viernes, 15 de marzo de 2013

Ganarse una leche en lengua de signos

Mi aprendidaje de la lengua de signos marcha viento en popa a toda vela. Dada mi escasísisma habilidad para signar correctamente, supongo que una persona sorda no me entendería ni papa, pero yo me siento realizada pudiendo contruir frases utilísimas del tipo: "La paella lleva arroz y mejillones", "compré cerezas en la frutería", "en invierno hace frío", "mi cumpleaños es en agosto" y "el bombero bajó a mi gato del árbol". Frases, por otra parte, todas ellas im-pres-cin-di-bles en la vida diaria, como podéis comprobar.

Como la de cualquier estudiante recién iniciado en un idioma nuevo, mi expresión es un auténtico desastre. Mis configuraciones de los signos (la forma en la que coloco las manos) es inexacta, pero el mayor problema es que dudo mucho al signar (como si tartamudeara cuando hablo) y así no hay forma de seguir el hilo de lo que digo, claro. Aún así, el mayor peligro ahora mismo son las confusiones. Vivo con el miedo de que un sordo me parta la cara porque le he dicho, sin querer, algo que no debería.

Y es que, ahora que hemos estudiado más vocabulario, empiezan los bullullus. Las palabras distintas que tienen el mismo signo (como salón y rico, miedo y chocolate, o verdura, verde, viuda y Venezuela) son un problema menor, porque bueno, igual las sacas por contexto. El tema está en los términos que tienen configuraciones parecidas con algunas diferencias y que yo, en mi cacao mental, confundo unos con otros.

Por ejemplo, los signos de los verbos llamar y enamorarse son muy semejantes, se parecen a los típicos cuernos que haces con el índice y meñique de una mano levantados y el resto de los dedos cerrados en el puño. Que es verdad que no es lo mismo decirle a un maromazo de ojos verdes "llámame", que "enamórame", pero se me ocurren dramas peores, porque igual hasta te hace caso y te aparece un novio nuevo de la nada.

El problema es que hay otros signos parecidos entre sí que pueden llevar a equívocos mucho menos agradables. Amarillo se expresa de una forma peligrosamente parecida a puta y lo mismo ocurre con cerdo y viejo y con farmacia y maricón, por ejemplo. Como podéis suponer, hay muy pocos contextos en los que confundir esas palabras entre ellas no te meta ipsofácticamente en la rifa de una leche de la que tú llevas todas las papeletas para ganar el premio gordo.

Aún así, a pesar de los evidentes riesgos para mi integridad física, allí sigo, intentando expresarme en lengua de signos. Porque me gusta vivir al límite. O porque no tengo dos dedos de frente, que todo puede ser...

miércoles, 13 de marzo de 2013

Parafraseando a Twitter

Bueno, pues me rindo. Llevo un buen rato jugando a la máquina tragaperras de mi cerebro para intentar que me saliera premio y que se me ocurriera una idea para una entrada, pero no ha habido suerte, así que no me queda otra que recurrir al oráculo de twitter. Ese pozo sin fondo de creatividad y de ingenio me deja alucinada cada día y hoy le voy a pedir una ayudita. Voy a construir una historia con los mejores tweets que he leido últimamente, a ver qué tipo de locura sale. Espero que por lo menos nos riamos. Como muchas de estas perlas son de traca, los autores os los pongo debajo del texto, porque qué menos que nombrar a esos genios del humor, ¿no? De muchos no lo recuerdo, así que si alguien los reconoce, ahí tiene los comentarios para reivindicar su obra. Allá vamos

La cosa está fatal. Te levantas por la mañana, abres el periódico y enseguida te das cuenta de lo que pasa: "Se muere Chávez. El papa renuncia. Cae un asteroide en Rusia. Tsunami en Japón.¿Falete desde un trampolín? ¿Quién coño está Jugando a Jumanji?" (1). Luego repasas la sección de nacional, consultas la de economía para ver como va nuestra prima de riesgo y solo esperas que Grecia no nos esté haciendo un spoiler (2).

