La mayoría de la gente cree que los superhéroes venimos de otro planeta, nos transformamos porque nos muerde un bicho radioactivo o somos el resultado de algún experimento. Y esto sólo es cierto a medias. Los superhéroes no sólo nacemos, también nos hacemos. Aprender a manejar poderes extraordinarios no es fácil y casi nadie lo hace solo, como aparece en las películas o en los comics. Para convertirse en un eficaz defensor de la justicia, hace falta esfuerzo, dedicación y bastante ayuda. El mejor truco es aprender de los experimentados porque en la lucha contra el mal, como en todo, más sabe el diablo por viejo, que por diablo.
No es que tengamos escuelas de Superhéroes como los X-Men (qué desilusión, ¿eh? Ya me imagino que más de uno pensaba pedirme una visita guiada por estos centros), pero sí que tenemos becarios que nos acompañan en las aventuras más sencillas. No los habéis visto porque cuando se libra una batalla, entre la adrenalina, la emoción y el riesgo de muerte, nadie se fija en los detalles. Pero los becarios están ahí, discretos, callados, absorbiendo conocimientos.
O al menos, antes era así. Las nuevas generaciones han cambiado mucho. A la mayoría no les interesa nada, ni tienen la más mínima ilusión. Parece que te acompañan por obligación. Que te dan ganas de decirles: "A ver, hijo mío, ser superhéroe no es fácil. No tienes horarios fijos, ni tiempo para ti, ni seguridad social ni pensión de jubilación cuando te retires. Te va a costar años hacerte un nombre y en cuanto te retires caerás en el olvido en menos de un segundo. Si este trabajo no te encanta, si no es tu vocación de verdad, déjalo ya y no pierdas años de juventud. Estudia oposiciones y hazte funcionario, que es lo mejor para llevar una vida tranquila".
Y que conste que yo entiendo que los comienzos son duros. Porque los becarios participan en la misión, pero luego no salen en la foto de portada del periódico y el público no les aplaude. Y además tienen que hacerse cargo de las tareas más tontas, para ir practicando. ¡Pero son sus primeras aventuras, deberían hacerles ilusión! "Vale, has bajado a un gato de un árbol con tu poder telepático, no es precisamente el colmo de la emoción. Pero ¿qué quieres? ¿Que tu primer encargo sea rescatar a Sara Carbonero? Pues para dejarla impresionada tendrás que ensayar antes con el gato, ¿no te parece? Que esta chica tiene mucho mundo."
Pero si hay algo que de verdad no comprendo es su falta de iniciativa. Vale, acabas de empezar, te queda todo por aprender, pero hombre, pónle ganas. Que se note que te esfuerzas. Si te pido que me ayudes cortando el paso al supervillano de turno por la derecha y te encuentras una valla, sáltala. O rodéala. O fúndela con los rayos que te salen por los ojos. Haz un túnel en el suelo, busca un atajo, pregúntame... no sé, sé creativo. Que no parezca que has pensado "Ups, una valla, como no puedo pasar voy a tumbarme al sol a ver si se me iguala el moreno, que el supertraje de verano me ha dejado marca".
"HAZ COSAS. Si no funcionan lo voy a entender y si metes la pata no me voy a enfadar. Todos la cagamos en las primeras... no sé, 1.200 misiones más o menos. Si yo te contara mi primera vez..." (Uhmmm, esto tengo que contarlo un día por aquí)
Es como si tuvieran horchata en las venas, no hay forma de ponerles las pilas. A este paso voy a tener que chivarles hasta lo más básico: "Venga, apúntate a todas las movidas que tengan que ver con fuegos, que seguro que está por allí Iceman y su becaria de este año está que cruje". Si es que hay que decírselo todo...
jueves, 19 de agosto de 2010
miércoles, 18 de agosto de 2010
Horóscopos
No soy una persona supersticiosa. En general no me preocupa que sea martes y 13, que se me haya roto un espejo en casa o que la pitonisa Lola me ponga dos velas negras. Mucho me temo que el 99% de las personas que echan las cartas tienen más cuento que Caperucita y creo que alguien podrá predecir mi futuro cuando la ciencia avance y podamos viajar en el tiempo, pero no antes.
