Entre los miembros de la Speedyfamily existe la mala costumbre de hacer generalizaciones que, a fuerza de repetirlas, se convierten en mitos inamovibles. Viene a ser lo de "por un perro que maté mataperros me llamaron", pero elevado a la enésima potencia y sin posibilidad de vuelta atrás. Una vez que te etiquetan, olvídate, jamás podrás librarte de ese sambenito.
Por eso, Speedysister Peque sigue siendo la Golosa, así, con mayúsculas. Cuando era un mico que apenas se tenía en pie sola, le gustaban tanto las chucherías que me quitaba las que me regalaban a mí. Yo, que tampoco levantaba dos palmos del suelo, me indignaba por su poco respeto a lo ajeno y escondía los dulces en la estantería más alta que encontraba, pero de poco me servía. Al más puro estilo Maggie Simpson, Speedysister Peque reptaba por toda la casa, encontraba el mueble del tesoro, trepaba hasta la ultima balda (que os lo creáis o no estaba muy cerca del techo), y se zampaba las chucherías así, sin ningún tipo de remordimiento. Desde entonces es la Golosa. Poco importa que hoy en día Speedysister Peque sea una torre americana que se ha quedado en la raspa y que come menos chucherías que cualquiera de nosotros. Ya será siempre La Golosa.
Mi sambenito es que yo soy nerviosa. Y eso en una casa como la mía, en la que el vuelo de una mosca provoca la reunión de urgencia del gabinete de crisis, es una grave acusación. No voy a decir aqui que soy la persona más tranquila del mundo, porque he protagonizado grandes momentos estelares que lo desmienten. Pero por cuestiones de trabajo (tanto como superheroina, como contadora de cosas) he tenido que aprender a controlarme. Ahora soy capaz de mantener la calma en situaciones de mucho estrés y con límites de tiempo ajustadísimos. Y cuando no puedo mantener la calma, consigo que prácticamente no se me note, por fuera estoy completamente serena, aunque la procesión vaya por dentro.
Pero bueno, da igual, para mi familia seguiría siendo La Nerviosa, aunque gracias a mi serenidad consiguiera salvar a la humanidad de un desastre nuclear. Claro, como todas las semanas alguien de la Speedyfamily defiende al mundo de algún villano, no son un público fácil de impresionar.
jueves, 8 de julio de 2010
miércoles, 7 de julio de 2010
Enfermedades de familia
Yo soy muy aficionada a recopilar cosas. Y no me refiero a coleccionar objetos especiales, como quien quiere tener todos los tipos de muñecas de porcelana o todos los números de su cómic clásico favorito. Quiero decir que no puedo evitar almacenar cosas inservibles: cajas, envases, frascos, envoltorios, recipientes, paquetes, latas, embalajes...
Mi vicio comenzó como algo inofensivo. Recogía el papel de los regalos que abrían delante de mí porque eran muy bonitos y me gustaba conservarlos. Eso era incluso normal, yo era una niña, pero la cosa empeoró con los años. Empecé a conservar los estuches de los relojes "porque me sirven para guardar los bolis", las cajas de los pendientes "para llevarlos cuando me voy de viaje", las latas grandes "para que no se me pierdan las pinturas plastidecor que se han roto"... Una cosa llevó a la otra... y acabé como estoy ahora, es decir, ENFERMA.
O eso cree Speedymum que está convencida de que tengo el síndrome de Diógenes y que moriré aplastada por una de las miles de pilas gigantes de envases que se acumularán en mi casa dentro de poco. Lo que olvida es que parte de la culpa será suya, porque todo se pega menos la hermosura.
Para proteger su identidad secreta, Speedymum era profe de niños pequeños. A menudo recogía material en casa para hacer manualidades en clase, así que era normal oirla decir cosas como "guárdame el cartón donde vienen los huevos", "no tires la caja de los bollos de chocolate que es de plástico duro" o "qué tamaño tan estupendo tienen esas nuevas botellas de aceite". Mi casa es uno de los pocos sitios en los que puedes ver a alguien realmente indignado porque has echado a la basura latas de refresco vacías. "Pero... ¿quién ha sidooooooooooo?"
El tema daba lugar a escenas dramáticas que han subido de intensidad últimamente porque una de las Speedysisters también es profe y ha adoptado la misma técnica. Así que ahora en mi cocina se pueden presenciar peleas de lo más originales.
