Estás ahí, distraída, luchando día a día con uñas y dientes por lo que quieres cuando, de repente, ¡zas!
Fundido a negro.
Te despiertas en el suelo de tu cocina con la mitad de tu cuerpo paralizada, sin poder levantarte, ni andar, ni hablar y en lo que único que puedes pensar es en todo lo que te queda por hacer. En que aún no has estado en Nueva York, ni nunca te han llamado mamá, ni nadie te ha dicho jamás: "tú y yo para siempre"
Así que después del susto y de los días de hospital, por suerte ya estás recuperada, pero tú ya no eres tú. No quieres lo que querías, ni te importa lo que te importaba. Eres otra, has llegado a mitad de partida y el tiempo corre. Corre muy deprisa.
Ese es el problema.
Algo así me sucedió hace unos años, aunque fue un desvanecimiento por bajada de tensión después de tomarme un baño calentito, el día de nochebuena, en Holanda...
ResponderEliminarLo de despertarte con un diente roto, el labio partido y sangre a tu alrededor es curioso: lo peor es que no sabes qué hacer, porque nunca has tenido problemas de salud (bendita juventud) y no sabes cómo funciona el sistema en otros lugares.
Y ahí, en el hospital, el día de Nochebuena, que no había absolutamente nadie, te preguntas de todo: es un pequeño recordatorio de que la peli no tiene porqué tener un tercer acto, no ni siquiera un segundo, que no habrá títulos de créditos y que, efectivamente, te vas a negro y se acabó.
Tempus fugit...
Es que sino corriera esería com9 si toda tu vida fuera un desmayo. Bueno, aun eso sería ilusorio, porque desmauado también se envejece creo, porque hay quien dice que solo envejecemos cuando no dormimos. Bueno , desmayado no cuenta como dormir, eh?
ResponderEliminarAbrazooo