Y sin embargo... me encanta leer los horóscopos, lo reconozco. Y es inexplicable, porque sé que a menudo no tienen una base real y que muchas veces se los inventan los becarios de la publicación de turno. Y esto no me lo imagino, lo sé, porque yo fui uno de esos becarios. En uno de mis chungocurros me encargaba de transcribir diariamente los horóscopos de unos folios que nunca supe de donde salían, aunque supongo que no directamente de las estrellas. El caso es que a veces faltaba alguna página y por tanto, la información de algún signo. El espacio había que rellenarlo igual, así que no quedaba otro remedio que recurrir a la creatividad.
Yo soy Leo. Ni os cuento en esos días de falta de folios lo bien que ponía el horóspoco que les iba a ir a los Leo en salud, dinero y trabajo. Y, qué casualidad, si el chico que me gustaba por aquellos entonces era Piscis, el horóscopo aseguraba que este signo debía concentrarse en su vida personal y no dejar escapar su amor verdadero, que estaba cerca de él y pertenecía a los signos del fuego, probablemente Leo.... ¡Casualidades de la vida!
Bueno, pues sabiendo todo esto... ¡me encanta mirar los horóscopos! No lo puedo evitar. Si por la mañana leo que mi vida amorosa va a dar un giro, ya me imagino por la noche cenando con George Clooney y encontrándome un anillo de compromiso escondido en la tarta del postre. Si me advierte de que tenga cuidado en mis asuntos laborales me empieza a parecer que en el curro todos me miran raro y si me recomienda que aplace mis planes, pienso durante un segundo en aplazarlos, aunque no sé exactamente a qué planes se refiere. Lo mejor es, desde luego, cuando dice que me envuelve un fuerte magnetismo que va a admirar a los que me rodean. Ese día me subo a mis tacones, me pongo las pinturas de guerra y voy por la vida pisando fuerte... ¡Seré pava!
Si, ya lo sé, estoy fatal de lo mío. Esto va a ser del riego, o algo.
Y sin embargo... me encanta leer los horóscopos, lo reconozco. Y es inexplicable, porque sé que a menudo no tienen una base real y que muchas veces se los inventan los becarios de la publicación de turno. Y esto no me lo imagino, lo sé, porque yo fui uno de esos becarios. En uno de mis chungocurros me encargaba de transcribir diariamente los horóscopos de unos folios que nunca supe de donde salían, aunque supongo que no directamente de las estrellas. El caso es que a veces faltaba alguna página y por tanto, la información de algún signo. El espacio había que rellenarlo igual, así que no quedaba otro remedio que recurrir a la creatividad.
Yo soy Leo. Ni os cuento en esos días de falta de folios lo bien que ponía el horóspoco que les iba a ir a los Leo en salud, dinero y trabajo. Y, qué casualidad, si el chico que me gustaba por aquellos entonces era Piscis, el horóscopo aseguraba que este signo debía concentrarse en su vida personal y no dejar escapar su amor verdadero, que estaba cerca de él y pertenecía a los signos del fuego, probablemente Leo.... ¡Casualidades de la vida!
Bueno, pues sabiendo todo esto... ¡me encanta mirar los horóscopos! No lo puedo evitar. Si por la mañana leo que mi vida amorosa va a dar un giro, ya me imagino por la noche cenando con George Clooney y encontrándome un anillo de compromiso escondido en la tarta del postre. Si me advierte de que tenga cuidado en mis asuntos laborales me empieza a parecer que en el curro todos me miran raro y si me recomienda que aplace mis planes, pienso durante un segundo en aplazarlos, aunque no sé exactamente a qué planes se refiere. Lo mejor es, desde luego, cuando dice que me envuelve un fuerte magnetismo que va a admirar a los que me rodean. Ese día me subo a mis tacones, me pongo las pinturas de guerra y voy por la vida pisando fuerte... ¡Seré pava!
