-Inexplicablemente, la fuerza de control mental no funciona con la aspiradora, la fregona y otros productos de limpieza. Por muy fijamente que los mires, no se ponen solos y por propia iniciativa a limpiar la superguarida mientras tú echas una cabezadita en el sofá. Y no, la aplicación constante de esa técnica durante los cuatro días de vacaciones no mejora su eficacia.
-Hacer una completa compra para tener víveres suficientes en los próximos 15 días no sirve de nada si se abre un agujero negro en la segunda balda de la cocina que hace desaparecer los alimentos como por arte de magia. Es curioso que este subtipo de agujeros negros cocineros sólo absorban dulces, bollos, chocolate y elementos gastronómicos de estas características. Misterios del funcionamiento del Universo. Inquietante, que diría Iker Jiménez.
-No tengo datos confirmados, pero sospecho que algún villano con el superpoder de la clonación ha atacado los canales televisivos estos días, porque por mucho que cambiaras y cambiaras en la pantalla aparecían todo el rato romanos con espadas y cascos de esos que llevan una escoba en la cabeza, gladiadores y hombres barbudos vestidos con túnicas blancas y alpargatas. Ah, bueno, y gente famosa tirándose de un trampolín. Esos también estaban por todas partes.
-Sorprendentemente, la lista de 100 verbos irregulares de alemán no se ha introducido en mi cerebro por ósmosis. Y por si os lo preguntabais, no, tampoco sirve para eso mirar fijamente los apuntes y pensar "dentro de un rato me pongo".
-Y por supuesto, a pesar de haber tenido cuatro laaaaaaargos días libres, la culpa de no haber terminado ninguna de las tareas pendientes es, sin ninguna duda, de los 60 minutos que he perdido por el cambio de hora para adoptar el horario de verano. SE-GU-RO.
"Speedy's Original, perdiendo el tiempo desde los años 80"
lunes, 1 de abril de 2013
viernes, 29 de marzo de 2013
No es suficiente
Yo aquí mucho jijijaja, pero la verdad es que hay bastantes cosas en mi vida que van reguleras. Como nos pasa un poco a todos, supongo, no es que ahora me crea la reina del drama absoluto. Pero bueno, la que tiene que levantarse cada día en esta película soy yo y que los demás también tengan lo suyo, a mi ni me quita ni me pone, que queréis que os diga. Y sí, ya sé que no es una actitud muy madura, pero lo cierto es que mal de muchos, consuelo de tontos y a la hora de la verdad, a mi la frustración y el cabreo no me los quita nadie.
Y no es que no valore lo que tengo, ¡ojo! Soy consciente de que en algunos temas soy una suertuda. Pero no es suficiente. Ya me gustaría a mí no tener este sentimiento de falta. Ya me gustaría a mí poder centrarme en lo que sí que hay y olvidarme de lo que no. Ya me gustaría a mí dejar de compararme sólo con los que disfrutan de lo que yo quiero y no con todos. O con nadie. Ya me gustaría a mí no tener esta rabia dentro contra una vida injusta no solamente conmigo, pero también conmigo. Ya me gustaría a mi dejar de preguntarme a todas horas por qué otros sí y yo no y aceptar que es lo que hay, que lo tomas o lo dejas, que no queda otra. Ya me gustaría a mí.
Pero no puedo. Y como dicen que querer es poder, supongo que tampoco quiero, aunque querría querer con todas mis fuerzas. Por eso me esfuerzo continuamente para ignorar esa yo insubordinada que pretende amargarme la vida. Por eso le hago el vacío y el "habla chucho que no te escucho" y no la dejo meter baza en mis conversaciones. Por eso la mantengo ocupada pensando memeces para las entradas de un blog con superpoderes y la tengo agotadita con clases de teatro y cursos de idiomas y fiestas de disfraces.
