viernes, 18 de enero de 2019

Sigamos con el debate: ¿los tíos lo pillan?

Se montó el otro día un debate tope interesante en Twitter y los comentarios de esta entrada sobre si GimnasioMan se había coscado o no de la primera edición de la Operación Calabazas. Dejando aparte que sois todos unos soles (nunca mejor dicho) intentando arrojar un poco de luz sobre el intrincado asunto y que nunca sabremos a ciencia cierta quién tiene razón a no ser que consiga que GimnasioMan digievolucione próximamente a GimnasioNovio y se lo pregunte directamente, se me quedaron varias cosas en el tintero. Y a eso viene esta entrada, a explicar mejor lo que quería decir. No ya por GinmasioMan, que vete tú a saber qué le pasa por la cabeza a ese, me tiene de un despistado que no sé ni por donde tirar. Quiero hablar más bien de los tíos en general y de lo que pillan, no pillan y lo que fingen no pillar porque es más cómodo por muchas razones. Hay mucha tela que cortar. Empecemos.

Hasta lo que yo sé (y este es mi argumento principal) para mostrarle a alguien que te gusta se usa el tonteo, que por definición, es INDEFINIDO, desdibujado, no totalmente claro. Eso ponía en mis apuntes, vamos. Jajajiji, broma por allí, indirecta por allá, te rozo sin que tenga que rozarte, te espero a que cojas las cosas de la taquilla porque así hablamos un rato más, soy más amable contigo que con el resto... esas cosas. Dependiendo de la intensidad, densidad y duración del tonteo se va más allá o no siempre que ambos implicados estén por la labor. Nunca hay seguridad de ningún tipo por ninguna de las dos partes, De hecho, esa es un poco la gracia, yo creo, que sea un juego de sí pero no hasta que se tengan más datos y uno de los dos decida jugársela. O que ninguno le eche huevos y se quede todo en agua de borrajas y como unas bromitas de nada.

No sé... es que parece que ahora hay que mandar una carta certificada informando oficialmente al susodicho del interés y entregar en registro dos copias compulsadas y selladas. ¿Qué habrá alguno que no se cosque? Vale, os compro la teoría, la primera yo, que a veces no me entero de la misa la mitad. Lo que no me creo es que no noten esa amabilidad de más, esa buena relación mejor que con el resto, esos extras. Eso lo ven, como lo ve todo hijo de vecino. Igual no saben seguro qué es, si es amistad o algo más. Y AHORA viene cuando la matan. Si ellos están interesados, pondrán de su parte para saber si es una cosa u otra. No digo que por obligación se la tengan que jugar ellos. Pero seguirán la bola para que el tema se intensifique y termine de aclararse. Si les interesa lo suficiente, claro.

Si lo tienen que saber 100 por 100 seguro para hacer algo, ¿están de verdad interesados o sólo piensan "Bah, ya que está hecho, vamos a mirar qué sale de ahí"? Que ¡ojo!, igual la cosa empieza así y termina resultando algo estupendo, pero bueno, yo hablo ahora del comienzo. Todos esos que dicen que no se enteran, ¿nunca se enteran? Y si es así, ¿nunca han intentado nada con ninguna chica, aunque como no se enteraban pensaran que la implicada no estaba por la labor? ¿Nunca se la han jugado a lo loco porque LES INTERESABA? A esos que no se enteran nunca, ¿siempre son las chicas las que se lo dan TODO hecho? Porque menudos suertudos, macho... ¿Dónde hay que firmar para que me den a mi ese superpoder?

A veeerrr, que hablo en general y siempre que no haya implicaciones de ningún tipo. Que no sea una amistad cercana en la que es más difícil distinguir si ha surgido otra cosa y en todo caso hay mucho que perder. Que no sea un tonteo de estos infinitos en los que al final nadie entiende nada y uno de los dos coge el toro por los cuernos para dejar de marear la perdiz. Los casos concretos aparte, porque cada historia es un mundo, eso está clarísimo. Pero en serio, tengo curiosidad, ¿esos que no se enteran, NUNCA se enteran? ¿Ni cuando están interesados? No sé yo...

