Mostrando entradas con la etiqueta Apocalipsis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Apocalipsis. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de marzo de 2022

Huevazos

Con la movida esta de la Tercera Guerra Mundial que se ha desatado sin comerlo ni beberlo pienso muchas cosas. Se me parte el alma con el panorama, claro, pero a la vez pienso todo el rato de muchísima gente: ¡Madre mía, qué cojonazos! ¡Qué ovarios, virgen santa!

No me voy a meter en como se ha llegado a esto, en quien tiene la culpa ni demás temas políticos de los que por supuesto tengo mi opinión, pero que aquí no pintan nada. Pero lo que es innegable, os pongáis como os pongáis, es que hay la tira de peña que le está echando unos huevos de flipar. Que se les ha venido encima el mismísimo infierno en un abrir y cerrar de ojos y están dándolo todo, como auténticos héroes. Y no me refiero a las batallas, a las armas, a resistir. Me refiero a las miles de miles de historias de gente de a pie que cuando les han venido mal dadas han respondido, han estado a la altura de las circunstancias, por muy infernales que sean esas circunstancias.

Gente a la que le dejan salir del país porque es extranjero, pone a salvo a sus hijos y regresa a ayudar. Mujeres que podrían huir porque no las llaman a filas y prefieren quedarse a compartir el destino de sus hermanos, de sus maridos, de sus padres. Personas a las que les han matado a seres queridos y aún así pide que repatrien los cadáveres de los soldados enemigos, para que sus madres puedan llorarles. Peña con unos huevos gigantescos que se podrían ver desde Marte.

Yo soy una culocagado, para todo, siempre. Me da miedo casi todo en la vida. Me acuerdo de la angustia y el terror que me generó la crisis de 2008, que con lo que tenemos ahora encima y el CoronaApocalipsis del que aún no hemos salido, me parece de chiste. Y pienso: ¿qué haría yo si me viera envuelta en algo así de un día para otro, si se abriera ante mi el mismísimo averno? ¿Daría la talla?

No sé yo...



miércoles, 7 de abril de 2021

Atascazo pandémico

Si os digo la verdad, lo más estresante del negocio superheroico no era arriesgar tu vida para vencer a supervillanos o para salvar el mundo. No. Lo peor eran las esperas. Es decir, que las batallas podían ser duras y que te dieran pa'l pelo y te dejaran lleno de moratones y con siete huesos rotos y eso, como podéis imaginaros, no era la panacea, pero al menos ya estabas allí, metido en faena y que fuera lo que tuviera que ser. Pero esperar en tensión máxima, cagado de miedo por no saber exactamente la que se te venía encima y con la presión de tener que estar a la altura y salvar el planeta de su destrucción total era una tortura china. Para todos, además. Aquí unos superhéroes pueden ser más experimentados, más serenos y menos dramas unos que otros, pero en el fondo todo perro pichichi lo llevaba fatal.

-Ayyy, de verdad, pero ¿cuándo va a aparecer de una vez Villano de Turno? Ahora aquí tocándonos los aparejos y luego todo son prisas.

-Bueno, Masa, qué le vamos a hacer son gajes del oficio.

-Ya, SuperMan, pero es que por muy entrenados que tengamos los nervios así es imposible mantener unos niveles de cortisol saludables. Que luego habrá una cuenta atrás de 3 minutos antes de alguno de estos cabritos lance su rayo destructor contra una ciudad llena de inocentes y nos haría buena falta todo este rato que estamos perdiendo ahora para conseguir evitarlo.

-Spiderman, asúmelo, te pagan más por esperar preparado que por saltar de edificio en edificio. Es así.

Aguardar perdiendo un tiempo que luego iba a ser crucial era el agobio máximo. No podías adelantar nada, no había nada que pudieras hacer en el presente para ayudar a tu angustiadísima yo futura. Es más, parecía que te estabas riendo en su cara desperdiciando unos minutos que ella iba a necesitar,  nunca mejor dicho, a vida o muerte.

Bueno, pues una sensación muy parecida me está regalando a mi este apocalipsis pandémico. La CoronaMovida mierder me ha cogido en mal momento, ya con unos añitos y después de un Jamacuco Supremo que por lo que parece va a tener segunda parte, y el temporizador de la vida se me ha puesto en modo cuenta atrás. En plan "colega, espabila, que sigues sin avanzar de pantalla y a la partida del videojuego cada vez le queda menos". Tengo la impresión continua de tener un lista interminable de tareas, para las que ya iría justa de tiempo de normal, pero que encima no puedo empezar porque siempre hay alguna CoronaPega en formato restricción. Iría a tal sitio, pero estamos confinados. Me apuntaría a esto, pero l han suspendido porque no se permiten las reuniones de más de seis personas. Intentaría hacer nuevos "amiguitos" pero la distancia de seguridad ya tal. Qué os voy a contar que no sepáis...

Para mi lo peor de la parálisis pandémica no es no hacer nada, sino saber que todo este tiempo desaprovechado luego te va a faltar. Es como estar atrapada en un atasco monumental poniéndote tarquicárdica porque llegas tardísimo al curro: sufres por el atascazo y porque vislumbras en el horizonte los marrones que te van a caer encima por el retraso.

Puto bicho, me tienes hasta la pepitilla. ¡¡VETE YAAAAAA!!

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Convivientes

Creía que la palabra que más iba a terminar odiando en este horror de 2020 era pandemia. O coronavirus. O covid. O pcr. O confinamiento. Y no. Resulta que el término que más voy a detestar en el final de este CoronaSuplicio es CONVIVIENTE. Yo y (supongo) todos los que como yo vivan solos.

A mi normalmente me encanta vivir a mi bola. ME ENCANTA. Me ahorra la ingente cantidad de conflictos domésticos que provoca el titánico caos y desorden que me es imposible no generar y es la única manera de conseguir hacer algo con mi vida. Es decir, me distraigo con tal facilidad y hablo tanto que cuando vivo con gente no hago nada más que estar con ellos: no escribo, no leo, no estudio... No sé qué leches pasa pero el tiempo no me cunde cuando hay más personas donde yo resido.

Pero claro, ahora ha llegado el apocalipsis pandémico y...

-Prohibidas las reuniones de más de seis personas que no sean CONVIVIENTES

-Las navidades este año deberemos pasarlas sólo con nuestros CONVIVIENTES.

-Supriman todo contacto con personas no CONVIVIENTES

-¿Se puede viajar? ¡Claro! Dentro de los límites de tu confinamiento municipal, provincial y regional y sólo con personas CONVIVIENTES

Y yo que vivo sola...




Tengo mucha vida interior. Hablo mogollón conmigo misma y a veces hasta me río de mis propios chistes. Pero esta restricción de los convivientes está empezando a ser demasiado incluso para mi. Estoy hartiiiita de mi misma. Har-ti-ta.