El problema es que la cabrona tiene un aguante de mil pares y cuando termina la infinita lista de tareas que le mando, coge su puntero láser y señala los letreros luminosos de mi cerebro en los que pone bien grande: NO ES SUFICIENTE. Y hay días, como hoy, en los que me harta tanto que la dejo salir, para que dé un poco la brasa a los demás y me deje a mi un ratito en paz. Que se desgañite a gusto a ver si se queda afónica y me da una tregua de unos días. O mejor, que juegue al euromillón a ver si le toca y se va con Curro al Caribe. Para siempre, si puede ser.
Y no es que no valore lo que tengo, ¡ojo! Soy consciente de que en algunos temas soy una suertuda. Pero no es suficiente. Ya me gustaría a mí no tener este sentimiento de falta. Ya me gustaría a mí poder centrarme en lo que sí que hay y olvidarme de lo que no. Ya me gustaría a mí dejar de compararme sólo con los que disfrutan de lo que yo quiero y no con todos. O con nadie. Ya me gustaría a mí no tener esta rabia dentro contra una vida injusta no solamente conmigo, pero también conmigo. Ya me gustaría a mi dejar de preguntarme a todas horas por qué otros sí y yo no y aceptar que es lo que hay, que lo tomas o lo dejas, que no queda otra. Ya me gustaría a mí.
Pero no puedo. Y como dicen que querer es poder, supongo que tampoco quiero, aunque querría querer con todas mis fuerzas. Por eso me esfuerzo continuamente para ignorar esa yo insubordinada que pretende amargarme la vida. Por eso le hago el vacío y el "habla chucho que no te escucho" y no la dejo meter baza en mis conversaciones. Por eso la mantengo ocupada pensando memeces para las entradas de un blog con superpoderes y la tengo agotadita con clases de teatro y cursos de idiomas y fiestas de disfraces.
El problema es que la cabrona tiene un aguante de mil pares y cuando termina la infinita lista de tareas que le mando, coge su puntero láser y señala los letreros luminosos de mi cerebro en los que pone bien grande: NO ES SUFICIENTE. Y hay días, como hoy, en los que me harta tanto que la dejo salir, para que dé un poco la brasa a los demás y me deje a mi un ratito en paz. Que se desgañite a gusto a ver si se queda afónica y me da una tregua de unos días. O mejor, que juegue al euromillón a ver si le toca y se va con Curro al Caribe. Para siempre, si puede ser.
miércoles, 27 de marzo de 2013
El patata oficial
Ahora viene cuando yo hago como las locas y hablo sola, porque la Semana Santa ha pegado fuerte y la blogoesfera está más vacía que en los más tórridos días de agosto. Pero en fin, que no se diga que me escaqueo. Si toca escribir, escribo, aunque no me lea ni el tato porque estáis todos de vacaciones...
Al tema: hay muchas expresiones de la lengua de signos que me encantan. Como es un sistema comunicativo tan visual, tienen sorprendentes maneras de simplificar conceptos que en la comunicación oral requerirían muchas palabras. Y ojo, que si hay algo difícil en esta vida es resumir y esquematizar sin perder contenido. Por eso hay tantos signos guays. Mi preferido es sin duda, "el patata oficial". Y vosotros os pregunteréis: ¿Qué leches es eso? Y yo os respondo.
"El patata oficial" es una expresión que se usa en lengua de signos para decir que alguien es un desastre en lo que sea, que es torpe, despistado o se le da mal. Que no sabes ni freir un huevo, eres "el patata oficial" en la cocina. Que vas por la calle haciendo el memo, no prestas atención, te tropiezas con el bordillo y te caes, enseguida te dices: "Si es que soy el patata oficial". Si te olvidas siempre del cumple de alguien, él pensará: "No me extraña, siempre ha sido un poco patata oficial..." Y así todo.
