miércoles, 28 de septiembre de 2022

El arte de titular

 


Nunca se me ha dado demasiado bien titular. Ya en mis tiempos de contadora de cosas las pasaba canutas, aunque en ese caso el mayor problema solía ser ajustarse el número de caracteres, más que decidir por donde tirar. Ahora en los medios digitales menos constreñidos será más fácil, pero les turrarán hasta el infinito con SEO, palabras clave, clickbait y demás. Pobres, me dan hasta lástima, me alegro de haberme librado de eso.

En este blog, lo de los titulares es directamente de echarse a llorar, ya lo sé. Pero aquí es que... no sé, para empezar no le dedico ningún esfuerzo. Escribo con prisa lo que sea, lo quiero publicar ya porque siempre voy tarde y le pongo lo primero que se me pasa por la cabeza. Y me da rabia, la verdad. Mis entradas suelen ser bastante inductivas (así se llamaban los textos que acababan en una conclusión según lo que nos contaron en el cole, ¿no?), llego a la idea central en el último párrafo y ese concepto es el que termina en el título el 90% de las veces, lo cual es hacerme autospoiler brutalmente. Que bien, que mis posts tampoco es que sean el culmen de la elaboración y la sabiduría, estamos de acuerdo. Pero que si me pongo a escribir, pues ya lo hago bien, intentando por lo menos mantener un mínimo interés a través de los párrafos, ¿no? Qué menos.

Demostrada mi inutilidad en el complicado arte de titular entradas mierdosas, no quiero ni pensar en un libro. Me daría un síncope antes de decidirme. Por eso comprendo que haya tantas obras taaaaaaan mal tituladas. Tantas oportunidades perdidas. Aunque, como se puede leer en el hilo de twitter al que pertenece el tweet de arriba, en este tema, como en todo, para gustos los colores y para colores las flores.

Algunos prefieren que el título corresponda a algo textual del libro: el nombre de un club, de una universidad (Saga de Torres de Malory, te estoy mirando a ti. Mucho espacio para la intriga no es que dejes, ¿eh? Pero bueno, das lo que prometes está claro, nadie puede quejarse de no saber qué esperar,)  de un equipo. A algún concepto a los que los personajes hacen referencia en repetidas ocasiones o a una declaración especialmente intensa entre los protagonistas. A otros les gusta más que sea la idea general de lo que va la trama o el género al que pertenece, como pasa mucho en las de misterio que incluyen justo esta palabra en la portada, por ejemplo. Y a unos cuantos les mola que el título sea metafórico o reflexivo y que no de ninguna pista directa sobre el contenido para evitar cualquier tipo de spoilers.

Pero es innegable lo que dice el tweet de arriba: que descubrir por qué un libro se llama como se llama a medida que lees siempre mola. Unas veces más que otras, es verdad, pero siempre es como responder un acertijo. Unas veces es una respuesta más ingeniosa que otras, pero siempre es una contestación a una pregunta. Creo yo, vamos...

Esto... ¿y cómo titulo yo ahora esta entrada?

domingo, 25 de septiembre de 2022

Leer mal (Cuenta atrás 10)

Es necesario haber hecho mucho para saber que no se ha hecho lo suficiente


Lo de leer y escribir va a rachas, ¿verdad? Quiero decir... que a veces lees cosas que te inspiran un montón y te dan ganas de probar a hacerlo tú  y otras que al revés, que parece que te achantan o te vacían de fuerzas.

Voy a ir a lo concreto, que no se entiende nada. Por ejemplo, allá por el Pleistoceno superior yo escribía poco más que las redacciones de clase, mi diario y la lista de la compra. Al principio de conocer los blogs personales y ese estilo tan distinto (tan coloquial) de juntar palabras no creía que yo pudiera hacerlo. Después le cogí el aire, probé y me di cuenta de que no sólo es que pudiera, sino que lo llevaba dentro, es lo que me brota natural, sin esfuerzo. Por eso cuantos más blogs leía, más ganas de escribir me entraban y más posts se me ocurrían.