Así que decides hacer lo único inteligente: cerrar el periódico y darte a las drogas duras abriendo un bote de Nutella de tamaño familiar. En la despensa te parece notar que te falta algún frasco de esta crema, pero estás tranquila porque todo el mundo que te conozca sabe que si tienes ocho botes de Nutella y una amigo intenta quitarte dos, te quedan ocho botes y un cadaver (3). Mucha gente te dice que abusas del chocolate, que puedes perjudicar tu salud, pero tú estás convencida de que exageran y que seguro que el colesterol no es malo y sólo necesita que lo abracen.(4)

Total, que como no te queda otra, coges el coche para ir a trabajar, pero tienes tanto sueño que al GPS le entra miedo de que te estrelles y dice: "Pare en 200 metros, que yo me bajo" (5). Y es que hoy no es un buen día para los Piscis, ya lo decía tu horóscopo: "CAPRICORNIO Amor: bien. Posibles peleas con los Piscis. PISCIS Amor: bien. Los Capricornio dicen que los Piscis sois unos hijos de puta" (6). La predicción se confirma en cuantos pones un pie fuera del coche y te encuentras con el primer capullo de la mañana, de esos que te hacen pensar: "¿De verdad fue este el espermatozoide más rápido?"(7)

Pero en fin, le echas un par y sigues adelante, porque la vida es demasiado corta como para extraer el USB con seguridad(8). Si no estás al quite, te pasa lo que te pasa, que cuando menos te los esperas,  el lobby de fabricantes de figuritas de bueyes y mulas se sale con la suya (9) y consigue que Ratzinger renuncie. Y todo son risas hasta que te das cuenta de que la dimisión del Papa te pilla con LinkedIn sin actualizar (10). Y no es que ser la cabeza visible de la Iglesia Católica en la tierra haya sido de siempre el sueño de tu vida, pero claro, ahora es una posibilidad y te pasa un poco como con las cosas que aún guardas en casa de tus padres, que nunca sabes lo que quieres hasta que llega tu madre y te dice: ¿Esto lo quieres o lo tiro? (11)

Con todo eso, y a pesar de que el día ha empezado mal, confías en que mejore. Piensas que cuando salgas a tomar un café después de comer quizás se te acerque un maromazo de ojos verde a decirte con voz zalamera: ¿Sabías que besando se queman 6'4 calorías por minuto? ¿Quieres que probemos? (12) El problema es que, como hoy tú no estás en lo que estás, fijo que le contestas: ¿Me estás llamando gorda? Y a lo mejor, ni siquiera es lo peor que podrías decirle, porque en miércoles del averno como el de hoy, la palabra no es tu punto fuerte y ya se sabe que estudiamos lengua en el colegio durante años para terminar diciendo: "Dame el este que está en el ese de ahí". (13)
Así que decides acabar con tu sufrimiento de día e irte a dormir para evitar males mayores. Y te vas a la cama calladita, porque cada vez que abres hoy la boca sube el pan. Eso sí, si los puntos suspensivos hablaran...(14)

(2) ExjoanSin Miedo
(3) Lo mejor de twitland
(4) Apróstata
(5) Jack Esparrago
(6) Ultramudo
(9) Aykrmela
(10) Anomalo

lunes, 11 de marzo de 2013

Bidireccional

Amistad es una palabra que me da bastante respeto. La gente la usa muy a la ligera y va por la vida diciendo "mis amigos esto" o "mis amigos lo otro" y yo no sé si ese plural es tan plural como ellos se creen. Más que nada porque quien tiene un amigo tiene un tesoro y tener varios, así para empezar, me parece una suerte de la leche. Pero en fin, también hay algunos afortunados por ahí que les toca el euromillón, ¿no?

Lo que está claro es que cada uno sabe donde traza la raya que separa a un amigo de un conocido. Para mí son muchas cosas, pero la clave seguramente está en la reciprocidad, en darse cuenta que ser amigo de alguien es un verbo bidireccional. Nunca dirías que Zrutanito es tu novio si el tal Zrutanito no te considerara su novia, ¿no? Dirías que te gusta, o que le quieres o que estás a punto de hacer que se de cuenta de que eres el amor de su vida. Pero no le llamarías tu novio porque no lo es (por lo menos aún). Pues para mi en la amistad pasa un poco lo mismo. Hay que estar dispuesto a dar lo mismo por los dos lados y saber que existe un cariño parecido por ambas partes, algo que siempre es más fácil de decir que de hacer.

Cuando eres amigo de alguien, se nota. Podéis parlotear sin descanso o no pronunciar ni una palabra, porque los silencios incómodos no existen. Podéis hablar sin sonidos, sólo con las miradas, pero también podéis deciros absolutamente todo, como que un pantalón te queda de pena o que has llevado la cara manchada de chocolate desde que te has bebido el colacao del desayuno. Y lo mejor es que tenéis un idioma propio. Esas expresiones típicas que salen siempre en algún momento de la conversación. Esos términos mal empleados, pero que los dos usáis de la misma forma errónea. Y esas palabras que no significan lo que parece, sino cosas que habéis vivido juntos y que por eso indican con exactitud a qué os referís.