Me encanta este concepto porque me define a full. Quiero decir... Que yo suelo ser siempre el patata oficial en todo. La que saca menor puntuación en un batalla de paintball, la última clasificada (de lejos) en una timba de cartas, la que más veces se cae patinando. La pareja de las que todos huyen a la hora de jugar al Pictionary, la que peor pronunciación tiene (de lejos) en alemán, la que ha pulverizado todos los records en número de platos y vasos rotos durante el fregoteo-post-comida-familiar. La que hace las fotos más movidas y borrosas de la historia de la fotogafía, la visitante más frecuente (de lejos) de objetos perdidos, la doce veces nominada y 10 veces ganadora del premio a la metepatas de la noche... Esa suelo ser siempre yo.
Solía pensar que lo mío, de tan grave, no tenía nombre y resulta que sí, que lo que pasaba es que soy "el patata oficial" definitivo. Que oye, visto así, tampoco está tan mal. Al menos en eso de ser el patata oficial no soy el patata oficial. Bueno, al menos... Eso espero.
Al tema: hay muchas expresiones de la lengua de signos que me encantan. Como es un sistema comunicativo tan visual, tienen sorprendentes maneras de simplificar conceptos que en la comunicación oral requerirían muchas palabras. Y ojo, que si hay algo difícil en esta vida es resumir y esquematizar sin perder contenido. Por eso hay tantos signos guays. Mi preferido es sin duda, "el patata oficial". Y vosotros os pregunteréis: ¿Qué leches es eso? Y yo os respondo.
"El patata oficial" es una expresión que se usa en lengua de signos para decir que alguien es un desastre en lo que sea, que es torpe, despistado o se le da mal. Que no sabes ni freir un huevo, eres "el patata oficial" en la cocina. Que vas por la calle haciendo el memo, no prestas atención, te tropiezas con el bordillo y te caes, enseguida te dices: "Si es que soy el patata oficial". Si te olvidas siempre del cumple de alguien, él pensará: "No me extraña, siempre ha sido un poco patata oficial..." Y así todo.
Me encanta este concepto porque me define a full. Quiero decir... Que yo suelo ser siempre el patata oficial en todo. La que saca menor puntuación en un batalla de paintball, la última clasificada (de lejos) en una timba de cartas, la que más veces se cae patinando. La pareja de las que todos huyen a la hora de jugar al Pictionary, la que peor pronunciación tiene (de lejos) en alemán, la que ha pulverizado todos los records en número de platos y vasos rotos durante el fregoteo-post-comida-familiar. La que hace las fotos más movidas y borrosas de la historia de la fotogafía, la visitante más frecuente (de lejos) de objetos perdidos, la doce veces nominada y 10 veces ganadora del premio a la metepatas de la noche... Esa suelo ser siempre yo.
Solía pensar que lo mío, de tan grave, no tenía nombre y resulta que sí, que lo que pasaba es que soy "el patata oficial" definitivo. Que oye, visto así, tampoco está tan mal. Al menos en eso de ser el patata oficial no soy el patata oficial. Bueno, al menos... Eso espero.
lunes, 25 de marzo de 2013
Sábado tecnologizado
No es ningún secreto: yo soy la mujer (la superheroína, más bien) atecnológica. y por tanto desactualizada total. Mi pobre movil del Pleistoceno Superior sólo sirve para llamar y mandar mensajes y eso siempre que se lo pidas con cariño, porque después de tantos años tiene la batería muy cascada y, como le agobies, se apaga. Hasta ahora mis amigos eran de mi mismo club atecnológico, pero en los últimos días se han comprado teléfonos chupi mega modernos de la muerte y han descubierto todo un mundo de posibilidades. Y así, sin previo aviso, el sábado por la noche en un bar yo me encontré un panorama tal que así.
-M.-¿Pero me has mandado eso ya por whatsapp o qué?
-A.- Espera, que estoy dando de comer a mi caballo.
-Speedy.- ¿Ein?
