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miércoles, 26 de mayo de 2021

Incursiones en terreno inexplorado

Los SpeedySobris crecen a marchas forzadas y como es lógico y natural conforme se introducen en la infernal locura de la adolescencia y se alejan de la infancia también se alejan un poco de todos. También de mi, claro. Es parte del proceso, es natural, sano, transitorio y cambiará cuando salgan de esa tormenta hormonal y lleguen a buen puerto, pero me da pena, la verdad. Es triste no poder llegar a ellos como antes lo lograba simplemente jugando al escondite o saltando olas o robando galletas saladas de la despensa de SpeedyDad. Así que, aunque sé que es tarea casi imposible, trato de buscar maneras de acercarme a su mundo.

Y para eso tengo que entender lo que lo conforma, sus gustos, sus inquietudes, lo que les divierte, que, como podéis sospechar, no se parece mucho a lo que me entretiene a mi. Así que estoy haciendo el esfuerzo para conocer, al menos por encima, sus aficiones. Lo que a veces se hace duro, sinceramente.

Con Tik Tok ya me he rendido. De verdad que no me puedo explicar como les divierte tanto. Traté de aguantar un poco porque me acuerdo que en el albor de los tiempos yo también odiaba Twitter y ahora me encanta, así que hice varios intentos con la otra red social por si la clave era aguantar el tirón. Pero como si quieres arroz Catalina. No me va, no le cojo el punto y con ello pierdo un millón de toneladas de materia conversacional adolescente.

Con los youtubers me ha ido algo mejor. Soportando un bombardeo inicial de estúpidos absolutos y memeces gigantescas he terminado dando con algunos que me gustan, con canales realmente interesantes y con vídeos muy muy muy bien hechos. El 90% de los que a ellos les van a mi no, claro, pero por lo menos entiendo el funcionamiento, el lenguaje que comparten. Como pasaba un poco con los blogs en su día, que cada uno tenía su estilo, sus formas, pero había como un sustrato común, como un tono, que sólo se entendía si blogueabas. Pues un poco lo mismo, conozco ese idioma común, no les oigo hablar chino. Menos es nada.

Twitch me cuesta, pero por lo menos entiendo su utilidad para un montón de asuntos, no tanto para los videojuegos de les encantan a ellos, pero sí para otras cosas. En esto, como no tengo tanto tiempo para ver streaming, les utilizo básicamente de oráculo, para preguntarles todas las dudas de como funciona el tema, técnicamente. Y algunos SpeedySobris, futuros grandes frikis, disfrutan a tope explicándome todo lo que saben.

Los videojuegos y la música (regueton, trap y variantes) lo dejo por imposible, no puedo, es superior a mi. Trato de recordar el nombre de los cantantes que más les gustan, pero siempre se me olvidan porque son todos como iguales, ¿no? O seré yo que no estoy en la onda, que también puede ser.

Y lo que estoy deseando es que lleguen (que espero que llegarán) a la etapa de la pasión por las novelas juveniles, que, por fin, es mi terreno. Algunas (muchas) aún me gustan (a ver, que hace dos días me leí Fangirl del tirón, con eso os lo digo todo) y las que ya me quedan lejos todavía puedo soportarlas con un paraguas de ternura. Ahí tengo cosas que aportar, emociones que compartir y sugerencias que hacer. De hecho, visualizo perfectamente la conversación sobre el libro de turno.

-¡Que no eres team Peter! Pero, pero, pero , ¿¿¡¡POR QUÉ!!?? ¡¡Si es un amooorrr!!

Como si lo viera...

jueves, 28 de diciembre de 2017

Un milagro navideño-teatrero

A ver si consigo contaros bien esto, porque estos días he vivido un milagro navideño de los molones molones. Y para que entendáis la magnitud del asunto tengo que poneros en antecedentes.

Los que pasáis por aquí de vez en cuando sabéis que me encanta el teatro y que pienso que es pura magia porque al final, no se sabe por qué ni cómo, por mal que vayan los ensayos, todo termina saliendo bien. Inexplicablemente.

Los lectores habituales también sabéis que yo tengo una tropa de Speedysobris de tamaño considerable. Entre ellos los hay de muy distintas edades. Con algunos aún puedo jugar al pilla pilla y a saltar olas en la playa, pero otros se están adentrando ya en el tortuoso camino hacia la madurez. Y están en la parte más chunga del sendero, en el momento en que no eres ni niño ni adulto, en el que no entiendes nada de lo que te pasa ni de lo que sientes, en el que odias el 90% del tiempo al 90% de la humanidad. Son adolescentes.

No es que sean  malos chavales, todo sea dicho, pero tienen un pavo encima que ni el de la comida de Navidad, lo que se traduce en languidez, pocas ganas de nada que no tenga que ver con ordenador o móvil y capacidad comunicativa escasa tirando a nula. Muy nula, diría yo. Como son chicos majetes los pobres intentan contarme cosas, pero no saben como y no les sale natural, así que de un tiempo a esta parte, me cuesta un mundo llegar a ellos.