SpeedyMum (SM) !El tarro de helado vacío es mío!
Speedysister (SS) ¡Pero yo lo vi antessssss!!!!!!!!
SM ¡Pero yo voy a hacer macetas para que los niños aprendan a cuidar las plantas!
SS ¡Y yo voy a utilizarlo para guardar las piezas con las que aprenden las unidades de medidas!
SM ¡Pero transmitirles los valores medioambientales para que cuiden el Planeta es prioritario!
SS ¡Pues sin las unidades de medida no aprenderán a contar, ni nada de Matemáticas, ni ninguna ciencia exacta!
SM Pero, pero, pero...¡YO TE TRAJE AL MUNDO!
SS ¡SIEMPRE TIENES QUE SACAR ESO PARA ACABAR LA DISCUSIÓN!
Me estoy planteando seriamente regalarles por su cumpleaños una visita guiada a una planta de reciclaje. ¿Y luego la enferma soy yo?
Mi vicio comenzó como algo inofensivo. Recogía el papel de los regalos que abrían delante de mí porque eran muy bonitos y me gustaba conservarlos. Eso era incluso normal, yo era una niña, pero la cosa empeoró con los años. Empecé a conservar los estuches de los relojes "porque me sirven para guardar los bolis", las cajas de los pendientes "para llevarlos cuando me voy de viaje", las latas grandes "para que no se me pierdan las pinturas plastidecor que se han roto"... Una cosa llevó a la otra... y acabé como estoy ahora, es decir, ENFERMA.
O eso cree Speedymum que está convencida de que tengo el síndrome de Diógenes y que moriré aplastada por una de las miles de pilas gigantes de envases que se acumularán en mi casa dentro de poco. Lo que olvida es que parte de la culpa será suya, porque todo se pega menos la hermosura.
Para proteger su identidad secreta, Speedymum era profe de niños pequeños. A menudo recogía material en casa para hacer manualidades en clase, así que era normal oirla decir cosas como "guárdame el cartón donde vienen los huevos", "no tires la caja de los bollos de chocolate que es de plástico duro" o "qué tamaño tan estupendo tienen esas nuevas botellas de aceite". Mi casa es uno de los pocos sitios en los que puedes ver a alguien realmente indignado porque has echado a la basura latas de refresco vacías. "Pero... ¿quién ha sidooooooooooo?"
El tema daba lugar a escenas dramáticas que han subido de intensidad últimamente porque una de las Speedysisters también es profe y ha adoptado la misma técnica. Así que ahora en mi cocina se pueden presenciar peleas de lo más originales.
SpeedyMum (SM) !El tarro de helado vacío es mío!
Speedysister (SS) ¡Pero yo lo vi antessssss!!!!!!!!
SM ¡Pero yo voy a hacer macetas para que los niños aprendan a cuidar las plantas!
SS ¡Y yo voy a utilizarlo para guardar las piezas con las que aprenden las unidades de medidas!
SM ¡Pero transmitirles los valores medioambientales para que cuiden el Planeta es prioritario!
SS ¡Pues sin las unidades de medida no aprenderán a contar, ni nada de Matemáticas, ni ninguna ciencia exacta!
SM Pero, pero, pero...¡YO TE TRAJE AL MUNDO!
SS ¡SIEMPRE TIENES QUE SACAR ESO PARA ACABAR LA DISCUSIÓN!
Me estoy planteando seriamente regalarles por su cumpleaños una visita guiada a una planta de reciclaje. ¿Y luego la enferma soy yo?
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yo misma
lunes, 5 de julio de 2010
Ni tanto ni tan calvo
Estos días estoy leyendo muchos post y estoy presenciando muchas conversaciones sobre "perros del hortelano", esas personas (hay tantos hombres como mujeres en esta categoría) que no quieren tener una relación sentimental contigo, pero que tampoco te facilitan las cosas para que lo superes y puedas encontrar otra pareja. Te dicen que no están enamorados de tí, que no te pueden dar lo que necesitas, pero en cuanto ven que te alejas y que vas a cerrar esa etapa, quieren retenerte a toda costa. Aseguran que te quieren, que les importas mucho, que te echan de menos... te dicen todo lo que SABEN que te hará recaer y no seguir adelante.
