Me gustan las buenas conversaciones, esas en las que te puedes pasar horas diseccionando una situación, un diálogo o incluso una sensación con alguien al que llegar a ese nivel de detalle le emociona tanto como a ti. Esas conversaciones de horas tras las que luego, cuando os preguntan de qué habéis hablado tanto tiempo, contestáis: de nada, en realidad.
No me gusta el sonido de un grifo abierto sin razón o que gotea porque está estropeado.
Me gusta sentir la brisa fresca en la cara cuando empieza ya a hacer algo de frío y voy bien abrigada.
No me gusta tener que dar dos besos por cortesía a desconocidos que me acaban de presentar y a los que no tengo el más mínimo cariño.
Me gusta cuando me viene la inspiración para escribir mientras hago acciones cotidianas. Que se me ocurra una idea para un texto mientras voy en el autobús, o debajo de la ducha o tendiendo la ropa y sienta la necesidad de apuntarla para que no se me olvide y poder desarrollarla después.
No me gusta felicitar los cumples en grupos de whatsapp multitudinarios en los que tienes poca o ninguna relación con los que lo forman. Al "¡FELICIDADES!" número 128 el homenajeado ya no sabe ni quién se lo está diciendo y la palabra pierde hasta su sentido. No aporta nada el "¡FELICIDADES!" número 129, porque sólo se pone para no ser el único que no lo ha escrito. Eso ni es una felicitación ni es nada.
Me gustan los números pares.Son como redondeados, completos. Me gusta tener años pares, seguidores de twitter pares, correos pendientes de leer pares.
No me gustan los números impares. Me ponen nerviosa. Están como inacabados, imperfectos. Me incomodan tanto que he llegado a borrar fotos de mi galería del móvil sólo para tener un número par de imágenes. Así como os lo cuento. Una cosa ya de preocupar. Y sin embargo, diría que mis cifras preferidas son el 1 y el 7. ¿Por qué? Porque soy una contradicción andante y un caso digno de estudio, está claro.
Me gusta releer textos míos de hace mucho tiempo y no recordarlos hasta el punto de leerlos como si fueran de otra persona. Volver sobre esas líneas y encontrar bromas, chascarrillos, comparaciones o metáforas que molan y pensar "esta idea era guay, ¿cómo se me ocurriría?"
No me gusta NADA la sensación de tener algo pendiente. La odio. Es como un picor en el cerebro que no me puedo rascar y que no me deja hacer ninguna otra cosa tranquila porque una parte de mis neuronas está pensando siempre en lo que debería estar haciendo. Sin embargo, soy la mayor procrastrinadora de la historia de la humanidad. Dejo siempre para mañana lo que puedo hacer hoy. ¿Por qué? Porque soy una contradicción andante y, en este caso en concreto, un poco imbécil.
Me gusta que las pelis y los libros acaben bien. Sorry not sorry. Ya sé que el drama da más de sí y que se alcanza mayor intensidad, profundidad y realismo (porque, siendo sinceros, la vida duele) con historias tristes, pero yo prefiero que los finales felices. Para llorar ya habrá tiempo.
No me gustan las personas que hablan mal de otra gente a sus espaldas. Me incomoda enormemente. Tengo la sensación de que en cuanto me de la vuelta harán lo mismo conmigo. Y fijo que estoy en lo cierto.
Me gusta cuando empieza a hacer buen tiempo, me pongo sandalias dos días, los pies cogen un poco de colorcillo y se me queda la marca blanca de las tiras. Tener marcas de moreno, aunque sean tan poco fashion como esas, es señal de que se acerca el verano y con él, las vacaciones. Mola.
No me gusta la roñilla posvacacional. Que se me desquebraje el bronceado me parte el alma porque implica el olvido total de las vacaciones. No mola un pelo.
Me gusta mojarme con la lluvia siempre que vaya directamente a casa a cambiarme y ponerme ropa y calzado secos y calentitos.
No me gusta jugar a algo y que mis contrincantes se piquen. El malperder me resulta incómodo, me parece muy infantil. Igual que los que se regodean demasiado en la victoria, más allá de la broma. Me agotan.