-A.-Sí, que tengo una aplicación en el movil para tener de mascota un caballo virtual. El mío se llama Tizón y es monísimo. Si haces tareas como alimentarle o cuidarle te dan puntos y puedes comprar más cosas para el animal. Mira, ¡qué majo! se ha acercado para que le acaricies, si le tocas el morro hace una cabriola de agradecimiento...
-M.- Ah, pues mientras estás con Tizón yo voy a plantar unas manzanas en Springfield.
-R.-A ver, cariño, pero que sea una tarea o muy larga o muy corta, que si no Homer llamará a las cinco de la mañana y no me apetece que me despierte.
-S.- ¿Que llamara quién?
-R.- Nada, que M tiene en el movil la ciudad de los Simpson y para conseguir puntos deja programadas acciones que se van haciendo solas. Y claro, cuando acaba la tarea que sea, Homer manda un mensaje para avisar y por la noche nos pega unos sustos...
A todo esto otro de mis amigos, L, está gritándole a la pantalla de su movil: "¡Capullo, que no te enteras, supercalifragilísticoespialidoso!"
-S.-A este quitarle ya la copa, que va fatal...
L me enseña la pantalla y veo un minino monísimo (tipo El gato con Botas) acercándose la pata detrás de la oreja, en un gesto que viene a significar que te escuha atentamente.
-L.-El gato repite todo lo que dices.
-A.-Pero mola más cuando se le acerca un perro que también hay en la aplicación, hace explotar detrás de él una bolsa para que haga ruido y del susto el gato pega un salto que se sube a la lámpara.
-M.-¿Y habéis visto al gato y al perro presentando las noticias?
-S.-¿Pero vosotros que habéis fumado?
-R.-Bueno, yo voy a ir pidiendo una canción de Fangoria.
-A.-Espabila M, que éstas ya empiezan con la guerra
-S.-¿Qué guerra?
-L.- Que han sacado una página web con un archivo musical enorme, que incluye muchos bares de Speedytown. Te conectas a la wifi del bar, el sistema te localiza y te deja elegir la música que va a sonar en el bar en los siguientes minutos, puedes escoger el tema musical que quieras.
Sé que cuesta entender como esta inocente acción puede convertirse en una guerra, así que lo voy a explicar. A mis amigOs les gustan el tipo de canciones que hacen Marea, Extremo Duro, Offspring... Mis amigAs prefieren Amaral, Estopa, Manolo García, pachangadas varias... y todos se dedican a torrar a los demás haciendo que suene la música que los otros odian. El sábado el pique de días pasados se recrudeció y las chicas sacaron la artillería pesada pidiendo temazos de Nino Bravo, Rafaella Carrá, El Dúo Dinámico.... Cuando las copas empezaron a hacer estragos la cosa desvarió y empezó un "Remember the Nineties Casposos" con exitos del tipo "Duro de pelar" de Rebeca", "Tu piel morena" de Viceversa o "Soldados del amor" de Marta Sánchez. Pero definitivamente entramos en barrena con las sintonías de los dibujos animados más míticos de nuestra infancia: Oliver y Benji, David el Gnomo, Dragones y Mazmorras... Cuando sonaban Los Fruitis nos invitaron amablemente a abandonar el bar. No sé por qué....
-M.-¿Pero me has mandado eso ya por whatsapp o qué?
-A.- Espera, que estoy dando de comer a mi caballo.
-Speedy.- ¿Ein?
-A.-Sí, que tengo una aplicación en el movil para tener de mascota un caballo virtual. El mío se llama Tizón y es monísimo. Si haces tareas como alimentarle o cuidarle te dan puntos y puedes comprar más cosas para el animal. Mira, ¡qué majo! se ha acercado para que le acaricies, si le tocas el morro hace una cabriola de agradecimiento...
-M.- Ah, pues mientras estás con Tizón yo voy a plantar unas manzanas en Springfield.
-R.-A ver, cariño, pero que sea una tarea o muy larga o muy corta, que si no Homer llamará a las cinco de la mañana y no me apetece que me despierte.
-S.- ¿Que llamara quién?