Y aún me queda hablar del otro GRAN misterio, ese que Pseudo ha resumido en que un tío no pilla que te interesa si le haces un regalo pero sí que lo pilla si le propones quedar para una caña. Aunque eso mejor lo hablamos otro día. No quiero abrir ese melón porque tengo taaantas preguntas sobre ese sinsentido inexplicable que nos darían aquí las uvas. Y esta entrada ya parece el Quijote.

martes, 15 de enero de 2019

Operación Calabazas II

Como ya me temía yo que iba a pasar, la Operación Calabazas va a ser un fiasco, pero GimnasioMan está siendo un cielazo como la copa de una pino. Como la CO-PA-DE-UN-PINO. Sigue amabilísimo a más no poder, me trata, si cabe, mejor que antes y mantiene una normalidad absoluta, como si nada hubiera pasado. Que ya sé que esto va a cargar de razones a los comentaristas de la otra entrada y de twitter que aseguraban que el pobre no se había coscado de nada, pero sigo sin estar de acuerdo (ya continuaremos el debate en otro post, si queréis).
 
El caso es que como GimnasioMan está tan majérrimo tengo que declarar el fracaso de la Operación Calabazas como el fracaso de Schrödinger, es decir, que es un fracaso y al mismo tiempo no lo es. Lo es porque yo sigo convencida de que él lo ha pillado y se está haciendo el longuis (que no está el hombre por la labor, vaya). Y no lo es porque por lo menos ha servido para que conozca por fin un poco a la verdadera Speedy. Y quizá ella tenga más posibilidades que la antigua en una hipotética nueva edición de la Operación Calabazas. A ver si consigo explicar esto bien.
 
Quiero decir... que lo que más me ha dicho él después de darle el detalle es que se quedó flipado, que no esperaba para nada que yo estuviera tan loca. El regalo es una tontada ingeniosa y divertida, muy en la línea de este blog, relacionada con una expresión de coña que él usa mucho en las clases, Es una memez que hice a mano y que demuestra que le escucho y que soy lo suficientemente ocurrente para seguir con la broma. Y de paso deja claro que tengo cerebro, que en el gimnasio como voy siempre cansadísima y con la lengua fuera debía de parecer medio lerda, por lo visto...
 
Total, que por un lado la Operación ha conseguido que GimnasioMan me conozca mejor y por otro ha aumentado mogollón nuestra complicidad. Ahora tenemos algo sólo nuestro, que nadie más sabe. Ahora, cuando él se me queda mirando fijamente sin decir nada yo ya sé que lo que piensa es que estoy pa'llá. Cada vez que él usa esa expresión suya de coña (y la utiliza mucho) cruzamos la mirada y nos partimos de risa. Y además ha activado la escalada de violencia, porque el otro día él ya estaba maquinando una continuación a mi memez ("se me está ocurriendo una cosa para usar tu regalo que vas a alucinar. Ya verás, ya...) y como a mi no me hacen falta sardinas para beber agua, fijo que me invento algo para lo que se invente él... Como si lo viera...
 
En fin, que no doy la batalla por perdida aún. Vamos, la de esta edición sí, claro. La Speedy de gimnasio que parecía medio lerda se ha comido unas calabazas como un castillo. Pero a la otra, la que se parece más a mi... a esa le voy a dar un plazo para trabajar. Dos semanas como máximo, que si no estas cosas se alargan sin ir a ningún lado. 14 días de Operación Calabazas II. Si en ese tiempo la nueva no consigue algún avance significativo, corto el grifo, que no estamos a estas alturas para tontás infinitas. Pero es que, yo soy muy pero muy del club de la imagen de abajo... 
 
 

viernes, 11 de enero de 2019

A buen entendedor...

Esta semana ha sido el día D hora H de la Operación Calabazas. Aunque en la era Post Jamacuco Supremo estoy en plan kamikaze total, busqué la manera más suave y amable posible de llevarme esta leche. Por mi, desde luego, que no estoy para bullullus turbios en este momento. Pero también un poco por GimnasioMan, que es buen niño y me daba pena hacerle pasar un rato incómodo y tenso para nada.

Total, que se me ocurrió un plan guay del que, por cierto, estoy bastante orgullosa. Tan orgullosa que creo que si la ley del Karma se cumpliera tendría que salirme bien. El problema es que hay temas imposibles que son mucho cartucho hasta para el mismísimo Karma, que si no...

En fin, que me pierdo. El caso es que pensé una forma ingeniosa y divertida de mostrarle mi interés sin tener que concretar. Porque en realidad yo decirle, decirle, no le he dicho nada. Le he hecho un regalo relacionado con un proyecto muy importante para él. Un detalle que se me ocurrió y me apetecía muchísimo darle, pero que no le habría dado si no me interesara. A un amigo sí, pero no a alguien que ves de vez en cuando en el gimnasio. Precisamente por eso, para que no se pensara cosas que no son. Ahora esas cosas SON y quiero que se las piense. Y que obre en consecuencia.

