Si
Marie Kondo entrara en mi superguarida se cortaba las venas. Así os lo
digo. No es sólo que sea un vórtice de entropía, es que es un caos
contra el que no se puede luchar dado que es imposible aplicar la regla
de oro: un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio. Muchísimos de
mis enseres están por el medio porque no hay donde guardarlos. Bueno...
¿es ese el único motivo? Y aquí viene la entrada, claro.
Es
cierto que no tengo demasiados muebles y por tanto poco espacio. Pero
es más cierto aún que podría enterrarme viva bajo una montaña de recibos de compra y papeles de propaganda que no me sirven para nada. Y quien
dice recibos dice agendas de ocio, apuntes de cursos, etiquetas de ropa, notas
recordatorias de hace 2 años, listas de posibles nombres para protas de relatos, envoltorios monos... En fin, ya me
entendéis, padezco un síndrome de Diógenes galopante.
No
sé cuál será la causa de la enfermedad real pero en mi caso diría que
nace de la indecisión. Porque al principio parece que es pereza de
ponerme a revisar ese Everest de papeleo, pero después te das cuenta
que el problema real es chequearlo todo sabiendo que lograrás tirar como
mucho un 1%. "Estos tickets del Pleistoceno... ay, es que quería hacer
comparativa de precios para encontrar el super más barato". "Esta
etiqueta... ay, es que me quiero acordar de como se lavan los pantalones
nuevos que compre en 2005". "Este libro... ay, es que quería apuntar las
frases que subrayé cuando me lo leí en preescolar." "Ay, ¿seguro que no necesitaré esta absoluta chorrada para algo en el futuro? No sé, igual sí... Si la tiro fijo que me hace falta al día siguiente".
En
serio, una desesperación. Ni un ejército de maries Kondos ametrallándome
con su mantra "¿este objeto te hace realmente feliz?" conseguirían
ayudarme a soltar lastre de basurillas. Siempre tendría una excusa que
darles para conservar cualquier ponzoña. SIEM-PRE. De hecho, la última
limpieza general seria que recuerdo fue posterior al
mierdertsunami, cuando una ola de
aguas fétidas empapó el 75% de mis pertenencias obligándome a tirarlo
todo con la nariz tapada y sin mirar. No hay más preguntas, señoría.
Para colmo, este
apego a las bazofias varias se combina trágicamente con mi caos mental y
mi despiste crónico. Siempre tengo mil cosas en la cabeza y la
sensación de que me olvido de todo, así que suelo dejar las cosas
pendientes por medio para recordarme que las tengo que hacer. Spoiler:
no funciona. Cuando una montaña de temas "por mirar" se asienta de forma
perpetua en tu salón, al cabo de poco te acostumbras y dejas de verla.
Las tareas siguen pendientes y tu nivel de caos y estrés se incrementa.
He
probado de todo para intentar invertir esta tendencia: listas, app de
organización, libros de gurús del orden.... Fracaso total. Así que a
situaciones desesperadas, medidas desesperadas: me he comprado un baúl.
Uno bonito y graaaaaaande donde voy a echar todo sin mirar, sin indecisión y sin miedo.
Allí voy a encerrar todo mi caos, como Pandora. Y como ella no me hago responsable de los males que se escapen de ahí cuando se me ocurra abrir la tapa...
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