Yo ODIO a los perros del hortelano. Y no digo que sean malas personas, porque tengo muchos amigos/as que son buena gente y que sin embargo se han comportado así con alguno de sus ex. No creo que lo hagan por maldad, son infantiles, muy inseguros y tremendamente egoistas. No quieren arriesgarse a perder algo bueno y anteponen su bienestar al tuyo. Saben que su comportamiento te destroza la vida porque esa relación te hace daño. Son concientes de que tú ahora eres una enferma, estás enganchada a él y no tienes voluntad para poner un fin. Entienden que sólo ellos pueden cortar la cadena para dejarte volar libre y que acabe tu sufrimiento, pero no lo hacen porque tienen miedo y son egoistas. JUST SAY NO A LOS PERROS DEL HORTELANO!
Ahora bien, tampoco estoy de acuerdo con las personas que por no hacer esto, se van al otro extremo. Me explico. Cuando una relación se acaba (sin grandes problemas ni dramas, sólo porque uno no quiere lo suficiente al otro como para pasar el resto de su vida con él) no hace falta hacer como si la otra persona no existiera. Estoy de acuerdo en que la distancia es la mejor sanadora y que la manera más eficaz de que ambas partes lo superen cuanto antes es verse lo menos posible, tener el mínimo contacto. Pero no pueden volverse unos desconocidos. Eso es desgarrador. Al menos para mi.
Si yo he estado con alguien, aunque haya salido mal, he compartido mucho momentos especiales, muchas risas, muchos nervios, mucha emoción y puede que algún drama. Todo eso no puede perderse, tiene que transformarse en cariño. No puede ser que porque ya no sea el amor de tu vida, ya no sea nadie para tí. Lo lógico es que te sigan interesando mis cosas, que te sigas preocupando por mi. A un nivel mucho menor, por supuesto, pero tiene que seguir habiendo algo de eso.
Y entiendo que así es mucho más difícil de superar para la persona a la que han dejado, porque elimina el factor odio, tan útil para sobrevivir a las rupturas. Y porque que te traten como una amiga cuando tú sigues queriendo ser mucho más que eso, duele como si te arrancaran los ojos. Pero para mi es mucho peor que te eliminen de su vida, así sin más. Que le des a la tecla supr y olvides quien soy me hace pensar que nada de lo que hemos vivido juntos te importa. Que nada de lo que para mi ha sido tan especial lo ha sido para tí. Me hace pensar que no te he marcado en absoluto, que no he dejado ninguna huella en tu vida. Y eso es lo peor que se puede decir de una persona, que no te ha impactado de ningún modo, para bien o para mal. Prefiero que me odien a que me obvien.
Que me dejes no significa que me dejes de hablar. Si se me hace demasiado dura tu nueva forma de tratarme o si veo que mi recuperación no "progresa adecuadamente", ya te diré yo que cortemos el contacto. Seguramente terminaré teniendo que pedírtelo, pero lo haré cuando haya reunido fuerzas y esté preparada. Y sé que esto me llevará un tiempo y que hará más largo un proceso que tengo que dejar atrás cuanto antes. Pero la otra opción me hace sentir que me cierran la puerta en las narices. Me has dejado y me has roto el corazón. No me merezco un portazo.
Yo ODIO a los perros del hortelano. Y no digo que sean malas personas, porque tengo muchos amigos/as que son buena gente y que sin embargo se han comportado así con alguno de sus ex. No creo que lo hagan por maldad, son infantiles, muy inseguros y tremendamente egoistas. No quieren arriesgarse a perder algo bueno y anteponen su bienestar al tuyo. Saben que su comportamiento te destroza la vida porque esa relación te hace daño. Son concientes de que tú ahora eres una enferma, estás enganchada a él y no tienes voluntad para poner un fin. Entienden que sólo ellos pueden cortar la cadena para dejarte volar libre y que acabe tu sufrimiento, pero no lo hacen porque tienen miedo y son egoistas. JUST SAY NO A LOS PERROS DEL HORTELANO!
Ahora bien, tampoco estoy de acuerdo con las personas que por no hacer esto, se van al otro extremo. Me explico. Cuando una relación se acaba (sin grandes problemas ni dramas, sólo porque uno no quiere lo suficiente al otro como para pasar el resto de su vida con él) no hace falta hacer como si la otra persona no existiera. Estoy de acuerdo en que la distancia es la mejor sanadora y que la manera más eficaz de que ambas partes lo superen cuanto antes es verse lo menos posible, tener el mínimo contacto. Pero no pueden volverse unos desconocidos. Eso es desgarrador. Al menos para mi.
