Bueno, pues lo de la
YoutubeTurra no ha mejorado ni un poco desde que lo conté por aquí la última vez, pero yo lo llevo mejor por un simple afán científico. Ahora cada vez que algo me irrita o me desespera hasta el extremo, trato de buscar datos objetivos, algún parámetro cuantificable que me permita medirlo. Y así, si logro detectar una pauta, adivinar el patrón, a veces desactivo la rabia, al comprobar que esa dinámica no tiene nada que ver conmigo.
Un buen ejemplo de esto es la maravillosa
revolución de mis hormonas, que quieren vaciar de óvulos mi útero cuanto antes para montar un gimnasio. El descanso entre periodo y periodo se me acortó tanto que me parecía estar
TODOS LOS DÍAS de mi vida con la regla (los preparativos previos y las festividades posteriores), lo que es una auténtica tortura china. Luego me paré a apuntarlo bien cada mes y contarlo con precisión y resultó que me viene cada tres semanas. Es mucho y apenas tengo descanso entre una y otra vez, pero al menos sé cuando esperarla y no es TODO el tiempo. Racionalizarlo de forma objetiva me ayuda a aguantar ese infierno rojo.
Pues un poco lo mismo con la publi en Youtube. Me desesperaba que apenas había un poco de vídeo entre millones y millones de anuncios repetidos, así que se me ocurrió medir el metraje que se ofrece seguido entre uno y otro y es... 4 minutos. ¡¡4!! Eso, claro, siempre que no se te ocurra hacerlo avanzar o retroceder, porque tamaña ofensa conlleva una sanción de 2 spots más, por listo. Evaluada esa locura de frecuencia, puedes optar por dejarlo por imposible y abandonar o aguantar semejante turra como la guerrera cabezota que eres, pero al menos lo habrás decidido tú y no te habrá echado esa gigantesca avalancha de mierda publicitaria.
Y ya que tenía puesta la bata blanca de investigadora, seguí desmenuzando información. Como continúo negándome aceptar ni una cookie ni media, mi algoritmo no tiene ni idea de quién soy. Duda entre un adolescente afroamericano de Massachusetts, una antigua atleta rusa de gimnasia rítmica retirada y adivina qué más, así que no sabe muy bien qué anuncios mostrarme. Por eso me extraña lo que elige de un tiempo a esta parte.
Desde luego, siempre le han preocupado mis ingresos, porque si me vuelve a repetir una vez más algún curso de trading o como conseguir un trabajo en remoto con 3000 euros de sueldo, me corto las venas. Si es que hasta ellos mismos admiten que están siendo pesados, pero que la constancia es la clave, dicen. No, mira, José Manuel, me invento ese alias porque después de 5 millones de anuncios no me he quedado ni con tu nombre, así que mucho menos me voy a apuntar a tu formación. Es más, de lo que tengo ganas es de que cojas todas esas ganancias que según tú has conseguido en Bolsa, te compres una isla desierta y te dediques a beber cocolocos en ella en vez de darnos a nosotros la turra. Si después de un trillón de repeticiones no me he decidido, no lo voy a hacer a la siguiente. De verdad, déjame vivir, tronco.
Pero el algoritmo debe de estar más preocupado por mis finanzas que nunca, porque a lo de los ingresos ha añadido modos de cancelar mis deudas. Débitos a partir de 8000 euros, además, así que deduzco que Zuckerberg y compañía piensan que soy adicta al crack, ludópata y de ahí pa'arriba. Y por si lo de la condonación no me sale bien, me desespero y quiero quitarme de en medio, también me fríen a publi de seguros de vida. Por lo menos que mi pufos no pasen a mis herederos. Bien visto, tecnoligarcas, no se os escapa una.
De las gafas milagrosas que te adivinan la miopía y la caminata de 20 minutos de taichi en silla que misteriosamente son los mismos minutos y el mismo locutor de IA que te enseña unas normas de oratoria olvidadas por completo en su mismo anuncio... Ya de eso, hablamos otro día.