¡¡¡¡PUTO BICHO VETE YA!!!!

domingo, 22 de noviembre de 2020

SpeedyCabreo futuro

Uno de los rasgos que me gustan poco de mí es que en algunos tema huyo hacia adelante. Son asuntos complicados que me da pereza afrontar y en cuanto puedo los dejo para mejor ocasión, pasándole el marrón a la Speedy del futuro. Como os podéis imaginar cuando le llegan a mi yo futura se caga 100 veces en la pasada porque las dimensiones del marrón lejos de reducirse se han multiplicado y ahora es más difícil de solucionar. Claaaro que sí. 

El ejemplo perfecto de esta horrorosa costumbre mía es el calzado de verano. Me cuesta un mundo encontrar unas sandalias que no me hagan daño, así que cuando al fin encuentro unas las uso hasta que las destrozo. Si hay suerte sobreviven hasta el final de los meses estivales, en cuanto llega el fresquito me pongo otros zapatos y meto esos restos inservibles en el zapatero esperando que sanen mágicamente para la próxima campaña veraniega. Eso no ocurre, claro, y cuando una acaloradísima Speedy futura busca desesperada unas zapas abiertas para aguantar los 40 grados a la sombra que ya empiezan a caer en mayo se tiene que seguir poniendo botas altas porque los despojos esos del zapatero no sirven para nada y menos para andar sobre asfalto incandescente.

Bien, pues esta inteligentísima jugada la hago aaaño, tras aaaaño, tras aaaaño y ahora ha llegado 2020 y su apocalipsis pandémico y ya os podéis imaginar. Como el maldito bicho no nos ha dejado hacer NADA, ni siquiera he necesitado calzado nuevo. Para andar los escasos metros que separan mi casa del coche, el coche de mi curro y vuelta podría haber ido incluso descalza. Además comprar con aforos limitados y sin poder probarse las cosas era una experiencia ma-ra-vi-llo-sa que evitaba todo lo que podía así que en mi zapatero ahora hay unos zarrios que ya ni se intuye que en su día fueron sandalias y que sólo van a servirle a la Speedy del futuro para cagarse en la del pasado, porque desde luego para andar no.

Aunque, bueno, quién sabe. Como este CoronaSuplicio lo ha vuelto todo del revés, no se puede organizar la vida y pensar en pasado mañana ya es planificar a largo plazo, el verano que viene todos calvos. Igual estamos todavía confinados. O me he ha podido la presión y me he ido a la montaña a asar castañas y hablar con Dios, en albornoz y descalza. O llega el asteroide ese del que tanto avisan que roza la tierra, impacta por fin (que estamos en 2020 y este añito se las trae) y morimos todos de una vez por todas, en cuyo caso tampoco me hacen falta sandalias. A saber.

La tristeza de esta nueva Anormalidad se ve en que me regalaron ropa por mi cumple que no he llegado a estrenar porque no ha habido ocasión de ir a ningún lado, en que lo poco que he usado está lleno de manchas de lejía, hidrogel y desinfectante y que mi zapatero está en horas más bajas que nunca. Así que ahora mismo tengo una única certeza: si llegamos al verano que viene la Speedy del Futuro va a tener un cabreo soberano con la Speedy pasada. SO-BE-RA-NO..

sábado, 7 de noviembre de 2020

¿No os pasa?

-Oigo ambulancias, todo el rato, a todas horas. Habrá más que antes, supongo o yo reparo más en ellas. Seguramente las dos.

-El tiempo pasa rápido y lento a la vez. Febrero de 2020 con sus conciertos, bares llenos, deporte con público y hospitales tranquilos me parecen otra vida, como si hubieran pasado siglos y a la vez cada mes que acaba pienso ¿ya es agosto? o ¿ya es noviembre? El tiempo pasa volando porque los días están vacíos. No, no vacíos, más bien llenos de nada, la NADA absoluta de todo lo que antes era posible y ya no.

-El tic tac de los relojes suena más alto que antes. Atronador.

-A veces tengo ganas de matar (a los que están sacando tajada de este infierno, a los que pasan de todo porque sólo les importan ellos mismos). A veces tengo ganas de desaparecer hasta que todo esto acabe, hasta que vuelva la vida. A veces tengo ganas de rendirme porque no puedo más.

-Siempre estoy cansada, AGOTADA. Paradójico, porque me muevo tan poco que la app que mide los pasos en mi teléfono me pregunta a menudo si me han secuestrado. Y sin embargo llego a casa, me arrastro hasta la cama y no me da tiempo ni a quitarme lo zapatos antes de que mi cerebro desconecte. Porque no me duermo, me apago, como un móvil con la batería vieja que ya no aguanta encendido más que un instante.

-Me asombra que la gente sepa tan poco del bicho este del demonio. De como se contagia, de lo nuevo que se va descubriendo, de como evolucionan los datos. De cuestiones superbásicas que yo oigo o leo mil veces al día. La peña prefiere no enterarse (para no angustiarse, supongo) y luego se sorprenden de que le prohíban cosas que desde que empezó todo este infierno se desaconsejan. "Otra vez a no poder tal o cual", se lamentan. Ah, pero, ¿desde marzo estabas haciendo eso que por activa y por pasiva te dicen que hay que evitar? Me quedo flipada, en serio. Es como si viviera en mundos distintos al mío. Alucino.

-Nunca sueño nada bonito, o al menos no lo recuerdo al despertar. Sólo me acuerdo de lo malo o lo muy extraño.

-Me cuesta imaginarme como será todo cuando tengamos DE VERDAD dominado al bicho, cuando ya no haga falta distancia de seguridad, cuando ir a un bar ya no sea vivir al límite al estilo de tirarse en paracaídas. De verdad que me cuesta imaginarme "tocando" (ya me entendéis) a gente nueva. Es como si mi cerebro dijera "no te vayas ahora pa' lo hondo, que luego va a ser un dolor volver a la cruda realidad", así que no me deja ni imaginármelo.

-Tengo ganas de llorar la mayoría del tiempo y a veces me dan ataques de risa incontrolada. Igual más de reír por no llorar que otra cosa, pero al menos no son lágrimas.


¿No os pasa?

sábado, 26 de septiembre de 2020

Tetris



Siempre me ha pasado un poco, pero desde que empezó el CoronaApocalipsis este de los huevos mucho más. ¿No tenéis la permanente sensación de estar jugando al Tetris en la parte final ya, cuando la música empieza a ser estresante y las piezas aparecen más rápido y en posiciones imposibles?

