miércoles, 21 de abril de 2021

Blame it on autocorrector

 ¡Feliz cumple! Guárdame chinches, ¿eh?

Ay, el autocorrector, chinches no, chuches.

 

 Si vais a la pisci poneos a la compra, que hoy hace mucho calor.

Ay, el autocorrector, compra no, sombra.


Madre mía, colega, como estás, te daba como a un cajón que no cierra

Ay, el autocorrector, qué tal todo?

domingo, 18 de abril de 2021

Medalla de superviviente de pandemia

Si no pasa nada, a los SpeedyPadres los vacunan esta semana y es, DE LARGO, la mejor noticia que me han dado en meses. Fue pulsar "confirmar cita" y que se me quitara un peso gigante que tenía en el pecho. No es sólo es que se disipara el miedo a que el puto bicho se los llevara por delante, sino a todos los efectos secundarios que el terror permanente les estaba causando. Cognitivamente han dado un bajón enorme, pero claro, pienso en como estaría yo si me hubieran estado apuntando con una pistola en la cabeza desde el marzo pasado y demasiado bien han aguantado, la verdad. Así que como decían en Twitter el otro día, esa es la primera consecuencia de la vacuna.



Y es que cosas como esta nos permiten empezar a vislumbrar la luz al final del túnel, está lejos, pero ya puede verse la claridad. Hay que aguantar un poco más para dejar atrás este infierno. Porque esto, colegas, ha sido una guerra. Leía el otro día que los que apoyamos que cualquier vacuna se ponga a toda leche sólo nos importa salir de cañas y recuperar nuestra vida. Y no hijos míos, no, que parece que nos hemos olvidado que hace dos días estábamos así
 



Que esto ha sido un horror a todos los niveles. Que no son sólo los fallecidos, que los pequeños no han podido salir de casa y se les ha mirado permanentemente como sospechosos, sin deportes, sin extraescolares, sin parques. Que los mayores han estado literalmente secuestrados, sin poder hacer nada bajo amenaza de muerte. Que la gente no ha podido despedir a sus seres queridos, ni consolar a los que estaban rompiéndose de dolor. Que los abuelos no han podido abrazar a sus nietos, ni estar siquiera en la misma habitación que ellos. Que la peña no ha podido trabajar para alimentar a su hijos y no les ha quedado otra que ponerse en las filas del hambre. En serio, que lo hemos normalizado, pero es que esto ha sido muy pero que muy pero que muy heavy. POR SUPUESTO que queremos terminar cuanto antes.

¿Que las vacunas son una bomba para el cuerpo? Claro, como muchos otros medicamentos. Y claro que hay que ser extremadamente prudentes porque, como nos la tienen que poner a todos, cualquier percance, por ínfimo que sea, podría afectar a muchísimas personas. Así que precaución máxima, no faltaba más. Pero ahora mismo, son un mal necesario, es escoger entre lo malo y lo peor y si luego hay que apechugar con algún imprevisto, pues apechugaremos. Lo dicen en Twitter mucho mejor que yo.







Por favor, si tenéis la oportunidad, vacunaos, con lo que sea. Y aguantad un poquito más, ya queda poco, se ve el final del túnel, no falta nada para que nos den la medalla de "Yo sobreviví a la pandemia". Esto está ganado.

¡¡¡RESISTIDDDDDD!!
 

miércoles, 14 de abril de 2021

Los Green no nos rendimos

¿Vosotros tenéis una antirreferente? ¿Alguien cercano que representa todo aquello en lo que no queréis convertiros? ¿Que reúne esas características que odiaríais tener? No por nada, ese "alguien" no tiene por qué ser mala persona, ni haberos hecho nada horrible. Puede que incluso, a vuestra manera, le tengáis cariño y os llevéis bien con él/ella, sobre todo cuando pertenece a vuestra familia (cosas que courre a menudo). Simplemente no queréis ser como ellos. De hecho, os gustaría diferenciaros lo máximo posible

Dicen que para todos los momentos y sentimientos de la vida hay un capítulo de los Simpson que lo ilustra. A mi eso me pasa con Friends. Para todo. Sobre los antirreferentes Rachel dice lo de este video (minuto 2:50) y aunque mi caso es totalmente distinto, en el fondo de otra manera es un poco lo mismo y me resuena. Igual a vosotros también. Aquí os lo dejo.


domingo, 11 de abril de 2021

¿Dónde están las llaves?