Quiero decir, que esto que he hecho no deja lugar a dudas, ni para él ni para nadie. Si alguien hace eso, algo hay. Mucho o poco no sé, pero algo. Si tú estás por la labor, pones los medios para saber por donde van los tiros. Si no, te haces el longuis como si no te hubieras enterado. Te pones de perfil para que el marrón pase de largo sin rozarte. Das la callada por respuesta. Silencio administrativo. Vaya, que aprovechas la evidente vía de escape que una generosa superheroina como yo te ha dejado marcada con neones luminosos.

Fijaos si seré generosa, que ni siquiera le pedí una reacción al detalle. Se lo di y salí pitando para que no pasara corte si no terminaba de encajar el tema. Pero antes de llegar a la puerta me dio tiempo a ver su cara de sorpresa y a oírle decir:

-Pero qué maja eres, ¿no? ¿Por qué eres tan maja?

Yo le sonreí significativamente antes de salir y quedó flotando en el ambiente un silencioso aunque más que evidente:

-A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Ahora la pelota está en el tejado de GimnasioMan. Apuesto por silencio administrativo para terminar la Operación Calabazas. Ya os contaré.

martes, 8 de enero de 2019

La Speedy de 2018 según Twitter

Por aquí es bien sabido que yo soy tuitera no practicante. Leo (a veces mucho, otras no tanto) pero no escribo casi nunca. Me cuesta encontrar cosas interesantes y divertidas que decir en 280 caracteres sin que se malentienda o atraiga a alguien únicamente interesado en montar un pollo. Así que casi siempre elijo el silencio tuitero.

Bueno, el semisilencio más bien, porque yo no digo ni mu pero mi dedo retuiteador es implacable. Soy rácana con los likes pero muy rumbosa con los retuits. Son como más bonitos, ¿no? Por lo menos para mi gusto.

El caso es que retuiteo mucho y no siempre por las mismas razones. A veces para guardar en mi perfil algo que me ha parecido interesante. Otras para ser irónica. La mayoría porque el tuit me ha hecho reír un montón y quiero compartir las risas.Y en muchísimas ocasiones porque me siento completamente identificada con esos 280 caracteres.Como si los hubiera escrito yo misma.

Así que pensando en la entrada de balance de 2018 (que aún tengo pendiente porque se me ha echado el tiempo encima) se me ha ocurrido hacer una recopilación de los tuits en los que más reflejada me he sentido este año. Que valen para estos 12 meses que acabamos de terminar y para otros cualquiera porque todos ellos son muy yo.

-Mi vida es un caos. Mi superguarida es un vórtice de entropía más fácil de quemar que de ordenar y limpiar. Todo sería más sencillo si el mundo se adaptara a este estado, es lo más natural.



-Y es que toda yo soy un caos, por fuera y por dentro. Como para organizar y controlar nada, ni mis propios gastos.





-Lo tengo asumido, moriré de exagerada. Con estas capacidades y talentos innatos, lo más justo sería que me dieran un puesto vitaliceo en alguna institución pública. Allí aprovecharía plenamente mis facultades.


-Yo era muy de procrastinar, en todos los terrenos de la vida. ERA. Con GimnasioMan esto se va a acabar. Ya os contaré en que acaba la cosa..



-Aunque bueno, la cosa está turbia, ya lo sabéis. En general, a estas alturas del partido, en este tema yo suelo estar muy así, para que os voy a engañar.



-Sobre todo porque tengo una potente imaginación y me cuesta distinguir entre lo cierto y las explicaciones que se inventa mi cerebro. Para lo bueno y para lo malo.



-Y es que yo voy mucho de "me la refanfinfla todo" y de "si eso ya eso y tal día hizo un año", pero bueno... No siempre es del todo verdad.




-Lo cual no sería tanto problema si yo fuera un poquiiito más comprensiva y amable conmigo misma.




Ahí lo tenéis, un buen propósito para 2019. Hablando de propósitos, a ver si me pongo con otra de las entradas que tengo pendientes...

viernes, 4 de enero de 2019

Be multitasking, my friend.