Yo sí. Todo el tiempo me siento así. Haciendo lo que puedo por colocar bien los marrones que me van cayendo del cielo, sin lograrlo del todo y contribuyendo a formar la montaña de errores que me acercan cada vez más a la altura del GAME OVER. Porque lo PEOR de perder al Tretis es que era tu propia inutilidad la que creaba la situación que te empujaba de cabeza al final. Como la vida misma, vaya.

La velocidad creciendo. La puñetera musiquita agudizándose, taladrándote los oídos. Tu pulso acelerándose. Tus dedos cada vez menos precisos, menos ágiles, más temblorosos. Y que de las alturas no cae ni una sola barra de esas estiradas que arreglaban cualquier desaguisado en cualquier posición. Ni un cuadrado, que bueno, te hacían menos papel pero tampoco estorbaban demasiado. Ni siquiera un L, que mal puesta te la liaban pero en la posición adecuada tampoco eran el apocalipsis. Noooooooooooooooooo. Todo Z y la cosa esa que no sé ni como llamarla pero que te amargaba la vida cayera donde cayera y tuvieras la situación previa que tuvieras porque con esa protuberancia justo en el centro no encajaba en ningún lado. Qué horror de pieza. La odiaba.

El bicho lleva desde la fase cero tirándonos fichas. Primero a cámara lenta y poco a poco cada vez más rápido. Preocupados por que no se enfriara la cervecita que nos estábamos bebiendo, apagando la pantalla de vez en cuando para ahorrar batería, ignorando a los que sabían del tema y buscando culpables antes que soluciones hemos dejado que las piezas fueran amontonándose desordenadamente unas sobre otras hasta que se ha formado una montaña que llega casi a la parte alta de la pantalla, juuuusto donde aparece el GAME OVER. Y ya me explicaréis de donde vamos a sacar más monedas para seguir jugando.

Me alucina que la gente esté tan tranquila, de verdad, me alucina. No sé, igual jugaban al Tetris mejor que yo, supongo.

Será eso.

viernes, 21 de agosto de 2020

Inverosímil

Hay veces que me gustaría vivir en cualquier sitio menos en España. Últimamente, MUCHAS veces. Creo que este maldito bicho del demonio está decidido a amargarnos la vida y que nosotros le estamos poniendo la alfombra roja. Y me parece incomprensible, de verdad. Increíble. De hecho, si lo estuviera viendo en una serie o leyendo en un libro pensaría. "Aquí se han flipado para darle dramatismo a la historia, NADIE haría eso en la vida real. Qué inverosimil".

Por supuesto, me parece inverosímil lo increíblemente mal que están gestionando este infierno las administraciones. TODAS las administraciones, nacionales y autonómicas. Esperando milagros en lugar de buscando soluciones, echando balones fuera, pasándose el muerto unas a otras... y culpando al ciudadano, dejando todo en manos de una responsabilidad individual en la que, por desgracia, no se puede confiar de manera general. ¿Hay cárceles y leyes porque todos, como conjunto, somos unos santos? Va a ser que no, amiguis.

Pero tranquilos, que tengo para todos, porque igual de increíblemente inverosímil me parece el hijoputismo gratuito de la gente. Como masa y como individuos concretos. Si algo se ha llevado el coronamierda es la poquita fe en la Humanidad que me quedaba. La mayoría de las personas no somos más que unos gigantescamente descomunales montones de egoísmo extremo. Y da igual los muertos que haya habido y que se vean llegar desde el horizonte, el hostiazo económico que nos vamos a pegar TODOS sin excepción, el dantesco panorama que nos prepara este infierno previo en el que estamos metidos... Da igual todo porque el egoísmo es tan inmenso que nos bloquea el cerebro, no nos deja pensar más allá de mañana.

Gente escupiendo jaggermeister en discotecas atestadas, gente juntándose a celebrar "no fiestas" suspendidas, precisamente, para evitar juntarse, gente saltándose la cuarentena sabiendo que son positivos, gente haciendo vida normal pendientes de una PCR que les diga si están repartiendo el bicho o no, gente no poniendo los medios para poder currar sin pillarlo... Y muchísima gente, la mayoría, cerrando los ojos a la realidad, pasando de informativos y noticias para no enterarse de lo chungo que está el tema y seguir haciendo cosas que les apetecen pero que en el fondo saben que no deberían hacer dadas las circunstancias. Porque no os engañéis, el 99% de la peña sabe, en el fondo de su corazón, que el asunto está turbio, pero prefieren no verlo. Por egoísmo.

El coronamierda es un hijo de puta muy cabrón pero entre todos podríamos pararlo si hiciéramos frente común. Increíblemente, el titánico egoísmo que tenemos grabado a fuego en nuestro ADN va a conseguir que un bichillo microscópico haga saltar todo por lo aires. Como David y Goliat pero sin necesitar ni siquiera una honda.

Enhorabuena a todos. De verdad. No se puede ser más lerdo.

domingo, 16 de agosto de 2020

Se busca grupo estable de convivencia

Es lo que tiene la realidad pandémica coronamierder, amiguis. Que se den anomalías del espacio tiempo como que te venga la tía que traía lejía del futuro, que la perraca del infierno de ella no te de detalles de por qué la trae, pero aproveche que el túnel temporal es de ida y vuelta para secuestrarte y devolverte a los días del instituto. Que ya hace falta ser cabrita para llevarte a una de las épocas de la vida de la que a duras penas se consigue salir indemne, pero en fin.

Total, que aquí estoy, como en los años más tenebrosos de mi adolescencia cuando me tocó cambiarme de cole, hacer amigos y buscar un grupo nuevo. En aquellos tiempos lo quería básicamente para decir memeces y salir de copas y ahora para... bueno, teniendo en cuenta que las fiestas y el ocio nocturno están prohibidos, lo necesito para hacer cualquier actividad en la que pueda respetarse la distancia de seguridad y usar mascarilla. Señores, busco grupo de convivencia estable.

Y es que yo vivo sola, lo cual ha sido una tranquilidad impagable durante el confinamiento por la certeza absoluta de no estar contagiando a nadie pero sin dudad ha complicado la desescalada, Porque la gente ha ido avanzando hacia la nueva normalidad en equipo: han paseado con sus convivientes, han estado de terraceo con sus convivientes y se han ido de vacaciones con sus convivientes. A los que nos faltaba este team en cualquier actividad que hacíamos nos daba la contante sensación de estar empezando un brote. Y ese picorcillo en el cerebro con forma de cargo de conciencia le amarga un poco las cañas y la playa al más pintado, ya os lo digo.

Yo no he llevado demasiado mal el confinamiento en soledad, pero es cierto que para todo hay grados. Hablaba el otro día con uno que aseguraba haberlo gestionado tan bien que podría haber aceptado otros 6 meses más de encierro sin problemas. 

