Como es habitual en mi vida, las cosas pasan cuando les da la gana y a los kilos se les ha puesto en la punta del pie irse ahora. Pues fenomenal, oye, a enemigo que huye, puente de plata. Hasta más ver, compañeros. Y si puede ser hasta nunca, pues mejor que mejor.
De todas maneras, no está todo el trabajo hecho. Me falta un kilillo para llegar a la meta que me puse en su día y dos y medio para estar en mi peso ideal, pero bueno, no me preocupa. Más que nada porque me he dado cuenta que en esto de mi masa corporal y su atracción gravitatoria hacia la tierra no tengo ni voz ni voto. Haga lo que haga, coma lo que coma o lo que deje de comer mi báscula marca lo que le peta. Así que para qué me voy a dar mal, ¿no?
Además, como ocurre en todos los momentos de felicidad repentina de la vida, negros nubarrones se ciernen en el horizonte, en este caso en forma de comilonas navideñas y disparo de polvorones a discreción. De normal esto me preocuparía mucho si no fuera porque se da la feliz coincidencia de que Speedydad tiene que hacer dieta este mes. Al pobre hombre esto le trae por la calle de la amargura porque se arrastra muerto de hambre por los rincones, pero a mi me va a venir de perlas por varias razones:
1.-Speedydad es el cocinero oficial del Speedyhogar y el que piensa los menús de cada comida. A ver si hay suerte, el subconsciente le traiciona y se le ocurren platos medianamente light o por lo menos le ayuda a reducir cantidades. Y es que normalmente prepara suficiente comida para acabar con el hambre en el mundo entero. Durante una década.
2.-Voy a empezar una campaña solidaria en apoyo a los speedypadres a dieta. Ya me veo todo el Speedyhogar plagado de carteles tipo: "Por un mundo mejor lleno de speedydads más delgados y sanos, esconde los turrones en el armario más alto de la cocina"; "Por un planeta libre de colesterol malo, no compres mayonesa". Si me animo igual hago hasta chapas, fijaos lo que os digo. A ver si entre todos mentalizamos a Speedydad. Y ya de paso a mi, que tampoco me vendría mal.
3.-Por fin, ¡POR FIN!, tendremos una excusa válida para decir "no quiero más" cuando la altura de la comida en el plato supera la de un edifico de tres plantas. Antes decir "no quiero más" era completamente inútil porque a Speedydad le sonaba a chino y no te hacía ni caso. Ahora podrás argumentar que eres colaboradora oficial de la campaña "Por unos speedypadres más sanos" y si no es suficiente, le enseñas la chapa. Y ahí ya te tendrán que respetar, no les quedará más remedio.
En fin, este es mi plan para atravesar las navidades sin demasiadas bajas en la guerra contra los kilos. Ya os contaré si funciona...