Decir, por ejemplo, que "alguien es el Fernando de Lola" es dar a entender que ese chico es el perro del hortelano de la pobre Lola, el cabrito que la ha hecho sufrir durante años, pero que nunca la ha querido de verdad. En esa frase, "Fernando" no es un nombre propio, es un adjetivo (más bien un insulto) porque en su día, en la vida de la amiga que te lo cuenta, hubo un cabrito que se llamaba Fernando y que se portó tan de pena que tuvo el dudoso honor de fundar su propio nivel de maldad masculina. Y tú, que lo viviste con ella, ya sabes lo grave que es que alguien sea un "Fernando".

Tres cuartos de lo mismo pasa cuando Maromazo de Turno no te hace ni caso y tu amiga se limita a decir que recuerdes que "no tiene bolsillos" (sin referirse a nada que tenga que ver con el diseño de la ropa de él ni con su dinero) o te anima a hacer lo que sea que no te atreves a hacer diciéndote que "ya apechugaremos".

Forjar un idioma propio lleva tiempo y de vez en cuando, sangre, sudor y lágrimas. Lo mismo que hacer un amigo de verdad. Si la gente tiene tantos como dicen, hay que ver lo que les cunde la vida, ¿no?

viernes, 8 de marzo de 2013

Enano Cabr*n

Dicen que la inteligencia es el don mejor repartido porque todo el mundo cree tener suficiente. Yo no sé si toda la peña es tan lista como se piensa, pero lo que está claro es que algunos tenemos al "Enano del Mazo" en el cerebro y otros no y estos últimos se merecen un patadón en la boca por suertudos. ¡Ah!, ¿que sois de esos que se han librado de esa tortura y no sabéis quién es el "Enano del Mazo"? Bien, pues id poniéndoos en fila para recibir el patadón que os corresponde y, mientras tanto, os voy contando la teoría.

Avalados estudios científicos revelan que algunos especimenes tenemos dos enanos en la cabeza. El "Enano Cerebrín" es un chaval muy aplicado que hace lo que puede con la poca información que le vas haciendo llegar al cerebro. Con las siete palabras, dos verbos y tres estructuras y media que has aprendido en alemán, te redacta una redacción medio apañada. Con las cuatro cosas que te has enterado de Maromazo de Turno, construye un par de comentarios ingeniosos empleables en cualquier conversación estándar de ligoteo. Y de los marrones que te buscas, va sacando las enseñanzas necesarias para hacerte salir airosa del siguiente jardín en el que te metas. Vamos, ya os hacéis una idea, "Enano Cerebrín" es un apagafuegos que está siempre ahí para echarte una mano.

El "Enano del Mazo" es todo lo contrario, es un tío apalancado permanentemente es la Terraza Alta Este de tu cerebro, haciendo el vago y matándose a copas. Es un completo inútil, pero aplica a muerte eso de que "si no puedes ayudar, molesta, lo importante es participar", así que, entre caña y caña, siempre encuentra un hueco para darse un paseo y aparecer en lo momentos cruciales de tu vida. Llega con su mazo en ese instante clave y le atiza una leche a "Enano Cerebrín" de tal calibre que lo deja atontado un rato. Con el guantazo, el pobre Cerebrín se queda colgado como un ordenador y a lo que lo quieres reiniciar, ya la has liado parda en el examen, o con Maromazo de Turno o con lo que sea, y Enano del Mazo se ha salido con la suya. Perraco del infierno...

Mi Enano del Mazo particular (al que yo llamo Enano Cabr*n porque ya son muchos años juntos y hay confianza) está tan musculado como Gastón (el malo de La Bella y la Bestia) y al pobre Cerebrín le calza unas tortas como panes. Antes se paseaba por mi cerebro a todas horas, pero a base de disgustos, había conseguido que se especializara, bebiera más y pegara menos. Hasta ahora. No sé si es que han subido los precios de las cañas en la Terraza Alta Este o que, pero el caso es que el tío está de un activo que da asco y me tiene hasta los mismísimos. Voy a ver donde puedo comprarle un buen mazo a Cerebrín y que se defienda un poco, que así no podemos seguir...

miércoles, 6 de marzo de 2013

Ceguera teatral

El error más común en los que se inician en el mundo del teatro es pensar que la cosa consiste en subirse a un escenario y actuar. Y bueno, sí, eso es genial, pero es la punta del iceberg. Ya lo he explicado otras veces, el teatro es un trabajo en equipo: hay que ensayar y elaborar decorados y buscar atrezzo y seleccionar músicas para acompañar las transiciones y ayudar desde bambalinas a los cambios de los compañeros que están en el escenario y dar la réplica en las escenas y millones de cosas más. Estar bajo los focos mola porque es el momento de mostrar un trabajo, la puesta de largo de un esfuerzo común, pero es el 1% de la experiencia teatral.