Mi SuperGuarida es alquilada. En parte porque no tengo pasta para comprarla y me aterra estar encadenada a una hipoteca que me convierta en esclava del banco durante más de la mitad de mi vida y en parte porque me gusta la sensación de que cuando quiera puedo llenar unas cajas y empezar de cero en otro barrio, en otra ciudad, en otro país o en otro continente. Con el atascazo vital que llevo encima desde ni se sabe la idea de cerrar sesión y abrir otra totalmente distinta en un ordenador nuevo se me pasa por la cabeza bastante a menudo.

Nunca lo he hecho porque bueno...hay algunos factores a tener en cuenta también. Los SpeedyPadres están ya mayores, últimamente les pasa de todo y me da cosilla estar demasiado lejos para echar una mano cuando lo necesiten. Mi desastrosa trayectoria laboral tampoco ayuda mucho: si ya me va así de mal en SpeedyTown donde he trabajado mil años y todo el mundo sabe que soy de fiar imagina como de mal me podría ir en sitios donde no me conociera ni el Tato... igual tenían que introducir un término nuevo en el diccionario para poder expresarlo. Pero sobre todo no me he mudado porque no sabría a quien dejarle las llaves de mi piso.

¿Quién tiene un juego de llaves de vuestra casa para una emergencia? Para abrirte si pierdes las tuyas, para entrar si tu vecino de arriba se le rompen los grifos, el agua se cuela en tu casa cuando no estás y tu cocina empieza a parecerse al estanque del Retiro, para regarte las plantas en vacaciones... Las mías las tienen los SpeedyPadres y cuando ellos no están, mis hermanos. Prou. Podría dejárselas a algunos de mis amigos pero bastante tienen los pobres con sus batallas de papillas y pañales como para andar teniendo que ir a mi casa a achicar agua. Darle unas llaves mías a alguien que no conozco de TODA la vida... es que no me veo capaz. Preferiría tener que ir en barca por mi cocina inundada por los grifos del vecino, no os digo más.

Y lo pienso mucho ahora porque en una paso previo a cerrar sesión en SpeedyTown y abrir otra nueva en, no sé, Nueva Zelanda (por ejemplo) estoy metida en la guerra de hacer amigos nuevos. Sí, sí, guerra, hijos míos, guerra. Porque a ciertas edades (y más pandemia apocalíptica mediante) encontrar pandilla nueva es tarea casi imposible. Madre del amor hermoso, colegas, qué horror, lo que me está costando. Mira que como superheroína me he enfrentado a retos difíciles, pero comparado con esto evitar que un meteorito choque con la Tierra y la destruya es pan comido. Virgencita del camino seco qué trabajazo, troncos.

La peña está colapsada con sus curros, con sus bebés, con sus historias sentimentales, con sus paranoias mentales y no les da la vida para más, yo creo.  Y tampoco ayuda, supongo, que yo no dejo las llaves de mi casa (literal y metafóricamente hablando) a nadie que acabe de llegar. Total que a veces pienso, ¿no será más fácil esto en Nueva Zelanda? Allí por lo menos te tomas cañas mientras ves saltar a los canguros, ¿no?

miércoles, 7 de abril de 2021

Atascazo pandémico

Si os digo la verdad, lo más estresante del negocio superheroico no era arriesgar tu vida para vencer a supervillanos o para salvar el mundo. No. Lo peor eran las esperas. Es decir, que las batallas podían ser duras y que te dieran pa'l pelo y te dejaran lleno de moratones y con siete huesos rotos y eso, como podéis imaginaros, no era la panacea, pero al menos ya estabas allí, metido en faena y que fuera lo que tuviera que ser. Pero esperar en tensión máxima, cagado de miedo por no saber exactamente la que se te venía encima y con la presión de tener que estar a la altura y salvar el planeta de su destrucción total era una tortura china. Para todos, además. Aquí unos superhéroes pueden ser más experimentados, más serenos y menos dramas unos que otros, pero en el fondo todo perro pichichi lo llevaba fatal.

-Ayyy, de verdad, pero ¿cuándo va a aparecer de una vez Villano de Turno? Ahora aquí tocándonos los aparejos y luego todo son prisas.

-Bueno, Masa, qué le vamos a hacer son gajes del oficio.

-Ya, SuperMan, pero es que por muy entrenados que tengamos los nervios así es imposible mantener unos niveles de cortisol saludables. Que luego habrá una cuenta atrás de 3 minutos antes de alguno de estos cabritos lance su rayo destructor contra una ciudad llena de inocentes y nos haría buena falta todo este rato que estamos perdiendo ahora para conseguir evitarlo.