Y aquí es, precisamente, donde viene lo del MILAGRO que os decía. Y es que en Nochebuena, aún no sé muy bien cómo porque el móvil tenía batería y la wifi funcionaba, terminamos organizando juegos antes de la cena. Como no teníamos ni cartas ni nada preparado, se me ocurrió explicarles unadinámica de improvisación teatral, parecida a los que ya os he contado por aquí y a los que hemos jugado en el blog alguna que otra vez. Una apuesta arriesgada (ya lo sé) que no pudo salir mejor.

En cuanto calentaron y le cogieron el truquillo, apareció la magia. Se les ocurrieron unas ideas geniales con las que estuvimos parténdonos la caja, literal, más de dos horas. Me sorprendieron (y se sorprendieron a ellos mismos) con su creatividad, con su agilidad mental, con su rapidez de reflejos. Me dejaron ojiplática con su humor y la capacidad de reírse de sí mismos. Me quedé flipada con su imaginación y lo deprisa que pillaron la forma de pensar de la impro, que no es precisamente fácil. Una pasada. Hacía mucho que no me reía tanto y tan a gusto. Aún tengo agujetas en los abdominales de las carcajadas.

Y entonces... se obró el milagro.

Conectamos.

Sí... conectar. Es la palabra que mejor lo define, yo creo. Después de algún tiempo sin esa complicidad que tenía con ellos de pequeños, sin esa energía invisible que hace que te entiendas con otros sin palabras, esa noche, conectamos. Sentí que me acerqué a ellos, a sus inquietudes, a sus miedos, a sus ilusiones, que se colaron en algunas de sus escenas sin que ellos se dieran cuenta. Noté que han cambiado, pero que en alguna parte de su caótica mente a medio formar aún están esos niños que fueron hace no tanto y que ahora parecen tener tanta prisa en dejar atrás. Percibí claramente el cariño que ahora les cuesta mostrar por el torbellino de sentimientos confusos que les provoca la pavez extrema. Les entendí un poco más. Y lo que es aún más increíble, creo que ellos también me entendieron un poco a mí.

-Tía, ¿haces estos juegos en teatro? Pues no me extraña que te guste tanto...

Incluso con lo tímidos que son, les veo dentro de nada encima de un escenario.

Es un milagro navideño.

sábado, 6 de agosto de 2016

Sobrinismo extremo

He pasado ya el ecuador de mis merecidísimas vacaciones. Voy a dejar a un lado el gigantesco peso dramático que encierra la idea de que ya me quedan pocos días libres más y voy a hacer un balance provisional.

Lo primero y principal a resaltar es que sigo viva. Este punto es reseñable porque llevo casi 15 días inmersa en infinitas jornadas de sobrinismo extremo que a punto han estado de acabar conmigo. Quien tenga sobrinos (en mi caso unos cuantos) sabe de lo que hablo. Yo no sé que esperan las autoridades para declarar el cuidado de pequeños superhéroes como deporte olímpico. Si se hubieran dado más prisa ahora mismo estaría en Río luchando por mantener alto el nivel de medallas de oro del equipo español. Tiembla, Nadal.

Y menos risitas irónicas de esos padrazos y madrazas que me leen desde el otro lado de la pantalla tomándome por una floja, que no es lo mismo ser progenitor/a que tío/a. Los que habéis dado la vida a vuestros churumbeles tenéis la autoridad de vuestra parte, podéis imponeros (o al menos intentarlo). Los que somos cuidadores temporales no contamos con esa arma. A mi, en concreto, mis adorables sobrinos me toman por el pito del sereno lo que convierte tareas teóricamente sencillas y rápidas como ponerse los zapatos en infinitas torturas chinas. In-fi-ni-tas. Y claro, de ahí la complicación.

Y a ello se suman inesperadas actividades que nunca habrías imaginado abordar en un día normal. Por ejemplo dejarte los pulmones en inflar un cocodrilo que en contra de la costumbre de sus congéneres va a ser un  buen aliado contra las olas. O perseguir a unos speedysobris para que salgan del agua antes de que les crezcan escamas y a otros para que pierdan el miedo y se metan de una vez. O jugar al Uno. La Escoba y Burro hasta que te duelan las manos. O esquivar millones de balonazos sentada en un banco mientras esperas el gol del desempate del emocionantísimo partido de unos diminutos futbolistas. O escalar la tira de árboles y tapias para recuperar pelotas colgadas por inexpertos lanzadores al otro lado de la valla y que eso ni siquiera sirva para conocer y trabar una conveniente amistad con el vecino de al lado, el que tiene en el jardín esa piscina tan enorme. Qué penita.

Así que. tras sobrevivir a este periodo de sobrinismo extremo es hora de cambiar el chip y dedicarme a un quehacer no menos emocionante dadas mis conocidas y notables habilidades físicas para los deportes: un curso de surf. Queridos lectores, en ná y menos me voy a cabalgar las olas unos días. Y ya os contaré, ya, porque me temo que esto va a tener un post. O dos...



viernes, 27 de diciembre de 2013

Navidades espídicas

Estas navidades han sido medio-espídicas y doble-espídicas a la vez. Lo de medio es porque no las he pasado en Speedytown ni rodeada de speedicos y porque no he estado con la Speedyfamily al completo. Lo de doble lo digo por la rapidez, dado que lo mío en estas fiestas ha sido llegar, tocar chufa y tener que volverme a currar a Speedytown. Qué le vamos a hacer.