Si, ya lo sé, estoy fatal de lo mío. Esto va a ser del riego, o algo.
martes, 17 de agosto de 2010
Cuando yo sea presidenta del gobierno....
Hace bastante que le estoy dando vueltas y ahora que mi carrera de superheroína ya no me quita tanto tiempo, ya no tengo excusa para posponerlo. Voy a ser presidenta del Gobierno. Así, sin más.
Está claro que ahora es un buen momento para ponerme a ello: Zp está quemado, Rajoy no tiene pinta de ir a arrasar en las próximas elecciones y no se ve en el horizonte a corto plazo el nacimiento de ningún líder político carismático que trunque mis aspiraciones. Así que no creo que tenga grandes problemas para hacerme dueña y señora de la Moncloa en breve.
Y queridos y respetados lectores, cuando yo sea presidenta... las cosas van a cambiar. De los temas importantes no me voy a olvidar, claro. Formaré un sólido equipo de mentes preclaras que encontrarán soluciones para el paro, la crisis, la violencia, la desigualdad, el hambre en el mundo... Todo eso lo vamos a dejar niquelao, en un plis.
Pero, sobre todo, yo misma me voy a ocupar de otros asuntos que hasta han quedado injustamente olvidados y en lo que ya es hora de que alguien ponga orden. Queridos lectores, cuando yo sea presidenta:
-Quedarán prohibidas las canciones y películas deprimentes y de llorar. Sólo tendrán permiso especial de exhibición las grandes obras maestras y siempre bajo supervisión de personal emocionalmente preparado.
-Se exigirá un etiquetado más claro en las películas románticas que deje cristalino que "no están basadas en hechos reales" y que "cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia".
-Los días de lluvia se fijarán estableciendo un calendario ordenado, para poder programar vacaciones y viajes sin que el mal tiempo lo estropee. Esto no sé muy bien cómo lo voy a hacer, dedicaré más recursos a la investigación de los fenómenos atmosféricos o utilizaré mi anillo de viajar en el tiempo para traer este adelanto científico del futuro.
-Se fijará un límite máximo de horas de retransmisiones e informaciones relacionadas con el fútbol en televisión. Estudiaré tomar la misma medida en medios escritos y radiofónicos.
-Se impondrán multas a partir de 1.000 euros a los cobardes que dejen a su pareja por correo electrónico, teléfono o sms o sin dar las oportunas explicaciones. También habrá sanciones, aunque menores, para aquellos que estén "empezando algo con alguien" y de repente dejen de llamar y de coger el teléfono, sin más.
-Se castigará con horas de trabajos comunitarios a los perros del hortelano de larga duración o que lo hagan a conciencia y a mala idea.
-Se repartirán ejemplares gratuitos de diccionarios de traduccion pensamiento masculino-pensamiento femenino y se impartirán cursos de formación subvencionados.
-Se someterá a estrecha vigilancia a los jefes tocapelotas. Al mínimo signo de que dan la chapa sólo para marear a los curritos...¡Zas! ¡Sanción! ¡En toda la boca!
-Lo de prohibir trabajar los lunes me lo estoy pensando, pero supongo que sólo conseguiría trasladar al martes el drama de comenzar la semana laboral... Por ahora creo que empezaré instaurando puentes de cinco días obligatorios una vez al mes. Y ya veremos cómo evluciona la cosa.
En fin, tengo más ideas, esto sólo es el primer borrador. Por supuesto, como demócrata convencida que soy, espero impaciente las sugerencias de los lectores para incorporarlas a este apartado de mi programa electoral. Eso sí, después votenme, ¿eh?