Me gusta que se me ocurra el regalo perfecto para alguien.Y ver la cara de alucine total cuando se lo das y le encanta.
No me gustan los petardos y casi nada del material explosivo e incendiario que se usa en fiestas y actividades de ocio. Qué necesidad de castigarse los tímpanos con eso. Qué necesidad.
Me gusta que la gente con la que me llevo bien me cuente la primera impresión que tuvo de mí cuando me conoció. Me parece muy curioso. La imagen que proyectamos y como lo entienden los demás según su momento vital.
No me gusta que se me empañen las gafas cuando hace mucho frío fuera y entro a algún local con la calefacción a tope. Me da una vergüenza que me muero. Tengo la sensación que con las gafas empañadas parezco Bartolo o el tonto el pueblo. Una gilipollez, ya lo sé, pero me pasa.
Me gusta que los monitores de mi gimnasio megamasificado se aprendan mi nombre, porque eso significa que se han dado cuenta de que soy de las fijas que van llueva o no llueva y es como un reconocimiento al esfuerzo y al constancia. No me dan una chapita de premio pero por lo menos saben como me llamo. Algo es algo.
No me gusta oír una canción y no ser capaz de recordar donde (en qué serie, película o contexto) la he escuchado antes. No puedo parar de pensar en eso hasta que me acuerdo. Otro picor en el cerebro que no me puedo rascar.
(He tenido que escribir esto para un tema mío y lo he aprovechado aquí. Igual es un poco dar la chapa de más, pero no puedo asegurar que no vaya a haber segunda parte. Os lo digo desde ya para que no podáis decir que no he avisado)
martes, 28 de agosto de 2018
lunes, 20 de agosto de 2018
Los hitazos del verano
Dado que, desgraciadamente, no ne ha tocado la lotería, el eromillones ni el cuponazo, no me ha quedado otra que ponerle fin a mis vacaciones y volver al curro. Sin animo de ponerme dramática, ya podéis suponer que esto ha sido un horror que me tiene emocional y físicamente arrasada. Sin exagerar.
Total, que ya estamos aquí. Por centrarme en lo positivo, lo cierto es que estos días de relax me han cundido. Sobre todo en lo que se refiere a desconectar. Poco ha faltado para que me olvidara hasta de mi propio nombre, así os lo digo. Me habría gustado hacer algunas cosas más de las que me ha dado tiempo, pero la verdad es que el nivel tampoco ha estado mal. Estos son los principales hits del verano:
-La gama completa de actividades relacionadas con los SpeedySobris de todas las tallas: saltar olas con los más peques, jugar al Uno, al Mentiroso y a Burro con los medianos y hablar de cine y de música con los mayores. Y eso sí que ha sido un hitazo inesperado, el plot-twist de las vacaciones: que ya se pueda charlar con los mayores casi como minipersonitas adultas cuando hace ná y menos había que cortarles los filetes porque no les dejaban usar cuchillo. Cómo pasa el tiempo, amigos..
-Salir de viaje y hablar un ¿inglés? macarrónico al más puro estilo "Yo Tarzán, tú Chita". No sé ni como leches hemos conseguido hacernos entender. Porque el lenguaje gestual es universal, supongo, si no, de qué.
-Pasar una semana andando 16 kilómetros diarios entre impresionantes paisajes rodeados de enormes masas acuáticas y que el trending topic de muchas conversaciones fuera: "¿Pero esto es un lago o ya hemos llegado al mar?"
-Ponerte al día con tus amigas de toda la vida a las que hace tiempo que no ves y que te manden a terapia."Yo creo que tienes algún tipo de bloqueo ahí, ¿eh?" Y yo lo que creo es que tengo un atasco vital de padre y muy señor mío, pero no termino de ver claro que ninguna terapia pueda hacer gran cosa para cambiar eso, la verdad. Aún así las conversaciones, las idas de olla y las risas me han venido muy bien, qué duda cabe.
