sábado, 20 de enero de 2024

Con Speedy habéis topado

 

Iba a decir muchas cosas, pero Hacienda me tiene frita, FRI-TA, ¡¡¡FRI-TA!!!. No para de darme la turra una y otra y otra vez con una cosa en la que, para colmo, tengo la razón yo. Pero lo que más me indigna del tema es que gasta su tiempo, personal y energías en perseguir pazguatas como la menda, pobres como ratas a las que no nos pueden sacar ni los céntimos que les cuesta enviar por correo las notificaciones, mientras hacen la vista gorda con multimillonarios de todo pelaje. Ah, no, dónde vamos a ir a parar, a los que les puedes hincar el diente bien ni mentarlos, no se vayan a molestar, los señoritos.

Pues mira, querida Agencia Tributaria, me parece muy bien que Hacienda seamos todos y todo lo que tú quieras, pero a mi mis 4 céntimos no me los vas a quitar NI MUERTA. Ni jarta de vino te regalo yo nada con la chapa que me estás metiendo. Ya puedes emplear contra mi la artillería que te de la gana que antes se congela el infierno que dejar que me vuelvas a hacer el timo de la estampita. Vas a tangar a Rita the singer, amiga, porque lo que es a mi, NI DE COÑA.

¿Que encima la cabrona manda las notificaciones en viernes noche para jorobarme el fin de semana? Desde luego, faltaría más. Pero estimado fisco, con Speedy habéis topado. A cabezona no me gana ni Don r que r. Te pongo la canción del Kanka de arriba y ¡a seguir!

"Lo mal que estoy .. y lo poco que me quejo. 
Lo mal que estoy .. y lo poco que me quejo. 
Tengo el alma en cuarentena .. y roto el cuerpo. 
¡Qué dolor, qué pena .. y qué tormento!"

viernes, 12 de enero de 2024

El milagro de lo panes y los peces en versión escatológica

Mi 2024 ha empezado un poco al contrario del de la mayoría de la gente. La peña estaba megapreocupada por los excesos navideños y mentalizada ya para luchar contra los kilos sobrevenidos y yo estaba intentando parar las evacuaciones forzosas continuas que mi cuerpo decidió unilateralmente empezar el día de Reyes.

Se ve que mi body no tenía ganas de recibir a Sus Majestades de Oriente y en vez de planteármelo civilizadamente, recurrió a la artillería pesada: náusea a discreción. Tantas, que se mascó la tragedia porque tenía que llevar todos los regalos de los SpeedySobris al Speedyhogar antes de que se levantaran a abrirlos y no conseguía ni llegar al portal de mi superguarida sin echar la pota. Imaginaos mi pinta: cargada con enormes sacos de paquetes al más puro estilo Papa Noel y en vez de ir dejando la estela de mis renos voladores ir regando con mi ADN las calles de SpeedyTown. Dantesco, sí, desde luego.

Pero bueno, la cosa es que los regalos llegaron a tiempo (lo único importante) y que yo sobreviví a ese viaje con pérdida de "combustible" en ruta. Pensé que cuando consiguiera tumbarme dos minutos tranquila en mi cama volvería la paz, pero ni por asomo. Las evacuaciones delanteras siguieron el día entero y al siguiente fueron sustituidas por todo tipo de fuegos artificiales en el flanco posterior. Allí no entraba ni agua y salían toneladas de residuos orgánicos variados. El milagro de los panes y los peces en versión escatológica.

Como estuve así media semana me quedé en la raspa. La peña preocupada porque no le cerraban los vaqueros y yo probándome una talla menos de la ropa que me estaba comprando con los fondos de sus altezas reales. El mundo al revés. 

Total, que en un alarde de porlomenosismo de mi etapa Magenta, pensé que bien, que sí, que me sentiría al borde de la muerte y bla bla bla, pero que POR LO MENOS empezaba el año con eficiencia máxima, resolviendo en tres días la eliminación de stock sobrante que al resto de la gente le iba a costar dos meses de sufrimiento. Más resultados en menos tiempo. Los gurús de la productividad estarían orgullosos de mi.

