Pues eso, que hoy 13 de abril, Día Internacional del Beso, volvemos a recordar nuestra justa reivindicación: al que no tenga besador habitual o en prácticas, se le debería asignar uno de oficio. Todos tenemos derecho a permanecer en silencio a causa de un buen ósculo.
No hay más preguntas, señoría. Se levanta la sesión.
Me acuerdo de hace milenios, cuando los blogs aún estaban vivos y todo el mundo escribía y comentaba, que uno de los tipos de entradas más populares eran las de autoescarnio. La peña contaba los mierdones que le pasaban en plan chufla y resultaba bastante catártico, tanto para el autor como para los lectores. Daba la sensación de que después de descojonarte de ello, lo que fuera parecía menos grave.
Yo he practicado esto durante años por intuición, sin saber que esta costumbre (bastante contraintuitiva, por otra parte), está avalada por una teoría. La autora con vibes de todo menos de científica, era Nora Ephron y se llamaba la teoría de la cáscara de plátano.
Tamaña perla de sabiduría, basada en un consejo de su madre, sostiene que convertir las tragedias personales en historias narrables te transforma de víctima en héroe. Si cuentas tu propia desdicha (resbalar), tomas el control, haces reír y alivias el dolor, en lugar de sufrir la burla ajena.
Bueno, pues no sé, tendrá razón, porque si tantos lo han hecho en la historia de la literatura, el entretenimiento y los blogs será por algo, no puede ser casualidad. Lo que empiezo a pensar es que llega un momento que este efecto se pasa. Que cuando sobrepasas determinado nivel de detritus, cuando acumulas tal cantidad de ponzoña que te sale por las orejas, empiezas a dejar de verle la gracia. Y se te acaban las ganas de contarlo
No tomo café, ni bebidas energéticas ni ningún tipo de estupefaciente no recetado por el médico para dolencias concretas. Por eso, tengo que buscarme otros remedios para cuando la vida se me hace bola. Chutes tonificantes. Inyecciones fortalecedoras. Chupitos para supervitaminarse y supermineralizarse. Como estos:
-Reírse hasta que te duela la tripa
-Escuchar tu canción favorita en la radio
-Aprobar tu último examen
-Que te escriba él primero
-Una buena conversación
-Encontrar dinero en un pantalón que hace mucho que no te ponías
-Oír accidentalmente que alguien dice algo bueno de ti.
-Formar parte de un equipo
-Despertarte y ver que aún puedes dormir un par de horas más.
No lo parece por aquí porque no estoy consiguiendo contarlo, pero últimamente hago muchísimas cosas. Más que nunca, diría, y eso que en este blog han quedado constatadas épocas de enorme actividad. Algunos son quehaceres elegidos, otros derivados de los primeros que no me gustan tanto pero que me parece mal dejar y otros son asuntos a los que te apuntas por probar y que unas veces salen bien y otras no tanto. Pero vamos, entre lo que me busco y mi curro con jornada partida horribilis, si se cae el techo de mi superguarida a mi no me pilla debajo.
El 99,99% de este ajetreo lo apaño yo. Es rara la ocasión en la que alguien me ofrece un plan al que puedo unirme sin más. Casi siempre el viaje lo monto yo yo, el curso los busco yo, la iniciativa la encuentro yo y esto se traduce, con frecuencia, en que la única participante conocida soy yo. Hago muchas cosas sola y en general no me importa, porque estoy habituada. Hace la tira de años que en mi vida el tema ha fluido de esta forma, o ir por mi cuenta o quedarme en casa y para mi lo segundo nunca ha sido una opción. Así que si hay algo en lo que estoy entrenada es en hacer cosas sola.
Por eso, creo, me resonó tanto el texto de abajo.
No digo que no haya peña poco echá pa'lante que se pierde cosas porque no se atreve a hacerlas sola. A esa gente, desde luego, turra a tope para que espabilen, que les hace falta disfrutar más de la vida. Pero para muchos otros el problema no es ese. El tema es que cuando quedas para ir al cine, la peli es, como mucho, el 10% de la experiencia. Así que ir por tu cuenta aporta el 10% de lo que buscabas yendo. Y como no estoy hablando solo de cine, no creo que tenga que poner más ejemplos para que me entendáis.
Por eso estoy un poco harta de las chapas continuas de no depender de nadie y bla bla bla bla. Algunos (muchos, me temo) llevamos toda la vida practicando, tenemos un master en eso. Por consiguiente (que diría Felipe Gonzalez en sus años mozos) voy a parafrasear a Jennifer en esa película de la que no recuerdo nada más que el diálogo de abajo.
"No he venido aquí a decirte que no puedo hacer cosas sola, porque puedo. Puedo hacer cosas sola. Pero no quiero".
Que estoy hasta la pepitilla, vaya, hablando en plata.
Dicen que hay una epidemia de soledad masculina, que los Z y los alfa están poco interesados en lo carnal, que el sexo es cada vez más difícil de encontrar.
No sé, puede ser.
Pero lo que escasea, fuera de toda duda, es la ternura.
La peña se trata fatal, especialmente en asuntos ligoteriles o románticos. La teoría está clara, las palabras responsabilidad afectiva y salud mental son trending topic, pero en la práctica muchísima gente miente, desaparece sin dar una mínima explicación o basa sus relaciones en chantajes y comportamientos tóxicos. El respeto y, sobre todo, el cariño y la ternura brillan por su ausencia.
Son el nuevo oro.
Así que si yo fuera una millonaria dueña de mil canales de TV por cable y pudiera inventarme el programa que quisiera me inventaría este: La isla de los achuchones.
Ni cuernos, ni acrobacias gimnásticas, ni gritos, ni botox ni anabolizantes. Gana el que sea más cuco.
El que ejerza de mejor almohada en las tardes de peli y manta. El que aguante más haciendo una cucharita en condiciones. El que te deje una nota por la mañana doblada en forma de rosa. El que te escriba guapa en la lista de la compra entre las galletas y el suavizante. El que pruebe un bollo nuevo y le guste tanto que te guarde la mitad para que tú también lo pruebes. El que te coja de la mano al pasear. El que te abrigue cuando hace frío sin que se lo pidas. El que te diga en junio que acaba de ver el Insta tu regalo de Reyes ideal.
En fin, ya cogéis la idea, no voy a hacerle todo el trabajo a los finalistas, que en este concurso habrá que currárselo.
¿Qué decís? ¿Que no tendría audiencia? ¿Cómo lo sabéis? Si nunca se ha hecho nada parecido en TV...