-Sofocar minicrisis familiares intentando enterarte de todo mientras te haces la sueca de Estocolmo porque se supone que no deberías saber ni la mitad. Interceptar comunicaciones cifradas en whatsapp, mandar mensajes de esos que "se autodestruirán en 15 segundos" y en general actuar de agente doble en guerras que te han pillado en medio sin tener mucho que ver. Me ha faltado un walkie-talkie, contestar diciendo "águila roja llamando a águila azul, ¿me recibes?" y unos buenos abdominales para parecer Tom Cruise en Misión Imposible.
Seguiría, pero creo que con esto ya os hacéis una idea de como ha ido la cosa. Y luego que me cuesta volver de vacaciones. Como para no costarme...
Total, que ya estamos aquí. Por centrarme en lo positivo, lo cierto es que estos días de relax me han cundido. Sobre todo en lo que se refiere a desconectar. Poco ha faltado para que me olvidara hasta de mi propio nombre, así os lo digo. Me habría gustado hacer algunas cosas más de las que me ha dado tiempo, pero la verdad es que el nivel tampoco ha estado mal. Estos son los principales hits del verano:
-La gama completa de actividades relacionadas con los SpeedySobris de todas las tallas: saltar olas con los más peques, jugar al Uno, al Mentiroso y a Burro con los medianos y hablar de cine y de música con los mayores. Y eso sí que ha sido un hitazo inesperado, el plot-twist de las vacaciones: que ya se pueda charlar con los mayores casi como minipersonitas adultas cuando hace ná y menos había que cortarles los filetes porque no les dejaban usar cuchillo. Cómo pasa el tiempo, amigos..
-Salir de viaje y hablar un ¿inglés? macarrónico al más puro estilo "Yo Tarzán, tú Chita". No sé ni como leches hemos conseguido hacernos entender. Porque el lenguaje gestual es universal, supongo, si no, de qué.
-Pasar una semana andando 16 kilómetros diarios entre impresionantes paisajes rodeados de enormes masas acuáticas y que el trending topic de muchas conversaciones fuera: "¿Pero esto es un lago o ya hemos llegado al mar?"
-Ponerte al día con tus amigas de toda la vida a las que hace tiempo que no ves y que te manden a terapia."Yo creo que tienes algún tipo de bloqueo ahí, ¿eh?" Y yo lo que creo es que tengo un atasco vital de padre y muy señor mío, pero no termino de ver claro que ninguna terapia pueda hacer gran cosa para cambiar eso, la verdad. Aún así las conversaciones, las idas de olla y las risas me han venido muy bien, qué duda cabe.
-Sofocar minicrisis familiares intentando enterarte de todo mientras te haces la sueca de Estocolmo porque se supone que no deberías saber ni la mitad. Interceptar comunicaciones cifradas en whatsapp, mandar mensajes de esos que "se autodestruirán en 15 segundos" y en general actuar de agente doble en guerras que te han pillado en medio sin tener mucho que ver. Me ha faltado un walkie-talkie, contestar diciendo "águila roja llamando a águila azul, ¿me recibes?" y unos buenos abdominales para parecer Tom Cruise en Misión Imposible.
Seguiría, pero creo que con esto ya os hacéis una idea de como ha ido la cosa. Y luego que me cuesta volver de vacaciones. Como para no costarme...
viernes, 13 de julio de 2018
Ciao ciao
Buenos amiguitos, la cosa está así:
-Pese a mi persistente y difícilmente combatible desaparición bloguera, sigo viva. Es decir, sigo respirando, pero tengo que combinar el intercambio de gases en mis pulmones con marrones de curro, megamovidas para hacer posible mejoras laborales, mantenimiento de mi superguarida, recados en el SpeedyHogar para unos SpeedyPadres de vacaciones eternas y una inexplicable y repentina adicción a twitter que me tiene encadenada al ordenador cada noche hasta las tres de la mañana. Y las cuatro líneas anteriores se resumen en que últimamente mis días son mucho cartucho para mi y me quedan dos únicas neuronas operativas en mi cerebro que ni se hablan entre ellas. Como para escribir nada, colegas. No hay manera.