-A ver... has pasado la cuarentena con el amor de tu vida recién estrenado, con TODAS las necesidades fisiológicas (todas, también las de mimos) primarias cubiertas, con una bici estática y con un ERTE en un curro de un sector de los que tienen más posibilidades de sobrevivir a la megacrisis que nos espera. No te flipes con que aguantarías otros seis meses, porque eso ni es confinamiento ni es nada... Con una piña colada y un pai pai te computa como unas vacaciones en el Caribe, colega...

Pues los que tenéis team un poco lo mismo. Sólo necesitáis pensar qué hacer porque el "con quien" ya lo traéis  de casa, lo cual es como encontrarse la mitad del trabajo hecho. A lo demás nos veo dentro de poco poniendo un anuncio en el periódico:


"Se busca grupo estable de convivencia para navegar por las procelosas aguas de este Apocalipsis Coronavírico. Razón: portería".

lunes, 29 de junio de 2020

La nueva anormalidad

Esto de la nueva normalidad lo estoy llevando regulinchis porque no consigo ni medio normalizar nada de nada. A mi alrededor veo muchísima neo-subnormalidad y neo-anormalidad y lo arreglaría todo repartiendo bofetones al más puro estilo Bud Spencer si no fuera porque la distancia de seguridad me lo impide. En finnnn...

Se supone que ya hemos culminado la desescalada y retomado nuestras vidas pero yo no termino de arrancar. Hasta ahora he cogido sola una vez el transporte público, aún no he tomado nada en una terraza y todavía me veo con los SpeedyPadres fuera de su casa y al aire libre, por si acaso. No tengo ni repajolera idea de qué hacer en vacaciones y me están saliendo escamas entre los dedos. Al principio pensé que eran un superpoder nuevo como las de detrás de las orejas pero no creo que caiga esa breva. Será más bien que se me están pelando las zonas más sensibles de tanto lavarme las manos a todas horas, supongo. No hay crema hidratante que pueda con tanto jabón.

Mientras tanto mi superguarida se parece cada vez más a "Esta Casa es una ruina". Media vitrocerámica se declaró en huelga durante el confinamiento, los azulejos de la cocina también empezaron a despegarse como protesta al encierro (ya hay más de media pared gris cemento en vez de blanca baldosa) y esta mañana me he encontrado un charquito de agua delante de la puerta de la nevera. Espero que haya sido una polución nocturna como respuesta al estrés de la emergencia sanitaria y que sea una reacción temporal y no un daño permanente porque me veo capaz de pasar el verano sin cocinar nada a falta de lumbre, pero si tengo que beber agua calentorra porque no tengo donde enfriarla... que me lleve ya mismo la muerte, que no me merezco tanto sufrimiento.

Entre eso, la que está liando al coronamierda a nivel mundial, otro asteroide de estos que vienen amenazando, los residuos radioactivos de Suecia, los monos que se han hecho con el control de Tailandia y el día a día en general que es para mear y no echar gota, yo le diría a este año lo que le comentaban hace nada en Twitter:



O si es mucho pedir, por lo menos una cosa intermedia



Y para el año que viene, pues una propuesta de mínimos también, no está la cosa para ir con exigencias


Eso sí,  puestos a pensar en el futuro, si viene alguien de allí a avisarnos de algo, que avise bien, leche..


Y así está el patio, colegas. Ale, a pasar buena semana. Y por la sombra, bombones.


domingo, 21 de junio de 2020

Concentración que acontecimientos históricos planetarios

Esta noche se nos acumulan las citas importantes:

-En unos minutos empieza el verano, tradicionalmente uno de los grandes acontecimientos sociales del año pero como este 2020 está siendo más que movidito es un evento más soso que otras veces. Hemos tenido incendios radioactivos, erupciones volcánicas, una pandemia, un confinamiento que nos ha privado de la luz del sol y luego unos días de lluvia eterna que parecía esto el diluvio universal... muy fuerte tiene que entrar el estío para que nos sorprenda. Pero bueno, tal y como va la cosa no lo voy a decir muy alto a ver si encima se lo toma como un reto...

-Según el nuevo cálculo del calendario maya, mañana (o en poco minutos, más bien) se acaba el mundo y yo con estos pelos. Tal y como está yendo el año, la verdad es que seguiría la lógica argumental 2020, así que no lo descarto. Y además me alegro, mejor que la palmemos todos de golpe, porque con el caos coronavírico mi superguarida está más desordenada que nunca, es más fácil quemarla que arreglarla, ya os lo digo. Sólo de pensar que casco yo el peine primero y tiene que ir alguien a recoger mi casa paso tanta vergüenza que creo que me daría un soponcio al verlo, aunque fuera desde el otro mundo. Qué horror. Mejor todos a la vez, sí, donde va a parar.

-Mañana también empieza la tan esperada nueva normalidad, que tiene de normalidad lo que yo de sueca, es decir, más bien poco. Adiós estado de alarma, hola... no sé, la verdad, ni idea de lo que nos espera. Mascarillas, distancia social, playa por turnos, vacaciones no vacaciones, sustos continuos, brotes, rebrotes y la madre que los parió.

En fin, es lo que hay.

¡Vamos con todo!

miércoles, 10 de junio de 2020

Escribiendo en tiempos de coronavirus: Durante mi guardia no

No termino de ver clara la nueva normalidad. He estado pasando por las distintas fases sin aprovechar las ventajas, en parte porque tampoco me hacían especial ilusión y en parte porque no me fío. El sábado por fin me había decidido a tomar mi primera caña en una terraza y me rajé en el último momento. En parte porque me resulta absurdo y desmotivante hacer fila para beberme un granizado, en parte porque esperar le quita la mitad de la diversión a lo demás y en parte porque, insisto, no lo veo claro: ahí ni se respetan las distancias, ni se desinfecta nada de nada, ni les suena ni de lejos nada remotamente relacionado con la palabra seguridad: gente hablando a dos palmos, sin mascarillas para beber y comer...Que no que no, que no lo veo claro.

También es cierto que no son cosas en las que se me vaya la vida. Me cuesta más ir a ver a los Speedypadres y hablarles desde el rellano para estar segura de no llevarles el virus a su casa. Me cuesta más quedar con los SpeedySobris en el parque y darles dos palmaditas en el hombro en lugar del achuchón que me gustaría. Me cuesta más no volver al gimnasio, porque entrenar sola es una tortura aburridísima para la que empieza a faltarme fuerza de voluntad. Me cuesta más quedarme sin teatro y sin cine.

Me cuesta pero es lo que voy a seguir haciendo, aguantar el tirón, porque aunque a la mayoría ya se le ha olvidado el infierno coronavírico, esto no ha acabado. El coronamierda sigue ahí, esperando su momento para montarnos otro pifostio de mil pares de cojones. Y no vamos a resistir  un segundo round como el que está terminando ahora. El primero nos ha dejado más que tocados animica y económicamente. Como el bichillo nos de bien otra vez, nos tumba. Todo el mundo parece querer ignorarlo, pero esto es así y es así. Y lo sabéis.

