros de ti. La superficie acuática tiembla, de manera parecida a como retumba el suelo cuando se acerca una estampida de animales en la sabana. Si consigues diferenciar qué temblor se convertirá en una buena oportunidad y cuál no merece el esfuerzo y vale más dejarlo pasar, ya tienes la mitad del trabajo hecho.

Yo no sólo soy una inútil poniéndome de pie en la tabla, sino escogiendo las buenas olas. Como en la vida, vaya. Supongo que eso explica muchas cosas...

domingo, 28 de marzo de 2021

I'm fed up with the conversation of the bananas

Del verano que me fui a Inglaterra (supuestamente) a aprender inglés me traje un trillón de anécdotas. Aunque me reí lo que no está en los escritos, no todas de estas anécdotas fueron positivas porque empecé con mal pie y luego me pasé dos meses encadenando desastres de distintas dimensiones, uno detrás de otro, de otro y de otro. Supongo que de alguna forma, por mi actitud, por algún tipo de bloqueo o yo que sé, los provocaba yo (es imposible que todo aquello fuera simple casualidad) pero lo cierto es que me fue de pena.

Total, que esa sensación de no poder más, de sentir que el universo entero conspira en tu contra, la tengo bastante ligada a aquella época y por eso la defino con una frase que usábamos allí de coña y que a mi me ha quedado ya para los restos.

El caso es que para sobrevivir ese verano trabajé de camarera en un restaurante de turistas en el que el resto del personal venía desde los confines más lejanos de la tierra como yo, (supuestamente) a aprender inglés. Había rusos, franceses, rumanos, georgianos, argentinos... Hablábamos fatal el idioma, apenas nos entendíamos entre nosotros y menos aún al gerente, un británico inseguro, pusilánime y sin pizca de autoridad al que nadie respetaba ni hacía el menor caso.

Cobrábamos fatal en metálico porque las comidas en el restaurante estaban incluidas como salario en especie. A muchos de los camareros les parecía poco sueldo, así que se dedicaban a mangar de la cámara frigorífica de la cocina los alimentos más caros que ni en sueños se podían permitir en un supermercado. Allí una chocolatina gigante te costaba 10 céntimos pero si lograbas encontrar una naranja te quedabas tuerto porque te sacaban un ojo de la cara. Los plátanos, en concreto, valían su peso en oro, supongo que ahora estarán al nivel de las bitcoins como mínimo. Y claro, duraban ná y menos en el almacén.

Un día el gerente, indignado por la continua desaparición de fruta, vino a echarnos la bronca. Como no nos imponía en absoluto todos seguimos a lo nuestro sin prestarle atención y por eso se plantó al lado de una de las camareras, andaluza, salerosa, sin una miaja de vergüenza y con un inglés macarrónico, para darle la turra hasta que no pudiera más y confesara el robo de los plátanos y el asesinato de Kennedy, si hacía falta. La pobre chica aguantó lo indecible y cuando ya no pudo más le soltó, a dos centímetros de la cara:

-Quillo, que pesado eres, déjame en paz de una vez, I'm fed up with the conversation of the bananas

La carcajada que soltamos después de aquello resonó en todos los rincones de la galaxia conocida y el pobre gerente se quedó tan estupefacto con ese spanglish inventado que tuvo que dejar la bronca para mejor ocasión. 

A partir de entonces mis amigas y yo cuando no podemos más, cuando ya estanos haaaaaaaaarrrrtas de todo, de la vida, de una situación, de lo que sea, siempre soltamos esa perla. Y yo hoy tengo algo que deciros:

¡¡I'm fed up with the conversation of the bananas!!

miércoles, 24 de marzo de 2021

La verdad no está ahí fuera, Mulder

Los de Expediente X decían que "la verdad está ahí fuera". ¿Pero lo está? Y si lo está, ¿qué verdad?

A mi me preocupaba mucho eso de "la verdad". No tanto sobre los extraterrestres (que estoy completamente segura de que existen y que no vienen a visitarnos porque somos su Netflix y bastante tienen con no perderse en la trama de las cada vez más emocionantes temporadas) sino sobre las interacciones, sobre como nos relacionábamos unos con otros. Qué pensaba la gente de mí, por ejemplo. Yo, que me aguanto las 24 horas del día y me conozco bien, creo que soy creativa y buena niña pero ¿la peña verá eso? Porque lo que no se ve no existe, ¿no? Un árbol que cae en el bosque sin que nadie pueda oírlo no hace ruido. Si yo soy mega graciosa sólo por escrito y nadie llega nunca a leer lo que escribo, ¿soy graciosa en realidad? No, ¿no?