Aún así, por cortas que sean, una navidades en mi casa son puro caos y ha habido tiempo para todo:

-Para ver "Tintin y el secreto del Unicornio" en pantalla grande y pasarte la película explicando qué es un cleptómano, como son los carteristas y qué significa estar sobrio.

-Para poner "sumas difíciles" a petición de un pequeño interesado y que luego ese mismo interesado, futuro genio de las matemáticas, te pregunte: "¿Después del 10 qué número va?"

 -Para asistir a lo que parecía el ensayo general de La Voz en versión mini y que una decidida aspirante, subida a una cama y utilizando un boli a modo de micrófono, te suelte: "Iba a cantarte el último villancico que he aprendido, pero no sé si entiendes inglés". Pues hombre, por mi bien, espero que un poco más que tú, porque si no, mal voy.

-Para encontrar trozos de polvorón debajo del árbol de Navidad entre los regalos que se supone que nadie debería haber tocado todavía y pensar: "Elemental, querido Watson, hay unos pequeños alifanfarrones revolviendo los paquetes navideños".

-Y para hacerte la listilla en una pista de hielo y decirle a dos pequeñas estrellas del patinaje en potencia que es imposible patinar sin pegarse unas cuantas leches, que patinar, como vivir, es caerse y volverse a levantar y que, por eso, lo más importante es aprender a aterrizar cuanto antes. Que cuando notas que estás perdiendo el equilibrio, lo peor que puedes hacer es asustarte, que hay que intentar mantener la calma y adoptar una postura que te ayude a suavizar el guarrazo. Que siempre, SIEMPRE, hay una forma de que la caída duela menos.

Y que si ya estás en el suelo, aquí tienes mi mano para ponerte de pie otra vez.

lunes, 29 de julio de 2013

De vuelta

De esto que estás tan tranquila combatiendo como puedes el calorón del verano que no iba a haber y de repente, cuando menos te lo esperas, te ves metida en una convención de speedysobris. Una de las grandes, de las de locura total. Y tu vida se llena de:

-¿Esta chancla es la del pie derecho o izquierdo?
-¡No quiero comer más verduras!
-¡Mira cómo buceo!
-¿A qué jugamos?
-¿Te levantas ya, tía? Son las siete de la mañana...
-¿Me abrochas los zapatos?
-Nooooooo, yo no quiero llevar la tabla a la playa, ¡quiero la colchoneta!
-¿A qué jugamos?
-Pienso un animal y vosotros lo tenéis que adivinar
-¡Mamá, J no me deja las piezas de las construcciones!
-¿Quién tiene el cubo verde?
-¿Habéis hecho pis? ¿Seguro?
-¿A qué jugamos?

Y todo el rato así. 15 días de vacaciones y no he podido ni terminarme un libro, con eso os lo digo todo. Y ahora vuelta a la cruda realidad. ¡¡¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOO!!!!

viernes, 19 de julio de 2013

Tsunamis regalísticos

La Speedyfamily es grande y numerosa. Esto tiene algunas cosas buenas, como la gestión de crisis y otras cuantas malísimas, como la avalancha de regalos. Y precisamente ahora que estoy metida en uno de estos inmensos aludes, es un buen momento para contaros lo que son.

"Sicilia, 1948..." Que nooooo , tranquilos, no voy a soltaros las historietas de Sofía, de Las Chicas de Oro. Sólo os diré que muchos de los miembros de la Speedyfamily tuvieron en su día la mala idea de nacer en fechas próximas entre sí en el calendario, lo que provoca que, en la actualidad, la celebración de cumpleaños y la consecuente compra de regalos, se amontonen en pocas semanas y se produzcan auténticos tsunamis regalísticos que acaban con la economía y la paciencia de cualquiera.

Uno de estos tsunamis se produce cada año cerca de Navidad y sus consecuencias arrolladoras se unen a los efectos de la fiebre compradora patrocinada por Papa Noel y los Reyes Magos. Como será, que cada vez que me acuerdo me entran ganas hasta de llorar, aunque no tantas como las que tengo cuando pienso la que se me viene encima los próximos días. Y es que la otra gran avalancha de regalos llega en verano y, contra lo que pudiera parecer, no es menos dolorosa que la de invierno. Tiemblo por mis huesitos.

Si os digo la verdad, ni sé el número de regalos de cumpleaños que tengo que comprar en total, porque prefiero no pensarlo detenidamente para no asustarme. Lo que sé es que son muchos. Muchísimos. En cada uno de ellos hay que aplicar a full el arte de regalar: recuerda qué le regalaste el año pasado para no repetir, piensa algo que le haga ilusión y que no tenga ya, sal a comprarlo, encuéntralo, que se ajuste a tu presupuesto... el horror elevado a la enésima potencia y multiplicado por un número de regalos que tiende a infinito. El HO-RROR.

Pero es que el sufrimiento no acaba allí, porque si son muchos a los que hay que regalar, todavía son más los que regalan y esto añade al tema competitividad y confusión. Hay que ponerse de acuerdo entre unos y otros para no comprar todos lo mismo al homenajeado y estar rápido para que nadie te quite la idea, le compre antes que tú el regalo que habías pensado y te toque pensar otra cosa. Y en estos asuntos no hay que fiarse de nadie, que luego te encuentras con muchos como Speedymum con cara de no haber roto un plato en su vida y que como te despistes, te birla la idea. Y parecía tonta cuando la cambiamos por el burro, ¿sabes?