Está claro que ahora es un buen momento para ponerme a ello: Zp está quemado, Rajoy no tiene pinta de ir a arrasar en las próximas elecciones y no se ve en el horizonte a corto plazo el nacimiento de ningún líder político carismático que trunque mis aspiraciones. Así que no creo que tenga grandes problemas para hacerme dueña y señora de la Moncloa en breve.
Y queridos y respetados lectores, cuando yo sea presidenta... las cosas van a cambiar. De los temas importantes no me voy a olvidar, claro. Formaré un sólido equipo de mentes preclaras que encontrarán soluciones para el paro, la crisis, la violencia, la desigualdad, el hambre en el mundo... Todo eso lo vamos a dejar niquelao, en un plis.
Pero, sobre todo, yo misma me voy a ocupar de otros asuntos que hasta han quedado injustamente olvidados y en lo que ya es hora de que alguien ponga orden. Queridos lectores, cuando yo sea presidenta:
-Quedarán prohibidas las canciones y películas deprimentes y de llorar. Sólo tendrán permiso especial de exhibición las grandes obras maestras y siempre bajo supervisión de personal emocionalmente preparado.
-Se exigirá un etiquetado más claro en las películas románticas que deje cristalino que "no están basadas en hechos reales" y que "cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia".
-Los días de lluvia se fijarán estableciendo un calendario ordenado, para poder programar vacaciones y viajes sin que el mal tiempo lo estropee. Esto no sé muy bien cómo lo voy a hacer, dedicaré más recursos a la investigación de los fenómenos atmosféricos o utilizaré mi anillo de viajar en el tiempo para traer este adelanto científico del futuro.
-Se fijará un límite máximo de horas de retransmisiones e informaciones relacionadas con el fútbol en televisión. Estudiaré tomar la misma medida en medios escritos y radiofónicos.
-Se impondrán multas a partir de 1.000 euros a los cobardes que dejen a su pareja por correo electrónico, teléfono o sms o sin dar las oportunas explicaciones. También habrá sanciones, aunque menores, para aquellos que estén "empezando algo con alguien" y de repente dejen de llamar y de coger el teléfono, sin más.
-Se castigará con horas de trabajos comunitarios a los perros del hortelano de larga duración o que lo hagan a conciencia y a mala idea.
-Se repartirán ejemplares gratuitos de diccionarios de traduccion pensamiento masculino-pensamiento femenino y se impartirán cursos de formación subvencionados.
-Se someterá a estrecha vigilancia a los jefes tocapelotas. Al mínimo signo de que dan la chapa sólo para marear a los curritos...¡Zas! ¡Sanción! ¡En toda la boca!
-Lo de prohibir trabajar los lunes me lo estoy pensando, pero supongo que sólo conseguiría trasladar al martes el drama de comenzar la semana laboral... Por ahora creo que empezaré instaurando puentes de cinco días obligatorios una vez al mes. Y ya veremos cómo evluciona la cosa.
En fin, tengo más ideas, esto sólo es el primer borrador. Por supuesto, como demócrata convencida que soy, espero impaciente las sugerencias de los lectores para incorporarlas a este apartado de mi programa electoral. Eso sí, después votenme, ¿eh?
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lunes, 16 de agosto de 2010
Cumpleaños ¿feliz?
Hace unos días que fue mi cumple. Para los superhéroes estas son fechas especialmente complicadas porque, como nuestra vida profesional es muy breve, nos preocupa el paso del tiempo. Y es que otras profesiones de corta trayectoria tienen segundas salidas: los futbolistas se hacen entrenadores y las supermodelos empresarias y actrices. Pero... ¿a que no habéis visto ningún Superman cuarentón? Y qué casualidad, la última vez que visteis a Spiderman todavía tenía carita de crío, ¿verdad? Pues no, no es casualidad.
Cuando nos hacemos mayores, los superhéroes nos retiramos y adoptamos a tiempo completo nuestra identidad secreta. Ganamos en tranquilidad, pero perdemos en emoción, echamos de menos el cariño del público y la vida se vuelve un poco más gris. Los clubes clandestinos para héroes retirados ayudan un poco, pero te terminas cansando de ver superhombres utilizando sus poderes sin ton ni son, sólo para demostrar que aún pueden hacerlo. A la quinta vez que ves a La Masa ponerse verde para abrir un botellín de cerveza, pierde la gracia.
