¡¡¡¡Saludos grumetes!!!!
¿Qué tal han ido estos días por las procelosas aguas de la blogoesfera? ¿Mar en calma y navegación tranquila? Espero que por lo menos algo más relajada que la vida en 3D, porque después de mi desconexión completa del mundo real, al volver me he encontrado una liada de tal calibre, que aún no he podido leer un periódico completo. Miro un par de páginas y tengo que cerrarlo, para ir asimilando las malas noticias poco a poco. Me voy de vacaciones unos diillas y mira la que se forma... ¡Si es que no se os puede dejar solos!
Mi aventura marinera bien, gracias. Pero como todo lo bueno se acaba, después de que cortaran las cadenas con las que me había atado al barco y al animador buenorro morenazo, me resigné dignamente a volver a tierra y a la cruda realidad. Es lo que tenemos las personas maduras, que sabemos aceptar serenamente los cambios, pero no me lo recordéis mucho, que aún me dan ataques de llanto incontrolado.
Total que bien, el crucero ha ido bien, para que os voy a engañar. Ya irán saliendo cosillas por aquí, supongo. Estas son, por ejemplo, las primeras conclusiones crucerísticas:
-El ser humano es capaz de beber su propio peso en mojitos, en menos de dos horas, repanchingado en su tumbona y levantándose sólo para bailar la conga de vez en cuando.
-Dormir es una necesidad fisiológica secundaria de la que se puede prescindir si hay que reírse, bailotear y ligar hasta altas horas de la madrugada y luego levantarse al punto de la mañana para hacer una excursión.
-En las condiciones del apartado anterior, cualquier sitio es bueno para echar una tan corta como reparadora cabezadita: el punto de encuentro de las excursiones, el bus que te lleva a la ciudad en la que vas a hacer turismo, las únicas escaleras a la sombra que hay en la Plaza de España de Roma, la entrada del yacimiento arqueológico de Pompeya... donde sea.
-Un morenazo buenorro que sabe moverse parece aún más estupendo tras unos cuantos bailes. Tanto, que después de ser su pareja de salsa, no puedes evitar decirle: ¿A tí te envuelven para regalo? Porque ya sé lo que quiero llevarme de recuerdo del crucero...
-Nunca se han comido suficientes patatas fritas, hamburguesas y bombas calóricas en general. Cuando parezca que ya no se puede ingerir ni una más, algún iluminado pasará por el buffet grill, traerá algún plato de algo y picarás. Es irremediable.
-Por mal que bailes el tango y la bachata siempre hay alguien que lo baila peor que tú. SIEM-PRE.
-A lo bueno se acostumbra uno enseguida, así que cuando vuelves a tierra no alcanzas a comprender por qué los camareros pretenden que les pagues las copas y por qué las camas han perdido, de repente, la capacidad de autohacerse solas. Inexplicable.
Y lo dejo aquí, que ver tierra por todas partes me está dando unas ganas de llorar...
martes, 17 de julio de 2012
miércoles, 4 de julio de 2012
Caos pre-vacaciones
No quiero suscitar envidias innecesarias ni malos rollos, pero os vais a enterar de todas maneras y más vale que lo sepáis por mí: en breve me voy de vacaciones. Pero vamos, en brevísimo. Me quedan poco más de 40 horas. ¡Qué ganas por-fa-vor!
Me haría la misteriosa sobre mi destino de vacaciones, pero no serviría de mucho teniendo en cuenta que es muy probable que próximamente me veáis en el periódico. A mí y a toda la Speedyfamily, porque es con ellos, con la plana al completo, con los que me voy de vacaciones. ¡¡SIETE DÍAS!! A un recinto cerrado rodeado de agua. Miedo me da. La vamos a liar parda.
Porque a veeeeeer, que yo a mi familia la quiero, todos son guays. Pero vosotros ya me vais conociendo a mi, que soy un completo desastre y pelín exagerada, ¿no? Pues los miembros de la Speedyfamily son esto mismo elevado a la enésima potencia, multiplicado por infinito y llevado hasta el final de la eternidad. Y todos juntos somos la bomba, pero en sentido literal. Un cocktail explosivo. Y ya me lo estoy viendo.
Para empezar, todo el barco se va a enterar de que tenemos superpoderes, más que nada porque la discreción en grupo no es nuestro punto fuerte. Speedydad va a perder todas las veces posibles la maleta, las llaves del camarote, sus gafas, la cámara de fotos... y la cabeza no, pero porque la tiene pegada a los hombros. Speedymum va a someter cada plan, cada excursión, cada salida y cada comida a votación, para que luego se haga lo que dice ella, por supuesto. Pero vamos, que estoy por llevarme una urna para meter las papeletas de los comicios varios, no os digo más.