Si yo he estado con alguien, aunque haya salido mal, he compartido mucho momentos especiales, muchas risas, muchos nervios, mucha emoción y puede que algún drama. Todo eso no puede perderse, tiene que transformarse en cariño. No puede ser que porque ya no sea el amor de tu vida, ya no sea nadie para tí. Lo lógico es que te sigan interesando mis cosas, que te sigas preocupando por mi. A un nivel mucho menor, por supuesto, pero tiene que seguir habiendo algo de eso.
Y entiendo que así es mucho más difícil de superar para la persona a la que han dejado, porque elimina el factor odio, tan útil para sobrevivir a las rupturas. Y porque que te traten como una amiga cuando tú sigues queriendo ser mucho más que eso, duele como si te arrancaran los ojos. Pero para mi es mucho peor que te eliminen de su vida, así sin más. Que le des a la tecla supr y olvides quien soy me hace pensar que nada de lo que hemos vivido juntos te importa. Que nada de lo que para mi ha sido tan especial lo ha sido para tí. Me hace pensar que no te he marcado en absoluto, que no he dejado ninguna huella en tu vida. Y eso es lo peor que se puede decir de una persona, que no te ha impactado de ningún modo, para bien o para mal. Prefiero que me odien a que me obvien.
Que me dejes no significa que me dejes de hablar. Si se me hace demasiado dura tu nueva forma de tratarme o si veo que mi recuperación no "progresa adecuadamente", ya te diré yo que cortemos el contacto. Seguramente terminaré teniendo que pedírtelo, pero lo haré cuando haya reunido fuerzas y esté preparada. Y sé que esto me llevará un tiempo y que hará más largo un proceso que tengo que dejar atrás cuanto antes. Pero la otra opción me hace sentir que me cierran la puerta en las narices. Me has dejado y me has roto el corazón. No me merezco un portazo.
sábado, 3 de julio de 2010
¿Pero con quién te ha funcionado esto?
Los comportamientos que pueden verse en una bar cualquiera una noche de juerga son de lo más variopinto. Por supuesto, dependen mucho del tipo de bar, la clientela que se hacine en él y lo avanzada que esté la velada, porque cuanto más tarde sea, más estragos habrá hecho el alcohol. Pero desde luego, algunas de las escenas que se producen en estos ambientes son para no olvidar.
A mi las que más me llaman la atención son los intentos desastrosos de ligue. Estas tentativas taaaaaaaaaan tremendamente malas y poco efectivas que llegas a pensar: ¿este pobre hombre no lo sabe hacer mejor? ¿lo está haciendo fatal a propósito para batir algún tipo de récord guiness al que peor liga del mundo? O lo que más miedo me da de todo: ¿Será esta su forma de ser de verdad?
Y, ojo, que no me refiero a que tengáis formas de ser totalmente distintas. Porque oye, le ves en el bar y no le conoces de nada. Si luego habláis dos minutos y te das cuenta de que no cuadráis en absoluto, ni para un rato y que no hay manera de sacar nada de ahí, pues es que ha habido mala suerte y a otra cosa mariposa. Son los riesgos del directo. A lo que me refiero es a cuando te entran de una manera taaaaaaaaaaannnn horrible, pero tan tan tan horrible, que tienes ganas de decirle: "Si utilizas esta técnica es que te ha salido bien algunas vez. Pero... ¿CON QUIEN TE HA FUNCIONADO ESTO?"
En mi trayectora juergueril yo he oido cosas como estas:
"¿Eres tan borde como pareces?" (Supongo que con esto quieres que me esfuerce en ser super simpática para demostrarte que no soy borde, pero eres un desconocido, me importa un bledo tu opinión y has empezado con mal pie porque odio que me insulten nada más conocerme. Así que mira, has venido tú a hablar conmigo, si te caigo tan mal, mejor te vas, no?)
"Tú podrías estar buena si quisieras" (Me parece bien que tú no creas que soy Miss Mundo, porque para gustos los colores, pero decirme que soy poco agraciada no es la manera más eficaz de conseguir que me líe contigo. Para lograr ese objetivo sería más efectivo que me dijeras que YA estoy muy buena. Y además, si tan poco te gusto, ahorra tiempo y energía y vete a buscar otra presa, ¿no?)