Con otro tipo de literatura me ha pasado un poco al revés. De pequeña, cuando aún no había leído demasiado, mi impulso era imitar las historias con las que disfrutaba. Todavía tengo por ahí relatos horribles (con una caligrafía infantil aún más horrible) sospechosamente parecidos a las aventuras de Los Cinco o de Torres de Malory, sólo que con nombres más castizos y con bocadillos de mortadela en lugar de sandwiches de jengibre. La imitación es la forma más sincera de admiración.

Luego ya lees más, cosas distintas, cosas mejores y empiezas a achantarte. No se te va la pluma tan ligeramente porque no te ves capaz de hacer algo parecido, ni siquiera de imitarlo con un mínimo de dignidad. Y si además te vas formando durante el proceso, la cosa empeora. Te vuelves muy consciente de tus debilidades de escritora, de lo que haces mal, de lo que te falta. Y de que a estas alturas de la vida está todo escrito y que es muy difícil ser original o tener un sello propio con la suficiente potencia.

A veces ocurre algo parecido hasta con textos no tan buenos. ¿No os pasa que cuando estáis muy enganchados a un libro (o peor aún, a una saga) tenéis tanta necesidad de input que el output se os queda como en pausa? Queréis que entren datos en el cerebro (cómo acaba, por qué, qué problema vendrá después), pero sacar vuestro propio material de la mente cuesta un montón, como si los pensamientos estuvieran espesos, pegajosos y no fluyeran? No sé si lo estoy explicando muy bien...

Total, que cuando me veo metida en esta especie de bloqueo lector_escritor, lo que hago es leer mal. Me voy a la biblio y cojo algún título llamativo que ya sólo con el género, la portada y las valoraciones que destacan en la contra sabes que va a ser un horror. A veces hay sorpresa, no es tan malo como parecía y ese ratito bueno que te llevas. Pero casi siempre resulta una castaña pilonga de proporciones míticas. Y la indignación y el cabreo de pensar que alguien ha editado, vendido y añadido al catálogo de una biblioteca semejante zurullo no te los quita nadie, es verdad. Pero también piensas que si hay autores tan malos, que escriben tan tan tan rematadamente mal y aún así no les da vergüenza sacar tremendas mierdas y llamarlas libro, tú peor que ellos no lo vas a hacer. Así que enciendes el ordenador y escribes. Porque, por increíble que parezca, hay veces que peor imposible. Y eso ayuda.

jueves, 22 de septiembre de 2022

Una cosa menos (Cuenta atrás 11)

Dada la turra infinita que he dado aquí con el jamacuco supremo, creo que es de justicia que cuente también aquí lo que (espero, cruzo los dedos, ojalá) podría ser el capítulo final.

A ver, en plan resumen para los nuevos que se perdieron la chapa interminable del chungo. Hace unos años tuve un sustazo de salud morrocotudo. Pero vaya, un susto de esos que le ves las orejas al lobo y que te hacen replanteártelo todo. Por suerte no me quedaron secuelas físicas ni mentales, aunque emocionales unas poquillas. Que me quedé cagada de miedo, vamos, hablando en plata. Además, como no lograron determinar la causa que provocó el episodio, tampoco se puso solución y allí empezó un periplo por todo tipo de médicos, a cual más surrealista.

Total, que un buen día a uno de estos doctores locos le vino la iluminación de hacerme una prueba que no se les había ocurrido antes y así se encontró una (posible) causa del chungo y una (posible) solución (o casi). Después pandemia, listas de espera, atascos monumentales en la sanidad, bla, bla bla (que os voy a contar que no sepáis) he estado tiempo y tiempo para que me hicieran este apaño, pero ya, POR FIN, me lo han hecho. Y así (espero, cruzo los dedos, ojalá) puede que haya cerrado esta etapa. Es lo que quiero pensar, al menos, que me he quitado un issue de encima.

Así que, parafraseando a Forrest Gump cuando invirtió en Apple y ya no tuvo que preocuparse nunca más por el dinero: "Mejor, una cosa menos".

domingo, 18 de septiembre de 2022

La gran decepción chocolatera y besos Hacendado (Cuenta atrás 12)

No se mucho de casi nada, pero de chocolate SÉ. Esto es así y es así. Como buena adicta, a nivel usuaria tengo muchísima experiencia en saborear este producto en sus diferentes formas y estilos. Por eso puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que una de las mayores decepciones del mundo es comer un chocolate "malo".