El marido de SpeedysisterPeque, que es relativamente nuevo en la familia y aún no está acostumbrando del todo a como nos las gastamos, flipará con todas las situaciones absurdas que va a presenciar e irá toda la semana con pies de plomo, no se vaya a ver metido en alguno de los bullullus sin comerlo ni beberlo. Y SpeedysisterPeque repartirá su tiempo entre empezar debates que terminarán en discusiones (como si lo viera) y extender rumorazos sobre mis supuestos (e inventadísimos, of course) ligues: si le pregunto a un chico donde está el comedor ya será mi fiche. Como haya un pobre chavalillo que tenga el camarote en mi mismo pasillo, lo va a convertir en mi novio oficial de las vacaciones. Y lo peor de todo: cuando yo REALMENTE quiera ligotear, no se dará ni cuenta y tendré que lanzar indirectas-directísimas del tipo: "Pero SpeedysisterPeque, ¡qué tarde es! Tienes cara de sueño, ¿no tienes ganas de irte a dormir?", y sutilezas parecidas.
En fin, que miedo me da. Por ahora, yo sigo mi ya tradicional rito del caos pre-vacaciones y a pocas horas de mi salida, todavía no he comprado el billete de bus, no he hecho la lavadora para tener limpia la ropa que necesito llevarme, no he empezado la maleta y encima aquí estoy, dándoos la brasa. Lo mío es de juzgado de guardia, ¿eh?
Me haría la misteriosa sobre mi destino de vacaciones, pero no serviría de mucho teniendo en cuenta que es muy probable que próximamente me veáis en el periódico. A mí y a toda la Speedyfamily, porque es con ellos, con la plana al completo, con los que me voy de vacaciones. ¡¡SIETE DÍAS!! A un recinto cerrado rodeado de agua. Miedo me da. La vamos a liar parda.
Porque a veeeeeer, que yo a mi familia la quiero, todos son guays. Pero vosotros ya me vais conociendo a mi, que soy un completo desastre y pelín exagerada, ¿no? Pues los miembros de la Speedyfamily son esto mismo elevado a la enésima potencia, multiplicado por infinito y llevado hasta el final de la eternidad. Y todos juntos somos la bomba, pero en sentido literal. Un cocktail explosivo. Y ya me lo estoy viendo.
Para empezar, todo el barco se va a enterar de que tenemos superpoderes, más que nada porque la discreción en grupo no es nuestro punto fuerte. Speedydad va a perder todas las veces posibles la maleta, las llaves del camarote, sus gafas, la cámara de fotos... y la cabeza no, pero porque la tiene pegada a los hombros. Speedymum va a someter cada plan, cada excursión, cada salida y cada comida a votación, para que luego se haga lo que dice ella, por supuesto. Pero vamos, que estoy por llevarme una urna para meter las papeletas de los comicios varios, no os digo más.
El marido de SpeedysisterPeque, que es relativamente nuevo en la familia y aún no está acostumbrando del todo a como nos las gastamos, flipará con todas las situaciones absurdas que va a presenciar e irá toda la semana con pies de plomo, no se vaya a ver metido en alguno de los bullullus sin comerlo ni beberlo. Y SpeedysisterPeque repartirá su tiempo entre empezar debates que terminarán en discusiones (como si lo viera) y extender rumorazos sobre mis supuestos (e inventadísimos, of course) ligues: si le pregunto a un chico donde está el comedor ya será mi fiche. Como haya un pobre chavalillo que tenga el camarote en mi mismo pasillo, lo va a convertir en mi novio oficial de las vacaciones. Y lo peor de todo: cuando yo REALMENTE quiera ligotear, no se dará ni cuenta y tendré que lanzar indirectas-directísimas del tipo: "Pero SpeedysisterPeque, ¡qué tarde es! Tienes cara de sueño, ¿no tienes ganas de irte a dormir?", y sutilezas parecidas.
En fin, que miedo me da. Por ahora, yo sigo mi ya tradicional rito del caos pre-vacaciones y a pocas horas de mi salida, todavía no he comprado el billete de bus, no he hecho la lavadora para tener limpia la ropa que necesito llevarme, no he empezado la maleta y encima aquí estoy, dándoos la brasa. Lo mío es de juzgado de guardia, ¿eh?
lunes, 2 de julio de 2012
Saritísima
Bueno... teniendo en cuenta que la entrada más visitada de este blog es la del cumple en el que mis amigos me disfrazaron de conejita de Playboy (hay que ver la de gente que puede buscar cada día imágenes relacionadas con estas conejitas en Internet), con esta voy a batir todos los records. Porque, además, fijo que se arma bullullu. Pero, en fin, en esta vida hay que correr riesgos. Vamos a hablar de ella.
