"Casi todos luchan cuando tienen alguna esperanza de ganar, por pequeña que sea. Y se les llama valientes. Son pocos los que siguen luchando cuando no queda esperanza. Y se les llama guerreros"
(Hermanastra)
Esto es lo que pasa en plan telegrama.
Me pegué dos décadas luchando con todas mis fuerzas para mejorar algo mi vida profesional, porque pensaba que lo personal dependía de los astros y yo no tenía ningún control allí. Por lo que se ve, en el terreno laboral los astros también ejercían bastante influencia y "estaban DE QUE no", así que semejante esfuerzo sólo me trajo mucha frustración y un agotamiento extremo. Con la perspectiva del tiempo veo que debí pasar a un plan B mucho antes de desfondarme por completo, pero bueno, que si la falacia del coste hundido y el orgullo magullado y bla bla bla, era difícil darse cuenta en el momento.
Total, que 20 años después soy una persona extenuada al máximo que no sabe qué hacer con su vida. Nada (profesional) me suscita una mínima microscópica ilusión. Lo único que sé es que quiero tranquilidad y que no estoy dispuesta BAJO NINGUN CONCEPTO a volver a dedicar ingentes esfuerzos a algo que no me garantice resultados. Y como con esto de la IA puñetera no sabe qué va a pasar pasado mañana ni el propio Elon Musk, pues aquí estamos, quietos en la mata.
Así que descartado lo profesional, que me importa un bledo, sólo me queda centrarme en lo personal, para comprobar que, como ya intuía hace 20 años, depende de los astros y yo no tengo ningún control sobre ello. Porque, amiguis, o esto es una cámara oculta y en cualquier momento sale Juan y Medio con un ramo de flores a llamarme inocente inocente, o, en efecto, todas las constelaciones de estrellas del universo "están DE QUE no", también en esto.
Y no podréis reprocharme que no he probado todo. Como años del "pasa del tema y relájate, llegará cuando tenga que llegar" no funcionaron, intenté ser más proactiva. Me apunté a MÁS (siempre he hecho muchísimas) actividades nuevas, usé apps que no van nada conmigo, pero que parecen ser el único camino, fui paciente, comprensiva, rebajé expectativas, abrí la mente, bajé el listón. Pero hijos míos, de donde no hay, no se puede sacar. No es una cuestión de exigencia. Y os voy a poner un ejemplo para que me entendáis.
Acudo a un sitio chulísimo, con gente majérrima a hacer algo que me encanta. 10 sobre 10 al plan, increíble. Coincido allí con 15 personas, cinco de los cuales son chicOs. Yo, hetero incorregible, me encuentro este panorama: un chico casado, un chaval trece años menor que yo, un señor de 86 tacos, un compi con el que comparto el mismo crush (George Clooney) y un muchacho que lleva una cresta en la cabeza más grande que la del casco de los soldados de la Roma antigua. Todos MA-JI-SI-MOS, pero, ¿me explico? No es que yo pida mucho, es que ninguno de ellos está en mi círculo, que diría el Zorro.
Esto no pasaría de ser una casualidad anecdótica si no me ocurriera EXACTAMENTE IGUAL en cada cosa que empiezo. Ojalá fuera de verdad una cámara oculta para enseñaros las imágenes y que comprobarais que no es cosa mía, que es de los astros, que están "DE QUE NO". Y esto solo en la primera fase, que luego viene lo de ser correspondido, vivir en la misma ciudad, no tener prioridades familiares incompatibles, ni enfermedades terminales... que ahí ya ni me meto, porque no quiero irme para lo hondo.
A lo que voy con este telegrama tan largo es que si el Universo no quiere, no entiendo con qué fin me mete en esta partida trucada. Qué sentido tiene gastar batería manteniendo un personaje que salta obstáculos, esquiva disparos y mata monstruos por los siglos de los siglos sin pasar nunca de pantalla. No pillo donde está la diversión.
PARA NADIE.