A ver si me dura. La eficiencia y la productividad, digo. Del milagro de los panes y los peces en plan gastrointestinal ya he tenido suficiente, gracias.

viernes, 5 de enero de 2024

X, Y, Z

Siempre tengo mucho lío con esto de las generaciones. Más o menos me suenan los conceptos, de forma borrosa y desdibujada sé ubicar a grandes rasgos su cercanía (o no tanto) con la hoja del calendario actual, pero si me preguntas por el detalle me pillas. Así que, como no puede ser de otra manera, consulté con el oráculo de San Google. Y para qué queremos más.

Lo que más me sorprendió fue la precisión y la arbitrariedad con la que dividen los años de nacimiento de los que se incluyen en ellas. Porque si fueran décadas... pues vale que vale. Pero no. Son años ahí, por el medio, sin mucha diferenciación evidente. Por ejemplo, la generación X comprende los nacidos entre 1965 y 1981 o según a quien le preguntes hasta 1982 o 1984. Los que crecieron después de la 2º Guerra Mundial, dicen. Bien, pero, ¿por qué no se incluye ya el 80, empezando la década? ¿Por qué el 82, el 84? ¡Qué arbitrario!, ¿no? 

Después viene la "generación Y" o los millenial, que os sonará más. Los jovenzuelos estos de los que no paran de repetir que son nativos digitales y que la tecnología no tiene secretos para ellos, aunque no la usaran desde la cuna. A estos los meten desde el 82 al 94, así, por ejemplo, a boleo. ¿Por qué 94? ¿Y por qué no? Debieron de pensar los cerebros pensantes de esta división.

Nos parece que los Y son los más nuevos porque han dado la turra máxima con ellos, pero ahora les pisan los talones los Z, que son los que más usan su letra, dado que nadie te va a entender si le dices centenial. Estos van del 95 al 2010 porque vinieron con un smartphone y una tablet debajo del brazo cuando nacieron, por lo visto. Si, ya, bueno... recuerdo que en España en 2001 la mayoría de la gente no tenía aún internet en su casa, había que ir a ordenadores públicos en bibliotecas y universidades. Y los pocos afortunados que iban teniendo ya en casa, usaban la conexión telefónica que hacía ese sonido mítico, así que se podía navegar pocos minutos porque mientras estabas conectado, el teléfono fijo (que toda la familia necesitaba) no funcionaba. 

Os diré más. Poco antes de los primeros dosmiles el no va más de la tecnología portátil era la blackberry, porque los móviles eran zapatófonos gigantescos. Cuando se redujeron de tamaño y el común de los mortales los empezó a llevar, hablábamos por mensaje (no whatsapp) dado que no tenía internet en el móvil ni el tato. Además, una cosa os voy a decir no os llaméis a engaño: lo más inteligente que hacían los teléfonos era medirte el biorritmo: tres rayitos si estabas bien de energía, tres corazones si el amor te sonreía e ibas a ligar esa noche en la disco. Así que, queridos Z, no os flipéis con lo del smartphone desde la cuna, porque tururú.

Los siguientes, dicen, son los Alpha. Si sus predecesores tenían una capacidad de atención limitada, imaginad estos pobres comidos por las redes sociales desde la cuna. Ya veremos. Al menos su generación empieza con el cambio de década, un punto menos de confusión añadida. Algo es algo.

lunes, 1 de enero de 2024

¡A bailar!

Llegué ayer de mis periplos excursionistas justo sobre la bocina para hacer una entrada de despedida del año que me permitiera acabar el 2023 bloguero con número par de post. Lejísimos de los 100 deseados, pero al menos par. Luego que si duchas, lavadoras, bla bla bla, la vida se me hizo bola y casi mejor, porque no estoy yo para balances y recordatorios. 