En estos debates tan "útiles" estaba metida mi cabeza todo el día (eso explica muchas cosas, supongo) hasta que llegué a Twitter y me dio cuenta de que la verdad no existe. Así, sin paños calientes. Cada uno ve una realidad y las cosas son blancas o negras dependiendo de a quién le preguntes. Si Menganito es el mejor actor de la historia o una bazofia. Si tal medida política nos salvará de la destrucción total o nos lleva de cabeza al desastre. Si lo que ha hecho una persona random es el culmen de la bondad o una muestra de egoísmo. Y lo más gordo es que no se trata sólo de opiniones que, como los culos, todo el mundo tiene una. En Twitter lees con dos centímetros de distancia en tu TL noticias de prensa que apoyan una postura y la contraria, estudios científicos que respaldan una teoría y la otra, expertos que explican lo que sea (ahora mismo, por ejemplo, este puñetero CoronaApocalipsis) con unos hechos y unas circunstancias y con otros completamente distintos, unos que ven esperanza y otros que vaticinan la extinción del planeta y de la raza humana para pasado mañana. 

Todo no podía ser cierto, algo de aquello tendría que ser "verdad" y lo demás no, ¿no? Me explotaba la cabeza pensando eso hasta que tropecé por casualidad con la teoría del espejo, que lo explica todo. Ahora creo que la realidad no existe, sino que es una pantalla en la que nos proyectamos. Según nuestra forma de ser, nuestras experiencias, cada uno vive una película y luego, ya lo dice el refrán, cuenta la feria según le va en ella. Y con las relaciones entre las personas esto se multiplica por mil.

Nadie puede decirte como eres, no puedes saber lo que percibe "la gente" (como masa, como grupo, como un todo) de ti porque cada uno te ve de una forma según el reflejo de lo que llevan ellos mismos dentro. ¿Eres inteligente? ¿Divertido? ¿Brillante? ¿Tienes mal genio? ¿Cantas bien? ¿Escribes bien? Depende de a quién le preguntes. No hay más que leer los comentarios de cualquier video random en Youtube o las valoraciones del producto J de Amazon para darse cuenta de que la verdad no existe porque a unos les encanta, les parece lo mejor con lo que se han encontrado jamás y para otros no puede ser peor. ¿Quién de ellos dice "la verdad"?

A mi me preocupaba el tema de cara a la vida. A MI vida, en concreto. Si tal o cual cosa nunca me salía bien tenía que ser por alguna razón y a lo mejor la causa era que me creía que yo era de tal o cual forma, que la gente me veía así y luego resultaba que no era "verdad", que la peña me percibía de otra forma y que eso lo explicaba todo. Ahora que sé que eso tampoco lo explica, sigo en busca de explicación. OTRA VEZ.

domingo, 21 de marzo de 2021

Poesía contra un lunes acechante

Para celebrar el Día Mundial de la Poesía debería escribir algo bonito, pero el domingo agonizante y el odioso lunes enseñando ya la patita por debajo de la puerta me han quitado las ganas, no os voy a engañar. Entonces debería elegir algo bonito de lo que hayan escrito otros, pero he leído tantas cosas chulas hoy en Twitter que no sé con cuál quedarme. Así que he decidido tirar por la calle de en medio y poner una imagen que además de poesía es una verdad como un templo.



Pues eso, queridos, que fuerza para la semana que empieza y que no sufráis, que ya queda ná y menos para las vacaciones semana santeras.


¡¡VAAAAAMOS QUE NO VAAAAMOS!!

miércoles, 17 de marzo de 2021

De médicos (again)

Diría que las revisiones del Jamacuco Supremo son divertidas pero la verdad es que no. Son más bien surrealistas. Incluyen siempre un montón de situaciones en las que miras a tu alrededor buscando la cámara oculta porque te parece imposible que alguien te esté preguntando eso en serio o en las que te mueres de ganas de tener una grabadora para poder demostrar que esa conversación se ha producido, porque cuando lo cuentes todo el mundo va a pensar que estás exagerando. Que este blog y yo (es verdad) somos muy de exagerar, pero que en estos casos en concreto no hace falta. Te lo dan todo hecho. 

En estas revisiones yo he oído cosas como:

-¿Por qué has venido?

-Ehhh..., porque me dio un jamacuco que casi se me lleva por delante. No sé, igual pone algo de eso en el informe de tres páginas que tienes delante...

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-No hay muchos consejos que pueda darte para prevenir otro jamacuco. Hay estudios que parecen relacionar algunos sprays nasales con estos episodios. No uses estos productos. No esnifes cocaína... No sé.

-Vale, también procuraré no ponerme delante de un camión para que me atropelle ni tirarme por la ventana de un quinto piso. Gracias por el consejo.

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-¿Esta prueba por qué te la mandamos hacer? ¿Perdías el conocimiento?

-No

¿Y entonces por qué te la hicimos, por probar?

-Pues si no lo sabes tú que eres el médico... A mi explicación no me disteis ninguna porque todos los de tu especialidad parecéis estar compitiendo por el récord Guiness al menor número de palabras usadas por paciente, así que no te puedo ayudar, lo siento.

Ha habido grandes momentos en las revisiones, pero la del otro día pasa ya a una categoría superior. Os cuento

(9 de mañana)

-¿Eres Speedy, que tenías cita ahora, verdad? Voy a avisar al doctor.