Lo que más estoy haciendo en la Era Post Jamacuco Supremo es pensar. Tuve 20 días de paralización en los que estuve como bloqueada sin asimilar lo que me había pasado ni lo que me esperaba en el futuro y ahora me está viniendo todo de golpe. Y ya me va bien esta batidora mental porque tengo mucho que organizar si me quiero poner las pilas. Y para hacerlo necesito mirar al futuro, pero también al pasado. Si sí, al pasado también. Quiero averiguar lo que he estado haciendo mal hasta ahora, que esto de organizar mi vida lo llevo intentando desde ni se sabe con resultados nulos. Ahora el tema es saber donde metía la gamba para no repetir patrones.

Y pensando, pensando... se me ha ocurrido que todos mis problemas vienen porque no sé hacer dos cosas a la vez. Se me da fatal. Por eso estos años he querido solucionar un tema fundamental antes de pasar al siguiente y como ese primer asunto se ha quedado atascadísimo, pues ha bloqueado a todos los demás. Y así estoy como estoy a estas alturas del partido.

Como todos, supongo, yo quería dedicarme a lo que me gustaba. Me rompí los cuernos durante años saltando de un curro horrible a otro peor con la intención de acercarme poco a poco a mi objetivo, hasta que terminé dejándolo por imposible porque nada merece ese sufrimiento eterno. Por un tiempo me conformé con una versión descafeinada de mi objetivo, hasta que me di cuenta de que ese objetivo aguachinao tampoco merecía todo ese sacrificio. Al final sólo aspiraba a tener un trabajo que no me diera ganas de cortarme las venas con unos jefes que no fueran unos enfermos mentales obsesionados con amargarme la existencia.

Bien, pues no ha podido ser. En mi trayectoria profesional hasta la fecha, o se daba la primera condición, o se daba la segunda o las dos a la vez. Eso se traducía en una incertidumbre laboral permanente que se extendía a los demás aspectos de mi vida. Me sentía como en una balsa de madera en medio del mar, probando posturas imposibles para intentar mantener mínimamente el equilibrio. ¿Cómo iba a subir a la balsa a nadie más, si yo misma estaba siempre a punto de caerme al agua? ¿Cómo iba a construir nada en una embarcación que apenas soportaba mi peso? ¿Cómo mirar en serio al futuro desde un presente en constante peligro de deshacerse en mil pedazos?

¿Cómo? No lo sé, pero ahora tengo claro que tendría que haberlo hecho cuando la incertidumbre se cronificó. Cuando me estabilicé en la inestabilidad tendría que haber conseguido hacer dos cosas a la vez: mantener el equilibrio y seguir solucionando otros temas fundamentales de mi vida. No lo logré y así me luce el pelo ahora.

No me voy a fustigar tampoco, todos somos muy listos a toro pasado. Lo que sí voy a hacer es un listado con las conclusiones que saque de revisitar el pasado y que me vendrán muy bien para no repetir errores al organizar mi futuro. Empiezo con esta, por ejemplo:

1º enseñanza de la Era Pre Jamacuco Supremo.

Be multitasking, my friend

jueves, 27 de diciembre de 2018

Calabazas de las buenas

Natacha es la mujer más encantadora de la tierra!
¡Si viera usted qué calabazas acaba de darme!

"Nuestra Natacha", de Alejandro Casona

(La cita de arriba tiene un sentido. Voy a tardar en llegar a él, pero voy a llegar. No os desesperéis.)

Siempre he pensado que lo que más define a las personas son sus reacciones. Las acciones cotidianas se pueden pensar con antelación, es más fácil fingirlas. Las reacciones, en cambio, se producen como respuesta inmediata a un hecho inesperado, el que sea, y son más complicadas de trucar. Por eso dicen mucho de cómo somos realmente. Qué hacemos ante el dolor ajeno. Hasta qué punto llega nuestra honradez. Cuánto podemos contenernos. Y entre todas las reacciones hay dos que me parecen especialmente reveladoras: cómo nos tomamos un rechazo y de qué forma rechazamos a alguien.

No es sencillo asumir que nos han dado calabazas, pero tampoco lo es darlas, desde luego. Menos doloroso quizás, pero no más fácil. Hace falta delicadeza, empatía, educación y si es posible incluso un poquito de ternura. Y recursos para afrontar y, en su caso, aplacar, la (no siempre buena) reacción del implicado/a, claro.