"Oye, que me ha costado mucho esfuerzo acercarme a hablar contigo, a ver si me prestas atención" (Punto 1. Efectivamente, no te estoy haciendo caso, ¿eso no te da ninguna pista? Cuando la cosa va tan mal no ayuda nada verbalizar la falta de feeling. O se te ocurre algo para conseguir que me interese, o te retiras dignamente. No me obligues a ponerlo por palabras: "Me aburro, ¿te vas?" Punto 2. Es verdad, entablar conversación con una desconocida no es fácil, reconozco tu esfuerzo y por eso te hago un favor. Yo YA sé que conmigo no vas a coseguir nada. Cuanto antes te deje marchar, antes podrás empezar a buscar a la mujer de tu vida. ¿Te vas ya?)
Y mi favorita, creo que de lo peor que me han dicho en mi vida. Sobre todo porque me lo gritaron de una acera a otra de la calle:
"Me gustaría conocer a tu ginecólogo para chuparle los dedos" (Vale, me acabas de provocar hasta arcadas, no te digo más)
Pero por favor... ¿Con quién ha funcionado eso? Chicas del mundo que han cedido ante estas perlas del arte del ligoteo, estéis donde estéis... ¡ENTRAD EN RAZÓN!
A mi las que más me llaman la atención son los intentos desastrosos de ligue. Estas tentativas taaaaaaaaaan tremendamente malas y poco efectivas que llegas a pensar: ¿este pobre hombre no lo sabe hacer mejor? ¿lo está haciendo fatal a propósito para batir algún tipo de récord guiness al que peor liga del mundo? O lo que más miedo me da de todo: ¿Será esta su forma de ser de verdad?
Y, ojo, que no me refiero a que tengáis formas de ser totalmente distintas. Porque oye, le ves en el bar y no le conoces de nada. Si luego habláis dos minutos y te das cuenta de que no cuadráis en absoluto, ni para un rato y que no hay manera de sacar nada de ahí, pues es que ha habido mala suerte y a otra cosa mariposa. Son los riesgos del directo. A lo que me refiero es a cuando te entran de una manera taaaaaaaaaaannnn horrible, pero tan tan tan horrible, que tienes ganas de decirle: "Si utilizas esta técnica es que te ha salido bien algunas vez. Pero... ¿CON QUIEN TE HA FUNCIONADO ESTO?"
En mi trayectora juergueril yo he oido cosas como estas:
"¿Eres tan borde como pareces?" (Supongo que con esto quieres que me esfuerce en ser super simpática para demostrarte que no soy borde, pero eres un desconocido, me importa un bledo tu opinión y has empezado con mal pie porque odio que me insulten nada más conocerme. Así que mira, has venido tú a hablar conmigo, si te caigo tan mal, mejor te vas, no?)
"Tú podrías estar buena si quisieras" (Me parece bien que tú no creas que soy Miss Mundo, porque para gustos los colores, pero decirme que soy poco agraciada no es la manera más eficaz de conseguir que me líe contigo. Para lograr ese objetivo sería más efectivo que me dijeras que YA estoy muy buena. Y además, si tan poco te gusto, ahorra tiempo y energía y vete a buscar otra presa, ¿no?)
"Oye, que me ha costado mucho esfuerzo acercarme a hablar contigo, a ver si me prestas atención" (Punto 1. Efectivamente, no te estoy haciendo caso, ¿eso no te da ninguna pista? Cuando la cosa va tan mal no ayuda nada verbalizar la falta de feeling. O se te ocurre algo para conseguir que me interese, o te retiras dignamente. No me obligues a ponerlo por palabras: "Me aburro, ¿te vas?" Punto 2. Es verdad, entablar conversación con una desconocida no es fácil, reconozco tu esfuerzo y por eso te hago un favor. Yo YA sé que conmigo no vas a coseguir nada. Cuanto antes te deje marchar, antes podrás empezar a buscar a la mujer de tu vida. ¿Te vas ya?)
Y mi favorita, creo que de lo peor que me han dicho en mi vida. Sobre todo porque me lo gritaron de una acera a otra de la calle:
"Me gustaría conocer a tu ginecólogo para chuparle los dedos" (Vale, me acabas de provocar hasta arcadas, no te digo más)
Pero por favor... ¿Con quién ha funcionado eso? Chicas del mundo que han cedido ante estas perlas del arte del ligoteo, estéis donde estéis... ¡ENTRAD EN RAZÓN!