Aunque llevo un tiempo retirada, a mí nunca me había importado cumplir años porque aún soy joven. Sin embargo este cumple me ha sentado mal, lo reconozco. Será que me han caído más años de los que me gustaría o que he cambiado de década, pero el caso no me ha hecho ninguna ilusión soplar las velas.
Así que nada, lo he decidido, yo me planto y no cumplo más. O mejor todavía, voy a empezar a cumplir hacia abajo, cada año uno menos. Tiene que haber una manera de conseguir ese superpoder... A ver, voy a pensar: que me muerda una araña radioactiva no servirá, bañarme en productos químicos tampoco parece que vaya a ser muy efectivo, para ser el experimento de un laboratorio ya estoy un poco crecidita...
...
...
Ya se me ocurrirá algo.
Cuando nos hacemos mayores, los superhéroes nos retiramos y adoptamos a tiempo completo nuestra identidad secreta. Ganamos en tranquilidad, pero perdemos en emoción, echamos de menos el cariño del público y la vida se vuelve un poco más gris. Los clubes clandestinos para héroes retirados ayudan un poco, pero te terminas cansando de ver superhombres utilizando sus poderes sin ton ni son, sólo para demostrar que aún pueden hacerlo. A la quinta vez que ves a La Masa ponerse verde para abrir un botellín de cerveza, pierde la gracia.
Aunque llevo un tiempo retirada, a mí nunca me había importado cumplir años porque aún soy joven. Sin embargo este cumple me ha sentado mal, lo reconozco. Será que me han caído más años de los que me gustaría o que he cambiado de década, pero el caso no me ha hecho ninguna ilusión soplar las velas.
Así que nada, lo he decidido, yo me planto y no cumplo más. O mejor todavía, voy a empezar a cumplir hacia abajo, cada año uno menos. Tiene que haber una manera de conseguir ese superpoder... A ver, voy a pensar: que me muerda una araña radioactiva no servirá, bañarme en productos químicos tampoco parece que vaya a ser muy efectivo, para ser el experimento de un laboratorio ya estoy un poco crecidita...
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Ya se me ocurrirá algo.
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jueves, 12 de agosto de 2010
Spanglish-eslovaco
Estábamos este fin de semana un inglés, un eslovaco y un español... Ya lo sé, parece el comienzo de un chiste malo, pero es la pura realidad. Hace unos días mi casa familiar de la playa parecía una cumbre de la ONU, dada la variedad de nacionalidades que se habían dado cita allí. Eso sí, una cumbre celebrada durante una huelga de traductores, porque aquello parecía la Torre de Babel, no había quien se entendiera, excepto por gestos, claro.
Por un lado una eslovaca profesora de inglés que sabía cuatro palabras de español. Por otro dos españoles que tenían en los pies lo poco que aprendieron en el instituto de la lengua de Shakespeare. Por otro una eslovaca afincada en España que combinaba los dos idiomas como buenamente podía y mientras tanto los demás, contemplando el espectáculo, que era digno de ver. Ya os podéis imaginar que las comidas eran todo un poema:
-Who wants flautas?
-What is flautas?
-Queso with polla.
-¿Que hay de comer el qué? ¿Quién ha cocinado hoy?
-Pollo, pollo, quiere decir pollo.
-bdjjdebdwkedbwgdkwejhdj (o como se escriba en eslovaco, ando un poco mal en ortografía de lenguas que no he estudiado nunca)
-nnjdndwnwkn wkjxnkwfdjdwb. (Pausa reflexiva. Mirándome a mí, que asisto impasible al espectáculo y que tengo la misma idea de eslovaco que en la línea de arriba, es decir, cero) ¿Cómo se dice chorizo en eslovaco?
