(Iba a escribir esta entrada en inglés porque sé que todos sois bilingües, pero bueno, mejor la traduzco por si las flies, ¿no?)
Hace años, cuando estaba empezando mi carrera, me recomendaron que si quería ser una superheroína de fama mundial, tenía que aprender idiomas. Por aquel entonces a mí el inglés se me resistía un poco, así que me fui pasar un verano a Inglaterra a ver si lograba darle un empujocillo al tema y sacarme el título.Como no conseguí prácticas con ningún reputado héroe hijo de la Gran Bretaña, me busqué un curro de camarera en un restaurante en el que todos los trabajadores habían ido a hacer los mismo que yo, es decir, aprender el idioma. En la plantilla había rusos, georgianos, italianos, argentinos y franceses, la mayoría de los cuales no entendía ni papa de lo que les decían los clientes y menos todavía de lo que les comentaban sus compañeros plurinacionales. Aquello era la Torre de Babel, ni más ni menos.
Ya os podéis imaginar las escenas de caos que se vivían en la cocina.
-I need a dish
-(Con cara de extrañeza) A fish?
-(Gesticulando y gritando más, como hace todo el mundo cuando no le entienden) No, a DISH
-(Flipando)¿¿¿A shit?????
-(Desesperada) A DISHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!
-¿¿¿¿¿¿???????????
-Un plato, tronco, un plato, quiero un plato, ¿qué te voy a pedir en la coina? ¿Un elefante?
Pero las escenas realmente dramáticas se vivían con los clientes. Y eso que el tema se simplificaba al máximo porque el restaurante tenía menú del día y los comensales sólo podían elegir entre UNA carne, UN pescado y el menú infantil, que siempre era de fritos. Aún así en la mayoría de las mesas se terminaba jugando a las películas.
-I want PORK.
-¿¿¿¿¿¿ein?????
-¡PORK!
-¿¿¿¿???
-Me pork (el cliente ponía las manos detrás de la cabeza, imitando las orejas de un cerdo), she wants fish (el cliente movía la mano haciendo una onda, como si fuera un pez nadando).
El camarero de turno apuntaba el pedido y se iba a la cocina realizado, con la satisfacción del deber cumplido.
Luego estaban las conversaciones misteriosas.
-¿Cuánto rato has estado en esa mesa, ¿no?
-Es que me estaban preguntando si las carreteras de España estaban bien señalizadas.
-¿Tú estás segura de que te han preguntado eso?
-No sé, yo creo que sí...
O las proposiciones sospechosas que nunca se llegaba a saber si eran indecentes o no.
-Ése me ha dado un montón de propina y me ha dicho no sé qué
-Mujer, pues te habrá felicitado por hacer bien tu trabajo.
-No sé tía, me ha guiñado un ojo... y me ha señalado el escote
-Pues coge el dinero y pírate lo más rápido que puedas. Esa mesa la atiende mañana Diego.
En fin, un caos continuo. En esa estancia en el extranjero a mí sólo me quedaron dos cosas claras:
-Siempre me entenderé mejor con un francés que hable inglés fatal que con un ruso que hable inglés de pena. El francés por lo menos cometerá los mismos errores gramaticales que habría cometido yo, así que ya se sabe más o menos por donde van los tiros.
-El amor es el lenguaje internacional. Nunca había visto formarse tantas parejas plurinacionales en tan poco tiempo.
Cuando volví a España mi nivel de inglés no había cambiado mucho, pero sabía decir hola, adiós y los insultos básicos en cuatro idiomas, además de la lengua de Shakespeare. Mis profes no apreciaron mucho este interesante detalle multicultural y me catearon. Qué gente más sosa, de verdad.