Total, que por si no fuera suficiente lío este tsunami regalístico, la cosa se ha complicado más con las últimas tendencias asociativas que reinan en la familia. Es verdad que la idea de base no está mal: juntar dinero entre varios para comprar menos regalos cada uno, pero mejores. El problema es que para asociarse, hay que entenderse, lo cual no es el punto fuerte de la Speedyfamily. Entre que yo sigo siendo la única española sin Whats App y que la especialidad de la familia es el teléfono roto, las negociaciones trascurren tal que así:

-¿Entonces a L le compramos la tienda de campaña?
-No, ¿no? Era el kashisabi ese.
-¿El qué?
-No sé si se dice así, el teatrillo ese para contar cuentos.
-Dudo mucho que ese sea el nombre y en todo caso eso era para E.
-¡Qué va, si E. quería una cosa para hacer álbumes de fotos!
-Mira que me extraña, teniendo en cuenta que E es un bebé que tres meses que no sabe hablar, andar y mucho menos hacer manualidades.
-Ah, no, yo decía E. madre
-Pero, ¿te acabas de levantar de la siesta o qué? La madre de E. es C.
-Ya, ya, pero que yo no me refería a la madre de E, sino la madre de L., que es E.
-¿Lo qué? Bueno, da igual, el caso es que ella había pedido una toalla de playa.
-Estoooooooo, no, la toalla es para mí.
-Ahhhhhhhh

Y todo el rato así. Imaginaos mi sufrimiento. Por cierto, si alguien tiene ideas de regalos buenos, bonitos y baratos, se admiten sugerencias. Que buena falta me hacen.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Caos hospitalario

Speedydad ha estado últimamente en el taller de reparación. Esta vez no ha sido gran cosa, pero como ya nos tiene medio acostumbrados a estos sustillos, el engranaje de soporte familiar ante crisis hospitalarias está perfectamente engrasado y la speedyfamily da respuesta rápida (que no siempre eficaz) a las emergencias médicas. Así que un plis estábamos allí todos, evaluando la situación.

Lo bueno de ser muchos es que siempre estás medio tranquilo porque, por más que se tuerza la cosa, siempre habrá alguien para echar una mano. Y es que ya se sabe que el trabajo de superhéroe es como es y los asteroides que amenazan con chocar contra la Tierra y destruirla no respetan ni emergencias familiares ni leches en vinagre. Y oye, siendo tantos, por lo menos, si la crisis hospitalaria te pilla defendiendo a la humanidad, no te preocupas porque seguro que alguien puede sustituirte.

Lo malo de que la speedyfamily sea tan grande es que, si normalmente ya estamos siempre inmersos en el caos absoluto, en los hospitales ese caos se eleva al cuadrado y ya hay forma humana de enterarse. Para colmo, la cosa ha empeorado desde que soy la única española sin whatsapp en el móvil, porque el resto de mi familia se dedica a debatir y decidir en el grupo y a mí, que estoy condenada al ostracismo comunicativo familiar (y, por tanto, a por uvas de todo), me llegan mensajes tal que así:

-Ve a casa y cógele el azul y cuando vengan estos, te vas y que se queden ellos. O si al final hacen lo que dijeron, te quedas.

-¿¿¿¿¿¿¿Lo qué???????

Pero vamos, la comunicación no era mucho mejor en la era pre-whatsapp, porque varios miembros de la speedyfamily son especialistas en jugar al teléfono roto y si Speedymum te pedía que le llevaras los papeles de la carpeta roja que estaban en el segundo cajón de abajo del escritorio, tú le llevabas los patucos azules que estaban en la segunda balda de arriba del armario del pasillo. Y tú no parabas de preguntarte para qué quería Speedymum unos patucos en el hospital, pero chica, a ti te había llegado ese encargo y tú cumplías. Qué ibas a hacer.

El caos de la última crisis hospitalaria ha sido un poco más caos porque la división de los speedysobris se acaba de reforzar (con lo que hay un pequeñajo muy mini del que estar pendiente) y si todo va bien, se va a ampliar otra vez dentro de nada (lo que nos deja a una superheroína, en concreto SpeedysisterPeque, con una barrigota enorme que hace meses que no le permite verse los pies). Esto quiere decir que en el descontrol habitual se oían cosas como estas:

-Le llevamos a casa en tu coche, que tiene los asientos más altos.

-Vale, pero están las dos sillas de bebé.

-¡Ah, sí, es verdad! Pues en el azul de SpeedysisterPeque

-Bien, pero que conduzca otro, porque desde febrero no me cabe la tripa con el volante.

-Vale, pues conduzco yo y vamos cuando G. se despierte de la siesta.

-Hombre, pues sal ya y que G vaya dormido.

-¿Qué G?

-G. hijo.

-¿Como va a ir dormido G?

-Pues como siempre, en el cuco.

-¡Ahhhhh! Que estabas hablando de G. nieto. No, no, G hijo. Vamos, G. padre. El intermedio, vaya.