Aún viviendo todo eso, hay estrechos de miras que sólo ven ese 1%. Y lo más gordo es que ni tan siquiera lo ven completo. Porque encima del escenario hay mucho tajo. Pero mucho mucho. Decir el texto es una parte mínima del trabajo. Los gestos, el ritmo, la actitud, las pausas, las miradas, los silencios y la intención son fundamentales para representar bien un papel. Diría que incluso más que las palabras. Los que miden la importancia de un personaje por las líneas que ocupa en el libreto están ciegos.

Y eso cuando hablamos de obras acabadas, de historias cerradas, pero la cosa se complica aún más cuando hay que improvisar, inventar una escena en tiempo real, mientras se representa. En esos casos la interpretación es casi lo de menos, lo vital es crear. En milésimas de segundo hay que pensar una situación original, con unos personajes bien definidos que sirvan para escenificar un conflicto, que llamen la atención, que enganchen y que, si puede ser, sean graciosos. Hay que tener la idea, lo que no es nada fácil y hay que ser capaz de explicarla rápidamente, para no perder al espectador en los escasos 15 segundos en los que decide si le interesa o no lo que haces.

Pero el trabajo no acaba allí. Hay que saber hacer avanzar la acción (que la tira de veces se queda enganchada en bucle cuando a nadie se le ocurre por donde salir) y saber ocupar los espacios en escena, para no taparse ni chocar unos con otros. Hay que tener visión de conjunto para ver venir los problemas, los saltos de texto o los olvidos y disponer de velocidad de reacción para resolver esos problemas que no se han podido ver venir.

Ya lo he dicho, pero insisto. En el escenario, como en la vida, hay mucho tajo. Pero mucho. Los protagonistas centran la atención, pero no son los únicos que cuentan. Sin los secundarios, sin los que tienen ideas, sin los que distribuyen la escena, sin los que montan decorados, sin los que buscan músicas, sin los que resuelven problemas, sin los que controlan el ritmo y los espacios, los protagonistas están vendidos. En el escenario, como en la vida, cada uno tiene su habilidad y todos somos necesarios. Los que sólo quieren ser protagonistas, a los que SÓLO les vale ser protagonistas, están ciegos.

martes, 5 de marzo de 2013

Te quieros de garrafón

Es curiosa la alegría con la que muchas personas utilizan algunas palabras, no sé si conscientes o no de lo poco que corresponden esos términos a la realidad. Los oyes emplearlos con toda traquilidad y confianza y piensas: ¿Realmente te lo crees?  Porque vas listo...

Veo a esas parejas de adolescentes que se dedican "te quieros" apasionados y que a los 10 minutos cortan porque uno se ha creado un perfil en Facebook y otro en Tuenty. A todas esa personas ya adultas que empiezan una relación sentimental un lunes y el martes por la tarde ya han dicho "te quiero". Estoooo, sí, bueno, permíteme que lo dude. Igual me tienes cariño, o apego, o te atraigo, o te intereso y quieres saber si eso se puede convertir en otra cosa. Hasta ahí bien, pero, ¿quererme? Para quererme me tendrás que conocer. Te habrás tenido que pelear conmigo por la hora de vuelta a casa un sábado, porque siempre dejo los deberes para última hora o por el tiempo que me paso colgada al teléfono fijo dejando incomunicados a todos los de la casa. Tendrás que haberte puesto negro porque te cojo la ropa sin tu permiso, porque soy el desorden personificado en la habitación que compartimos o porque siempre te amenazo con chivarme de tu última trastada.

Tendrás que haber soportado mis quejas cuando estoy griposa, mis nervios cuando estoy de exámenes y mi atontamiento hasta que me bebo el primer café de la mañana. Habrás tenido que consensuar viajes, planear excursiones y preparar sorpresas a medias conmigo. Te habrá tocado torearme en mis ratos malos y descojonarte en los días en los que estoy sembrada.