Yo no soy sanitaria, ni ingeniera, ni trabajadora esencial, ni tengo ninguna habilidad que resulte mínimamente útil durante una pandemia, así que lo único que puedo aportar a la causa es no contagiarme para no contagiar. Y eso es lo que voy a intentar con todas mis fuerzas, como si me fuera (porque en realidad me va,  NOS va a todos de hecho) la vida en ello. Para dormir tranquila pensando que si hay un rebrote no será por mi culpa.

¿Quiero normalidad? Si, estoy harta de esta pesadilla y del surrealismo inacabable que ha traído este apocalipsis. Pero para poder volver a un futuro medio normal hay que llegar (todos, mayores y jóvenes) vivos a ese futuro. Y eso no se consigue poniéndole la alfombra roja al cabronazo este.

Así que, coronamierda, que te quede claro: si piensas volver a hacer de las tuyas no cuentes conmigo. Como dirían en "Algunos Hombres Buenos": durante mi guardia no.

domingo, 31 de mayo de 2020

Escribir en tiempos de coronavirus XX: La maldición coronavírica

Será un complot internacional, supongo, una oscura conspiración de poderes fácticos o un plan maquiavélico de vaya usted a saber quién pero no hay manera humana de mantenerme en forma, macho. Qué barbaridad, en serio, es que es imposible. Qué aburrimiento.

Después de toda una vida de pereza y procrastinación deportiva, hace no tanto por fin me iluminó la luz de la sensatez saludable y empecé a machacarme a tope en el gimnasio para cuidarme un poco. Cuando comenzaba a obtener los primeros resultados medio decentes, me dio el Jamacuco Supremo, pasé un tiempo en el hospital, luego estuve tocada algunos meses más sin poder hacer ejercicio y perdí toda la forma que había ganado. Oooootra vez a empezar desde cero.

Lo hice, no me quedó otra. Arranqué progresivamente al ritmo que mis músculos daban de sí hasta que llegué a meterme el mismo nivel de caña (o superior) de la era PreJamacuco Supremo. Estaba contenta, mi cuerpo se portaba, empezaba a sentirme fuerte otra vez. ¡Y ZAS! ¡Apocalipsis al canto!Confinamiento. Gimnasios que no reabren hasta la fase 1056. He hecho lo que he podido en casa y por mi cuenta, pero el puto bichillo se ha llevado mi forma física por delante. Oooootra vez.

No ha sido lo único con lo que ha arrasado el coronamierda, claro. Ha volatilizado en el aire planes, viajes, relaciones, vacaciones, curros. CURROS. Lo pondría en mayúsculas más grandes pero, dada mi trayectoria, a lo mejor esto último no es sólo mérito de este cabrito. Quizá es más una versión premium, ampliada y remasterizada de la maldición del primerizo que yo ya me traía puesta de casa desde ni se sabe.

De hecho, no voy a negar que en mis momentos más mierder he llegado a pensar que mi maldición estaba ganando fuerza y que ya tenía suficiente potencia para atraer pandemias globales. Ahí queda eso. Y como este apocalipsis nos ha hecho saltar la vida por los aires a todos, seguro que quien más y quién menos ha lamentado precisamente esto, ¿no? "Tenía que venir el coronamierda a hundir mi negocio, a hacerme perder mi casa, mi salud, mi familia" Es normal, cada uno repara en lo suyo. Cuando nos piden que nos imaginemos como una figura del belén todos respondemos que somos los Reyes Magos o la Virgen o alguno de los principales, pero nadie se ve como un paje o el caganet. Lo que quiero decir es que el origen de la maldición coronavírica está disputado, porque como este tsunami pandémico ha arrasado absolutamente con TODO, con eventos gigantescos que nunca se habían suspendido antes, hay gente que en el fondo de su mente le estará dando vueltas a movidas muy turbias.

-El deportista que lleva toda la vida entrenándose para ir a las Olimpiadas por primera vez y se las cancelan, ¿con qué cara se queda? ¿Seguro que no piensa "para una vez que voy yo se gafa"?

-Los que iban a participar en Eurovisión y pierden la oportunidad de actuar antes más millones de espectadores que en todos sus años de carrera, ¿cómo comen eso? ¿Cómo no pensar que les han echado el mal de ojo más potente de la historia de la música?

-Los que estaban haciendo su mejor temporada y a dos partidos de subir de categoría les han chapado la liga con los resultados anteriores a esos encuentros. Los que hacen cola en castings durante años para entrar en un programa de televisión que les lanzará al estrellato y no les dejan ni empezar una triste gira de conciertos. Los que este 2020 se estrenaban en los carnavales de Venecia, en la fiesta de la Cerveza, en los congresos de tecnología internacionales más punteros...

Todos ellos son firmes candidatos a ser el origen (o la víctima) de la Maldición Coronavírica, la putada sobrevenida más gigantesca de la historia reciente.

Choose your fighter.

sábado, 16 de mayo de 2020

Escribir en tiempos de coronavirus XIX: coronadecisiones de mierda

Supongo que sería hora de iniciar también la desescalada en este blog, ir dejando atrás la serie de entradas de coronavirus  y empezar a hablar de otra cosa. ¿Pero de qué? El puto bichillo sigue colapsándolo todo. Da igual que ahora pueda salir a hacer deporte o ir a un supermercado de otro barrio, cada minuto de mi día se dedica exclusivamente a una tarea: no contagiarme para no contagiar. Es lo único que me importa.Y da lo mismo lo que el gobierno me deje hacer o no. El problema no es si es legal, sino si es peligroso para los más vulnerables. Y desgraciadamente casi todo lo es.

No creo que nunca haya tenido que tomar decisiones de este calado, a vida o muerte. Porque podemos intentar matizarlo, relativizarlo o ignorarlo, pero SON a vida o muerte. En el grupo de WhatsApp familiar donde no están los SpeedyPadres el debate ahora es cuando les llevaremos a los nietos para que puedan verlos. Los dos son personas de alto riesgo, así que la única respuesta completamente segura a eso es NUNCA hasta que estén vacunados. O NUNCA  hasta que un test diga que los pequeños lo han pasado, ya están inmunizados y no contagian. ¿Y cuándo será eso? ¿A mitad de 2021? ¿En 2022? ¿Jamás?

Hay que ir recuperando la normalidad, estoy de acuerdo, pero el riesgo es el mismo. El puto bichillo sigue por ahí, a la caza y sigue siendo una bomba mortal para determinados colectivos. El debate en mi grupo de WhatsApp es el mismo que si estuviéramos decidiendo dejar salir de casa a mis padres habiendo un francotirador en su puerta o mantenerles encerrados indefinidamente. La cosa es que una escopeta recortada es más tangible, se ve mejor que un bicho microscópico y en ese caso no habría discusión.

