Speedygirl, la prima lejana de Los Increíbles
lunes, 25 de mayo de 2026
lunes, 18 de mayo de 2026
Toppings
Los toppings están bien, por supuesto. ¿Quién se atrevería a negarlo? Virutas de chocolate. Lacasitos. Trozos de Oreo. Sirope de fresa. Frutos secos rallados. Gominolas. Cereales de colores. Incluso algún elemento decorativo tipo sombrillita de cocktail.
Fantasía. Maravilla. Yo, de hecho, soy de las que ha llegado a decir alguna vez que lo mejor de los postres son los complementos. Siempre que debajo de ellos haya helado, claro.
Porque imaginaos (y de esto había una escena ilustrativa en Barrio Sésamo que ahora no logro encontrar en Youtube para linkarla) que sólo os ponen los toppings. Es decir, un plato con dos miligramos de virutas de chocolate, tres lacasitos, medio canutillo de oblea, un cuarto de Oreo. Y ya. Después no os dan la copa con dos bolas gigantes de helado de chocolate. Ni siquiera un triste cucurucho infantil. Nada.
Y tú, pasmado, preguntas: ¿No hay más? ¿Sólo es esto?
Y te contestan: ¿Te parece poco? Los toppings están buenísimos. ¿Es que no te gusta el cacao en polvo, el sirope, las galletas? No sé de qué te quejas, además. Hay gente en otras mesas que no tiene lacasitos o a los que sólo les han dado una cuchara corta y no llegan a rebañar bien el fondo del bol.
Ya... pero ellos tienen helado.
(Y no, esto no es una entrada promocional de Frigo, porque no estoy hablando de helados)
jueves, 14 de mayo de 2026
Small talk
Y bueno, si esto ocurriera sólo en entornos laborales, vale que vale. Pero siento que el 99% de mis interacciones diarias son superficiales. Gente a la que apenas conozco con la que no tengo confianza y con la que, desde luego, no puedo comentar más que generalidades. Nada que me importe de verdad.
Que vosotros diréis, ¿y tu familia y amigos qué? Y esto precisamente es lo que yo venía a consultar. Alcanzadas determinadas edades, ¿no os sentís un poco como en el programa de 59 segundos, que tenéis que contar lo que sea en menos de un minuto u os bajan el micrófono? Siempre hay un bebé llorando, o alguien en el hospital o un dolor persistente o un divorcio traumático o cualquier otro imprevisto que reclama atención urgente y que impide una charla tranquila. Y sin cierta calma y tiempo, ¿cómo se va a profundizar en nada?
Y esa sensación fuera de casa, se multiplica por infinito dentro.¿No creéis que la vejez de los padres los aleja por completo? De repente ya sólo se habla de sus medicinas, de sus dolores, de sus citas hospitalarias. Cualquier problema serio tuyo o les va a preocupar o no lo van a entender, así que se lo ahorras. Ya no cabe consultarles esa duda de la declaración de la renta, ni te pueden echar una mano con la cisterna que gotea. Tampoco les quedan ganas ni ilusión para aconsejarte en la búsqueda de coche de segunda mano, algo que años atrás les habría encantado porque el tema les chifla. Ahora sólo te preguntan una y otra y otra vez por trivialidades que a ti te importan un bledo y que respondes una y otra y otra vez respirando hondo. Porque estás del small talk hasta la mismísima pepitilla.
miércoles, 6 de mayo de 2026
sábado, 2 de mayo de 2026
Microalmas en pena
Como la climatología y otros pincharuedas han decidido boicotearme las posibilidades de salir de excursión en los últimos puentes, he tenido oportunidad de estar algo más de tiempo en mi superguarida. Y se ha producido un hecho insólito. La he mirado, ella me ha devuelto la mirada... y el espíritu de Monica Geller se ha apoderado de mi. Esto, que sería relevante siempre, es casi milagroso en mi caso porque ya sabéis que mi casa es un vórtice de entropía. No tengo tiempo y apenas habilidad para mantenerla ordenada, lo que complica sobremanera una limpieza profunda.
Porque yo limpiar limpio, ¿eh? Pero sobre todo donde hay superficies no invadidas por objetos o papeles, que, si os digo la verdad, son pocas. Y otras operaciones más complejas, como el saneamiento del frigorífico, suelo hacerlas a contrarreloj, lo que me impide dedicarles una atención esmerada y posibilita sorpresas como la que me he llevado yo hoy.