Y todo el rato así. Pese a todo, última crisis hospitalaria contenida y controlada. Una vez más, prueba superada.

viernes, 15 de febrero de 2013

Cerrado por exámenes

Ya os lo dije: todo se junta. Como no tenía suficiente con que mi examen de alemán y el estreno de teatro fueran prácticamente a la vez, ahora toda la división de los speedysobris ha decidido unilateralmente celebrar un convención en Speedytown. ¿Cuándo? Pues al mismo tiempo que mi examen y mi estreno, ¿cuándo si no?

Total, que si últimamente mi vida ha sido alemán, alemán, alemán, teatro, alemán, curro, alemán, alemán, comer (poco), teatro, alemán, alemán, dormir (menos), teatro, teatro y alemán, lo que me queda por delante va a ser más o menos así, potenciado, amplificado y remasterizado con el caos total que traen consigo las convenciones de speedysobris.

¿Esto que quiere decir? Pues muy fácil: que probablemente el día del estreno no pueda vestirme con la capa de bruja que lleva mi personaje porque alguno de los pequeñajos la habrá usado para disfrazarse y no la encontraré hasta 2017 y que mi lista de verbos irregulares de alemán estará graciosamente adornada con un completo mapa de los que usa Dora la exploradora. Y lo que es peor: que los próximos días no me van a dejar dar ni golpe, ya lo estoy viendo.

Así que, a mis medidas desesperadas, voy a añadir una más: poner el blog en stand-by estos días del horror. Nada, muy poquito, ¿eh? Sólo hasta que pase este pico de actividad y pueda volver a tomar el control de mi vida, que ahora mismo no sé quién lo tendrá, pero desde luego yo no.

En fin, os dejo que tengo que hacer mi penúltima redacción germana pre-examen que trata, precisamente, sobre el ocio en Internet. Menos mal, después de todos los tostonazos de temas de redacción que me he tenido que comer, por fin un negociado del que tengo cosas que decir. Estoy pensando que incluso podría contar algo del blog....

¿Cómo se dirá supervelocidad en alemán?

lunes, 24 de diciembre de 2012

Navicaos

Estos días tengo unas medio vacaciones de Navidad rarunas. Son "medio" y "rarunas" porque me va a tocar hacer cosas de curro en casa y pasar por la ofi más de una vez, pero oye, por lo menos son vacaciones, así que no me voy a quejar. La división de los SpeedySobris en pleno, recientemente reforzada, está en Speedytown para pasar las fiestas, así que mis días libres están transcurriendo tal que así:

-Pero, ¿qué hace un hipopótamo encima de la mesa del salón? A, ¡¡recoge lo animales!!
-¡Eh, no cambies a las noticias, que estamos viendo Bob Esponja!
-¿A qué jugamos?
-Creo que G se ha despertado, le oigo llorar... No, no, es mi móvil, que me he puesto de tono de llamada a I cantando Campana sobre campana y al principio suena muy bajo.
-¿De quién son estas zapatillas que me he encontrado en el sofá?
-¡Nooooooo, yo no quiero ir a ver la peli de cine que dice J, yo quiero otra!
-¿A qué jugamos?
-I, pero no te levantes todavía, que son las cinco de la mañana, aún no es de día... Que no, que no pasa nada, si tu habitación no tiene puerta da igual...
-¡¡No, pero no tires la cáscara de plátano al suelo!! Eso a la basura.
-¿Pokemon lleva acento? Que estoy buscando juegos en internet...
-¿Y estos rayajos  en mis apuntes de alemán? No me digáis más, es una obra titulada: "Declinación del adjetivo con paisaje pop al fondo"
-¿A qué jugamos?
-L. deja de llorar, que te está viendo el pajarito pinzón por esa ventana
-Speedy, ¿que haces debajo de la mesa?
- Juego al escondite con I.
-Lo dudo, está haciendo construcciones con las piezas de Lego en el salón...
-Joer, qué perraco, no me ha avisado que ya no jugábamos, llevo 10 minutos aquí..
-Pero, pero, pero, ¿en El Uno no hay un máximo de cartas que te puedan hacer robar tirando +1, +2 y +4? 16 me parecen excesivas...
-¿A qué jugamos?

Y tooooooodo el tiempo así. Iba a escribir una entrada pero, sinceramente, no oigo ni mis propios pensamientos, así que me conformo con desearos unas muy felices fiestas, que lo paséis estupendamente y que si tenéis vacaciones, descanséis. Por vosotros y por los que, como yo, el descanso no lo vamos ni a oler...

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Nuevas incorporaciones

La nueva división de superhéroes de la speedyfamily, la de los speedysobris, se acaba de reforzar con un miembro recién llegado. Es redondín y diminuuuuuuuuto, pero ya se le nota que superpoderes contundentes no le van a faltar. Para empezar su voz es increiblemente potente teniendo en cuenta la pequeñísima caja de resonancia que ahora mismo supone su cuerpecito. Y también tiene las manos enormes (comparado con su tamaño mini, claro). Se le ve de lejos que va a ser un crack, y eso que solo lleva unas horas por aquí.