Esto lo traigo a colación ahora porque dentro de nada me voy a comer unas calabazas como una catedral. Eso lo sabéis vosotros, lo sé yo y lo saben los niñitos de África. Está más claro que el agua, pero me la voy a jugar igual porque con esto del Jamacuco Supremo he decidido vivir al límite. Porque no me ha tocado la lotería de Navidad (a pesar de no poder decir ya aquello de "por lo menos tenemos salud") y quiero creer que va a haber más suerte con esta lotería. Y porque la receta más eficaz para librarse de un cuelgue prolongado es llevarse unas calabazas claritas y contundentes.

Ahora mi mayor miedo es que sean unas calabazas bien dadas. Quiero decir... que si el implicado reacciona mal y es un borde, o se pone tensísimo o deja de tratarme con normalidad va a ser una caca de la vaca paca, claro, porque a nadie le gusta que le pase eso, pero es lo más eficaz. Te das cuenta de que no merece la pena, pasas página y a otra cosa mariposa. El problema viene si reacciona bien. Si te dice que no pero con amabilidad, con empatía, con cariño. Si no cambia su manera de comportarse. Si no monta un drama donde no lo hay.

Yo me huelo unas buenas calabazas porque ya he visto otras reacciones del implicado antes y no están nada mal en general. Así que por un lado me alegro de que no me decepcione, claro, porque sería una lástima que el susodicho resultara ser un imbécil. Pero por otro lado ya me veo quedándome como Lalo, el personaje de Nuestra Natacha que dice las palabras que os he puesto al comienzo de la entrada y que en mi versión serían más o menos así:

¡¡Ayyy, qué majo!! ¡Tiene arte hasta dando calabazas!

Lo que me faltaba....

lunes, 17 de diciembre de 2018

Empezando de cero

Con todo el lío del Jamacuco Supremo (JS), sustos, hospitales, bajas y demás fanfarria me he tirado un mes sin pisar el gimnasio. Esto así por escrito no parece mucho pero con lo asidua a esas instalaciones que me había vuelto yo en los últimos tiempos equivale a un siglo y medio. En todo. Primero, por supuestísimo, en mi forma física, la cual me había costado la misma vida mejorar mínimamente y que ahora ha desaparecido como por arte de magia. ¡Chas! Desaparecida total. Ooootra vez a empezar desde el principio. Me cago en la leche...

Y luego han cambiado otras muchas cosas, demasiadas para un mes, incluso. De hecho, empiezo a pensar que los gimnasios en general el tiempo se mide como en Saturno, que un día allí dura lo que seis en la Tierra, porque, chico, si no, no sé cómo les ha cundido tanto:

-Para empezar las pesas ya no son negras, se han vuelto de colores. Preciosas, además, me encantan las nuevas. Lo bien que me habría venido que fueran así de coloridas cuando yo estaba empezando y aún no distinguía bien cuanta carga suponía cada una. Me habría evitado muchos viajes de punta a punta de la sala de entrenamiento para coger otras más ligeras y muchos momentos incómodos de no poder levantar las que había elegido ante la mirada compasiva de los odiosos musculitos.

-También los profes han cambiado. Hay un montón de monitores nuevos. Que yo haya visto, tres, lo cual es un porcentaje importante del total del profesorado. Eso significa que han desaparecido otros tantos, con los que más coincidía yo y los que más fichada me tenían. Lo que me lleva al punto siguiente.

-Ya no me conoce ni el tato. Antes era una vieja del lugar, todos me saludaban, tenía bromas con unos y otros, me pedían opinión sobre los cambios que iban haciendo en las clases... A cualquiera de mi entorno que le digas que yo era una de esas típicas sabelotodo de gimnasio no se lo iba a creer dada mi trayectoria anterior, pero así era. ERA. Vuelvo a ser un cero a la izquierda, nadie me recuerda.

¿¿¿Nadie??? ¡NOOO! (Como dirían en el comienzo de los comics de Axterix y Obelix)

¿Sabéis quién se acuerda de mí?

¡GimnasioMan!

GimnasioMan, ese cucazo máximo que me ve pasar por fuera del aula mientras ellos están en medio de una sesión de ciclo y me tira un beso desde la bici. Y nada más salir me dice:

-Speedy, ¡cuántos días! ¿Dónde estabaaaas?

Así que, ¿sabéis todos los avances que había hecho para quitarme el cuelgue de manual que llevo encima? Pues ¡chas! acaban de desaparecer. Estarán en el mismo sitio que mi forma física.

Ooootra vez a empezar desde el principio. Me cago en la leche...