Aclaremos conceptos: ¿puede un chocolate ser malo? A ver, siempre estará más bueno que unas acelgas, claro, tampoco nos volvamos locos. Pero la diferencia entre uno bueno y uno que no lo es resulta tan abismal, tan TAN ABISMAL, que la decepción lo eclipsa todo y minimiza cualquier asomo de disfrute. El problema son las expectativas, por supuesto. Te esperas un momento de gloria, de éxtasis, que te ayude a sobrellevar los sinsabores de esta vida perra y luego lo pruebas y meh. La sensación de estafa es gigantesca.

Y eso sin tener en cuenta el tema de las calorías, la salud y tal. Comes chocolate haciendo frente a un descomunal cargo de conciencia (el azúcar es el demonio, los lípidos taponarán tus arterias, bla, bla, bla) porque necesitas desesperadamente un cable que te ayude a tirar pa'lante. Ves un pastel, una tarta, un bollo con pintaza y piensas: "Me falta el canto de un duro para tirarme por la ventana, esto se considera medicación de urgencia" y cuando te lo comes resulta que te han dado gato por liebre. De grasas, colesterol y todo lo malo, lo que quieras. De la paz mental y el placer prometido por los hidratos de carbono y dulces, ni rastro. O tan tan tan poquito que te sientes la víctima del timo del siglo. Victor Lustig, el espabilado que vendió la Torre Eiffel dos veces, una hermanita de la Caridad comparado con el iluminado que te haya tangado de semejante forma.

Aunque no seais tan adictos como yo, esta sensación la habréis vivido, me imagino. ¿Localizáis ese sentimiento de decepción, de desengaño, de desilusión absoluta? Bueno, pues lo mismo con los besos (a ver si os habíais creído que os voy a meter esta chapa sólo para hablar de comida, que este blog es superficial, pero no tanto, hombre. Un voto de confianza.)

Pues eso, que los besos con gente que te encanta, que te remueve por dentro, que hace que te tiemblen las rodillas son el chocolate bueno, la medicación de urgencia, ese momento de éxtasis. Te olvidas de donde estás, de como te llamas, de qué año es. Y luego te haces arrumacos con gente cuyo nombre no te dan ganas de gritar desde los tejados y meh. Pero tan tan meh que no llega ni a compensar lo malo. Los besos no tienen grasas saturadas que te taponen las arterias, pero sí toneladas de ruido mental que te satura el cerebro: que si no me ha llamado, que si le llamo yo, que si por favor que me deje de llamar de una vez... Vamos, lo que viene siendo el ruido de cuando la cosas no fluyen. 

Barullo perpetuo en la cabeza y la sensación de timo del siglo. ¿Merecen la pena las sesiones de besos Hacendado? Razonen sus respuestas.

jueves, 15 de septiembre de 2022

Hermanastra, ahora sí (Cuenta atrás 12)

Bueno, pues ya se me ha pasado la cogorza de Hermanastra y ya puedo hablar del libro con un poco más de objetividad.

Veredicto: Me ha gustado bastante, es original y tiene pinceladas poéticas. ¿Os lo recomiendo? No sé, es que a lo mejor no es para todos todos todos. Yo soy bastante el perfil del público objetivo al que se dirige, pero igual vosotros no. Y si no lo sois, quizá se os haga pesado. Pero bueno, tampoco creo que os vaya a horrorizar, ¿eh? Os dejará más bien fríos, así que os podéis arriesgar.

Lo cierto es que yo lo he disfrutado, pero tiene alguna cosilla mejorable y por ahí voy a empezar.

Fallos:

Como tiene ambientación de cuento de hadas y tono de fábula, hay enseñanzas cada dos párrafos que se explican profusamente sin que haga ninguna falta explicarlas. Que te dan ganas de decirle a la autora: "que sí, mujer, que sí, que ya lo había pillado, tranquila." A lo mejor es que va dirigido a un público no adulto y en ese caso les vendrían bien las aclaraciones, no sé. Por otro lado, reconozco que como estas enseñanzas se expresan de forma poética, son pensamientos chulos que calan bastante. De otra manera igual daban un poco de dentera, pero así no mucha, pienso yo.