DE SARITÍSIMA
Antes de nada, voy a dejar algunas cosas claras:
-Esta chica no me cae especialmente bien, no por nada, sino porque a mí las personas con tanto autocontrol, que expresan tan poco sus pensamientos, me inspiran desconfianza. No tengo ninguna razón objetiva, será que como yo soy tan expresiva, que todo se me nota, ni me entiendo ni conecto con los que no lo son.
-No tengo ni idea de fútbol, pero NI-I-DE-A, por lo que no puedo saber si Saritísima hace bien o mal su trabajo. Lo que es evidente es que tiene buena voz, locuta bien, transmite serenidad y está buena que se rompe. Eso está fuera de toda duda.
Por eso no puedo evitar preguntarme por qué todo el mundo la critica tantísimo. Que sí, que la mujer últimamente ha tenido algunas meteduras de pata colosales y no sé, igual no es la más salada del mundo retransmitiendo por la banda, pero vamos, como tantas otras. Porque si nos ponemos a pensar.. ¡anda que Anne Igartiburu es la alegría de la huerta al frente de Corazón Corazón! Y Pilar Rubio presentaba Operación Triunfo que le faltaban las castañuelas para que le dieran el premio a la simpatía y la naturalidad. Que para gustos los colores, pero que estas chicas lo que se dice saladas, saladas... pues no.
Y si hablando de meteduras de pata, no acabaríamos. De fútbol no me sé ninguna, porque no lo sigo con mucho interés, pero aún recuerdo unas campanadas que retransmitió el expertísimo Joaquín Prat (que en paz descanse) que se lió al contarlas y soltó "10, 11, ¡casi!" ¿Qué número de campanada es "casi"? Pues ninguno, pero el hombre se coló y salío por ahí.
La crítica que más me sorprende de las que le hacen a Saritísima es que está donde está por guapa. Estoooooo, sí, claro, y el resto de tías buenas que hay presentando programas, concursos e informativos ocupan esos puestos por su buen corazón. ¡Pues claro que llegan a primera fila porque están buenas! La televisión es imagen y muchas veces pesa más eso que la capacidad profesional. Es triste, pero es así. Lo malo no es eso, lo realmente insultante, lo criticable, es que no sea igual para unos y para otros. Porque no tiene perdón que las chicas tengan que estar buenas como Saritísima para presentar los deportes y que los presentadorEs puedan tener esta pinta
(Si llegas a leerme alguna vez, un beso desde aquí, JJ)
ESO sí que está mal. Que ellAs tengan que ser guapas como modelos y que a ellOs no se les pidan ni unos mínimos. Es machista y en mi opinión poco inteligente, porque si la imagen vende, más de la mitad de los telespectadores son mujeres, que no buscan tíAs buenAs, sino buenorrOs. Me parece que los inteligentísimos jefazos que deciden esos fichajes son poco espabilados... y HOMBRES. Me apuesto un pie.
DE SARITÍSIMA
Antes de nada, voy a dejar algunas cosas claras:
-Esta chica no me cae especialmente bien, no por nada, sino porque a mí las personas con tanto autocontrol, que expresan tan poco sus pensamientos, me inspiran desconfianza. No tengo ninguna razón objetiva, será que como yo soy tan expresiva, que todo se me nota, ni me entiendo ni conecto con los que no lo son.
-No tengo ni idea de fútbol, pero NI-I-DE-A, por lo que no puedo saber si Saritísima hace bien o mal su trabajo. Lo que es evidente es que tiene buena voz, locuta bien, transmite serenidad y está buena que se rompe. Eso está fuera de toda duda.
Por eso no puedo evitar preguntarme por qué todo el mundo la critica tantísimo. Que sí, que la mujer últimamente ha tenido algunas meteduras de pata colosales y no sé, igual no es la más salada del mundo retransmitiendo por la banda, pero vamos, como tantas otras. Porque si nos ponemos a pensar.. ¡anda que Anne Igartiburu es la alegría de la huerta al frente de Corazón Corazón! Y Pilar Rubio presentaba Operación Triunfo que le faltaban las castañuelas para que le dieran el premio a la simpatía y la naturalidad. Que para gustos los colores, pero que estas chicas lo que se dice saladas, saladas... pues no.
Y si hablando de meteduras de pata, no acabaríamos. De fútbol no me sé ninguna, porque no lo sigo con mucho interés, pero aún recuerdo unas campanadas que retransmitió el expertísimo Joaquín Prat (que en paz descanse) que se lió al contarlas y soltó "10, 11, ¡casi!" ¿Qué número de campanada es "casi"? Pues ninguno, pero el hombre se coló y salío por ahí.