(9.45 de la mañana)

-Mira, Speedy, lo siento de verdad, ya he avisado al médico tres veces, pero está reunido con los jefazos, me dice que ahora viene, y no viene. Y yo ya no entro más, compréndelo, que ya he ido tres veces. Que sí, que estarán hablando de algo importante, no lo dudo, pero que la consulta empieza a una hora. Y yo ya no voy más. Entiéndeme. Es que, de verdad, así no se puede trabajar, qué desesperación. Señor, dame paciencia porque como me des una recortada me los cargo a todos.

Tranquilísima ante el buen rollo que se respira entre el médico que me va a hacer una prueba en el cerebro y su enfermera, paso por fin a que me la hagan poniéndome unos electrodos en la sienes.

(Zuuuum, zum, zum =onomatopeya de zumbido tranquilo. Lo aclaro que supongo que es imposible pillarlo sin explicación)

-¿Oyes ese zumbido? Es la sangre corriendo por tu arteria cerebral. Ya verás que guay, como cambia el ritmo cuando te estresas. Mira, como ahora que te van a coger una vía

-A ver aprieta el puño... ay, que no puedo, abre y cierra la mano... a ver... Ay, chica que no puedo

-Déjame que pruebo yo. No, es que lo tiene como obstruido. A ver, aprieta el puño. Ay, que no entra, chica.

-¿No podéis? Dejadme a mi un momento, mejor un poco más recto. Ay, pues tampoco.

(Zuuuum, zum, zum, zum zum zum =onomatopeya de zumbido un poco menos tranquilo)

-Espera que voy yo, ayyy, pero ¿por qué no entra? Speedy, si te hacemos daño nos lo dices, ¿eh?

-Pues ese brazo lo tengo ya bastante destrozado, la verdad.

-Pruebo con el otro. A verrr (Cara de horror máximo) ¡Que le he tocado una arteria!

Cunde el pánico. Sangre saliendo a chorro.

-¡Quita!

Aprieta aquí, rápido!

-¡Trae el carro de paradas!

-¿¿¿¡¡¡CARRO DE PARADAS!!!???

(ZUUUUUMMMM, ZUM, ZUM, ZUM, ZUM, ZUM =onomatopeya de zumbido TODO LO CONTRARIO A tranquilo)

-Voy a quitarte un momento los electrodos de la cabeza para que dejemos de oír tus pensamientos.

-Sí, casi mejor.

Controlan la situación, el tema se reconduce y seguimos con la prueba. Supongo que para relajar el ambiente, el médico trata de sacar un tema de conversación fácil. El tiempo o la última serie bombazo de Netflix habrían sido buenas opciones, pero el bueno del facultativo hace gala de una habilidad social sospechosamente parecida a la de Sheldon Cooper y suelta:

-Que esternón más pequeño tienes, ¿no?

De verdad que no sé que quiere que le responda a eso. Si hubiera dicho algo sobre el tamaño de mis orejas podría haberle contestado (como el lobo de Caperucita) "son para oírte mejor", pero sobre el esternón no caigo en ninguna alusión de la literatura popular. Me limito a mirarle resignada, así que sigue con las preguntas cómodas.

-¿Tienes hijos? ¿Has tenido abortos? ¿Estás planeando quedarte embarazada?

Por lo misterios insondables del cuerpo humano, aunque el jamacuco no es del aparato reproductor está muy relacionado con partos y demás, así que en las revisiones me hacen estas preguntas millones de veces. Simplemente por variar un poco mi respuesta y no en busca de terapia, en vez de contestar mi manido no a todo, sobre lo último se me ocurre responder: "Ya no me da tiempo". ¡En qué hora se me ocurre decir eso!)

-Que tiempo ni tiempo, si con tu edad eres un bebé. ¡Anda que no te queda! Tengo yo 10 años más que tú y me considero un bebé. ¿Por qué no te va a dar tiempo, a ver?

Estoy tumbada con unos electrodos en la cabeza. Tengo una pinza en un brazo taponando una arteria que hace un minuto estaba en plan surtidor, el otro brazo lo tengo agujerado por todas partes y con un catéter metiéndome no sé qué leches en vena. No me siento con fuerzas de ponerme a explicarle a esta enfermera bien intencionada mi desastrosa trayectoria vital, laboral, económica y amorosa. Estoy por darle la dirección de este blog y que saque sus propias conclusiones, pero intento primero con algo neutro, a ver si desactivo la conversación.

-Ya, es que me falta algún detallito que otro para llevar a cabo ese plan.

-A ver, que estamos en el siglo XXI, no necesitas la ayuda de nadie, eres perfectamente capaz...

Tercia el médico.

-Bueno, no insistamos, que cada uno sabe lo que quiere hacer y lo que no con sus circunstancias. A ver Speedy, mira a la pizarra que te voy a explicar los resultados de la prueba . Esto que he dibujado aquí y que parecen dos cacas juntas representan tu aurículas...

Seguiría contando como fue la cosa, pero supongo que ya os hacéis una idea. También supongo que creéis que exagero porque este blog es muy de exagerar y por eso me habría encantado tener la cámara oculta o la grabadora que comentaba en el primer párrafo de la entrada. Para que os dierais cuenta de que hay cosas que no hace falta ni exagerarlas.