Habrás tenido que contarme tus problemas y buscar entre los dos soluciones para ellos y para los míos. Tendrás que haberme explicado como ves tú las cosas y chocar y discutir y hacer esfuerzos para llegar a acuerdos. Habremos tenido que reír juntos hasta las lágrimas y llorar cuando haya hecho falta.

Si después de todo eso me dices que me quieres, puede que te crea. Yo, desde luego, no lo diré antes. Me niego a ir por la vida disparando "te quieros" de garrafón.

viernes, 1 de marzo de 2013

Por qué no me gusta leerlo todo

A ver, a ver, a ver, a ver... tranquilidad en la sala, todos esos blogueros-lectores-incansables que hacen aspavientos indignados por el osadísimo título de esta entrada que se vuelvan a sentar, que todo tiene su explicación. La que voy a dar ahora mismo.

A mi de pequeña me encantaba leer. Lo que fuera: los libros de "Los Cinco", tebeos de Zipi-Zape, historias de "Elige tu propia aventura"... Cualquier cosa. Yo creo que en aquel entonces lo que me enganchaba de la lectura era que aprendía cosas. Que podía conseguir un quesito de Trivial porque sabía que el jade era verde, y la razón por la que lo sabía es que la sirena protagonista de mi último libro tenía los ojos de ese tono. O que era capaz de dejar fuera de juego a mi profe de lengua siendo un mico que no levantaba dos palmos del suelo pero que entendía lo que significaba mirar "de hito en hito". Leyendo crecía, por eso me gustaba tanto.

Ahora ya soy mayor. Me sigue quedando casi todo por aprender, pero, la verdad, la mayoría de los libros que leo no me enseñan gran cosa. Será que elijo mal mis lecturas o que desde el principio de los tiempos se cuentan siempre las mismas historias con formas distintas. Igual es por eso que ahora me importa más COMO se cuentan esas historias. Y aquí viene el meollo de la entrada, explicar cual creo yo que es el "como" ideal:

-Los virtuosismos no me van. A mí que pongas palabras rimbonbantes, rebuscadas, términos especializados, complejísimas metáforas y estructuras imposibles no me impresiona. Al revés, me hace pensar que despliegas esa artillería porque tienes poca profundidad que ofrecer. Un poco como los fortachones esos, que te levantan pesas de la tira de kilos, pero después na de ná...

-Tampoco soy muy fan de la belleza literaria, así, en el sentido clásico. A ver como lo explico... No me gusta tanto que elijas palabras bonitas, como que sean las adecuadas y las coloques bien. "Flipar", "tronco" y "ni de coña" pueden ser la materia prima de textos preciosos... aunque no sean de estilo clásico. Y sí, me temo que en esto los blogs me han influido un pizca ;P

- Y ya que hablamos de belleza, ¿que qué tiene que tener para ser bonito? No lo sé, pero una baza segura es la originalidad. Dime las cosas de forma poco convencional y muy gráfica, que consiga enviar la imagen que tienes en tu cerebro a mi cabeza por vía directa y ya tienes mucho ganado.

-Tochazos o historias lentas en entrar en materia... pufff, difícil. Muy interesantes tienen que ser para que no me vea tentada a dejarlas a medias. Ahora soy poco paciente y de esto tienen mucha culpa twitter y moderneces en general, que me han vuelto bastante vaga, cada vez menos centrada y más difusa.

-Mucha descripción, en general, también punto negativo. Lo siento, pero la mayoría de las veces los lugares en los que transcurre la acción dan exactamente igual y el aspecto del protagonista, excepto algunos rasgos, también. Ve al meollo, o me pierdes.

-Bueno, vaaale, ¿quieres describir? Describe con acciones. Que un narrador omnisciente me asegure que la protagonista es detallista y buena persona no me sirve de mucho y de primeras, además, no me lo voy a creer. Cuéntame que esa misma prota ve a una niña desconocida que va a su baile de fin de curso y como se da cuenta de que a la chavala le sobresale un poco la ropa interior por encima de su precioso vestido de fiesta, la ayuda disimuladamente a recolocarse. Eso me va a decir mucho más de como es la protagonista que la descripción que puedas darme.

En fin, habría más que decir, pero voy a dejarlo aquí. Esto un poco en general y con millones de excepciones, claro, pero lo que quiero decir es que ya no me gusta leerlo todo, que ahora soy mucho más exigente, que un libro se lo tiene que currar para gustarme. Y en cualquier caso, es sólo mi opinión, ya se sabe que para gustos los colores y para colores las flores.