-Pues es una buena pregunta.
Y si las comidas eran un poema, el resto de los momentos del día tampoco se quedaban atrás.
-El tren sale a las nueve, si espero un poco más voy a ser retrasada. ¿Se dice así?
-Hombre, puedes decirlo así, pero afectará a tu imagen personal..,
-¿Mejor digo tengo un retraso?
-Si quieres matar a tu novio de un susto, puede servir.
Pero sin duda, lo mejor eran las frases max-mix del tipo....
-If we are very tired mi are not going to have ganas to go to the chiringuitos
O las creativas...
-We played a game in which we had to wear in umhhh, er.... disfraceitons to find out who was er... arquitecting.
Para que usar un idioma que ya existe pudiendo inventarte uno.
Por un lado una eslovaca profesora de inglés que sabía cuatro palabras de español. Por otro dos españoles que tenían en los pies lo poco que aprendieron en el instituto de la lengua de Shakespeare. Por otro una eslovaca afincada en España que combinaba los dos idiomas como buenamente podía y mientras tanto los demás, contemplando el espectáculo, que era digno de ver. Ya os podéis imaginar que las comidas eran todo un poema:
-Who wants flautas?
-What is flautas?
-Queso with polla.
-¿Que hay de comer el qué? ¿Quién ha cocinado hoy?
-Pollo, pollo, quiere decir pollo.
-bdjjdebdwkedbwgdkwejhdj (o como se escriba en eslovaco, ando un poco mal en ortografía de lenguas que no he estudiado nunca)
-nnjdndwnwkn wkjxnkwfdjdwb. (Pausa reflexiva. Mirándome a mí, que asisto impasible al espectáculo y que tengo la misma idea de eslovaco que en la línea de arriba, es decir, cero) ¿Cómo se dice chorizo en eslovaco?
-Pues es una buena pregunta.
Y si las comidas eran un poema, el resto de los momentos del día tampoco se quedaban atrás.
-El tren sale a las nueve, si espero un poco más voy a ser retrasada. ¿Se dice así?
-Hombre, puedes decirlo así, pero afectará a tu imagen personal..,
-¿Mejor digo tengo un retraso?
-Si quieres matar a tu novio de un susto, puede servir.
Pero sin duda, lo mejor eran las frases max-mix del tipo....
-If we are very tired mi are not going to have ganas to go to the chiringuitos
O las creativas...
-We played a game in which we had to wear in umhhh, er.... disfraceitons to find out who was er... arquitecting.
Para que usar un idioma que ya existe pudiendo inventarte uno.
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me parto,
Yo es que alucino con todo
martes, 10 de agosto de 2010
¡Speedygirl al agua!
Como lo del piragüismo se me dió guay, pensé que para chula yo y para guapo mi novio y me decidí a practicar rafting. Bueno, practicar igual es mucho decir, más bien intentar mantener el equilibrio en una barca que zozobra entre la corriente. Equilibrio que, a estas alturas del párrafo, ya habréis sospechado que NO mantuve.
Sí, efectivamente, acabé en el agua. A los cinco minutos de empezar la actividad. Peeeeeeeeeero no puedo atribuirme todo el mérito del chapuzón, porque había un montón de circunstancias concurrentes. Quizás influyó el hecho de que la tripulación constaba de ocho miembros y cinco de ellos no tenían ninguna experiencia náutica anterior. Puede que contribuyera al naufragio que la mitad de los pasajeros no hablaban español, idioma principal en el que se transmitían las órdenes de rumbo. Tal vez nos perjudicó que el monitor que daba esas mismas órdenes en inglés, para que todos las entendiéramos, farfullaba un spanglish del tipo "Me Tarzán, you Chita". O posiblemente fuera el destino.