La crítica que más me sorprende de las que le hacen a Saritísima es que está donde está por guapa. Estoooooo, sí, claro, y el resto de tías buenas que hay presentando programas, concursos e informativos ocupan esos puestos por su buen corazón. ¡Pues claro que llegan a primera fila porque están buenas! La televisión es imagen y muchas veces pesa más eso que la capacidad profesional. Es triste, pero es así. Lo malo no es eso, lo realmente insultante, lo criticable, es que no sea igual para unos y para otros. Porque no tiene perdón que las chicas tengan que estar buenas como Saritísima para presentar los deportes y que los presentadorEs puedan tener esta pinta
(Si llegas a leerme alguna vez, un beso desde aquí, JJ)
ESO sí que está mal. Que ellAs tengan que ser guapas como modelos y que a ellOs no se les pidan ni unos mínimos. Es machista y en mi opinión poco inteligente, porque si la imagen vende, más de la mitad de los telespectadores son mujeres, que no buscan tíAs buenAs, sino buenorrOs. Me parece que los inteligentísimos jefazos que deciden esos fichajes son poco espabilados... y HOMBRES. Me apuesto un pie.
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viernes, 29 de junio de 2012
En la playa, con vosotros
Supongo que todos habréis tenido alguna vez días en los que os parece que todo va mal, en los que tenéis ganas de gritar: ¡Que paren mi vida, que yo me bajo! Este jueves del averno, en el que el puto síndrome premestrual me ha golpeado con fuerza y en el que casi acabo asada a la plancha (vuelta y vuelta) sobre el asfalto de Speedytown, con bicicleta incluida, ha sido para mí uno de esos días. Así que cuando he llegado a casa he pensado: me merezco un premio.
Me he preparado un margarita más bien dulce, me he puesto mi bañador nuevo y he abierto con mis superpoderes el portal mágico que me lleva al lugar donde más me apetece estar en ese momento con sólo pensarlo. Y bueno, ahora que os veo a vosotros por aquí, no os voy a dejar tristes y solos, podéis veniros si queréis. Os cuento.
Estamos en una playa de esas paradisíacas, de agua super-azul y arena blanquísima. La verdad, no tengo muy claro donde queda la playa en cuestión, pero qué más da, si total, vamos a utilizar el portal mágico para volver. No sé vosotros, pero yo estoy tirada en una comodísima tumbona, bebiendo un cocktail de esos exóticos con mil sombrillitas de papel, luciendo ya bronceado total y mirando nada disimuladamente a los morenazos que pululan por todas partes. ¡MADRE DEL AMOR HERMOSO, QUÉ MAROMAZOS HAY EN ESTA PLAYA! ¿Los veis?
Como estamos en mi lugar ideal y puedo hacer que ocurra lo que me peta, ahora pasa la típica escena de película. Al tío más buenorro de la playa se le escapa la pelota de voley con la que estaba jugando y se queda justo a los pies de mi tumbona. Cuando viene a buscarla, empieza la típica conversación de ligoteo que acaba con una invitación a una fiesta en la piscina de un chalet super-lujoso en primera línea de playa. No os quejaréis, que encima de traeros de vacaciones, os busco plan, soy una joyita, ¿eh?
Total, que nos ponemos nuestras mejores galas y vamos al fiestón. Mi buenorro particular resulta ser un chico guapísimo, inteligente y super-majo que nos presenta a toda su panda. Entre ellos está el dueño de la mansión (buena adquisión, hay que tener siempre amigos con casas en la playa, para posibles futuras vacaciones) y un guionista de cine que ha trabajado en pelis famosas de Hollywood, que nos cuenta chismes de actores de primera fila y promete que nos presentará alguno.
Ya os digo que entre mi buenorro y yo saltan tantas chispas (de las buenas, digo) que me estoy pensando traérmelo metido en la maleta cuando crucemos de nuevo el portal mágico de vuelta a la realidad. Antes de que regresemos todos, como también son vuestras vacaciones, ¿queréis que os pase algo en esa vida paralela? Contádmelo en los comentarios.
Me he preparado un margarita más bien dulce, me he puesto mi bañador nuevo y he abierto con mis superpoderes el portal mágico que me lleva al lugar donde más me apetece estar en ese momento con sólo pensarlo. Y bueno, ahora que os veo a vosotros por aquí, no os voy a dejar tristes y solos, podéis veniros si queréis. Os cuento.
Estamos en una playa de esas paradisíacas, de agua super-azul y arena blanquísima. La verdad, no tengo muy claro donde queda la playa en cuestión, pero qué más da, si total, vamos a utilizar el portal mágico para volver. No sé vosotros, pero yo estoy tirada en una comodísima tumbona, bebiendo un cocktail de esos exóticos con mil sombrillitas de papel, luciendo ya bronceado total y mirando nada disimuladamente a los morenazos que pululan por todas partes. ¡MADRE DEL AMOR HERMOSO, QUÉ MAROMAZOS HAY EN ESTA PLAYA! ¿Los veis?