-No quiero causar resquemor ni alimentar envidias innecesarias, pero, ¡ALELUYA HERMANOS!, mañana empiezan mis vacaciones. ¡¡POR FINN!! ¡¡OEEE, OEEE, OEEE, OEEE!! Las esperaba como agua de mayo porque estaba, de todo en general y del curro en particular, hasta la mismísima pepitilla. Pero bueno, ya está. Pitido final. Juego, set y partido. Una que se las pira. Y ya veremos si vuelvo o no... Ganas de perderme de forma indefinida no me faltan, para que os voy a engañar.
-Por otra parte, el destino en el que voy a perderme no os creáis que está del todo claro. Hay confirmada una primera parada que incluye playa y una tropa importante de SpeedySobris y de la que confío salir viva para poder seguir con todo lo demás. Sin embargo, lo concerniente a la cuestión de la supervivencia tampoco está tan claro como podría esperarse. Seguiremos informando.
Y nada, que mi idea en vacaciones es escribir, pero bueno, dado el panorama, vaya usted a saber. No voy a decir nada para no pillarme los dedos. Así que, por si no hablamos feliz verano, felices vacaciones y que vaya bien paréis por donde paréis. Nos leemos a la vuelta.
O no....
-Pese a mi persistente y difícilmente combatible desaparición bloguera, sigo viva. Es decir, sigo respirando, pero tengo que combinar el intercambio de gases en mis pulmones con marrones de curro, megamovidas para hacer posible mejoras laborales, mantenimiento de mi superguarida, recados en el SpeedyHogar para unos SpeedyPadres de vacaciones eternas y una inexplicable y repentina adicción a twitter que me tiene encadenada al ordenador cada noche hasta las tres de la mañana. Y las cuatro líneas anteriores se resumen en que últimamente mis días son mucho cartucho para mi y me quedan dos únicas neuronas operativas en mi cerebro que ni se hablan entre ellas. Como para escribir nada, colegas. No hay manera.
-No quiero causar resquemor ni alimentar envidias innecesarias, pero, ¡ALELUYA HERMANOS!, mañana empiezan mis vacaciones. ¡¡POR FINN!! ¡¡OEEE, OEEE, OEEE, OEEE!! Las esperaba como agua de mayo porque estaba, de todo en general y del curro en particular, hasta la mismísima pepitilla. Pero bueno, ya está. Pitido final. Juego, set y partido. Una que se las pira. Y ya veremos si vuelvo o no... Ganas de perderme de forma indefinida no me faltan, para que os voy a engañar.
-Por otra parte, el destino en el que voy a perderme no os creáis que está del todo claro. Hay confirmada una primera parada que incluye playa y una tropa importante de SpeedySobris y de la que confío salir viva para poder seguir con todo lo demás. Sin embargo, lo concerniente a la cuestión de la supervivencia tampoco está tan claro como podría esperarse. Seguiremos informando.
Y nada, que mi idea en vacaciones es escribir, pero bueno, dado el panorama, vaya usted a saber. No voy a decir nada para no pillarme los dedos. Así que, por si no hablamos feliz verano, felices vacaciones y que vaya bien paréis por donde paréis. Nos leemos a la vuelta.
O no....
jueves, 28 de junio de 2018
Partyline neuronal I
(Vuelve mi partyline neuronal, más caótico que nunca. A ver si consigo hacerlo medianamente inteligible: Lo naranja lo dice ÉL, lo verde lo digo yo en voz alta y lo azul y lo rojo son las dos Speedys que hay dentro de mi cabeza discutiendo a todas horas y haciéndome la vida imposible, en general. Vamos allá.)
Acodada en la barra y esperando a que el camarero se digne a atenderme, noto un quemazón en la nuca, como si me estuvieran acercando una cerilla al cuello. Miro hacia atrás y le veo mirándome con esa intensidad tan suya.
Realmente tendría que comprarse las gafas de Cíclope de los XMen.
Amen, hermana. Bueno, lo que habíamos hablado, mantenle la mirada. No, ¿qué haces? ¡No vuelvas la cabeza y hagas como si no le hubieras visto! ¡Habíamos quedado en que la próxima vez le ibas a mantener la mirada!
Como si fuera tan fácil...
Vale, pues dile algo, no como siempre que esperas a que se acerque él, porque como no se acerque, tú y yo hoy vamos a tener más que palabras, te lo aviso...
¿Y qué le digo?