Está todo el tiempo tranquilo, como adormilado, pero no termina de cerrar los ojos. Quiere ir reconciendo el terreno en el que va a operar y de paso tenernos vigilados a los que andamos por allí, a ver si damos la talla como compañeros de superaventuras. Aguanta sin inmutarse el bullullu que organizamos todos a su alrededor, pero siempre mueve la cabeza cuando es la loca de su hermana L la que grita porque está jugando o liándola parda. Y es que, aunque acaba de llegar, ya conoce bien a los que van a combatir a los supervillanos codo con codo con él.

Y lo cierto es que no tiene mal equipo para luchar contra los malos. L le va a poner al día sobre los peligros y amenazas de Speedytown y el pelotón de Capilandia acudirá puntualmente siempre que necesiten refuerzos. Ahora mismo todo es un caos y hay descontrol y nervios y bullullus por todas partes. Pero cuando se organicen, sólo os digo una cosa:

                               ¡¡¡SUPERVILLANOS TEMBLAD!!!

lunes, 15 de octubre de 2012

Caos creciente

Estos días ha habido convención de Speedysobris en Speedytown, o lo que es lo mismo, EL CAOS TOTAL. Cuando se junta toda la tropa, el Speedyhogar se covierte en una auténtica casa de locos en la que reina un bullullu permanente de proporciones gigantescas. Al principio flipas con las situaciones surrealistas que se producen a todas horas. Luego te acostumbras y nada de sorprende.

Por eso te da igual encontrarte un trozo de salchicha entre los cojines del sofá o un zoológico entero (con sus elefantes, hipopótamos, leones y camellos tamaño mini) en la bañera. Después de escuchar miles y miles de debates sobre el tema, te sorprendes a tí misma defendiendo que los Pokemon Míticos son mejores que los que no han digievolucionado, porque tienen más resistencia. Enseguida ves como lo más natural del mundo que quien guarda las fichas de los coches de choque tiene el poder absoluto y que nunca se han comprado suficientes chucherías. ¡Ah, bueno! Y que las siete de la mañana es una hora estupendísima para levantarse aunque sea sábado, domingo, festivo o te hayas acostado a las mil, claro.

Como veis, el caos total ya es enorme, pero, si todo va bien, pronto el descontrol crecerá exponencialmente porque las filas de los Speedysobris se van a reforzar con dos nuevas incorporaciones. No os digo más, que con todo este material, estoy pensando incluso en formar un equipo de futbito que arrase en la liga regular de pequeños superhéroes... Miedo me da las que van a organizar cuando se junten todos. No quiero ni imaginármelo.

El caso es que mirándolos estos días me ha dado por pensar en lo rara que es la vida. Porque los pequeñajos crecen y evolucionan. Y mientras ellos queman etapas hacia su futuro, yo estoy paralizada. Bueno, no, ojalá estuviera estática. En realidad ando un poco para atrás, como los cangrejos. Las cosas se están poniendo tan cuesta arriba que por mucho que me esfuerzo, no avanzo. No sólo no consigo pasar al siguiente nivel de este videojuego que parece mi vida, sino que me encuentro cada dos por tres con el monstruo quitapuntos que me manda directa a la pantalla anterior.

Así que ahí estoy, peleando eternamente en la fase 1. Y tal y como está el tema, lo único que pido ahora es que las cosas mejoren para que yo no siga retrocediendo, porque si no, me veo dentro de nada jugando en la misma pantalla que el Speedysobri mayor... y eso ya sería un poco demasiado, ¿no?

miércoles, 5 de octubre de 2011

Apoyos de familia

Hace tiempo que estoy metida en una mala racha que me tiene hasta los mismísimos. Ilusa de mí, como últimamente algunas cosas daban las sensación de estar empezando a aproximarse a estar un poquito más cerca de mejorar, pensaba que los malos tiempos se habían acabado y que empezaban los buenos. Tururú. Debíamos de estar en el descanso o algo, porque la pelea ha empezado de nuevo y me ha cogido desprevenida.

El caso es que, por poco que dure, a lo bueno te acostumbras enseguida y volver a habituarme a que todo sea EL HORROR me está costando un poco, la verdad. Por eso esta semana estoy enfurruñada y gruño a todas horas. La Speedyfamily no se aclara muy bien con mis idas y venidas, pero enseguida notan que algo no va bien e intentan poner su granito de arena para ayudarme a sobrellevarlo. A su manera, claro.

Ya os he contado alguna vez que en mi familia no somos muy aficionados a hacer demostraciones de cariño entre nosotros. Tampoco se nos da bien dar ánimos de palabra. De hecho, creo que los Speedypadres podrían ganar el concurso mundial al comentario menos apropiado en situaciones de drama total. No me entendáis mal, que ellos lo hacen con su mejor intención, pero te dicen verdades como puños en momentos en los que simplemente no tienes el cuerpo como para resistirlas. Y claro, después de una charla con ellos, no sabes si tirarte al tren o al maquinista.

Total, que como saben que lo de las palabras no es su fuerte, te apoyan con gestos que para ellos significan cosas, aunque posiblemente para el resto del mundo no. Y así pasa lo que pasa, que últimamente el Speedyhogar es un poco caos.

Speedysister Peque, que es la asesora de imagen de la familia, está todo el día dejándome sus camisetas nuevas y ofreciéndose a hacer lo que pueda para peinar mi pelo indominable. Speedymum no para de comprarme plantas para mi superguarida y de arreglarme cojines y cortinas para que lleve a mi nuevo hogar. Speedybrother emplea el arma más poderosa, su hija L., la Speedysobri más chiquitina. L. me quita todos los males, así que estos días me la dejan más rato, aunque la pequeñaja tiene una agenda de compromisos tan apretada como el Rey de España.