Como estamos en mi lugar ideal y puedo hacer que ocurra lo que me peta, ahora pasa la típica escena de película. Al tío más buenorro de la playa se le escapa la pelota de voley con la que estaba jugando y se queda justo a los pies de mi tumbona. Cuando viene a buscarla, empieza la típica conversación de ligoteo que acaba con una invitación a una fiesta en la piscina de un chalet super-lujoso en primera línea de playa. No os quejaréis, que encima de traeros de vacaciones, os busco plan, soy una joyita, ¿eh?
Total, que nos ponemos nuestras mejores galas y vamos al fiestón. Mi buenorro particular resulta ser un chico guapísimo, inteligente y super-majo que nos presenta a toda su panda. Entre ellos está el dueño de la mansión (buena adquisión, hay que tener siempre amigos con casas en la playa, para posibles futuras vacaciones) y un guionista de cine que ha trabajado en pelis famosas de Hollywood, que nos cuenta chismes de actores de primera fila y promete que nos presentará alguno.
Ya os digo que entre mi buenorro y yo saltan tantas chispas (de las buenas, digo) que me estoy pensando traérmelo metido en la maleta cuando crucemos de nuevo el portal mágico de vuelta a la realidad. Antes de que regresemos todos, como también son vuestras vacaciones, ¿queréis que os pase algo en esa vida paralela? Contádmelo en los comentarios.
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miércoles, 27 de junio de 2012
Teatro
Llevo 5 años haciendo lerdeces encima de un escenario. Bueno, haciéndolas de manera más o menos continua y organizada porque, como me imagino que a estas alturas ya supondréis, yo payasadas en público las he hecho toda la vida en cuanto me daban la mínima oportunidad: festivales de fin de curso, pequeñas representaciones en el cole... lo que se me pusiera a tiro.
En lo que he cumplido mi quinto aniversario es en recibir clases y en pertencer a un mismo grupo de teatro. En todo ese tiempo he aprendido la tira (no sólo de interpretación) y me he dado cuenta de cuánto me gusta este arte, que es mucho más que hacer lerdeces encima de un escenario.
Me gusta el teatro porque es un trabajo es equipo. Tan importante es la diva super protagonista, como el último mono que sólo tiene dos frases, porque como el último mono no le de bien el pie y diga su texto correctamente, la diva está vendida. Porque todo es cosa de todos: unos son buenos en manualidades y convierten dos tristes bancos de madera en una chimenea de los años 20, a otros se les da bien coser y arreglan el vestuario para aprovechar lo que hay sin comprar nada, el punto fuerte de otros es escribir y acortan un texto que ha quedado largo o se inventan dos personajes nuevos que aligeran con sus diálogos cómicos una obra demasiado dramática. Pues eso, que todo es cosa de todos.
Me gusta el teatro por la adrenalina del directo. Porque después de miles de ensayos (o no tantos) te la juegas siempre a todo o nada. Porque no hay dos representaciones iguales. Porque siempre pasa algo, bueno o malo, que hace que no olvides ese rato que has estado en escena. Porque es ahora o nunca, como hacer equilibrios en el alambre sin red. Como la vida, vaya.
Me gusta el teatro porque es magia pura. Porque por grande que sea el caos hasta el último segundo antes de que se suba el telón, al final, todo sale bien. Porque por un inexplicable milagro, al final, el técnico pone las músicas cuando las tiene que poner, a los que no se saben su papel en los ensayos les viene la inspiración divina y por grande que sea el error que se ha cometido en escena, siempre hay algún iluminado que aporta una solución sin que el público lo note. Lo que os digo, magia.
Me gusta el teatro porque, cuando se hace bien y engancha, tiene mucha verdad. Porque no hay nada mejor que oír la exclamación de sorpresa del público cuando un personaje que ha muerto en el primer acto, reaparece lleno de vida en el último. Porque la prueba de un trabajo bien hecho es que un niño te pregunte si puede ir a ese jardín en el que tú has dicho en la obra que has escondido el tesoro. Que el chaval se haya metido tanto en la historia que realmente se piense que hay un tesoro y un jardín.
Me gusta el teatro porque saca "tús" que no conocías, partes de tí que tenías dentro y que ni tú mismo sabías que estaban allí. Hay gente más bien sosa en su vida real que en escena tiene un ramalazo cómico increíble y personas que pasan desapercibidas en el día a día y que encima de un escenario tienen una fuerza dramática que asusta. Que al principio te cueste un mundo hacer lo que sea, una risa, una voz insinuante, una actitud corporal que exprese timidez y que, cuando lo logres, te encuentres sorprendentemente cómodo, como si lo hubieras hecho toda la vida.
