jueves, 25 de junio de 2026

Botón nuclear flequillo

Para lo abajo que está el estilismo capilar en mi escala de prioridades, lo cierto es que en este blog mi pelo, su rebeldía y sus cambios han salido mucho. Os he contado cuando lo tenía largo, corto, cuando lo teñí primero de moreno y luego de otros colores. Hemos comentado, incluso, hasta el fenómeno paranormal conocido como LA RASTA. Bien, pues aquí se viene un nuevo capítulo.

Vosotros no lo sabéis porque apenas doy la turra por aquí (guiño, guiño, codazo) pero mi momento vital es manifiestamente mejorable. ¿Y cuál es la receta estándar para crisis personales varias? Cambiar de imagen y, en concreto, de peinado. Así que en una ampliación del lema whatever it takes, he ido de excursión a la peluquería.

Y después de años de cambios... lo teníamos complicado para innovar. Ahora entre descanso de tinte y canas incipientes no tengo la melena ni amarilla, ni marrón, ni negra, sino de un (cuanto menos sospechoso) color gris oscuro, así que eso no lo hemos tocado para no liarla más. Los largos y los cortes fantasía ya los habíamos probado todos, así que hemos gritado "¡el que tenga miedo a morir que no nazca!" y hemos pulsado el botón FLEQUILLO.

Sí, amigos, por primera vez desde los 13 años tengo pelo cubriéndome la frente y, con la mano en el corazón os lo digo: no sé cuanto tiempo voy a aguantar. Llevo ocho horas y ya oigo gritarme a todas la horquillas y pinzas del planeta Tierra si pueden ayudarme en algo. Así que bueno, el tema está chungo, pero no perdamos la esperanza.

Todo sea por el feng shui capilar 

domingo, 21 de junio de 2026

Bomba atómica teatrera

Hace mucho que no cuento por aquí mis andanzas teatreras porque ahora son andanzas improvisadoras, más difíciles de contar debido a la locura total. El caso es que justo estos días me toca hacer frente  a una bomba atómica artística, un poco mezcla de los dos. A ver si lo consigo explicar.

Hay gente que describe a sus mejores amigos como aquellos a los que ayudaría a esconder un cadáver sin hacer preguntas. Bueno, pues hace nada me ha llegado a mi el equivalente a esa petición en el ámbito teatral. Alguien me ha pedido que haga una sustitución en un montaje de teatro... a una semana del estreno y sin ensayar ni una sola vez con el resto del reparto, que llevan trabajando el texto desde septiembre. Siete días para aprenderme el papel (¡¡AHH!!), cero para coordinarte con el resto  en movimientos y escenografía (¡¡DOBLE AHHH!!).

Quien ha estado tiempo metido en movidas artísticas sabe que antes de los estrenos pasa de todo y que muchas veces ocurren este tipo de emergencias, alguien en el ultimo momento no puede ir y hay que buscar un apaño. Quien más quien menos ha necesitado este tipo de favores alguna vez. Y los favores hay que devolverlos.

Quid pro quo, Clarice...




En concreto a la persona que me lo ha pedido yo no le debía una, le debía un millón, así que ahí me habéis visto los últimos siete días estudiando el texto en el bus, en los descansos del curro, antes de dormir, al levantarme... para intentar llegar a tiempo. Y bueno, podría decir que eso más o menos lo tengo controlado. Ahora me da miedo todo lo demás.

Que hay muchas personas en escena, en conversaciones multitudinarias en las que no sólo puedo equivocarme yo, sino los demás, con la consecuencia de que yo cortocircuite y monte un lío. Que sé el nombre de los personajes, pero no sus caras, porque no les he visto nunca, así que no descartemos que le conteste a uno, pensando que es otro. Que tenga un blancazo de nervios porque... bueno, el escenario impone y yo no he hecho ni un solo ensayo.

Pero sobre todo me da miedo mezclar técnicas. Hacer teatro de texto es una cosa e improvisar otra totalmente distinta y yo he estado practicando lo segundo los últimos años. Es otra vibra encima del escenario, otra actitud, otro tren de pensamiento que a mi ahora se me escapa porque es lo que tengo más entrenado. Ahora me cuesta sujetar los caballos, decir mis líneas de forma literal, no adelantarme... y eso es lo peor que puedes hacerle a peña que ha estado ensayando meses.

Así pues, se hará lo que se pueda y que sea lo que tenga que ser. La suerte está echada. Es probable que no sólo me lleve tomatazos del público sino de mis propios compañeros de reparto, desesperados porque la sustituta se la ha liado parda.

Pero con la mejor intención, que quede claro.

viernes, 19 de junio de 2026

Pues eso


 

sábado, 13 de junio de 2026

Estar "DE QUE" no

"Casi todos luchan cuando tienen alguna esperanza de ganar, por pequeña que sea. Y se les llama valientes. Son pocos los que siguen luchando cuando no queda esperanza. Y se les llama guerreros"

(Hermanastra)

Esto es lo que pasa en plan telegrama.