Pues no sé, chica, pero a ver si es posible que esta vez no parezcas borde ni oligolérdica, si no es mucho pedir, vamos.
Ya, vale, pues algo neutro, tipo, ¿qué te cuentas, A?
Y el Oscar a la originalidad de la noche goes to... ¡Speedy!
Pues no sé... Joer, ya no está, ¿dónde se ha metido?
Ya, bueno, es que las he visto más rápidas hija mía...
Alguien me toca en el hombro derecho. Vuelvo la cabeza hacia ese lado. No hay nadie. Oigo desde mi lado izquierdo:
-Siempre caes.
Sí, hija, siempre caes.
-Siempre caigo.
-¿Qué te cuentas, Speedy?
¿Ves? Tampoco era tan mala mi idea de inicio de conversación...
No sé de qué me sorprendo, sois tal para cual. Responde bien, anda.
-Pues aquí, decidiendo si usar mi superpoder de invisibilidad para el bien o para dominar el mundo, porque parece que, por lo menos para el camarero, soy invisible. No hay manera de que me ponga las copas, oye.
-Es que tienes demasiada cara de buena persona, no le impones.
-Estooo.. gracias... Creo.
-Sí, sí, pretendía decir algo bueno.
-Pues un consejo para el futuro, si hace falta preguntar si es un piropo, no es un piropo high level.
-Recibido, corto y cambio.
Sé que crees que te estás haciendo la dura y que resultas encantadoramente incisiva, pero a este paso acabáis a bofetada limpia. Relaja tronca.
Pero si ha empezado él...
(Continuará)
Acodada en la barra y esperando a que el camarero se digne a atenderme, noto un quemazón en la nuca, como si me estuvieran acercando una cerilla al cuello. Miro hacia atrás y le veo mirándome con esa intensidad tan suya.
Realmente tendría que comprarse las gafas de Cíclope de los XMen.
Amen, hermana. Bueno, lo que habíamos hablado, mantenle la mirada. No, ¿qué haces? ¡No vuelvas la cabeza y hagas como si no le hubieras visto! ¡Habíamos quedado en que la próxima vez le ibas a mantener la mirada!
Como si fuera tan fácil...
Vale, pues dile algo, no como siempre que esperas a que se acerque él, porque como no se acerque, tú y yo hoy vamos a tener más que palabras, te lo aviso...
¿Y qué le digo?
Pues no sé, chica, pero a ver si es posible que esta vez no parezcas borde ni oligolérdica, si no es mucho pedir, vamos.
Ya, vale, pues algo neutro, tipo, ¿qué te cuentas, A?
Y el Oscar a la originalidad de la noche goes to... ¡Speedy!
Pues no sé... Joer, ya no está, ¿dónde se ha metido?
Ya, bueno, es que las he visto más rápidas hija mía...
Alguien me toca en el hombro derecho. Vuelvo la cabeza hacia ese lado. No hay nadie. Oigo desde mi lado izquierdo:
-Siempre caes.
Sí, hija, siempre caes.
-Siempre caigo.
-¿Qué te cuentas, Speedy?
¿Ves? Tampoco era tan mala mi idea de inicio de conversación...
No sé de qué me sorprendo, sois tal para cual. Responde bien, anda.
-Pues aquí, decidiendo si usar mi superpoder de invisibilidad para el bien o para dominar el mundo, porque parece que, por lo menos para el camarero, soy invisible. No hay manera de que me ponga las copas, oye.
-Es que tienes demasiada cara de buena persona, no le impones.
-Estooo.. gracias... Creo.
-Sí, sí, pretendía decir algo bueno.
-Pues un consejo para el futuro, si hace falta preguntar si es un piropo, no es un piropo high level.
-Recibido, corto y cambio.
Sé que crees que te estás haciendo la dura y que resultas encantadoramente incisiva, pero a este paso acabáis a bofetada limpia. Relaja tronca.
Pero si ha empezado él...
(Continuará)
martes, 19 de junio de 2018
Mis musas: ¿quién sabe donde?