Y luego está Speedydad... que es otro que tal baila. Habitualmente se conforma con hacerme canelones para comer (que sabe que me encantan) y llenarme el frigo de exquisiteces, pero el otro día no le debió de parecer suficiente y me dio propina. ¡Toma ya! Llevo ocho años luchando por mantenerme en el mundo laboral como puedo, hace tres que vivo en mi propia superguarida, tengo poderes extraordinarios y he salvado al mundo de la destrucción total miles de veces... ¡y Speedydad me da propina! Aja, muy bien, veo que para él estoy en la misma categoría que los Speedysobris. Me apuesto lo que queráis a que la próxima vez que le vea me habrá comprado unos cromos de Bob Esponja.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Mini aventuras de fin de semana

Este fin de semana ha sido un no parar de aventuras:

-He participado (y quedado bien clasificada, por cierto) en el campeonato mundial sub-12 de tirarse a bomba (de las de salpicar agua a tope, que yo soy una superheroína muy pacífica)

-Le he dado de comer a un perro, algo que podría parecer medio normal si omitimos dos pequeños matices: que le daba yogur de galleta y que el perro tenía luces de colores y era de plástico.

-He tenido rachas infernales de suerte en las cartas. Lo peor de todo es que no jugaba ni al poker, ni al mus...Si robar 14 cartas en una sola baza jugando al Uno no es mala suerte, no sé lo que es. Más que nada porque tampoco hace falta mucha ciencia para jugar al Uno.

-He evitado cientos de robos. Cada vez que veía a un pequeño mangante tomando prestada sin permiso una casa de Pin y Pon que no era suya o un flotador de Hello Kitty que le pegaba más bien poco... ahí estaba yo, para deshacer el entuerto, siempre al pie del cañón. Hay que ver qué amigos de los ajeno son los menores de dos años, ¿eh?

-He parado con una mano una moto que se salía de la carretera. Y no, no os emocionéis, no es que mis poderes se estén desarrollando y ahora tenga la fuerza del Increíble Hulk. Es que la moto me llegaba por las rodillas y no necesitaba gasolina para funcionar.

Se nota mucho que este finde ha habido convención de speedysobris en Speedytown, ¿verdad?

jueves, 23 de diciembre de 2010

¡14!

¡14! ¡14! ¡¡¡¡¡14!!!!! ¡CATORCE! ¡¡CA-TOR-CE!!


El doble que los Enanitos de Blancanieves, uno menos que la niña bonita. Dos más que las campanadas de fin de año. Esos son los regalos de Navidad que tengo que comprar. ¡14! Acabo de acabar el recuento definitivo y casi me da un soponcio.

La Speedyfamily siempre ha sido extensa, así que ésta es, tradicionalmente, una época de compras intensivas, pero lo de este año pasa de castaño oscuro. El caso es que antes, la segunda generación de superhéroes (vamos, mis hermanos y yo) uníamos fuerzas en la compra de regalos y así ahorrábamos dinero y tiempo. Como somos ciento y la madre, a cada uno le tocaba comprar dos o tres regalos y todo era más sencillo. Al final siempre se producía algún imprevisto y había que organizar una misión de emergencia a última hora. Pero bueno, desplegábamos nuestras fuerzas por el centro comercial más cercano y crisis solucionada. Nosotros estreses ninguno, que estamos acostumbrados a situaciones límite.

Con el tiempo, mis hermanos comenzaron a abandonar la resistencia y la División Compra-regalos fue sufriendo cada vez más bajas hasta que se ha quedado con un solo componente: yo. El problema es que la misión, lejos de simplificarse, se ha complicado, porque ahora hay que comprar regalos para los fichajes familiares que han desbaratado la División y para la tercera generación de superhéroes: mis sobris. Y la conclusión de todo es que este año estoy sola ante el peligro con 14 regalos. CATORCE! Que se dice pronto.

Así que nada, aquí estoy, ultimando mi plan de ataque. Y no me soltéis el rollo de que tenía que haber empezado antes, de que hay que ser más previsora, blablabla, que eso ya me lo dice mucho Speedymum y además tiene toda la razón. Pero jo, que proteger a la Humanidad, defender a los débiles y contar cosas lleva su tiempo, hombre. Y bueno, a lo mejor que últimamente me dedique a salir de juerga a todas horas y hacer mil planes puede ser que también haya tenido algo que ver, pero vamos, que de eso no estamos hablando. Ahora si alguien quiere ayudarme, que me ideas. Que falta me van a hacer.

(Post post. Acabo de acordarme de que no había contado con el regalo del amigo invisible que hago con mis amigos. ¡Tengo que comprar 15 regalos! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡15!!!!!!!!!!!!!!!! Voy a morir.)

Edición posterior: Bueno, ejem, y después de la pataleta, que felices fiestas y eso.

domingo, 25 de julio de 2010

La Speedyfamily in the beach

La Speedyfamily siempre ha sido una familia movidita. Éramos muchos hermanos, con poca diferencia de edad entre nosotros y con superpoderes (todavía poco desarrollados, pero superpoderes al fin y al cabo. Probad a cuidar de un bebé que se tira desde cualquier altura, pero que sólo consigue volar una vez de cada cuatro y sabréis de qué estoy hablando).

