miércoles, 30 de noviembre de 2022

Paradojas temporales

Nos dicen que no podemos viajar en el tiempo, pero en realidad... sí. Un poco, por lo menos.

Encontré el otro día en Twitter esto tan bueno.




Y además no deberíamos olvidar que nuestro yo del futuro nos está viendo ahora mismo a través de nuetros recuerdos.

Habría que hacer lo posible para que no se tirara de los pelos mientras nos mira, ¿no?

domingo, 27 de noviembre de 2022

Empezar

En Hábitos Atómicos se dicen muchas cosas interesantes. La que más (creo) es que para implementar un cambio de forma indefinida tienes que CREER de verdad que eres el tipo de persona a la que estás intentando parecerte. Nunca conseguirás mantener tu casa en orden si te consideras un desordenado. Sólo lograrás dejar el tabaco si ya piensas que eres un no fumador.

Ahora me doy cuenta de que este ha sido mi problema. Yo escribo, desde siempre. Para desahogarme, para entretenerme, para relacionarme con los demás, para recordar, para presentarme, para hacer regalos, para trabajar. Y, sin embargo, nunca me he visto a mí misma como una escritora. Hasta hace nada, de hecho, lo creía imposible. Los libros, simplemente, los escribían otros. Eso, simplemente, no era algo a mi alcance.

Luego te detienes a mirar más de cerca y te coscas de que todo perro pichichi tiene un libro: famosos, famosetes con couch escritor, tu vecino del quinto... y decides que por qué tú no. Que aquí o jugamos todos o rompemos la baraja.  Y entonces, cómo no, entra en escena tu crítico interno. En mi caso, Daiana.

Como buena extraterrestre, Daiana tiene rayos paralizantes para dejarme fuera de juego. Con su pistola láser me dispara sin descanso proyectiles de "esto ya se ha contado", "menuda escena más forzada", "al prota no hay quien se lo crea", "LOL". Y luego me lanza redes para mantenerme capturada como un pez: libros de los que analizar su estructura, manuales literarios, consejos de expertos... marañas de distracciones para encarcelarme en la procrastinación e impedir que coja la autopista de la escritura.

Así que he decidido dos cosas: que SOY ESCRITORA y que voy a hacer lo que Cath en FanGirl cuando pensaba que sólo era capaz de crear fanfiction, que no llevaba dentro otros modos de expresión. Voy, nada más y nada menos, que a empezar. A poner una palabra y después otra y después otra y después otra, salga lo que salga. Voy a sacar la historia de mi mente y darle forma terminada en el mundo real. Y así ni Daiana ni nadie podrá negar que soy escritora y podré, POR FIN, escribir.

jueves, 24 de noviembre de 2022

Momentismo absoluto

No sé por qué no escuho más a Fangoria, si tienen algunas letrazas de aupa en canciones bastante molonas. Me acordaba antes de esta, porque representa muy mucho mi yo actual

 

Aquí y ahora como norma universal

Mi nueva religión, la impermanencia
Momentismo absoluto, vivo minuto a minutoCarpe Diem es la única verdadLo que será, será
Si te creías inmutable y racional, cometes un error elementalLa tendencia viene siendo improvisar
 
Pues eso.

domingo, 20 de noviembre de 2022

Umbral de tontería

Últimamente estoy un poco en modo loca con esto de leer y juntar palabras y para colmo ahora no se me ocurre otra cosa que comprarme el manual de escritura de Sanderson. Lo que me faltaba para el duro. Como si al típico chavalillo obsesionado con abrir relojes e instrumentos de precisión para verles las tripas le das un libro de texto sobre relojería. Apaga y vámonos.

No me escondo. Yo ya estaba en el punto de descubrirme a mí misma parando cada minuto el audiolibro de turno para apuntar en qué capítulo pasaba tal o cual cosa. Con eso trataba de entender cuando había sabido que el prota, en realidad, era buena persona y no un cabrón y en qué momento quedaba claro por fin que la chica de la historia había superado su trauma Y sí, lo sé, esto ya es lo bastante creepy.

Bueno, pues ahora llega Sanderson y lo agrava. ¿Por qué? Porque explica (de forma amena, además) una parte de las tripas de la escritura. Qué puede causar que determinados textos no funcionen, qué pegas tiene cada tipo de narrador, como se anidan las tramas principales y secundarias... Y me dan ganas de buscar ese esqueleto en la trastienda de todas mis lecturas.