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Yo es que alucino con todo
JAJAJAJAJA
Me encantan las risas. Sobre todo las escandalosas y cuanto más contagiosas, mejor. Creo que hay algo mágico en el momento en que alguien empieza a reirse y tú no puedes evitar soltar una carcajada, incluso aunque no sepas qué es lo que le hace tanta gracia. Para mi es, además, una de las maneras más rápidas de conectar con una persona y generar complicidad. Cuando yo me he reido con alguien (reido de verdad, de esas veces en las que no puedes parar y hasta te duele la tripa) no se me olvida. Son momentos que se me quedan grabados y que me siguen haciendo sonreir mucho tiempo después.
Por eso admiro tanto a las personas que saben reirse y hacer reir. Y no me refiero a los graciosos, a los que tienen cara de chiste o una manera de expresarse que causa hilaridad. Esos nacen con ese don, es como quien nace guapo, es genial, pero no tiene ningún mérito, se lo dan hecho. Me refiero a las personas que SABEN reirse, es decir, que son capaces de hacer bromas, de tomarse con humor cualquier situación, especialmente los momentos difíciles. Las personas que no se toman tan en serio la vida, porque saben que a veces la vida parece una broma pesada y por eso hay que adelantarse: la mejor defensa es un buen ataque.
Para mi la risa es la mejor medicina. Una buena carcajada me relaja, me desestresa y hasta me inspira. El problema es que no siempre sé fabricarla. Menos mal que soy una afortunada y tengo unos cuantos amigos catedráticos en risa para ayudarme. Y cuando no están a mano, siempre me quedará el remedio de urgencia: este chiquitín.
Espero que os alegre el día al menos la mitad que a mi.
Por eso admiro tanto a las personas que saben reirse y hacer reir. Y no me refiero a los graciosos, a los que tienen cara de chiste o una manera de expresarse que causa hilaridad. Esos nacen con ese don, es como quien nace guapo, es genial, pero no tiene ningún mérito, se lo dan hecho. Me refiero a las personas que SABEN reirse, es decir, que son capaces de hacer bromas, de tomarse con humor cualquier situación, especialmente los momentos difíciles. Las personas que no se toman tan en serio la vida, porque saben que a veces la vida parece una broma pesada y por eso hay que adelantarse: la mejor defensa es un buen ataque.
Para mi la risa es la mejor medicina. Una buena carcajada me relaja, me desestresa y hasta me inspira. El problema es que no siempre sé fabricarla. Menos mal que soy una afortunada y tengo unos cuantos amigos catedráticos en risa para ayudarme. Y cuando no están a mano, siempre me quedará el remedio de urgencia: este chiquitín.
Espero que os alegre el día al menos la mitad que a mi.
viernes, 2 de julio de 2010
Apáñatelas
Ser contadora de cosas es bastante estresante, la verdad. Nunca sabes que tendrás que hacer mañana, donde vas a estar, ni cuando vas a salir. El día se te puede complicar enormemente en cualquier momento (pero el 90% de las veces ocurre a escasos minutos de la hora límite) y por supuesto todo lo que te encargan debería estar hecho para antesdeayer.
A esto te terminas acostumbrando y a veces es hasta divertido. Pero hay un factor que hace realmente duro el día a día: los jefes. Esos seres dedicados en cuerpo y alma a amargarte la vida pidiéndote imposibles. Y tú no te lo explicas, porque sabes que hace muy poco tiempo ellos hacían EXACTAMENTE tu trabajo y por eso saben EXACTAMENTE el tiempo que lleva cada cosa. No es posible que todos sufran, de repente, amnesia repentina. No puede ser que todos padezcan una afección cerebral que les causa desconexiones neuronales. Ellos SABEN que lo que te piden no se puede hacer. Pero te lo exigen. Y se dan situaciones como ésta.
JCT (Jefe Cabrón de Turno): Speedy, vete Al-Fin-del-Mundo, entérate del Movidón-del-momento. Veas lo que veas, vuelve en media hora para contar que todo es blanco.