Es una historia de autodescubrimiento y redención, así que hay escenas de reencuentro y disculpas bastante cursis. Entiendo que están dentro del tono de cuento de hadas, pero con un poco menos de azúcar la cosa habría funcionado mejor.

Supongo que para que pardillas como yo tengamos algo de lo que hablar, mete bastantes desincronizaciones temporales. Es decir, hay carruajes y caballos, pero tambien farolas, fregaderos y cafeteras. Igual se trata de una broma interna de la autora porque no es algo aislado, se repite de vez en cuando. Si es el caso, yo no lo pillé y me sacó un poco de la trama, la verdad.


Cosas buenas:

Es un retelling de una historia clásica y a mi me encantan, así que parte con dos puntos ya de base.

La premisa es un ideón. No había leido nunca este cuento desde el punto de vista de la hermanastra y hacerlo, además, para explicar como nacen los monstruos, que los malos no siempre lo fueron y que tienen sus razones para comportarse así más allá de la simple maldad.

Que la ambientación sea de cuento de hadas, pero que haya elementos no sólo mágicos sino mitológicos me ha encantado.

Que sea una fábula sobre una reflexión filosófica, la capacidad para ser fiel al verdadero yo de uno y elegir su propio camino.

Que sirva de eje conductor la distinción entre el concepto de "guapa" como modosita, la que hace lo que se espera de ella, sumisa a las exigencias de las demás y "fea" como aquella que se sale de la norma, que no quiere o no puede cumplir con el papel que la sociedad le impone.

Hay muchos pensamientos bonitos expresados de forma muy chula y a veces hasta poética. La metáfora del lobo interno me ha encantado, pero no os la puedo copiar aquí porque es larga y la autora me va a decir que no ha escrito su libro para que yo lo transcriba de principio a fin en mi blog. Y tendrá razón.

He leído en críticas que los personajes son muy reales, pero no estoy muy de acuerdo. No lo son y no creo que pretendan serlo, son instrumentos para construir una reflexión. Tienen matices y una evolución. Primero parecen una cosa, luego son otra y además cambian del principio al final. ¿Pero reales? No sé, no lo veo mucho.

 

En fin, colegas, a mi me ha gustado. Dadle una oportunidad, puede que a vosotros también os mole.

lunes, 12 de septiembre de 2022

Un respiro (Cuenta atrás 13)


 

Creo que pocas veces me he sentido más identificada con nuestro particular Baksy patrio que en la imagen de arriba. Y mira que su anterior obra "Vanpiro esiten" también tenía una gran profundidad y agudeza, pero es que con esto ha dado en el clavo. Estamos hasta la pepitilla: de momentos históricos, de instantes cruciales, de imágenes para el recuerdo, de esfuerzos necesarios. A nivel individual y colectivo estamos saturados, desbordados, empachados, ahítos. Hasta las mismísimas narices.

Estamos atos, joder. Danos un respiro, vida

viernes, 9 de septiembre de 2022

¿Somos adictos? (Cuenta atrás 14)

¿Os consideráis adictos a internet o al teléfono móvil? Porque yo lo estaba pensando el otro día y, la verdad, no sé qué deciros. O sea, para empezar creo que habría que separar las categorías, que no son equivalentes ni de coña. Yo de yonky de lo primero tengo bastante puntos, pero de lo segundo la cosa se complica. Con los zurullos de terminales que me compro siempre, lo cierto es que usarlos mucho es batante suplicio, así que diría que los empleo el mínimo imprescindible. Que tengo el 99% de las notificaciones silenciadas para que no me agobie el pitido permanente y que estar un rato largo sin consultarlo, lejos de estresarme, me da paz. Luego me entra ansiedad de los ocho millones de mensajes sin leer que se me han acumulado en ese rato de desconexión, lo leo todo en diagonal y no me entero de nada, pero el ratito de paz no me lo quita nadie.