Me gusta el teatro porque me pasa un poco como con escribir, que me distrae de todo lo malo de la vida. Que en ese rato, en ese ensayo, en ese estreno, lo ÚNICO importante es salir por el lado de escenario correcto o acordarme de la frase exacta que me toca decir o gritar lo suficiente para que me oigan los de la última fila. Que en ese momento me da igual la negrura del futuro, la crisis, el paro, Riesgo y su puta prima.
Me gusta ver teatro, porque cuando disfruto de una obra estupenda en la que todo sale genial, todavía la aprecio más al darme cuenta del gran trabajo que hay detrás. Que mientras unos recitan en el escenario, otros ayudan a cambiarse en un segundo a los que tienen que salir a escena inmediatamente y no les da tiempo solos. Que otros tantos están pendientes de sacar el vaso, o las flores o la silla de atrezzo que haga falta para esa parte de la obra y de hacer el ruido de disparo en el momento justo en el que muere el protagonista. Me gusta ver teatro porque sé que cuando una obra sale bien y me gusta, significa que se ha conseguido lo más complicado: hacer que parezca fácil lo difícil.
Sé que a mucha gente no le gusta el teatro y, la verdad, me sorprende mogollón, porque a mí me encanta.
En lo que he cumplido mi quinto aniversario es en recibir clases y en pertencer a un mismo grupo de teatro. En todo ese tiempo he aprendido la tira (no sólo de interpretación) y me he dado cuenta de cuánto me gusta este arte, que es mucho más que hacer lerdeces encima de un escenario.
Me gusta el teatro porque es un trabajo es equipo. Tan importante es la diva super protagonista, como el último mono que sólo tiene dos frases, porque como el último mono no le de bien el pie y diga su texto correctamente, la diva está vendida. Porque todo es cosa de todos: unos son buenos en manualidades y convierten dos tristes bancos de madera en una chimenea de los años 20, a otros se les da bien coser y arreglan el vestuario para aprovechar lo que hay sin comprar nada, el punto fuerte de otros es escribir y acortan un texto que ha quedado largo o se inventan dos personajes nuevos que aligeran con sus diálogos cómicos una obra demasiado dramática. Pues eso, que todo es cosa de todos.
Me gusta el teatro por la adrenalina del directo. Porque después de miles de ensayos (o no tantos) te la juegas siempre a todo o nada. Porque no hay dos representaciones iguales. Porque siempre pasa algo, bueno o malo, que hace que no olvides ese rato que has estado en escena. Porque es ahora o nunca, como hacer equilibrios en el alambre sin red. Como la vida, vaya.
Me gusta el teatro porque es magia pura. Porque por grande que sea el caos hasta el último segundo antes de que se suba el telón, al final, todo sale bien. Porque por un inexplicable milagro, al final, el técnico pone las músicas cuando las tiene que poner, a los que no se saben su papel en los ensayos les viene la inspiración divina y por grande que sea el error que se ha cometido en escena, siempre hay algún iluminado que aporta una solución sin que el público lo note. Lo que os digo, magia.
Me gusta el teatro porque, cuando se hace bien y engancha, tiene mucha verdad. Porque no hay nada mejor que oír la exclamación de sorpresa del público cuando un personaje que ha muerto en el primer acto, reaparece lleno de vida en el último. Porque la prueba de un trabajo bien hecho es que un niño te pregunte si puede ir a ese jardín en el que tú has dicho en la obra que has escondido el tesoro. Que el chaval se haya metido tanto en la historia que realmente se piense que hay un tesoro y un jardín.
Me gusta el teatro porque saca "tús" que no conocías, partes de tí que tenías dentro y que ni tú mismo sabías que estaban allí. Hay gente más bien sosa en su vida real que en escena tiene un ramalazo cómico increíble y personas que pasan desapercibidas en el día a día y que encima de un escenario tienen una fuerza dramática que asusta. Que al principio te cueste un mundo hacer lo que sea, una risa, una voz insinuante, una actitud corporal que exprese timidez y que, cuando lo logres, te encuentres sorprendentemente cómodo, como si lo hubieras hecho toda la vida.
Me gusta el teatro porque me pasa un poco como con escribir, que me distrae de todo lo malo de la vida. Que en ese rato, en ese ensayo, en ese estreno, lo ÚNICO importante es salir por el lado de escenario correcto o acordarme de la frase exacta que me toca decir o gritar lo suficiente para que me oigan los de la última fila. Que en ese momento me da igual la negrura del futuro, la crisis, el paro, Riesgo y su puta prima.