Pero como el coronamierda este es invisible aquí estamos, discutiéndolo, decidiendo si dejar o no que los SpeedyPadres se enfrenten con la muerte. Hasta lo que yo sé, eso de decidir sobre la vida de alguien les tocaba a los emperadores en el circo romano. O a los presidentes de superpotencias nucleares que tienen acceso al botón rojo. La responsabilidad les va en el sueldo, supongo. No sé por qué cojones me toca hacer los mismo a mi de gratis y por whatsApp...

Putas coronadecisiones de mierda

domingo, 26 de abril de 2020

Escribir en tiempos de coronavirus XVII: ¡Aguantaaaaaaaaaaaaadddddddd!

Supongo que como todos, a estas alturas del confinamiento mi montaña rusa emocional está llegando a extremos difícilmente imaginables. A las doce de la mañana estoy lavando los tomates con Fairy porque esquivar al bichillo es mi única aportación útil para aplanar la puta curva del demonio y a las ocho de la tarde pienso seriamente en cortarme las venas porque no me veo capaz de soportar la que se nos viene encima después de esto. Me imagino que os suena el tema...

A esto se suma que a los guionistas de 2020 les debieron de decir que el año estaba teniendo poca audiencia y le están metiendo de todo a ver si la reflotan. La peor pandemia de los últimos siglos no les parecía suficiente, así que están añadiendo incendios radioactivos, volcanes que despiertan y no me sorprendería que a la semana que viene tengamos tsunamis, porque claro, hace falta algo más de emoción.

Total, que cuando ya no puedo más intento agarrarme con uñas y dientes a la única verdad innegable de este apocalipsis del averno: que nadie sabe nada. NA-DIE. No se sabe como se contagia el cabronazo del bicho. No se sabe a qué órganos ataca más ni qué fármacos funcionan. No se sabe de qué depende que afecte de forma grave o leve. No se sabe si los infectados desarrollan inmunidad. No se sabe si se podrá encontrar una vacuna. No se sabe cuanto más tendremos que estar en cuarentena,

No se sabe qué pifostio económico nos va a quedar después del confinamiento terapéutico. No se sabe como tendrán que cambiar los sistemas productivos y las relaciones económicas entre países. No se sabe quiénes saldrán más perjudicados y quién conseguirá aprovecharse de que a río revuelto, ganancia de pescadores. No se sabe el panorama político mundial que surgirá tras este terremoto.

NADIE sabe NADA. Es la única verdad innegable que sabemos con seguridad. Así que yo me limito a esperar a que el partido acabe y recordar la mejor definición de suerte que se puede dar. La que contaban tan bien en esa preciosidad de serie que era Doctor en Alaska




Y ya sé que nos morimos de ganas de salir porque como gracia ya ha valido. Pero hay que aguantar un poco más para no tirar por las borda todo lo conseguido hasta ahora. Hay que aguantaaaaaaaaaarrrrrrrrrrr. Si no me hacéis caso a mi, hacedle caso a Máximo Meridio que es más guapo que yo y lo dice con más gracia en el minuto 1:40.

¡¡JUNTOS, AGUANTAD, QUIETOS!!





Ya estamos más cerca del final, un día más, un día menos

Yes, we can. De verdad.

jueves, 23 de abril de 2020

Escribir en tiempos de coronavirus XVI: despedidas

Con todo esto del Apocalipsis Pandémico no había caído en que a lo mejor no te voy a volver a ver. Casi seguro que no, de hecho. Y no lo había ni pensado. Hombre, muy al principio, en una de esas listas de consejos psicológicos para sobrellevar la cuarentena leí "aprovecha el confinamiento para acabar tareas pendientes" y sí que se me ocurrió que era un buen momento para pasar el "mono" de ti, dado que por imperativo legal no íbamos a coincidir en el espacio-tiempo. Como quien aprovecha para dejar de fumar, vaya. Y me pareció hasta bien, porque la idea esa ya me rondaba y lo que me faltaba era fuerza de voluntad para implementar el cambio, así que no me venía mal que me obligaran. Pero la verdad, no pensé que era definitivo. Creía que me iba a desenganchar y que luego te seguiría viendo pero ya en plan persona normal y no yonki en rehabilitación.

Con tanto drama, caos y el puto bichillo dando por culo no había vuelto a reparar en ello y ahora que me ha venido a la cabeza compruebo que sí que he pasado el mono, que ya estoy rehabilitada pero que no creo que volvamos a vernos. Cuando salgamos el mundo estará patas arriba, tu y yo bastante tendremos con mantenernos a flote y veo difícil que la vida nos vuelva a reunir, la verdad. Y me da muchísima pena porque no he podido decirte adiós.

Ni siquiera sé si tú y los tuyos os habéis librado del cabronazo este. Tú supongo que sí, eres fuerte como un roble. Aunque, bueno, con esto del confinamiento estarás a punto de cortarte las venas, como si lo viera, porque menudo culo inquieto estás hecho... Te imagino aprovechando cada centímetro de tu casa para hacer ejercicio. ¡La de inventos surrealistas que te habrás sacado de la manga para entrenar! Creatividad al poder.

Te visualizo quejándote y a la vez bastante sereno porque si hay algo que envidio más que tu potencia física es tu fortaleza mental. Tienes una resistencia al sufrimiento y una capacidad de autosuperación titánicas y eso, con el marrón que tenemos encima, es un tesoro. Estarás resignado, yo creo, con tu cara de "qué se le va a hacer" mientras inventas soluciones y buscas alternativas para el futuro. ¿Sabes eso que no te iba a dar tiempo a acabar en junio por tu agenda imposible? Ya lo habrás finiquitado, fijo. Como si te viera por un agujerito...

Ojalá estés bien. Y ojalá nos encontremos un día por la calle, cuando el puto bichillo se haya ido a tomar por culo y salir a pasear nos parezca otra vez lo más normal del mundo. Ojalá nos topemos para despedirnos o para reencontrarnos.

Ojalá

miércoles, 15 de abril de 2020

Escribir en tiempos de coronavirus XIV: el pico de la curva de la histeria

Hoy, por fin, he llegado al pico de mi particular curva de confinamiento, un punto crítico, una fecha clave que marcará un antes y un después en mi encierro.

Españoles: hoy me he vestido.

Ovación cerrada, que sólo me ha costado un mes. ¡Aleluya, hermanos!