Diré sólo una cosa que me sirve de revisión del viejo  y de aviso para el siguiente. El que se acaba de ir me trajo algunas cosas muy buenas y un montón de planes, lo que hacía mucho que no me pasaba. He vivido la vida a tope con experiencias chulas que agradezco muchísimo y aún así no me he librado de bajones, de atascos, de bloqueos. Porque ya lo decía Rosana, "en lo más bonito, también se tienen penas".

Así que para 2024 más que objetivos y metas lo que quiero es tener siempre presente que la vida va de eso, de caerse y volverse a levantar. Y que lo malo, sea lo que sea, acaba pasando. Y que como lo único que existe es el hoy, el ahora, nuestra única obligación es aprovecharlo a tope. Después que venga lo que tenga que venir porque, me remito a la línea de arriba, igual que vino se terminará yendo.

Equipo, llegan ahora otros 12 meses nuevecitos, brillantes, sin estrenar. Úsemoslos al 100 por 100 para que no se diga que nosotros no pusimos todo de nuestra parte para ser felices. El resto, bueno... lo ponen otros. Según en lo que creas (o no) tiene diversos nombres, pero estaremos todos de acuerdo en que no somos nosotros.

Así que, amiguis, ¡a bailar! Y que haya suerte.

martes, 26 de diciembre de 2023

Oda a la rutina

 

Los que hemos estado siempre en un lado no podemos evitar preguntarnos cómo sería estar enfrente. ¿Qué sentirán los altos viendo el mundo desde su perspectiva aérea y llegando a todas las baldas de la cocina? ¿Los multimillonarios tienen algún problema o todo lo arregla el dinero? ¿A los que su cuerpo no les pide bollos y chocolate 24/7 sufren menos?

En temas romanticones esto pasa mucho. El que siempre está en relaciones largas y estables envidia al típico follarín de los bosques y el picaflor que lleva años saltando de liana en liana se ha pegado tantas leches y seguramente le han tratado tan mal que solo quiere un poco de paz y tranquilidad.

Y ahí voy yo, a la ausencia de cambio. La rutina tiene muy mala fama en el amor. La monotonía y el aburrimiento matan la chispa, dicen. Pero sin un poco de sosiego, de calma, sin darle un mínimo de tiempo, ¿cómo va nada a consolidarse, a crecer? ¿Cómo va a formarse un vínculo profundo que resista?

Las canciones suelen hablar de los extremos, de cuando nace y la intensidad te hace estallar el corazón y del final, cuando te lo pasa por la picadora para dejártelo hecho puré. Menos cuentan lo del medio, el reposo, la serenidad, la placidez. El descanso de no tener que saltar de liana en liana o esquivar golpes a todas horas. No quiere decir que no los haya, pero es más fácil saber de donde te vienen.

Por eso he puesto la canción de arriba. No es que esta chica sea una poetisa precisamente, pero está enamorada, se le nota y me gusta como dice algunas cosas. Os las dejo por aquí.

"Ya hemos agotado las primeras veces"
"Podría tener un máster sobre tus manías"
"Brindemos por volvernos tan típicos"
"Érase una vez sin final"
"Dicen que el primer beso siempre es el más mágico Pero es más mágico saber que no es el único" 

Me voy unos días de excursión. Por si no nos leemos antes

¡¡FELIZ AÑO!!

domingo, 17 de diciembre de 2023

Sitcomeando por la vida

Yo siempre he creído que la realidad supera a la ficción. Más aún desde 2020 en el que el CoronApocalipsis dio el pistoletazo de salida a una serie de acontecimientos históricos, sucesos surrealistas y situaciones flipantes que nos hicieron sospechar que somos el Netflix de los marcianos. Primero pensábamos que estábamos en una película y luego nos dimos cuenta de que era más bien una serie. En la primera temporada empezamos fuerte con el bichillo del demonio. La segunda mantuvo el nivel con filomenas y asaltos al capitolio varios y cuando parecía que la trama empezaba a flojear la tercera reflotó con volcanes y movidas naturales tochas. Un no parar.