En el manual dice muchas cosas interesantes, pero me gustan sobre todo sus conceptos de andar por casa. Por ejemplo, que mencione los trucos sucios de los escritores que la mayoría usamos por instinto sin ni siquiera saber que eran trucos sucios. Y me ha encantado lo del "umbral de tontería".

¿Qué es esto? El cuartelillo que le damos a un libro. El margen de confianza. Las páginas que aguantamos leyendo sin que la historia nos haya enganchado aún, pero confiando en que pronto lo hará.

Esto depende de muchas cosas. De si ya has leído antes al autor y te ha gustado. Del momento anímico en el que te pille. Del nivel de concentración que hayas podido dedicarle. De si tienes vías de escape (otros libros a mano) o estás encerrado en un avión sin nada mejor que hacer para amenizar el viaje. El umbral es flexible.

Yo suelo tener bastante aguante. A mínimo que me presentes a un personaje con un problema enseguida me entra curiosidad por como lo va a resolver. Pero hay cosas que me hartan muy deprisa, como no entender nada del mundo en el transcurre todo o que el estilo sea innecesariamente rebuscado. Los pedantes que sólo consideran literario lo difícil me atacan los nervios.

Y luego está el umbral de tontería que todos tenemos en el mundo real, claro. Pero es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión.

jueves, 17 de noviembre de 2022

Un jueves, un relato. Imágenes y palabras


Me uno de nuevo a la convocatoria de un jueves, un relato. Esta vez lo organiza Moli  y propone unas fotos para inspirarnos. Ésta es la que he elegido yo. Aquí las aportaciones de los demás.





-¡Au!
 
Se me escapa un quejido, a pesar de mis esfuerzos por simular que no noto los tirones de pelo que Petra me da al hacerme la trenza. Sé que lo hace a propósito para conseguir que parezca débil, para poder seguir acusándome de ser una niñata. Y porque disfruta haciéndome daño. 

Antes intentaba entender por qué me odiaba tanto, pero terminé desistiendo. Fue así desde que puse un pie en esta casa. Tal vez pensó que venía a quitarle lo suyo, no sé. Traté de ser paciente, de comprender sus ataques, de devolverle bien por mal. Quise explicarle que no quería nada, que estaba de paso, que no era una amenaza para ella. Nunca quiso escucharme.

Ahora, simplemente, la ignoro. Finjo que no veo las malas caras, que no escucho las contestaciones desagradables, que no siento los tirones de pelo. Simulo que no me doy cuenta de que me deja las tareas más pesadas y que cuando ocurre algo malo encuentra la manera de implicarme. Enfrentarla sería echar más leña al fuego y ¿para qué? Me iré tal como vine. Ya falta poco.

Sólo me da pena por papá. Tantos años viviendo sin él y cuando por fin nos encontramos tenemos que volver a separarnos. Pero, aunque lo intentara, no creo que fuera capaz de quedarme. Yo soy aire, soy agua, soy tierra, soy fuego. No estoy hecha para vivir entre cuatro paredes, mi casa es la naturaleza y allí necesito regresar. Pronto cambiará el viento y Petra, por fin, volverá a vivir tranquila porque yo desapareceré. Al menos hasta que la veleta vuelva a señalar al norte.

domingo, 13 de noviembre de 2022

Bautismo del trol por culero

Estaba el otro día leyendo algo sobre el crítico interno, esa vocecita que todos tenemos en el cerebro y que no para de minarnos la moral. La que recuerda a todas horas nuestros errores, la que cuestiona cada decisión que tomamos, la que nos da por el culo a 24/7, hablando en plata. En lo que leí se recordaba la importancia de no creernos esta voz, que no suele decir la verdad y de separarnos intelectualmente de ella porque, (y esto me lo voy a tatuar en la frente a ver si consigo que no se me olvide), NO SOMOS LO QUE PENSAMOS. Total, que como técnica para conseguir esta separación recomendaban ponerle nombre a esta vocecita cabrona.

Como en este blog está tan presente el interior de mi cerebro que hasta hay entradas protagonizadas por mis neuronas, la vocecita también ha salido por aquí, claro. En algunos textos le tenía que poner hasta un color identificativo para distinguirla de otras yos mentales que también aparecían en el post. En fin, sin comentarios, ya sé que esto no dice mucho de mi cordura, no hace falta que me lo señaléis.

