Ya os dije que este 2025 no he querido hacer balance porque en general ha sido bastante meh y sin embargo me ha sorprendido un montón la cantidad de papelitos que he acumulado. Muchos más que en 2024. Más también que un muy buen año como fue 2023.
Esto no ha sido tanto porque estos meses pasados me hayan ocurrido cosas mejores ni haya participado en más actividades bonitas, sino por mi empeño en apreciar absolutamente TODO. En valorar hasta lo más pequeño. En el frasco había algún evento mediano como un minúsculo reconocimiento profesional, pero la mayoría eran conversaciones agradables, planes chulos, comidas ricas, momentos de risas y minucias así. Muchas no las habría metido en el bote los años anteriores y me alegra haber reparado en ellas y haberme esforzado en recordarlas, en tenerlas en cuenta para la columna de BUENO del balance anual. Me gusta ver cuantas situaciones positivas he atesorado y me gusta ser una persona que las valora, que no las deja pasar.
Aún así, todos esos papeles en el tarro de un año malo me han puesto triste. Porque me recuerda esto que ya os conté aquí, que muchas peque_alegrías juntas no equivalen a una ALEGRÍA GRANDE, con mayúsculas. Que yo no tengo ningún control sobre las enormes, que sólo me queda disfrutar las chiquititas mientras quien sea abre el grifo de las de talla L y XL. Y como el cabrito/a responsable no lo abre ni a la de tres, yo me esfuerzo en acumular muchas S y XS a ver si apilándolas me construyo una gigante. Pero como si quieres arroz, Catalina. Y me agoto. Y me frustro. Y me parece muy triste y muy injusto un bote sin ninguna mayúscula, la verdad.
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