El caso es que en cinco minutos dos compañeras de embarcación y yo estábamos probando con la cabeza la solidez de las rocas del cauce, tragándonos todo el agua del río e intentando luchar contra la corriente. Intentándolo, pero no consiguiéndolo, claro, así que bajábamos a toda velocidad hacia no sé sabe dónde. Vamos, que si no nos hubieran ayudado habríamos acabado probando nuestros estilos de natación en el Mediterráneo.
Por suerte, nuestros aguerridos y afables compañeros de barca, después de reírse de nosotras lo mínimo imprescindible (qué menos) nos ayudaron tirándonos unas cuerdas con las que remolcarnos. A mí, en concreto, cuatro. La primera me pilló calculando la velocidad del agua, partida por la distancia y la fuerza de la pendiente (vamos, lo que viene siendo entretenida en conseguir que llegara aire a mis pulmones). La segunda la habría agarrado si no fuera porque otra pobre náufraga me hizo una finta y me quitó la posesión. La tercera me rebotó en la cabeza y cuando conseguí alcanzar la cuarta la sujeté como si me fuera la vida en ello. Como broma ya había valido, ¿no?
Total, que al final conseguí subir a la barca y llegar a mi destino. Cuando me preguntaron qué tal experiencia, respondí lo típico: "no nos han dejado jugar", "el fútbol es once contra once y siempre gana Alemania", "no hay rival pequeño"... Y cuando me llamaron para el segundo recorrido no me achanté:
-¿Speedygirl? ¿Quien es Speedygirl? Hoy no ha venido nadie que se llame así...
Sí, efectivamente, acabé en el agua. A los cinco minutos de empezar la actividad. Peeeeeeeeeero no puedo atribuirme todo el mérito del chapuzón, porque había un montón de circunstancias concurrentes. Quizás influyó el hecho de que la tripulación constaba de ocho miembros y cinco de ellos no tenían ninguna experiencia náutica anterior. Puede que contribuyera al naufragio que la mitad de los pasajeros no hablaban español, idioma principal en el que se transmitían las órdenes de rumbo. Tal vez nos perjudicó que el monitor que daba esas mismas órdenes en inglés, para que todos las entendiéramos, farfullaba un spanglish del tipo "Me Tarzán, you Chita". O posiblemente fuera el destino.
El caso es que en cinco minutos dos compañeras de embarcación y yo estábamos probando con la cabeza la solidez de las rocas del cauce, tragándonos todo el agua del río e intentando luchar contra la corriente. Intentándolo, pero no consiguiéndolo, claro, así que bajábamos a toda velocidad hacia no sé sabe dónde. Vamos, que si no nos hubieran ayudado habríamos acabado probando nuestros estilos de natación en el Mediterráneo.
Por suerte, nuestros aguerridos y afables compañeros de barca, después de reírse de nosotras lo mínimo imprescindible (qué menos) nos ayudaron tirándonos unas cuerdas con las que remolcarnos. A mí, en concreto, cuatro. La primera me pilló calculando la velocidad del agua, partida por la distancia y la fuerza de la pendiente (vamos, lo que viene siendo entretenida en conseguir que llegara aire a mis pulmones). La segunda la habría agarrado si no fuera porque otra pobre náufraga me hizo una finta y me quitó la posesión. La tercera me rebotó en la cabeza y cuando conseguí alcanzar la cuarta la sujeté como si me fuera la vida en ello. Como broma ya había valido, ¿no?
Total, que al final conseguí subir a la barca y llegar a mi destino. Cuando me preguntaron qué tal experiencia, respondí lo típico: "no nos han dejado jugar", "el fútbol es once contra once y siempre gana Alemania", "no hay rival pequeño"... Y cuando me llamaron para el segundo recorrido no me achanté:
-¿Speedygirl? ¿Quien es Speedygirl? Hoy no ha venido nadie que se llame así...