Y es que resulta que en mi nevera hay piezas que yo no sabía que se desmontan y que al parecer lo hacen para, precisamente, permitir una higienización más profunda. Al no tener ni idea de esto, jamás las había retirado en tropecientos años de historia de este electrodoméstico y hoy que lo he hecho por vez primera... ya os podéis imaginar lo que me he encontrado.
Llamar suciedad a lo que allí había sería injusto, porque era mucho más que eso. Era una hermosa y estable comunidad de gérmenes, con tal grado de unidad y coordinación que casi podríamos considerarlo un organismo superior con un nivel de evolución cercana a un perro doméstico. Casi me ha extrañado que no pudiera hablar para comunicarme sus quejas.
Así que tras saludar con respeto a esa alumna aventajada de la montaña de basura de los Fraguel Rock, he procedido a desalojarla. No tanto por los gérmenes vivos, sino para dar cristiana sepultura en el vertedero municipal a los caídos en combate tras años de dura resistencia en el oscuro y húmedo interior de mi frigorífico. Imaginaos la de energía cósmica acumulada allí dentro con tanta microalma en pena vagando por el desierto helado en busca de su descanso eterno.
Armada con estropajos, bayetas, cepillos de dientes y hasta palillos, he rascado en cada rincón para liberar esos espíritus y así conseguir dos objetivos: una nevera reluciente y un poco de paz en mi superguarida. Y es que, chavales, ahora todo cuadra.
Ya os conté que acudiría a cualquier medida desesperada para cortocircuitar mi mala racha eterna. Me duché con agua con sal, quemé cáscara de naranja, paseé con el palo santo por los pasillos... Pero mi mal de ojo sigue allí, erre que erre, sin bajarse del burro. Alguien experto en auras y misticismos me dijo que quizá tenía algún espíritu en casa, llamando mi atención para ayudarle a resolver su asunto pendiente antes de transitar. Y hoy, por fin, sabemos la verdad. Que no era una, sino muchas almas infecciosas microscópicas clamando que les abriera las puertas de mi frigo para poder volar hasta el cielo de los gérmenes.
Bueno, chicos, pues el día ha llegado. Sois libres. Disfrutad de la vida eterna y tanta paz llevéis, como descanso dejáis. Pero por favor, por favor, por favor, por favor, llevaos también con vosotros mi mal de ojo. Me lo merezco por la paliza de limpieza que me he pegado. Y porque ya no puedo más con el shit happens de la vida.
Ozú.
jueves, 30 de abril de 2026
Carestía tuitera
Yo soy una usuaria de Twitter tan colosalmente improductiva que ni siquiera se me debería permitir autodenominarme usuaria. Lectora sería más ajustado. Impávida observadora cual abuelete admirando obras en la calle, quizás. Pero vaya, activa, lo que se dice activa, no soy. Sin embargo, mi dedo retuiteador es implacable. O era, debo decir.
Porque he estado haciendo arqueologia tuitera como un nuevo enemigo en busca de palabras comprometedoras en mi historial y lo que me he encontrado es un páramo creativo. No sólo de posts propios, que sigo sin escribir, sino de creaciones de otros, que apenas reproduzco ya. Y es que colegas, ya me lo parecía a mi y con este repaso lo he constatado, la red social anteriormente conocida como Twitter está hecha un rollo patatero.
Como añoro los tiempos en que allí solo se entraba para los chistes. Para hacerlos, para disfrutarlos, para mejorarlos. Luego se mezclaron otras cosas: había contenido de expertos, política, arte...y todo se combinaba de alguna forma con el humor, que siempre estaba presente. Ahora todo son gritos, discusiones, zascas, turras infumables perpetradas por la IA... pero de la gracia que había antes, ni rastro. Y qué pena, ¿no?
Total, que para combatir esa bajona, he traído aquí un recopilatorio de mis mejores retuits (relativamente) recientes. Y relativamente es la clave porque he tenido que remontarme a 2024 y antes. Con eso no os digo nada y os lo digo todo.
Así que eso, chavalotes, aquí os los dejo, para cuando necesitéis unas risas. Y ahora a disfrutar del puente, que ya nos lo merecíamos.
¡POR LA SOMBRA, BOMBONES!
Mi wrapped tendría hasta decimales.
Y no poner mis barbas a remojar cuando veo que se las cortan a mi vecino.
¿Confirmamos? Confirmamos.