-R.- Nada, que M tiene en el movil la ciudad de los Simpson y para conseguir puntos deja programadas acciones que se van haciendo solas. Y claro, cuando acaba la tarea que sea, Homer manda un mensaje para avisar y por la noche nos pega unos sustos...
A todo esto otro de mis amigos, L, está gritándole a la pantalla de su movil: "¡Capullo, que no te enteras, supercalifragilísticoespialidoso!"
-S.-A este quitarle ya la copa, que va fatal...
L me enseña la pantalla y veo un minino monísimo (tipo El gato con Botas) acercándose la pata detrás de la oreja, en un gesto que viene a significar que te escuha atentamente.
-L.-El gato repite todo lo que dices.
-A.-Pero mola más cuando se le acerca un perro que también hay en la aplicación, hace explotar detrás de él una bolsa para que haga ruido y del susto el gato pega un salto que se sube a la lámpara.
-M.-¿Y habéis visto al gato y al perro presentando las noticias?
-S.-¿Pero vosotros que habéis fumado?
-R.-Bueno, yo voy a ir pidiendo una canción de Fangoria.
-A.-Espabila M, que éstas ya empiezan con la guerra
-S.-¿Qué guerra?
-L.- Que han sacado una página web con un archivo musical enorme, que incluye muchos bares de Speedytown. Te conectas a la wifi del bar, el sistema te localiza y te deja elegir la música que va a sonar en el bar en los siguientes minutos, puedes escoger el tema musical que quieras.
Sé que cuesta entender como esta inocente acción puede convertirse en una guerra, así que lo voy a explicar. A mis amigOs les gustan el tipo de canciones que hacen Marea, Extremo Duro, Offspring... Mis amigAs prefieren Amaral, Estopa, Manolo García, pachangadas varias... y todos se dedican a torrar a los demás haciendo que suene la música que los otros odian. El sábado el pique de días pasados se recrudeció y las chicas sacaron la artillería pesada pidiendo temazos de Nino Bravo, Rafaella Carrá, El Dúo Dinámico.... Cuando las copas empezaron a hacer estragos la cosa desvarió y empezó un "Remember the Nineties Casposos" con exitos del tipo "Duro de pelar" de Rebeca", "Tu piel morena" de Viceversa o "Soldados del amor" de Marta Sánchez. Pero definitivamente entramos en barrena con las sintonías de los dibujos animados más míticos de nuestra infancia: Oliver y Benji, David el Gnomo, Dragones y Mazmorras... Cuando sonaban Los Fruitis nos invitaron amablemente a abandonar el bar. No sé por qué....
viernes, 22 de marzo de 2013
Error 404. Página no encontrada
Creo que era Marilyn Monroe (esa rubia rubísima que iba de tonta, pero que no sé yo si lo era) la que decía que es más fácil sonreír que explicar por qué estás triste.
Pues eso.
*Aviso a los usuarios
Ante la imposibilidad de encontrar en el Cerebro de Speedy material de calidad suficiente para construir una entrada que no sea un truño gurruño, nos vemos obligados a interrumpir la programación habitual. En cuanto localicemos el fallo en el sistema y los subsanemos, restableceremos el servicio. Disculpen las molestias. Como diría Metro de Madrid, estamos trabajando por usted.
Pues eso.
*Aviso a los usuarios
Ante la imposibilidad de encontrar en el Cerebro de Speedy material de calidad suficiente para construir una entrada que no sea un truño gurruño, nos vemos obligados a interrumpir la programación habitual. En cuanto localicemos el fallo en el sistema y los subsanemos, restableceremos el servicio. Disculpen las molestias. Como diría Metro de Madrid, estamos trabajando por usted.
miércoles, 20 de marzo de 2013
Caos hospitalario
Speedydad ha estado últimamente en el taller de reparación. Esta vez no ha sido gran cosa, pero como ya nos tiene medio acostumbrados a estos sustillos, el engranaje de soporte familiar ante crisis hospitalarias está perfectamente engrasado y la speedyfamily da respuesta rápida (que no siempre eficaz) a las emergencias médicas. Así que un plis estábamos allí todos, evaluando la situación.