Me gusta ver teatro, porque cuando disfruto de una obra estupenda en la que todo sale genial, todavía la aprecio más al darme cuenta del gran trabajo que hay detrás. Que mientras unos recitan en el escenario, otros ayudan a cambiarse en un segundo a los que tienen que salir a escena inmediatamente y no les da tiempo solos. Que otros tantos están pendientes de sacar el vaso, o las flores o la silla de atrezzo que haga falta para esa parte de la obra y de hacer el ruido de disparo en el momento justo en el que muere el protagonista. Me gusta ver teatro porque sé que cuando una obra sale bien y me gusta, significa que se ha conseguido lo más complicado: hacer que parezca fácil lo difícil.
Sé que a mucha gente no le gusta el teatro y, la verdad, me sorprende mogollón, porque a mí me encanta.
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la vida es puro teatro
lunes, 25 de junio de 2012
Huéspedes no deseados
Están por todas partes. Ooooooooooootra vez. Y no lo entiendo porque no ha pasado nada, ni son fechas señaladas, ni he tenido ningún encontronazo inoportuno. Todo sigue como siempre, continúo instalada en el erial en que todo se convirtió después de aquello, pero remodelado, tuneado, un poco más habitable. Como si hubiera cogido mi trocito de infierno particular y hubiera bajado la intensidad de las llamas, instalado aire acondicionado, colocado un par de comodísimos sofás de hielo y encendido el hilo musical para disipar el mal rollo.
Incluse llegué a sellar puertas y ventanas para que no se escapara de mi rincón infernal el fresquito del aire acondicionado... ni entraran huéspedes no deseados. Y allí estaba, relativamente tranquila, hasta que esos invitados inoportunos han empezado a aparecer por todas partes, sin razón aparente. Se cuelan en mi casa a través de canciones que oigo en la radio, o por medio de películas que veo en la televisión. Me asaltan en las calles, en los parques, en los bares. Se apropian de mis sueños. Oooooooooootra vez.
Recuerdos dolorosos, no sabéis cuándo sobráis, ¿verdad? Os voy a dar una pista:
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡AHORA!!!!!!!!!!!!!!!
Incluse llegué a sellar puertas y ventanas para que no se escapara de mi rincón infernal el fresquito del aire acondicionado... ni entraran huéspedes no deseados. Y allí estaba, relativamente tranquila, hasta que esos invitados inoportunos han empezado a aparecer por todas partes, sin razón aparente. Se cuelan en mi casa a través de canciones que oigo en la radio, o por medio de películas que veo en la televisión. Me asaltan en las calles, en los parques, en los bares. Se apropian de mis sueños. Oooooooooootra vez.
Recuerdos dolorosos, no sabéis cuándo sobráis, ¿verdad? Os voy a dar una pista:
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡AHORA!!!!!!!!!!!!!!!
viernes, 22 de junio de 2012
A debate: ¿Aceptamos pulpo como animal de compañía?
Como este es un blog con vocación de servicio público y como sé que lo estabáis deseando, voy a traer a la red el eterno debate que quien más y quien menos ha tenido alguna vez en la vida en 3D: ¿Aceptamos pulpo como animal de compañía?
Voy a explicar el concepto, que dicho así seguro que lleva a equívocos. Me refiero esa discusión/ charla/ debate que cualquier especimen humano que haya pasado una racha mínimamente larga de sequía parejil/sexual/romanticona ha tenido que sufrir alguna vez. Ese gabinete de crisis que montan los amigos, con la mejor intención, para intentar encontrar las causas (y posibles soluciones) de la sequía parejil del especimen en cuestión. Esa horrible terapia en la que tarde o temprano aparece la famosa frase de:
-"Es que exiges demasiado"
A veeeeeer, no. Ni de coña. No sé si habrá gente que pida que su pareja sea más guapo que Mister Mundo, más rico que Bill Gates y más listo que Einstein, pero, desde luego, la mayoría no somos así. Casi todos lo que queremos es "que haya lo que tiene que haber".
Que recibas un correo suyo y te falte tiempo para contestarle. O que lo leas y le dediques un tiempo a pensar una respuesta ingeniosa, divertida y sorprendente a ese e-mail. Que veas su nombre en la pantalla de tu movil y se te escape una sonrisa. Pillarte a ti misma mirando el teléfono de vez en cuando por si tienes un sms suyo. Que te toque ir a la peluquería el miércoles y vayas el martes porque a lo mejor le ves el martes por la tarde. Que te roce y notes un escalofrío, aunque sea flojito. Que haya lo que tiene que haber, vamos.
Cuando no tienes nadie alrededor que te provoque esa reacción, tus amigos bienintencionados, los del gabinete de crisis del párrafo de arriba, se empeñan en decir que pides mucho. Que estás cerrada al amor. Que buscar pareja es un poco como buscar trabajo, que tienes que echar curriculums a todas las ofertas que veas, aunque tengan mala pinta y aceptar truños que no te apetecen lo más mínimo, porque nunca se sabe que puede salir de ahí.