Esto significa que durante muchos años mi casa fue un auténtico caos las 24 horas del día. Lo mismo te encontrabas a alguien haciendo el pino contra la puerta del armario, que decorando la pared del pasillo con unos artísticos rayajos titulados Paisaje Pop, mientras otro de nosotros buscaba algo a lo que encaramarse para poder robar el chocolate escondido en la última balda de la nevera. La bulla era continua, pero en las comidas se formaba tal alboroto que hasta hubo que establecer turnos de palabra. La verdad es que no sé como los Speedypadres podían con nosotros.
Una cosa es salvar el Mundo todos los días, pero esto ya son palabras mayores...

Total, que ha pasado el tiempo y tras unos años de tranquilidad, mis hermanos han abierto sucursales y se está formando una nueva división de superhéroes. Rara vez coincidimos todos en la misma casa, pero cuando pasa vuelven los tiempos del caos. ¡¡¡¡¡Y me encantaaaaaaaa!!!!!!

Buen ejemplo de ello ha sido este fin de semana, en el que la Speedyfamily al completo ha estado en la playa. Estos días se han podido oír perlas como éstas:

-Coge a L. que al paso que va comiendo arena, en cinco minutos no tendremos donde apoyar las toallas.

-¿Y este charquito? No me digas más, I. sigue marcando territorio.

-No hago más que meter zumos en la nevera y nunca hay cuando voy a buscar uno. ¿Se ha formado un agujero negro en la segunda balda o qué?

-No sé si vamos a caber todos en las habitaciones. Como está la cosa ajustada, jugaremos al juego de las sillas, pero con camas. Cuando se pare la música quien no esté tumbado en una, eliminado.

El ambiente era tan parecido a éste, que por momentos me ha parecido escuchar: "Chenchoooooooooooo, donde estás, Chenchoooooooo".

Es una locura, pero me encanta.

viernes, 25 de junio de 2010

Los speedysobris

Teniendo en cuenta que somos primos lejanos de Los Increíbles ya podréis imaginaros que mi familia es bastante especial. Todos tenemos algún superpoder, pero voy a empezar presentándoos a los speedysobris, porque son los más poderosos: son SUPERMONOS y tienen la capacidad de ponernos a todos de buen humor con el menor esfuerzo.

Los tres hombrecitos más importantes de mi vida viven en Capilandia, así que no les puedo ver tan a menudo como me gustaría. Todos son rubios, guapísimos, con unos ojazos azules enormes que les iluminan la cara. J es el mayor: tiene siete años, es bastante grande para su edad, come un montón y es hiper-carnívoro: puedes conseguir más de él si le ofreces un filete que una golosina. Te mira tan intensamente que parece que te escanea y tiene unas salidas sorprendentes que casi siempre me dejan sin palabras. Todavía me acuerdo de una noche, hace años, que dormía en la misma habitación que su hermano pequeño y como éste no paraba de llorar le dijo a su padre: “¡Papá apágalo, por favor, apágalo!”

A es el mediano y es el más distinto a los otros dos: tiene los ojos más verdes que azules y el pelo un poco más oscuro. No le gusta el chocolate, siempre te repite las cosas tres veces y le encanta la peli Cars. Sospecho que es el que ha heredado mi superpoder de hablar a toda velocidad, porque parlotea todo el rato, sobre todo lo imaginable. Como te despistes les cuenta su vida (y la de los demás) a la primera mamá incauta que se encuentre cerca de los columpios del parque. Todavía no habla tan rápido como yo... pero estos superpoderes se desarrollan con la edad y él tiene mucho potencial. Su especialidad es hacer reír a su hermano I, que acaba de cumplir un año y que ahora mismo es el rey de la casa.

I es una fotocopia de J, tanto, que cuando comparamos fotos de los dos con la misma edad, a sus propios padres les cuesta distinguir quien es quien. Tiene el récord mundial de velocidad de gateo y desde hace casi un mes, si le coges de la mano, también da unos cuantos pasos erguido. Sonríe a todo el mundo todo el tiempo y se tira encima de sus hermanos como Hulk Hogan en sus mejores tiempos de Pressing Catch. Los mayores si quisieran podrían aplastarle, pero siempre le dejan ganar.

El equipo de Speedysobris se completa con L, que es hija de otro de mis hermanos (Speedybrother) y que vive en Speedytown. En agosto cumplirá un año y su misión en la vida es sustituir a Monserrat Caballé, porque tiene la voz más potente que he oído jamás, aunque no se enfada casi nunca, así que la utilzia poco. Tiene mucha fuerza y si te agarra el pelo ya puedes hacerte a la idea de vivir con un mechón menos, porque es suyo para siempre. Tiene la costumbre de frotarse los pies hasta que consigue sacarse los zapatos, come como una lima y lo mira todo como si pensara “Pero hijos míos, ¿qué estáis haciendo?”

Miedo me da cuando los speedysobris crezcan y formen su propia división de superhéroes, porque van a ser increíbles. Increíblemente desastrosos, me temo, pero muy majos