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lunes, 9 de agosto de 2010
No entiendo nada
He estado una semana de vacaciones-no vacaciones que me han tenido alejada del teclado. Estos días he tomado el sol en la playa, me he bañado en el mar, he luchado contra la corriente en una lancha, casi me he ahogado en un río, he organizado una cena multitudinaria sin nada en la nevera, he hecho senderismo, he chapurreado espanglish-eslovaco, he ejercido de turista relajada y he conducido (un montón). Tantas emociones no podían terminar sin una maravillosa visita a urgencias, porque sin esos inolvidables momentos sanitarios, la vida no es lo mismo.
La verdad es que yo soy afortunada y tengo una salud de hierro, así que no voy al médico prácticamente nunca. Esto quiere decir que mis recuerdos más recientes del funcionamiento de un hospital proceden de series como Urgencias, Anatomia de Grey, House, Mercy, Hospital Central o MIR. Quizás por eso en mi visita a Urgencias no me cuadraba nada de lo que estaba pasando:
-La sala de espera no estaba llena de pacientes guapísimos que aprovechaban la mínima oportunidad para hablar conmigo e invitarme a un café de la máquina.
-El médico que me atendió no era George Clooney, ni siquiera tenía canas parecidas ni su caída de ojos...
-Visité tres boxes y en ninguno de ellos me encontré con personal sanitario frinkando
-El facultativo que se ocupó de mi caso me preguntó qué me pasaba y si era alérgica a algún medicamento. Ni se molestó en registrar mi casa en busca de tóxicos o factores ambientales, ni fue a mi barrio a averiguar en qué tipo de ambiente había crecido.
-Los internos y estudiantes de medicina tenían pinta de estar allí porque tienen que estarlo para conseguir ganarse la vida. No vi a ninguno compitiendo con otro para participar en una operación.
-La mayoría de los pacientes que aguardaban en la sala de espera tenían gripe, alguna extremidad rota o fracturada o algún tipo de alergia. Ninguno parecía padecer una enfermedad rara casi imposible de detectar o que derivara de un secreto inconfesable.
-No hablé con nadie, ni médico ni enfermo, que me contara una experiencia vital traumáticamente intensa de la que yo pudiera sacar una enseñanza aplicable a mi vida actual.
-¿He comentado ya que no había chicos guapos en la sala de espera? Bueno, sí, había uno, pero no me pidió una cita...
...
...
No entiendo nada.
La verdad es que yo soy afortunada y tengo una salud de hierro, así que no voy al médico prácticamente nunca. Esto quiere decir que mis recuerdos más recientes del funcionamiento de un hospital proceden de series como Urgencias, Anatomia de Grey, House, Mercy, Hospital Central o MIR. Quizás por eso en mi visita a Urgencias no me cuadraba nada de lo que estaba pasando:
-La sala de espera no estaba llena de pacientes guapísimos que aprovechaban la mínima oportunidad para hablar conmigo e invitarme a un café de la máquina.
-El médico que me atendió no era George Clooney, ni siquiera tenía canas parecidas ni su caída de ojos...
-Visité tres boxes y en ninguno de ellos me encontré con personal sanitario frinkando
-El facultativo que se ocupó de mi caso me preguntó qué me pasaba y si era alérgica a algún medicamento. Ni se molestó en registrar mi casa en busca de tóxicos o factores ambientales, ni fue a mi barrio a averiguar en qué tipo de ambiente había crecido.
-Los internos y estudiantes de medicina tenían pinta de estar allí porque tienen que estarlo para conseguir ganarse la vida. No vi a ninguno compitiendo con otro para participar en una operación.
-La mayoría de los pacientes que aguardaban en la sala de espera tenían gripe, alguna extremidad rota o fracturada o algún tipo de alergia. Ninguno parecía padecer una enfermedad rara casi imposible de detectar o que derivara de un secreto inconfesable.
-No hablé con nadie, ni médico ni enfermo, que me contara una experiencia vital traumáticamente intensa de la que yo pudiera sacar una enseñanza aplicable a mi vida actual.
-¿He comentado ya que no había chicos guapos en la sala de espera? Bueno, sí, había uno, pero no me pidió una cita...
...
...
No entiendo nada.
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