Incluso llegué a ponerle nombre, ahora que lo pienso. El trol por culero, AKA PorCu, es un viejo conocido por estos lares. Pero es verdad que no llega al nivel de hijoputismo gratuito del crítico interno. Es más bien un Don Dramas que percibe desastres donde no tiene por qué haberlos, facilita que cunda el pánico y me lleva directa al caos. Me recuerda un poco a Miedo, de Inside Out. No es el mejor compañero de viaje, desde luego, pero no es tan cabrito como la crítica interna. 

Esta cabrona es muuuuuuuucho peor. No es que te boicotee sin querer en situaciones difíciles. Es que está tooooodo el santo día enmendando la plana, destacando lo negativo y siendo odiosa, en general. Te dice que estás engordando, que fulanita te ha dejado en visto porque en realidad no le importas, que no te van a dar el trabajo de turno porque cualquier candidato es mejor que tú. Es, además, la capitana a posteriori por excelencia. Te hunde por haberte equivocado en tal o cual cosa, cuando en el momento no tenías información suficiente para reconocer la decisión correcta. Tampoco tiene piedad. Te machaca mientras estás en el suelo. Esos días que el mundo se te cae encima te está esperando en casa para seguir hurgando en la herida. Porque es una hija de la gran puta.

Bueno, pues a esta cabrona hay que ponerle nombre. Yo he estado pensando y ninguno me parece lo bastante contundente. Mindy es la típica animadora cruel de peli de instituto americana, pero me suena como dulce. Me he planteado Regina, que es la reina de esta categoría gracias a la mítica Mean Girls, aunque al final se vuelve medio buena, así que no me cuadra. Se me han ocurrido nombres que me suenan a mala sin ninguna razón objetiva tipo Dévora y el que más me convence es el de la malvada más malvada que recuerdo en mi infancia: Diana (pronunciado DAIANA), de la serie Uve

Por ahora este es el que tiene más puntos, pero no termino de estar convencida. ¿Me dais ideas?

jueves, 10 de noviembre de 2022

Un jueves, un relato. Palabras y canciones

Me uno a la convocatoria del 10 de noviembre de Una canción, un relato. Campirela ha tenido este ideón tan chulo de mezclar música y palabras. Esto se me ha ocurrido a mi a partir de Conga, de Gloria Estefan. Aquí tenéis lo de los demás.

 

 

Creía que estos vestidos de tafetán ridículos sólo los llevaban las damas de honor de las películas americanas, pero, al parecer, la humillación tenía que ser completa. No era suficiente con ver como mi mejor amiga terminaba casándose con el que fue mi prometido, con tener que asistir a la boda para demostrar que lo había superado. Además debía ir envuelta en el traje de tul amarillo más feo del mundo. Y con esa pinta soportar las miradas de compasión, los cuchicheos, las bromitas fuera de lugar.

Sí, al parecer a alguien le puede parecer gracioso preguntarme si la orquesta es la misma que íbamos a contratar Toni y yo para nuestro enlace. Toni es el novio y recién estrenado marido de Daniela y quien hizo ese chiste supongo que será el nuevo fichaje del Club de la Comedia. Me han dado ganas de escupirle el champagne a la cara simulando que no había podido contener un ataque de risa.

No lo he hecho. Diría que es porque quería hacerme la digna, pero lo cierto es que no sé poner límites. Nunca he sabido. Por eso la gente me pisotea. Por eso mi prometido me pone los cuernos con la que creía mi mejor amiga y es a mi a la que se me pide madurez para aceptarlo, para que haya paz. Que los malos rollos hacen sufrir a todos, a la pandilla, a la familia, dicen. Que pase página y pelillos a la mar. Porque Paula es un felpudo que está ahí para hacerle la vida mullida y cómoda a los demás y ya se sabe que los felpudos no tienen sentimientos.

Paula soy yo, claro, la imbécil del vestido amarillo. Cansada de juguetear con los restos del pastel de bodas, busco en el bolso el tubo de somníferos. Si me los tomo ya, todo habrá acabado antes de que termine la barra libre y les daré un fin de fiesta apoteósico. Pero mejor lo hago escondida en el baño, que veo que el padrino me agarra otra vez para bailar la conga y todo el plan se me retrasa.