Añadiré un dato que me parece esclarecedor: iba a bajarme una app para medir por curiosidad el tiempo diario de uso del terminal y no he podido porque no me queda memoria suficiente en el teléfono. Tal cual. Si no puedo instalar una triste aplicación que será un cronómetro y poco más, que voy a ser adicta ni adicta...

Así que lo del móvil está bastante claro. Ahora bien internet... internet es otro tema. Porque yo sí me paso la vida metida en internet, la verdad, pero no sé si eso se puede considerar adicción. Es decir, por ejemplo. Horas y horas y horas de mi vida tiradas (bueno, invertidas) en este blog. Sin embargo, si esto alguna vez fue una red social, desde luego, ya no lo es (casi) porque quedamos aquí (casi) cuatro gatos. O sea, que yo aquí escribo, (casi) como lo haría en un folio. ¿Cuenta como internet? No sé, ¿no?

Algo parecido me ocurre con Twitter. Nunca me he parado a calcular cuanto, pero yo ahí también me tiro horas y horas LEYENDO, por lo que tampoco lo considero una red social. Lo uso para informarme, para reírme, para entretenerme, para enterarme de cosas y contrastarlas casi en tiempo real. No hablo (casi) nunca, no interactúo (casi) nunca. Es una fuente de datos como podría ser un periódico, un ensayo o una charla, sólo que me llega en formato tweet. ¿Si leyera periódicos una hora al día se me consideraría adicta? No, ¿verdad? ¿Y entonces?

Tres cuartos de lo mismo con la lectura de ficción, la de pasar el rato. Yo leo horas y horas, cierto. A veces en papel, a veces en digital, a veces en el ordenador (cuando la peña aún escribía blogs, ejem, ejem, guiño, guiño, codazo), a veces en el móvil. Nadie diría que soy yonky de las letras si me ve toda la tarde con un libro. ¿O si?

¿Soy adicta? Yo creo que no . O igual sí y estoy en la fase de negación y de tranqui, yo controlo.



domingo, 4 de septiembre de 2022

Borrachera literaria de Hermanastra (cuenta atrás: 15)

¿No os pasa que cuando acabáis un libro que os encanta o que os toca el corazón por algún motivo tenéis un rato de emoción desbordada, de reacciones magnificadas? Un poco parecido a la exaltación de la amistad y la euforia de llevar una copita de más, que todo parece como subido de volumen... Bueno, ahora viéndolo escrito suena raro, así igual sólo me ocurre a mi. Quizá debería donar mi cerebro a la ciencia para que lo estudien...

El caso, que sí, lo confieso, yo tengo estas "borracheras literarias" y procuro no escribir de los libros que las provocan hasta que me calmo un poco. Para que todo repose, se asiente y pueda distinguir por qué me ha llegado tanto, como lo ha logrado y qué es lo que más quiero destacar. Bien, pues hoy me voy a saltar esa regla. Bueno, a saltármela a medias.

Hace un minuto que he terminado Hermanastra. Me ha encantado. Es original, inspirador, tierno, emocionante, a ratos un pelín poético y para colmo se trata de un retelling de una historia clásica, lo que a mi me gana de antemano. Os lo recomiendo por muchas razones que os contaré en una futura entrada más sosegada y serena, cuando se me haya pasado la cogorza literaria. Pero como ahora esta tajada escritora me da muchas ganas de hablar del tema y no me las quiero aguantar, dejo por aquí algunas de las citas que me han gustado. Voy a escoger unas pocas así a lo loco, porque si os pongo todas las que he apuntado esta entrada parecería el Quijote. Aquí van:


Eso es lo que hacemos con nuestro dolor —dijo mientras observaba el vuelo de la mariposa—: lo convertimos en algo bello.

—Lo convertimos en algo significativo —añadió la diva.

—Lo convertimos en algo mejor —susurró la actriz


Las oscuras horas de la madrugada han destruido a muchos. La luz de las velas proyecta sombras sobre las paredes de nuestras almas, sombras que transforman un ratón en monstruo y un revés en desastre. Si alguna vez, a esas horas, decides colgarte, bueno, la decisión es tuya. Pero no vayas a buscar la cuerda hasta que se haga de día. Para entonces, seguro que le has encontrado mejor uso


Que te llamen fea no es nada —dijo la diva—. Guapa... Esa palabra sí que es peligrosa. 
—Guapa te engancha deprisa y te mata despacio —dijo la acróbata 
—Guapa es un lazo que te echas al cuello —dijo, e hizo justo eso—. Cualquier idiota puede apretártelo y darle una patada a tu punto de apoyo. Y entonces estás perdida.