Lo bueno de ser muchos es que siempre estás medio tranquilo porque, por más que se tuerza la cosa, siempre habrá alguien para echar una mano. Y es que ya se sabe que el trabajo de superhéroe es como es y los asteroides que amenazan con chocar contra la Tierra y destruirla no respetan ni emergencias familiares ni leches en vinagre. Y oye, siendo tantos, por lo menos, si la crisis hospitalaria te pilla defendiendo a la humanidad, no te preocupas porque seguro que alguien puede sustituirte.
Lo malo de que la speedyfamily sea tan grande es que, si normalmente ya estamos siempre inmersos en el caos absoluto, en los hospitales ese caos se eleva al cuadrado y ya hay forma humana de enterarse. Para colmo, la cosa ha empeorado desde que soy la única española sin whatsapp en el móvil, porque el resto de mi familia se dedica a debatir y decidir en el grupo y a mí, que estoy condenada al ostracismo comunicativo familiar (y, por tanto, a por uvas de todo), me llegan mensajes tal que así:
-Ve a casa y cógele el azul y cuando vengan estos, te vas y que se queden ellos. O si al final hacen lo que dijeron, te quedas.
-¿¿¿¿¿¿¿Lo qué???????
Pero vamos, la comunicación no era mucho mejor en la era pre-whatsapp, porque varios miembros de la speedyfamily son especialistas en jugar al teléfono roto y si Speedymum te pedía que le llevaras los papeles de la carpeta roja que estaban en el segundo cajón de abajo del escritorio, tú le llevabas los patucos azules que estaban en la segunda balda de arriba del armario del pasillo. Y tú no parabas de preguntarte para qué quería Speedymum unos patucos en el hospital, pero chica, a ti te había llegado ese encargo y tú cumplías. Qué ibas a hacer.
El caos de la última crisis hospitalaria ha sido un poco más caos porque la división de los speedysobris se acaba de reforzar (con lo que hay un pequeñajo muy mini del que estar pendiente) y si todo va bien, se va a ampliar otra vez dentro de nada (lo que nos deja a una superheroína, en concreto SpeedysisterPeque, con una barrigota enorme que hace meses que no le permite verse los pies). Esto quiere decir que en el descontrol habitual se oían cosas como estas:
-Le llevamos a casa en tu coche, que tiene los asientos más altos.
-Vale, pero están las dos sillas de bebé.
-¡Ah, sí, es verdad! Pues en el azul de SpeedysisterPeque
-Bien, pero que conduzca otro, porque desde febrero no me cabe la tripa con el volante.
-Vale, pues conduzco yo y vamos cuando G. se despierte de la siesta.
-Hombre, pues sal ya y que G vaya dormido.
-¿Qué G?
-G. hijo.
-¿Como va a ir dormido G?
-Pues como siempre, en el cuco.
-¡Ahhhhh! Que estabas hablando de G. nieto. No, no, G hijo. Vamos, G. padre. El intermedio, vaya.
Y todo el rato así. Pese a todo, última crisis hospitalaria contenida y controlada. Una vez más, prueba superada.
Lo bueno de ser muchos es que siempre estás medio tranquilo porque, por más que se tuerza la cosa, siempre habrá alguien para echar una mano. Y es que ya se sabe que el trabajo de superhéroe es como es y los asteroides que amenazan con chocar contra la Tierra y destruirla no respetan ni emergencias familiares ni leches en vinagre. Y oye, siendo tantos, por lo menos, si la crisis hospitalaria te pilla defendiendo a la humanidad, no te preocupas porque seguro que alguien puede sustituirte.