Por un momento pienso que JCT ha descubierto mi identidad secreta y que sabe que soy una heroina con supervelocidad. Luego caigo en que para ir y volver Al-Fin-Del-Mundo en media hora necesitaría tener otros poderes como ser capaz de teletransportarme o retroceder en el tiempo, así que me doy cuenta de que él no sabe nada y lo que pasa es que todo le da lo mismo.
Primer error: intento razonar.
Speedy: JCT, no me da tiempo a ir y volver en media hora.
JCT: Apáñatelas.
Ahí está, la palabra mágica. APÁÑATELAS. Sea cual sea tu argumento, tu jefe suelta esa sentencia y se acaba la discusión.
Así que tú vas Al-Fin-Del-Mundo, te enteras del Movidón-Del-Momento y cuando vuelves...
Speedy: Mira JCT, que el Movidón del Momento es negro y toda la gente me ha dicho que es negro, no puedo contarte que es blanco, porque no he encontrado a nadie que me diga eso.
JCT: Apáñatelas
Ahí está de nuevo, la palabra mágica.
Así que terminas contando que es blanco, claro, qué remedio. Ahora mi pregunta es: si yo uso la palabra mágica, ¿funcionará? ¿Si le digo a Hacienda que me viene mal pagar ahora, les mando un fax que ponga APÁÑATELAS y me lo perdonan? ¿Si voy a la frutería y en vez de pagarle las naranjas al frutero le digo APÁÑATELAS se quedará contento? Tengo que probar...
A esto te terminas acostumbrando y a veces es hasta divertido. Pero hay un factor que hace realmente duro el día a día: los jefes. Esos seres dedicados en cuerpo y alma a amargarte la vida pidiéndote imposibles. Y tú no te lo explicas, porque sabes que hace muy poco tiempo ellos hacían EXACTAMENTE tu trabajo y por eso saben EXACTAMENTE el tiempo que lleva cada cosa. No es posible que todos sufran, de repente, amnesia repentina. No puede ser que todos padezcan una afección cerebral que les causa desconexiones neuronales. Ellos SABEN que lo que te piden no se puede hacer. Pero te lo exigen. Y se dan situaciones como ésta.
JCT (Jefe Cabrón de Turno): Speedy, vete Al-Fin-del-Mundo, entérate del Movidón-del-momento. Veas lo que veas, vuelve en media hora para contar que todo es blanco.
Por un momento pienso que JCT ha descubierto mi identidad secreta y que sabe que soy una heroina con supervelocidad. Luego caigo en que para ir y volver Al-Fin-Del-Mundo en media hora necesitaría tener otros poderes como ser capaz de teletransportarme o retroceder en el tiempo, así que me doy cuenta de que él no sabe nada y lo que pasa es que todo le da lo mismo.
Primer error: intento razonar.
Speedy: JCT, no me da tiempo a ir y volver en media hora.
JCT: Apáñatelas.
Ahí está, la palabra mágica. APÁÑATELAS. Sea cual sea tu argumento, tu jefe suelta esa sentencia y se acaba la discusión.
Así que tú vas Al-Fin-Del-Mundo, te enteras del Movidón-Del-Momento y cuando vuelves...
Speedy: Mira JCT, que el Movidón del Momento es negro y toda la gente me ha dicho que es negro, no puedo contarte que es blanco, porque no he encontrado a nadie que me diga eso.
JCT: Apáñatelas
Ahí está de nuevo, la palabra mágica.
Así que terminas contando que es blanco, claro, qué remedio. Ahora mi pregunta es: si yo uso la palabra mágica, ¿funcionará? ¿Si le digo a Hacienda que me viene mal pagar ahora, les mando un fax que ponga APÁÑATELAS y me lo perdonan? ¿Si voy a la frutería y en vez de pagarle las naranjas al frutero le digo APÁÑATELAS se quedará contento? Tengo que probar...
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jueves, 1 de julio de 2010
Apatrullando la ciudad
Ya ni me acuerdo de mis últimas vacaciones. Hace que no tengo un mes seguido libre desde... bueno, creo que no lo tengo desde que iba al instituto, allá por el Pleistoceno.
Cuando todavía me dedicaba a proteger a los débiles como Speedygirl, no había manera de programarse, porque mis compañeros superhéroes, mucho salvar a los débiles, mucho defender la Humanidad... pero luego son unos insolidarios con los de su propio gremio. ¡No había manera de ponerse de acuerdo con los turnos de descanso!