-Spiderman, asúmelo, te pagan más por esperar preparado que por saltar de edificio en edificio. Es así.

Aguardar perdiendo un tiempo que luego iba a ser crucial era el agobio máximo. No podías adelantar nada, no había nada que pudieras hacer en el presente para ayudar a tu angustiadísima yo futura. Es más, parecía que te estabas riendo en su cara desperdiciando unos minutos que ella iba a necesitar,  nunca mejor dicho, a vida o muerte.

Bueno, pues una sensación muy parecida me está regalando a mi este apocalipsis pandémico. La CoronaMovida mierder me ha cogido en mal momento, ya con unos añitos y después de un Jamacuco Supremo que por lo que parece va a tener segunda parte, y el temporizador de la vida se me ha puesto en modo cuenta atrás. En plan "colega, espabila, que sigues sin avanzar de pantalla y a la partida del videojuego cada vez le queda menos". Tengo la impresión continua de tener un lista interminable de tareas, para las que ya iría justa de tiempo de normal, pero que encima no puedo empezar porque siempre hay alguna CoronaPega en formato restricción. Iría a tal sitio, pero estamos confinados. Me apuntaría a esto, pero l han suspendido porque no se permiten las reuniones de más de seis personas. Intentaría hacer nuevos "amiguitos" pero la distancia de seguridad ya tal. Qué os voy a contar que no sepáis...

Para mi lo peor de la parálisis pandémica no es no hacer nada, sino saber que todo este tiempo desaprovechado luego te va a faltar. Es como estar atrapada en un atasco monumental poniéndote tarquicárdica porque llegas tardísimo al curro: sufres por el atascazo y porque vislumbras en el horizonte los marrones que te van a caer encima por el retraso.

Puto bicho, me tienes hasta la pepitilla. ¡¡VETE YAAAAAA!!

domingo, 4 de abril de 2021

Así de ¿simple?

Nada, que esto me lo encontré el otro día naufragando por Twitter  y me lo quería guardar por aquí. Que no os compliquéis la vida y que feliz domingo, bombonazos.




miércoles, 31 de marzo de 2021

Coger una buena ola

Iba a decir que hago surf pero bueno, cualquiera que me conozca un mínimo no se va a tragar semejante pegote ni jarto de vino, así que diré la verdad. Alguna vez he luchado contra las olas con una tabla de poliestireno expandido cerca. Y digo "cerca" porque estaba en cualquier posición menos debajo de mis pies ayudándome a surfear. Estaba al lado, o detrás o golpeándome la cabeza. Pero debajo, la verdad, muy pocas veces. Y cuando el mar está de buenas muy bien, pero cuando pillas al océano cabreado, ¡agüita! Y nunca mejor dicho. 

Total, que mis sucesivos profes surferos trataban de darme consejos para luchar contra mi inconmensurable inutilidad natural a ver si conseguían que me pusiera de pie en la tabla aunque fuera dos segundos. Spoiler: no lo consiguieron. Pero por el camino me dieron algunas pistas que para el deporte no me sirvieron demasiado pero para la vida quizá un poco más.

Y es que en el surf, como en la vida, para lograr el éxito es tan crucial tener habilidad como saber escoger una buena ola. No puedes surfearlas todas, así que debes decidir qué batalla vas a luchar, qué victoria te dará los mejores frutos en caso de que ganes. Aunque las olas rompen cerca de la orilla, se crean en la lejanía y en el horizonte parecen todas iguales. Es difícil saber cuáles serán altas o bajas, qué fuerza llevarán o si traerán consigo algún tipo de corriente que empujará la tabla hacia el fondo.

Como no puedes fiarte de la vista necesitas desarrollar una especie de intuición, una sensibilidad que te dice tocando el agua de tu lado como será la ola que está naciendo a muchos metros de ti. La superficie acuática tiembla, de manera parecida a como retumba el suelo cuando se acerca una estampida de animales en la sabana. Si consigues diferenciar qué temblor se convertirá en una buena oportunidad y cuál no merece el esfuerzo y vale más dejarlo pasar, ya tienes la mitad del trabajo hecho.

Yo no sólo soy una inútil poniéndome de pie en la tabla, sino escogiendo las buenas olas. Como en la vida, vaya. Supongo que eso explica muchas cosas...