Hay gente que describe a sus mejores amigos como aquellos a los que ayudaría a esconder un cadáver sin hacer preguntas. Bueno, pues hace nada me ha llegado a mi el equivalente a esa petición en el ámbito teatral. Alguien me ha pedido que haga una sustitución en un montaje de teatro... a una semana del estreno y sin ensayar ni una sola vez con el resto del reparto, que llevan trabajando el texto desde septiembre. Siete días para aprenderme el papel (¡¡AHH!!), cero para coordinarte con el resto en movimientos y escenografía (¡¡DOBLE AHHH!!).
Quien ha estado tiempo metido en movidas artísticas sabe que antes de los estrenos pasa de todo y que muchas veces ocurren este tipo de emergencias, alguien en el ultimo momento no puede ir y hay que buscar un apaño. Quien más quien menos ha necesitado este tipo de favores alguna vez. Y los favores hay que devolverlos.
Quid pro quo, Clarice...
En concreto a la persona que me lo ha pedido yo no le debía una, le debía un millón, así que ahí me habéis visto los últimos siete días estudiando el texto en el bus, en los descansos del curro, antes de dormir, al levantarme... para intentar llegar a tiempo. Y bueno, podría decir que eso más o menos lo tengo controlado. Ahora me da miedo todo lo demás.
Que hay muchas personas en escena, en conversaciones multitudinarias en las que no sólo puedo equivocarme yo, sino los demás, con la consecuencia de que yo cortocircuite y monte un lío. Que sé el nombre de los personajes, pero no sus caras, porque no les he visto nunca, así que no descartemos que le conteste a uno, pensando que es otro. Que tenga un blancazo de nervios porque... bueno, el escenario impone y yo no he hecho ni un solo ensayo.
Pero sobre todo me da miedo mezclar técnicas. Hacer teatro de texto es una cosa e improvisar otra totalmente distinta y yo he estado practicando lo segundo los últimos años. Es otra vibra encima del escenario, otra actitud, otro tren de pensamiento que a mi ahora se me escapa porque es lo que tengo más entrenado. Ahora me cuesta sujetar los caballos, decir mis líneas de forma literal, no adelantarme... y eso es lo peor que puedes hacerle a peña que ha estado ensayando meses.
Así pues, se hará lo que se pueda y que sea lo que tenga que ser. La suerte está echada. Es probable que no sólo me lleve tomatazos del público sino de mis propios compañeros de reparto, desesperados porque la sustituta se la ha liado parda.
Pero con la mejor intención, que quede claro.

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