Bueno, a ver, tampoco hasta ahora iba en pijama, ¿eh? No he aplicado un ERTE entre mis sujetadores, pero tampoco he salido en ningún momento de mi zona de confort (nunca mejor dicho) de chándal, mallas y sucedáneos. La excusa era que en algún momento del día iba a hacer deporte y que cambiarse pa'ná es tontería. Pero vaya, que excusas aparte, chándal computa como pijama aquí y en Lima, no hay nada que debatir.

Mi dejadez estética está bastante ligada a que, con pandemia o sin ella, el cuidado de mi imagen no está muy arriba en mi escala de prioridades pero también a que pienso demasiado a menudo que vamos a morir todos, de coronavirus, de hambre o en la Guerra Mundial que al final traerá este movidón. Y chico, si esto es el Apocalipsis, qué más dará lo que lleves puesto...

Mi YO racional intentó al principio ignorar y aislar a mi YO histérico, pero los pensamientos negativos se diseminan rápidamente y ya hay contagio intracomunitario, así que no ha quedado más remedio que rendirse, keep calm y tratar de aplanar la curva de la histeria. Y en ello estamos, pasito a pasito:

-Primero comencé a  extremar las medidas de higiene mental y reducir el contacto con la información sobre el bicho. No lo he conseguido del todo en cantidad, pero sí en calidad: sigo leyendo todo el día del tema, pero cosas menos dañinas, lo que aminora considerablemente la carga viral. Algo es algo.

-La segunda fase contemplaba medidas capilares para explorar si hay vida más allá de la coleta de caballo. Las primeras experimentos con la plancha parecen apuntar a que es así y que sería posible andar por mi superguarida sin parecer una paciente recién fugada de una institución psiquiátrica.

-A tenor de los resultados, me he atrevido a iniciar una desescalada de la distancia social con algunas prendas de mi armario. Hasta ahora sólo había salido del confinamiento mallas, chandals y algún vaquero para las expediciones al super, pero hoy le he dado la oportunidad a unos pitillos y una chaqueta. Y en un arranque de optimismo pienso ponerme tacones para salir a aplaudir al balcón. Me los voy a quitar en cuanto acabe, claro, soy optimista pero no estoy loca.

-Los siguientes pasos del plan contemplan pintarme los labios con el color más estridente que tenga y continuar en sucesivas jornadas con otras áreas de la cara, pero como diría Fernando Simón, hay que ser muy prudentes porque los datos no son aún definitivos y no conviene extraer conclusiones precipitadas.

Parafraseando a todos los expertos, no hay que darle importancia a las cifras diarias, sino constatar una tendencia. Y la tendencia es que mi curva de la histeria se está aplanando y que confío en que pronto comience a descender.

Ojalá.

lunes, 13 de abril de 2020

Escribir en tiempos de coronavirus XIII: INMUNIZADOS, los nuevos superhéroes

Por ahora estoy teniendo una suerte gigante con el puto bichillo que de momento (cruzo los dedos) está pasando de largo de mi familia y amigos. A los pocos que ha visitado lo ha hecho levemente y sin estridencias, así que todavía puedo hablar con ellos en modo coña. Y a todos les digo lo mismo: que son unos privilegiados porque cuando hayan mandado a tomar por culo al maldito bastardo estarán inmunizados lo que, en el mundo postpandemia, será como tener superpoderes.

Viniendo de una saga superheroica como la mía, comprenderéis que si de algo entiendo es de tener capacidades extraordinarias. A los que le den pal'pelo al bichillo les llamarán LOS INMUNIZADOS (alias poco original pero sin duda de la misma contundencia que LOS INMORTALES) y bueno, van a ser los reyes del mambo, amiguis. Para empezar irán por la calle sin miedo, porque ellos tienen un escudo para un virus contra el que la supervelocidad y la superfuerza de algunos de mis compas de gremio no sirven de nada. Serán los primeros que puedan volver a currar y seguramente los primeros a los que dejen salir sin causa de extrema necesidad. Ríete tú de los privilegiados que hasta ahora sacaban a pasear al perro, van a parecer unos pringados a su lado.

Y eso en cuanto a lo estrictamente sanitario, pero este maldito bastardo trae de regalo, dos por uno, un bofetón económico que lo vamos a flipar en colores. La que se nos viene encima a todos es de agárrate y no te menees. ¿A todos? Bueno, no, aquí también va a haber unos cuantos privilegiados a los que esto les ha pillado en medio, tienen mogollón de curro y se están haciendo de oro.Voy a excluir de esta clasificación a los infraseres que especulan con material sanitario pidiendo precios estratosféricos por artículos necesarios en todo el mundo para salvar vidas porque no creo que se les pueda calificar ni de humanos y me dan ganas de vomitar. No me refiero a estos hijos de la grandísima puta, sino a la gente que se dedicaba a una actividad tan necesaria que ni el virus ha podido pararla o que ha tenido posibilidad de adaptarla al confinamiento o de convertirse en una forma de hacer la cuarentena más soportable. Hay ganadores claros, desde luego:

-El jefazo de Mercamola, que no se ha visto en una así en su vida desde que se desató la histeria del papel higiénico y sucedáneos.

-Fabricantes de harina, levadura e ingredientes varios de repostería casera o, usando el término técnico, salvavidas de padres que ya no saben como entretener a sus pequeños.

-Productores de desinfectantes, jabón y alcohol, porque, quién se lo iba a decir a ellos, en realidad fabricaban armas contra el virus. Eran industria bélica y ellos sin saberlo.

-Marcas de alcohol del otro, del de "después de un copazo la vida se ve de otro color y la cuarentena es menos cuarentena".

-El jefazo de Netflix y plataformas parecidas de ocio audiovisual. Otros que tal bailan. Ni me voy a molestar en explicarlo porque sabéis que el encierro pandémico sin series y pelis acabaría pronto: saldríamos a las ocho a aplaudir al balcón y luego nos tiraríamos para no soportar más el sufrimiento.

-Internet y los que saben como arreglarlo si se rompe. Fundamentalmente porque sin Internet no hay Netflix ni porno y luego ya si eso por lo del teletrabajo, la enseñanza on-line y demás. Si, estoooo, por eso también, claro, claro.

Esos van a salir  de esta pandemia como forzudos de circo o el primo de Zumosol y ya si luego les viene un tortazo económico lo van a encajar con más soltura. Quién estuviera en su equipo, oye...

sábado, 11 de abril de 2020

Escribir en tiempos de coronavirus XII: escudo sonoro

Llevo intentado escribir algo desde ayer, pero estaba metidísima en el pico máximo de la curva de la ansiedad y no levantaba cabeza: que si la mayor recesión económica desde la Segunda Guerra Mundial, que si los medianamente buenos datos del puto bichillo se van a chafar el próximo supermartes cuando se notifiquen todos los casos que se han quedado en el tintero desde Semana Santa, que si el lunes vuelven a currar los no esenciales y ya verás como volvemos a las andadas... Casi no podía ni respirar. Conseguí dormirme pensando que por la mañana lo vería todo de otra manera y lo primero que me encuentro en cuanto abro el ojo es que los volcanes se han sumado a la fiesta apocalíptica de 2020. ¡Claro que sí! Desde luego el año no está escatimando en presupuesto, ¿eh? ¡JODO PETACA!