Y aquí es donde viene el debate, queridos lectores, en el que se les pide su opinión:
A) Los que piensan que de donde no hay, no se puede sacar.
Creen que el amor de su vida no les va a ir a buscar a su casa, así que para ellos, estar abiertos al amor, es salir, hacer cosas nuevas, conocer gente, relacionarse de forma relajada y sin estreses y convencerse a sí mismos de que no están rodeados de psicopatas que van a matarles y descuartizarles en la bañera. Ellos hacen todo eso, pero si con las personas que conocen "no hay lo que tiene que haber", pues no tratan de empezar nada, porque no le ven futuro.
B) Los que les da igual 8 que 80.
Piensan que para ganar, hay que jugar. Que nunca se sabe. Que, a veces, personas con las que al principio no hay nada, luego te sorprenden (para bien, digo) Opinan que no es malo animarse a uno mismo un poco, emocionarse una pizca de forma artificial con alguien que de primeras no te va mucho, porque luego la emoción sigue sola. Que les gusta empezar juegos, tonteos, flirteos, con todo perro pichichi, les llame la atención o no. Y luego ya se verá.
Todo esto en el supuesto, claro, de alquien que busca pareja o una relación mínimamente cercana o profunda o como lo queráis llamar. Rollos de una noche y sexo ocasional son otro debate.
Opinen ustedes.
Voy a explicar el concepto, que dicho así seguro que lleva a equívocos. Me refiero esa discusión/ charla/ debate que cualquier especimen humano que haya pasado una racha mínimamente larga de sequía parejil/sexual/romanticona ha tenido que sufrir alguna vez. Ese gabinete de crisis que montan los amigos, con la mejor intención, para intentar encontrar las causas (y posibles soluciones) de la sequía parejil del especimen en cuestión. Esa horrible terapia en la que tarde o temprano aparece la famosa frase de:
-"Es que exiges demasiado"
A veeeeeer, no. Ni de coña. No sé si habrá gente que pida que su pareja sea más guapo que Mister Mundo, más rico que Bill Gates y más listo que Einstein, pero, desde luego, la mayoría no somos así. Casi todos lo que queremos es "que haya lo que tiene que haber".
Que recibas un correo suyo y te falte tiempo para contestarle. O que lo leas y le dediques un tiempo a pensar una respuesta ingeniosa, divertida y sorprendente a ese e-mail. Que veas su nombre en la pantalla de tu movil y se te escape una sonrisa. Pillarte a ti misma mirando el teléfono de vez en cuando por si tienes un sms suyo. Que te toque ir a la peluquería el miércoles y vayas el martes porque a lo mejor le ves el martes por la tarde. Que te roce y notes un escalofrío, aunque sea flojito. Que haya lo que tiene que haber, vamos.
Cuando no tienes nadie alrededor que te provoque esa reacción, tus amigos bienintencionados, los del gabinete de crisis del párrafo de arriba, se empeñan en decir que pides mucho. Que estás cerrada al amor. Que buscar pareja es un poco como buscar trabajo, que tienes que echar curriculums a todas las ofertas que veas, aunque tengan mala pinta y aceptar truños que no te apetecen lo más mínimo, porque nunca se sabe que puede salir de ahí.
Y aquí es donde viene el debate, queridos lectores, en el que se les pide su opinión:
A) Los que piensan que de donde no hay, no se puede sacar.
Creen que el amor de su vida no les va a ir a buscar a su casa, así que para ellos, estar abiertos al amor, es salir, hacer cosas nuevas, conocer gente, relacionarse de forma relajada y sin estreses y convencerse a sí mismos de que no están rodeados de psicopatas que van a matarles y descuartizarles en la bañera. Ellos hacen todo eso, pero si con las personas que conocen "no hay lo que tiene que haber", pues no tratan de empezar nada, porque no le ven futuro.
B) Los que les da igual 8 que 80.
Piensan que para ganar, hay que jugar. Que nunca se sabe. Que, a veces, personas con las que al principio no hay nada, luego te sorprenden (para bien, digo) Opinan que no es malo animarse a uno mismo un poco, emocionarse una pizca de forma artificial con alguien que de primeras no te va mucho, porque luego la emoción sigue sola. Que les gusta empezar juegos, tonteos, flirteos, con todo perro pichichi, les llame la atención o no. Y luego ya se verá.
Todo esto en el supuesto, claro, de alquien que busca pareja o una relación mínimamente cercana o profunda o como lo queráis llamar. Rollos de una noche y sexo ocasional son otro debate.
Opinen ustedes.
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