—Este mundo, la gente que vive en él, como tu madre o Tantine, nos clasifica. Nos mete en cajas. Tú eres un huevo. Tú eres una patata. Tú, una col. Nos dicen quiénes somos. Lo que tenemos que hacer. Lo que seremos. Porque tienen miedo. Temen lo que podríamos ser


Lo que está hecho, hecho está, ya te lo hicieran a ti o lo hicieras tú, y no puedes cambiarlo. Sin embargo, lo que no está hecho, sin hacer queda. Y ahí es donde residen la esperanza y el riesgo. Créete capaz de elegir tu camino. O no te lo creas. En cualquier caso, tendrás razón. Cada guerra es distinta, aunque todas las batallas son iguales. El enemigo no es más que una distracción. Porque siempre, siempre, luchas contra ti.


Es un tiempo sombrío para cualquier niña que tome el sendero equivocado. 
Más aún si la niña se pierde. 
Sabed que es peligroso desviarse del camino. 
Pero más peligroso es no hacerlo

jueves, 1 de septiembre de 2022

TerapiDudas

En el 90% de los aspectos, mi vida es bastante desastre. O sea, tengo una salud más o menos apañada, no necesito caminar 10 kilómetros diarios para conseguir agua potable y nadie abusó de mi de pequeña, así que soy afortunada, lo sé, aún no he perdido una mínima perspectiva. Pero en plan "dramas del primer mundo" (vosotros me entendéis), hago pleno. Y al contrario de lo que sería esperable, todo me la chufla.

Y la primera extrañada soy yo, no os creáis. Miro mi vida desde fuera y, de forma objetiva, veo con claridad que es un horror que en circunstancias normales me entristecería o deprimiría, pero el caso es que no lo hace. Simplemente me da igual, es como si no fuera conmigo. Mi teoría es que se me ha soltado algún cable del cerebro, sólo que en vez de darme por oír voces que me ordenan matar gente, me ha dado por desconectarme. No sé.

Entre eso y que cada vez más amigos y familiares me recomiendan que vaya a terapia, a veces me lo planteo. Pero claro, dado que, por suerte, ahora no sufro mucho, yo iría en plan oráculo de Delphos para que me dijeran como arreglar mi vida. Y ese es el tema, que no me fío. ¿No lo sé yo, que llevo la tira de años luchando con este surrealismo continuo y lo van a saber unos advenedizos que no tienen más información de este horror permanente que la que yo sea capaz de darles tumbada en un diván una hora? 

Me puedo creer que igual alguien con formación y conocimientos consiga ver cosas que yo no, esos puntos ciegos para mi que me impiden distinguir qué estoy haciendo mal por mucho que reviso y reviso y reviso mi vida en busca de una forma de mejorarla. Eso, bueno, me lo creo. Mi problema es que me da la sensación de que parten de una imagen sesgada, la que yo les pueda contar, que muy exacta no será cuando yo no hago más que cagarla en mi día a día, ¿no?

Así que aquí tenemos el primer problema: datos bastante poco fiables. Y luego está lo que yo llamo efecto "explicación pandemia". ¿Os acordáis al principio del bicho del demonio, que nadie tenía ni idea de nada (aún no la tenemos) y todo cristo se inventaba justificaciones rotundas para lo que pasaba? Ha subido la curva de contagios por tal, ha bajado por cual y dos minutos después se descubría algo nuevo que echaba por tierra la explicación esa tan rotunda. Pues un poco lo mismo.

Creo que en terapia van a coger una información mierdosa (la que yo les de) y van a unir como puedan los puntos para inventarse una causa plausible. Posible, sí. Verosímil, puede. ¿Real? No sé yo. Igual suena la flauta y aciertan, pero está la cosa difícil. Y si no aciertan, ¿cómo va a servir eso para arreglar mi vida, que es lo que yo quiero?