Después de tantas emociones la cosa siguió intensa, aunque menos llamativa. Aún así pasan cosas días sí y día también que hacen mirar alrededor buscando la cámara oculta, porque parece imposible que eso pase en la vida real, que no sea fruto de la imaginación de un guionista o escritor. ¿Un ejemplo reciente? Ladridos en el Parlamento europeo jusssssssto cuando interviene "Perro Sánchez".


Que piensas, a ver si nuestra serie ha dejado de funcionar como historia de aventuras y hemos virado a una sitcom tipo The Office, pero sin tanto mirar a cámara.

A estas alturas del partido y tal y como está la cosa, no me extrañaría ni un poco...

domingo, 10 de diciembre de 2023

Puente casi peliculero

Estos días he estado de puente. Tenía pensado programar una entrada para no dejar esto abandonado tanto tiempo y para intentar, al menos, acercarme a la mitad de la meta de actualizaciones anuales que me había propuesto. Por lo visto, mi inutilidad tecnológica va a hacer imposible ambas cosas. Corramos un ESTÚPIDO velo.

Total, que he estado de puente en un pueblito típico de montaña con la estampa más típicamente invernal de película cutre navideña de sobremesa que os podáis imaginar. Y no lo digo en plan mal, ¿eh? Qué va. De hecho, me hacía ilusión. Hasta me había comprado un outfit al efecto. Y allí que me fui, con mi gorro de lana y bufanda rosa fosforito, mis botas con forro de borreguillo y mis 3500 jerséis gordos, al más puro estilo de Cameron Diaz en The Holiday.

Si no sois nuevos en este blog, ya supondréis que las semejanzas con cualquier trama de película romántica navideña se acaban aquí. Este finde no he conocido a ningún atractivo veterinario viudo con una hija encantadora, ni he renunciado a ningún ascenso en mi carrera para reencontrarme con la felicidad de la vida sencilla, ni he vuelto a conectar con mi amor del instituto que ahora es bombero voluntario y el alcalde de pueblo más comprometido con sus vecinos del mundo. 

Nieve ha habido (un poco). Y chocolate caliente con nubecillas (bastante más). Y aparte de eso sólo puedo enumerar algunos de los descubrimientos de estos días, que ningún guionista querría incluir en su christmas film ni de coña, supongo.

-Si te pones mala y no tienes drogas legales que te alivien, prueba con panettone de Lacasitos. Mano de santo. Baja la fiebre, quita la tos y hace desaparecer el dolor de garganta por arte de magia. No se como no lo ponen  en el vade mecum porque mucho más efectivo que el paracetamol y el ibuprofeno y sin tantos efectos secundarios.

-La nieve resbala. El barro resbala más. Si tienes pensado empezar tu carrera de patinaje artístico, mejor hazlo con protecciones y en pista de entrenamiento. Para los demás escenarios, busca un calzado que agarre bien en el suelo.

-Maleta pequeña + ropa de invierno que ocupa mucho espacio= pocos outfits disponibles. Ensuciarlos todos el primer día te lleva a parecer una pordiosera el resto del viaje y a anular tus posibilidades de emular a cualquier prota de historia navideña.

-Creer que el incontrolable estilismo capilar deja de ser un problema cuando se lleva gorro es de una ingenuidad muy tierna que cae por su propio peso cuando entras a cualquier sitio con calefacción y te lo quitas. Pensar dos veces esta cuestión habría ahorrado alguna que otra situación incómoda. Y mirarse en el espejo también. Pero no le pidamos peras al olmo, claro.

Ya que todo parece indicar que no he comenzado este puente una meteórica carrera en la pantalla grande (ni en la pequeña de las pelis de sobremesa) mañana no me queda otra que ir a currar, así que os deseo una buena semana. Que la fuerza os acompañe en la vuelta al cole. Y por la sombra, bombones.