Iba a sacarme algo de la manga para explicar por qué me cuesta tanto escribir últimamente, pero vamos, el resumen rápido es que me paso la vida metida en twitter y que ando más bien cortita de inspiración. Y como lo de las musas ya hay mucha gente que lo ha contado (y cantado) mejor que yo, pues pa' qué voy a andarme con tontás, casi mejor que lo digan ellos, ¿no?
Como un día me dijo el poeta Halley,
Si las palabras se atraen, que se unan entre ellas
Y a brillar, que son dos sílabas.
Así que nada, RT máximo a eso de que mi musa está de baja maternal, a eso de que narro vocales y consonantes y encuentro sucios verbos que lloran después de ser abandonados por un
sujeto que un día fue su amo y de tan creído que era prescindió del predicado. Retuit también a esos adjetivos trastornados, adverbios muertos de frío y a otros tanto de la raza pronombre que sueñan en sus jaulas con ser la sombra de un niño. Y en resumen requete-retuit a esta preciosa canción que se resume en una gran verdad: mi leal traidora inspiración, de intermitente aparición.
Ale, corazones, a ser felices.
¡FELIZ MARTES!
Como un día me dijo el poeta Halley,
Si las palabras se atraen, que se unan entre ellas
Y a brillar, que son dos sílabas.
viernes, 8 de junio de 2018
Patinaje, ese sería el titular
El otro día estuve en Capilanda. Fue un viaje relámpago de algo más de 24 horas y hace siglos que no iba, así que decir que tuve una agenda apretada es quedarse asombrosamente corto. Estuve literalmente TODO el tiempo de la ceca a meca quedando con unos y con otros y haciendo las actividades más variadas, porque como ya tengo una edad y muchos de mis amigos ya han abierto sucursales, los planes ahora incluyen actividades infantiles, de adultos, al aire libre, en recintos cerrados y haciendo el pino, si me apuras. Os daré un dato para ilustrar mejor la situación: llegué a Capilandia por la mañana y a la hora de comer mi podómetro marcaba ya 20.000 pasos. Os hacéis una idea de como fue la cosa, ¿no?
En fin, a lo que voy, en todo ese ajetreo quedé con muchísima gente, algunos de los cuales no veía desde hacía años. Igual habíamos intercambiado felicitaciones y seguido nuestras respectivas vacaciones por el Caralibro, pero poco más. Total, que en los primeros 10 minutos de café y antes de entrar en materia, había que resumir toooodo eso que el otro se había perdido en dos o tres frases y como respuesta al primer "¿qué tal?" Lo que viene a ser un poco como el ejercicio periodístico de buscar el titular de la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros más largo de la historia. Es decir, una tortura china.
La gente tira por lo fácil, ¿no? Lo más relevante. "Pues bien, me casé con Fulanita y ahora vivimos en el barrio tal". "Pues bien, estaba harto de ser superhéroe, hice unas oposiciones y ahora soy un cartero feliz sin el agobio continuo que tener que salvar al mundo permanentemente" "Pues bien, ahora cansado porque a mi segundo hijo le están saliendo los dientes y no nos deja dormir nada el pobre..." "Pues bien, lo pasé mal el año pasado con el divorcio pero parece que poco a poco voy viendo la luz, he conocido a una chica..."
Mientras quien sea está hablando (porque les dejo empezar a ellos, que es siempre lo más hábil) busco en mi cabeza algún cambio de mi vida con la suficiente relevancia y la mínima claridad para poder servir de frase introductoria-resumen. Podría hablarle de trabajo, pero si hace mucho que quien sea no me ve, se habrá perdido mis 2 millones de curros de los últimos años y va a entender poco o nada en una sola frase. Podría decirle que me acabo de comprar una casa, pero dado que mi casero podría ser el general en jefe de los Golfos Apandadores, estoy más cerca de cambiarme a otra superguarida que de comprarme ésta. Podría decirle que tengo dos hijos preciosos, pero va a pedir pruebas gráficas, voy a tener que enseñarle fotos de un catálogo de juguetes y va a cantar un montón. Podría relatarle como un maromazo estupendérrimo, tras algunas dificultades iniciales, me declara su amor todo el rato siempre, pero el evidente parecido de esto con una comedia romántica standard va a cantar aún más que el catálogo de juguetes de la línea de arriba. Podría contarle que ya tengo suficientes SpeedySobris pata hacer un equipo de futbito, pero a lo mejor le pasa un poco como al nuevo ministro de Cultura, que no le interesa mucho el deporte...