El peor era Superman, con su rollito victimista: que si Kripton está destruido, que si sólo puedo ir a ver a mis antepasados en julio, que si esto, que si lo otro... total, que siempre se las piraba la primera quincena. Luego estaba Spiderman, que no se quedaba atrás como caradura. Se creía el hombre-araña más estresado del mundo. Que saltar de rascacielo en rascacielo cansa mucho, decía. Así que nada, otro mes descartado. Y ya ni hablamos de La Masa, que ni siquiera daba una excusa para cogerse los días que le venía en gana... pero claro, cualquiera se lo discutía cuando se ponía verde. Yo desde luego no, que mi superpoder es la velocidad, no la fuerza.
Podríais pensar que, ahora que he dejado mi carrera de superheroina, sí que disfruto de mis merecidas vacaciones... pero no. Como ser contadora de cosas es una profesión tan bonita, casi siempre hago la misma gracia: empiezo en un trabajo nuevo justo antes de verano, lo que implica, naturalmente, que me quedo sin un triste día libre. Este año he hecho los mismo, por supuesto, así que me quedan dos estupendos y calurosos meses por delante sola en Speedytown.
Ya que me quedo, claro, aparte de contar cosas, también mantendré a los villanos a raya apatrullando la ciudad. Pero pienso hacer un millón de actividades más: ir a la piscina, hacer un curso de piragüismo, montar a caballo, patinar, ver musicales (un montónnnn), ir al teatro (más todavía), hacer un curso de lengua de signos, jugar al trivial en inglés, hacer carrera de orientación, mirar las estrellas, escaparme los fines de semana a la playita, ponerme las pilas con mi nuevo blog, probar la lista de restaurantes por conocer que tengo pendiente desde febrero, salir a todas horas y sacar a tomar cañas a todo aquel que se deje. Bueno, y todo lo que se me vaya ocurriendo, claro.
Speedytown este verano va a ser una juerga, os lo digo ya. Así que si pasáis por aquí dadme un toque. Nos tomaremos una caña, eso seguro.
Cuando todavía me dedicaba a proteger a los débiles como Speedygirl, no había manera de programarse, porque mis compañeros superhéroes, mucho salvar a los débiles, mucho defender la Humanidad... pero luego son unos insolidarios con los de su propio gremio. ¡No había manera de ponerse de acuerdo con los turnos de descanso!
El peor era Superman, con su rollito victimista: que si Kripton está destruido, que si sólo puedo ir a ver a mis antepasados en julio, que si esto, que si lo otro... total, que siempre se las piraba la primera quincena. Luego estaba Spiderman, que no se quedaba atrás como caradura. Se creía el hombre-araña más estresado del mundo. Que saltar de rascacielo en rascacielo cansa mucho, decía. Así que nada, otro mes descartado. Y ya ni hablamos de La Masa, que ni siquiera daba una excusa para cogerse los días que le venía en gana... pero claro, cualquiera se lo discutía cuando se ponía verde. Yo desde luego no, que mi superpoder es la velocidad, no la fuerza.
Podríais pensar que, ahora que he dejado mi carrera de superheroina, sí que disfruto de mis merecidas vacaciones... pero no. Como ser contadora de cosas es una profesión tan bonita, casi siempre hago la misma gracia: empiezo en un trabajo nuevo justo antes de verano, lo que implica, naturalmente, que me quedo sin un triste día libre. Este año he hecho los mismo, por supuesto, así que me quedan dos estupendos y calurosos meses por delante sola en Speedytown.
Ya que me quedo, claro, aparte de contar cosas, también mantendré a los villanos a raya apatrullando la ciudad. Pero pienso hacer un millón de actividades más: ir a la piscina, hacer un curso de piragüismo, montar a caballo, patinar, ver musicales (un montónnnn), ir al teatro (más todavía), hacer un curso de lengua de signos, jugar al trivial en inglés, hacer carrera de orientación, mirar las estrellas, escaparme los fines de semana a la playita, ponerme las pilas con mi nuevo blog, probar la lista de restaurantes por conocer que tengo pendiente desde febrero, salir a todas horas y sacar a tomar cañas a todo aquel que se deje. Bueno, y todo lo que se me vaya ocurriendo, claro.
Speedytown este verano va a ser una juerga, os lo digo ya. Así que si pasáis por aquí dadme un toque. Nos tomaremos una caña, eso seguro.
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