Total que iba lanzada como un misil a introducirme y bucear en el más espeso fango del desánimo cuando me ha interceptado este salvavidas. Lo he escuchado en la radio, de casualidad. No conocía la canción, no conozco al grupo y me da igual si son buenos, malos o regulares, si me caerían bien o mal o si el resto de sus trabajos me gustarían. No lo sé y me da lo mismo. Lo único que me importa es que la música es mágica y que ha utilizado este tema como medio para obrar el milagro de parar en seco mi ansiedad y mi angustia. No sé ni cómo ni por qué, pero esta curva sí la ha conseguido frenar. No es la curva más importante, pero es mi curva y por algo se empieza. Os la dejo por aquí por si alguien también tiene un día de mierda y necesita con urgencia un escudo sonoro. Ojalá os sirva.


martes, 7 de abril de 2020

Escribir en tiempos de coronavirus XI: pensamientos random

En este confinamiento no me está dando tiempo a hacer nada útil porque me paso todo el rato pensando. Pensando sobre lo que entiendo de lo que ocurre. Sobre lo muchísimo que no entiendo de lo que pasa. Sobre lo que me temo que nos espera. Sobre lo que ni sospecho de lo que nos queda por delante y que por eso mismo me aterroriza. Sobre lo que significan ciertos comportamientos. Sobre lo que implican algunos silencios.

Pienso un montón y  no tengo a quien contárselo porque paso el confinamiento sola, porque en la Speedyfamily somos tantos que las videollamadas son el caos absoluto y porque mucho de lo que pienso es tan triste que en realidad me parece mejor no compartirlo para no minar la moral. Pero bueno, como este blog me lo tomo en plan terapia, a vosotros os ha tocado, lo siento. Vamos allá.

-Pienso que me enorgullece vivir en un país que ni se plantea dejar morir a sus mayores por su edad. Que lo da todo por salvar a todos los que se pueda, jóvenes o viejos, cueste el dinero que cueste (no como otros)

-Pienso que me entristece y me preocupa un montón vivir en un país en el que la ideología ciega hasta tal punto que se justifica cualquier cosa siempre que lo hayan dicho o hecho "los tuyos". Que se silencian errores evidentes sólo porque los ha cometido tal y no cual y que se comprenden deslealtades peligrosas en momentos cruciales sólo porque vienen de unos y no de otros. Me preocupa porque nunca seremos una democracia sana si la gente vota CEGADA por unas creencias previas. No debería ser así: ocurren unos hechos, hay una determinadas reacciones y a partir de eso juzgas si son acertadas o no y decides tu voto. Llevarlo ya decidido de antes pase lo que pase es ser una marioneta de otros.

-Pienso en que mucha gente está agobiada porque teletrabajar con niños en casa es misión casi imposible (y tienen toda la razón) pero que en su agobio no se paran a pensar que ellos por lo menos pueden teletrabajar. Y que quizás eso signifique que cuando esto acabe serán de los pocos privilegiados que conserven su trabajo. Porque muchos de los que no tienen la posibilidad de currar a distancia no están disfrutando de una felices vacaciones, sino temiendo a todas horas que no tendrán curro al que volver cuando esto pase.

-Pienso en las escalas del drama. En que a cada uno nos preocupa lo nuestro, como es normal. En gente cabreada porque ha tenido que devolver sus entradas para musicales de Broadway, en familias desasosegadas porque no pueden planificar sus vacaciones de verano y en padres al borde del colapso porque no saben si sus hijos tendrán algo que comer el mes que viene.

-Pienso en que incluso las cosas pequeñas reflejan la magnitud de lo que ocurre. En que hay personas que deciden pagar la cuota de abril de su gimnasio tratando de poner su granito de arena y ayudar a que no despidan a monitores, que después de muchas horas de sudor y esfuerzo, son casi amigos Y que nada más pagarlo piensan que en mayo casi seguro que no tendrán dinero en la cuenta para el próximo recibo y que no les quedará otra que devolverlo, pero que ya cruzaremos ese puente cuando lleguemos a ese río.

-Pienso en que estar sola a veces se hace duro, pero que la tranquilidad de tener la absoluta certeza de no estar contagiando a nadie no se paga con dinero.

-Pienso que estos días grises y lluviosos no ayudan nada a mantener el ánimo y luego pienso que sería peor si hiciera sol y no pudiéramos salir a disfrutarlo porque aún resultaría más duro quedarse en casa. Pero por lo menos haría sol.

-Pienso que yo que sé ya...

domingo, 5 de abril de 2020

Escribir en tiempos de coronavirus X: elipsis narrativa

No es ningún secreto por aquí que me gustan los finales felices. En pelis, en libros, en la vida... donde sea. Me da igual que la tragedia presente más posibilidades artísticas, que tenga más verdad y bla, bla, bla. Yo me meto mucho en la ficción y sufro con los protagonistas como si lo que les ocurre fuera real y convendréis conmigo en que, tal y como está el panorama, bastante sufrimiento hay ya en la vida en 3D como para añadirle más. Con pandemias mundiales o sin ellas.

Por eso me encantan los recursos literarios o cinematográficos que contribuyen a mi tranquilidad como lectora /espectadora. Que la prota de Titanic cuente en primera persona el hundimiento del barco implica que sobrevivió, así que la acompaño con menos angustia en sus casi 3 horas de peripecias a pesar de pensar, como todos, que Jack cabía en la tabla. Que un libro comience con "el mundo cambió después de aquello" quiere decir que, de algún modo, la vida se abrió camino y hubo un "después", mejor, peor o diferente, pero que lo hubo. Y con esa esperanza final, ya estoy preparada para leer lo que venga.

Ahora querría que el guionista de la vida hiciera una elipsis narrativa. Que pudiéramos saltarnos el horror que estamos viviendo y todo lo que nos espera y comprobar que, de la forma que sea, salimos adelante. Que lo superamos. Y ya si después de saber eso tenemos que volver atrás y enfrentarnos a lo que sea, pues se hace con otro ánimo, con el convencimiento de que todo va a salir bien. O lo mejor posible, al menos.

Y es que yo estoy cagada de miedo, ooootra vez. Procuro recordar que he tenido miedo antes y que al final logré tirar pa'lante porque, mira, aquí estamos. Pero para muchos momentos eso no es suficiente consuelo así que, por favor, si alguien tiene el botón de Fast Forward, que lo pulse. ¡¡YA!!