Speedygirl, la prima lejana de Los Increíbles
sábado, 25 de abril de 2026
Autoconsejos vitales en píldoras. Administrar cada 8 horas
viernes, 17 de abril de 2026
Jetas monosilabeantes
En ese funesto abismo infernal que son las app de citas yo creo estar atravesando una racha especialmente mala. Supongo que habré cabreado a algún dios, quizá a Hades, para que me haya castigado con esta agónica travesía por lo que parecen, cuanto menos, las putrefactas aguas de la laguna Estigia. Porque, colegas, qué panorama. Me faltan las palabras.
Que quede muy claro que asumo como lógico que aquí cada uno tenemos lo nuestro, mucho más a partir de determinadas edades a las que ya es muy difícil no cargar con mochilas emocionales y daños previos. Pero, leñe, una cosa es que a todos haya que cogernos el punto o que tengamos circunstancias difíciles y otra el catálogo de piezas que me estoy encontrando yo. Es que me siento en una visita eterna por el museo de los horrores. ¡Qué pasada!
No voy a hacer una enumeración porque eso daría para una entrada BASTANTE LARGA que llegará cuando tengas fuerzas para escribirla (me deprimo solo de pensarlo). Por ahora, me voy a centrar en el último ejemplar que me he cruzado, merecedor de un post para él solo porque... ¡¡AGÜITA!!, amiguis, ¡¡AGÜITA!!
Para empezar... si eres una persona adulta se te presuponen una habilidades sociales básicas. Puedes ser más o menos simpático, oportuno, amable, ocurrente... Pero los mínimos MUY MÍNIMOS los tienes que controlar. Por ejemplo, debes saber que una conversación es cosa de dos y que hay que aportar algo, no sólo escupir trabajosamente dos palabras cuando es tu turno. Contestar con monosílabos a lo que te preguntan no es una charla, es un interrogatorio. Y debes tener la inteligencia emocional suficiente para notar que la otra persona insiste porque ya intuye que eres bastante zote en estas lides y no quiere dejarte en leído por soso. Así que, armándose de paciencia, te da la oportunidad una, dos, tres veces, a ver si te coscas de que te toca a ti tirar un poco del carro conversacional. Y lo único que se te ocurre es una broma tronchante sobre que eso parece una entrevista, por las preguntas. Descacharrante. Lo MEJOR que puedes decirle a alguien que ya está más que harta de esa dinámica. Lo que ocurrió cuando le explicaron el concepto "conversación" os sorprenderá... como dirían los antiguos Youtubers.
No contento con ser un jauto monosilabeante, el notas ni siquiera hace gala de una pizca de honestidad, porque le cuesta 2000 fonemas comentarte que tiene hijos. Tres, nada menos. En custodia compartida. Ya ves tú, un minúsculo detalle sin importancia que no afecta en nada al comienzo de una relación. Pues el colega tarda siglos en soltarlo. De Vietnam y los tifones lo que quieras, ahora, decirte que al menos la mitad de su tiempo está hipotecado cuidando a su prole... Eso ya, relevante no le parece. Por lo que sea.
Como tampoco considera relevante mencionar que vive en un pueblo, en lugar de tu ciudad, ni interesarse un mínimo por lo que le cuentas, ni preguntarte nada a ti. Eso sí, estima un acierto mayúsculo poner verde cada dos por tres a su ex, que además comparte tu mismo gremio laboral, así que, por lo que a él le consta, podría ser perfectamente tu mejor amiga. Un lumbreras, el pavo.
Total, que después de soportar lo que percibes como 100 eternidades de una de las peores interacciones que recuerdas en cualquier formato, el tío, en un arranque de magnanimidad y altruismo, dice que te hace un favor y que te da su número de teléfono. Y tú nunca has empleado negritas más negras y marcadas para contestar:
-No, muchas gracias.
Con Dios. Tanta paz lleves como descanso dejas.
Ozú
lunes, 13 de abril de 2026
Besadores para todos
Pues eso, que hoy 13 de abril, Día Internacional del Beso, volvemos a recordar nuestra justa reivindicación: al que no tenga besador habitual o en prácticas, se le debería asignar uno de oficio. Todos tenemos derecho a permanecer en silencio a causa de un buen ósculo.
No hay más preguntas, señoría. Se levanta la sesión.
jueves, 9 de abril de 2026
Nora Ephron, plátanos y autoescarnio
Me acuerdo de hace milenios, cuando los blogs aún estaban vivos y todo el mundo escribía y comentaba, que uno de los tipos de entradas más populares eran las de autoescarnio. La peña contaba los mierdones que le pasaban en plan chufla y resultaba bastante catártico, tanto para el autor como para los lectores. Daba la sensación de que después de descojonarte de ello, lo que fuera parecía menos grave.
Yo he practicado esto durante años por intuición, sin saber que esta costumbre (bastante contraintuitiva, por otra parte), está avalada por una teoría. La autora con vibes de todo menos de científica, era Nora Ephron y se llamaba la teoría de la cáscara de plátano.
Tamaña perla de sabiduría, basada en un consejo de su madre, sostiene que convertir las tragedias personales en historias narrables te transforma de víctima en héroe. Si cuentas tu propia desdicha (resbalar), tomas el control, haces reír y alivias el dolor, en lugar de sufrir la burla ajena.
Bueno, pues no sé, tendrá razón, porque si tantos lo han hecho en la historia de la literatura, el entretenimiento y los blogs será por algo, no puede ser casualidad. Lo que empiezo a pensar es que llega un momento que este efecto se pasa. Que cuando sobrepasas determinado nivel de detritus, cuando acumulas tal cantidad de ponzoña que te sale por las orejas, empiezas a dejar de verle la gracia. Y se te acaban las ganas de contarlo
sábado, 4 de abril de 2026
Chupitos de supervitaminas
sábado, 28 de marzo de 2026
Sí puedo, pero no quiero
No lo parece por aquí porque no estoy consiguiendo contarlo, pero últimamente hago muchísimas cosas. Más que nunca, diría, y eso que en este blog han quedado constatadas épocas de enorme actividad. Algunos son quehaceres elegidos, otros derivados de los primeros que no me gustan tanto pero que me parece mal dejar y otros son asuntos a los que te apuntas por probar y que unas veces salen bien y otras no tanto. Pero vamos, entre lo que me busco y mi curro con jornada partida horribilis, si se cae el techo de mi superguarida a mi no me pilla debajo.
El 99,99% de este ajetreo lo apaño yo. Es rara la ocasión en la que alguien me ofrece un plan al que puedo unirme sin más. Casi siempre el viaje lo monto yo yo, el curso los busco yo, la iniciativa la encuentro yo y esto se traduce, con frecuencia, en que la única participante conocida soy yo. Hago muchas cosas sola y en general no me importa, porque estoy habituada. Hace la tira de años que en mi vida el tema ha fluido de esta forma, o ir por mi cuenta o quedarme en casa y para mi lo segundo nunca ha sido una opción. Así que si hay algo en lo que estoy entrenada es en hacer cosas sola.
Por eso, creo, me resonó tanto el texto de abajo.