Me pegué dos décadas luchando con todas mis fuerzas para mejorar algo mi vida profesional, porque pensaba que lo personal dependía de los astros y yo no tenía ningún control allí. Por lo que se ve, en el terreno laboral los astros también ejercían bastante influencia y "estaban  DE QUE no", así que semejante esfuerzo sólo me trajo mucha frustración y un agotamiento extremo. Con la perspectiva del tiempo veo que debí pasar a un plan B mucho antes de desfondarme por completo, pero bueno, que si la falacia del coste hundido y el orgullo magullado y bla bla bla, era difícil darse cuenta en el momento.

Total, que 20 años después soy una persona extenuada al máximo que no sabe qué hacer con su vida. Nada (profesional) me suscita una mínima microscópica ilusión. Lo único que sé es que quiero tranquilidad y que no estoy dispuesta BAJO NINGUN CONCEPTO a volver a dedicar ingentes esfuerzos a algo que no me garantice resultados. Y como con esto de la IA puñetera no sabe qué va a pasar pasado mañana ni el propio Elon Musk, pues aquí estamos, quietos en la mata.

Así que descartado lo profesional, que me importa un bledo, sólo me queda centrarme en lo personal, para comprobar que, como ya intuía hace 20 años, depende de los astros y yo no tengo ningún control sobre ello. Porque, amiguis, o esto es una cámara oculta y en cualquier momento sale Juan y Medio con un ramo de flores a llamarme inocente inocente, o, en efecto, todas las constelaciones de estrellas del universo "están DE QUE no", también en esto.

Y no podréis reprocharme que no he probado todo. Como años del "pasa del tema y relájate, llegará cuando tenga que llegar" no funcionaron, intenté ser más proactiva. Me apunté a MÁS (siempre he hecho muchísimas) actividades nuevas, usé apps que no van nada conmigo, pero que parecen ser el único camino, fui paciente, comprensiva, rebajé expectativas, abrí la mente, bajé el listón. Pero hijos míos, de donde no hay, no se puede sacar. No es una cuestión de exigencia. Y os voy a poner un ejemplo para que me entendáis.

Acudo a un sitio chulísimo, con gente majérrima a hacer algo que me encanta. 10 sobre 10 al plan, increíble. Coincido allí con 15 personas, cinco de los cuales son chicOs. Yo, hetero incorregible, me encuentro este panorama: un chico casado, un chaval trece años menor que yo, un señor de 86 tacos, un compi con el que comparto el mismo crush (George Clooney) y un muchacho que lleva una cresta en la cabeza más grande que la del casco de los soldados de la Roma antigua. Todos MA-JI-SI-MOS, pero, ¿me explico? No es que yo pida mucho, es que ninguno de ellos está en mi círculo, que diría el Zorro

Esto no pasaría de ser una casualidad anecdótica si no me ocurriera EXACTAMENTE IGUAL en cada cosa que empiezo. Ojalá fuera de verdad una cámara oculta para enseñaros las imágenes y que comprobarais que no es cosa mía, que es de los astros, que están "DE QUE NO".  Y esto solo en la primera fase, que luego viene lo de ser correspondido, vivir en la misma ciudad, no tener prioridades familiares incompatibles, ni enfermedades terminales... que ahí ya ni me meto, porque no quiero irme para lo hondo.

A lo que voy con este telegrama tan largo es que si el Universo no quiere, no entiendo con qué fin me mete en esta partida trucada. Qué sentido tiene gastar batería manteniendo un personaje que salta obstáculos, esquiva disparos y mata monstruos por los siglos de los siglos sin pasar nunca de pantalla. No pillo donde está la diversión. 

PARA NADIE.

lunes, 1 de junio de 2026

Yo tampoco

 

 
 
Entre Kafka yo tenemos un total de cero textos escritos hoy.  
 
¡¡VAMOSS!! 

lunes, 25 de mayo de 2026

Lo que la IA puede hacer por mi


 




And so on...



lunes, 18 de mayo de 2026

Toppings

Los toppings están bien, por supuesto. ¿Quién se atrevería a negarlo? Virutas de chocolate. Lacasitos. Trozos de Oreo. Sirope de fresa. Frutos secos rallados. Gominolas. Cereales de colores. Incluso algún elemento decorativo tipo sombrillita de cocktail.

Fantasía. Maravilla. Yo, de hecho, soy de las que ha llegado a decir alguna vez que lo mejor de los postres son los complementos. Siempre que debajo de ellos haya helado, claro.

Porque imaginaos (y de esto había una escena ilustrativa en Barrio Sésamo que ahora no logro encontrar en Youtube para linkarla) que sólo os ponen los toppings. Es decir, un plato con dos miligramos de virutas de chocolate, tres lacasitos, medio canutillo de oblea, un cuarto de Oreo. Y ya. Después no os dan la copa con dos bolas gigantes de helado de chocolate. Ni siquiera un triste cucurucho infantil. Nada.

Y tú, pasmado, preguntas: ¿No hay más? ¿Sólo es esto?

Y te contestan: ¿Te parece poco? Los toppings están buenísimos. ¿Es que no te gusta el cacao en polvo, el sirope, las galletas? No sé de qué te quejas, además. Hay gente en otras mesas que no tiene lacasitos o a los que sólo les han dado una cuchara corta y no llegan a rebañar bien el fondo del bol.

Ya... pero ellos tienen helado.

(Y no, esto no es una entrada promocional de Frigo, porque no estoy hablando de helados)