Así que por no contestarle a alguien que no veo desde la academia de Superhéroes (es decir, hace ya unos añitos), "yo igual, como siempre, sin novedad en el frente" prefiero tirar por lo fácil y responderle con mi última ocurrencia: "Pues yo bien, en mi línea, sin parar, ahora me he apuntado a un curso de patinaje. Ese sería el titular".
Lo digo, nos reímos y seguimos hablando. Pero no os creáis que oírme a mi misma decir eso no me deja un pelín preocupada.
Un pelín.
En fin, a lo que voy, en todo ese ajetreo quedé con muchísima gente, algunos de los cuales no veía desde hacía años. Igual habíamos intercambiado felicitaciones y seguido nuestras respectivas vacaciones por el Caralibro, pero poco más. Total, que en los primeros 10 minutos de café y antes de entrar en materia, había que resumir toooodo eso que el otro se había perdido en dos o tres frases y como respuesta al primer "¿qué tal?" Lo que viene a ser un poco como el ejercicio periodístico de buscar el titular de la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros más largo de la historia. Es decir, una tortura china.
La gente tira por lo fácil, ¿no? Lo más relevante. "Pues bien, me casé con Fulanita y ahora vivimos en el barrio tal". "Pues bien, estaba harto de ser superhéroe, hice unas oposiciones y ahora soy un cartero feliz sin el agobio continuo que tener que salvar al mundo permanentemente" "Pues bien, ahora cansado porque a mi segundo hijo le están saliendo los dientes y no nos deja dormir nada el pobre..." "Pues bien, lo pasé mal el año pasado con el divorcio pero parece que poco a poco voy viendo la luz, he conocido a una chica..."
Mientras quien sea está hablando (porque les dejo empezar a ellos, que es siempre lo más hábil) busco en mi cabeza algún cambio de mi vida con la suficiente relevancia y la mínima claridad para poder servir de frase introductoria-resumen. Podría hablarle de trabajo, pero si hace mucho que quien sea no me ve, se habrá perdido mis 2 millones de curros de los últimos años y va a entender poco o nada en una sola frase. Podría decirle que me acabo de comprar una casa, pero dado que mi casero podría ser el general en jefe de los Golfos Apandadores, estoy más cerca de cambiarme a otra superguarida que de comprarme ésta. Podría decirle que tengo dos hijos preciosos, pero va a pedir pruebas gráficas, voy a tener que enseñarle fotos de un catálogo de juguetes y va a cantar un montón. Podría relatarle como un maromazo estupendérrimo, tras algunas dificultades iniciales, me declara su amor todo el rato siempre, pero el evidente parecido de esto con una comedia romántica standard va a cantar aún más que el catálogo de juguetes de la línea de arriba. Podría contarle que ya tengo suficientes SpeedySobris pata hacer un equipo de futbito, pero a lo mejor le pasa un poco como al nuevo ministro de Cultura, que no le interesa mucho el deporte...
Así que por no contestarle a alguien que no veo desde la academia de Superhéroes (es decir, hace ya unos añitos), "yo igual, como siempre, sin novedad en el frente" prefiero tirar por lo fácil y responderle con mi última ocurrencia: "Pues yo bien, en mi línea, sin parar, ahora me he apuntado a un curso de patinaje. Ese sería el titular".
Lo digo, nos reímos y seguimos hablando. Pero no os creáis que oírme a mi misma decir eso no me deja un pelín preocupada.
Un pelín.
miércoles, 30 de mayo de 2018
Saber sin saber por qué
Esto ya lo dije por aquí, pero me apetecía recuperarlo con voz. Porque hay cosas cosas que no se sabe por qué se saben sin más y por eso cuando te preguntan por qué lo sabes sólo puedes contestar que lo sabes aunque no sepas por qué...
No sé si está quedando muy claro. Mejor le dais al play
No sé si está quedando muy claro. Mejor le dais al play
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