Lo malo de que la speedyfamily sea tan grande es que, si normalmente ya estamos siempre inmersos en el caos absoluto, en los hospitales ese caos se eleva al cuadrado y ya hay forma humana de enterarse. Para colmo, la cosa ha empeorado desde que soy la única española sin whatsapp en el móvil, porque el resto de mi familia se dedica a debatir y decidir en el grupo y a mí, que estoy condenada al ostracismo comunicativo familiar (y, por tanto, a por uvas de todo), me llegan mensajes tal que así:
-Ve a casa y cógele el azul y cuando vengan estos, te vas y que se queden ellos. O si al final hacen lo que dijeron, te quedas.
-¿¿¿¿¿¿¿Lo qué???????
Pero vamos, la comunicación no era mucho mejor en la era pre-whatsapp, porque varios miembros de la speedyfamily son especialistas en jugar al teléfono roto y si Speedymum te pedía que le llevaras los papeles de la carpeta roja que estaban en el segundo cajón de abajo del escritorio, tú le llevabas los patucos azules que estaban en la segunda balda de arriba del armario del pasillo. Y tú no parabas de preguntarte para qué quería Speedymum unos patucos en el hospital, pero chica, a ti te había llegado ese encargo y tú cumplías. Qué ibas a hacer.
El caos de la última crisis hospitalaria ha sido un poco más caos porque la división de los speedysobris se acaba de reforzar (con lo que hay un pequeñajo muy mini del que estar pendiente) y si todo va bien, se va a ampliar otra vez dentro de nada (lo que nos deja a una superheroína, en concreto SpeedysisterPeque, con una barrigota enorme que hace meses que no le permite verse los pies). Esto quiere decir que en el descontrol habitual se oían cosas como estas:
-Le llevamos a casa en tu coche, que tiene los asientos más altos.
-Vale, pero están las dos sillas de bebé.
-¡Ah, sí, es verdad! Pues en el azul de SpeedysisterPeque
-Bien, pero que conduzca otro, porque desde febrero no me cabe la tripa con el volante.
-Vale, pues conduzco yo y vamos cuando G. se despierte de la siesta.
-Hombre, pues sal ya y que G vaya dormido.
-¿Qué G?
-G. hijo.
-¿Como va a ir dormido G?
-Pues como siempre, en el cuco.
-¡Ahhhhh! Que estabas hablando de G. nieto. No, no, G hijo. Vamos, G. padre. El intermedio, vaya.
Y todo el rato así. Pese a todo, última crisis hospitalaria contenida y controlada. Una vez más, prueba superada.
lunes, 18 de marzo de 2013
Amaneceres pendientes
Te digo lo bien que te queda la chaqueta que te acabas de comprar y que estás guapo con tu nuevo peinado. Me río de tus chorradas. Cuando te metes conmigo, te contesto que eres imbécil, pero poniendo ojos de "me encantas". Te escribo, sólo después de que me hayas escrito tú. Espero a que te acerques y te pregunto qué tal el curro, qué tal en casa, qué tal todo.
Y no es que no me interese. Me interesa. Pero no es eso lo que quiero decirte. Lo que quiero decirte es que me gusta tu chaqueta, pero tirada a los pies de mi cama. Que tu peinado está muy bien, pero que te prefiero con el pelo revuelto si nos hemos despeinado mutuamente. Que me parto con tus chorradas, pero que se me ocurren otras cosas estupendas en las que podríamos usar la lengua.
Lo que quiero decirte es que tú y yo tenemos amaneceres pendientes.
Y no es que no me interese. Me interesa. Pero no es eso lo que quiero decirte. Lo que quiero decirte es que me gusta tu chaqueta, pero tirada a los pies de mi cama. Que tu peinado está muy bien, pero que te prefiero con el pelo revuelto si nos hemos despeinado mutuamente. Que me parto con tus chorradas, pero que se me ocurren otras cosas estupendas en las que podríamos usar la lengua.
Lo que quiero decirte es que tú y yo tenemos amaneceres pendientes.
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las cosas de la vida
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