sábado, 27 de mayo de 2017

Bienvenido, verano

Bueno, pues ya está aquí, ha llegado y ha venido para quedarse.

Ya es verano.

Yo lo he notado un poco porque el 90% de los termómetros de SpeedyTown están rotos. Claro, una oscilación térmica de más de 20 grados de un día para otro vuelve loco a cualquiera, más si eres el responsable directo de comunicar la temperatura. Los meteorólogos de la tele mantienen la cordura porque están duramente entrenados para la tarea, si no de qué.

Pero vamos, que eso de que sobre el asfalto se puedan freír huevos sin problemas ha sido sólo una pistilla, no lo más importante para darme cuenta de la llegada del estío. Los signos oficiales del cambio de estación son mucho menos científicos pero, sin duda, incontestables:

-Ya tengo en los pies la marca de las sandalias. La marca de bronceado, no ampollas (que TAMBIÉN, POR SUPUESTO, pero de eso ya hablaremos) Cómo se me han puesto morenos en un sólo día (en realidad unas pocas horas) en el que he llevado descubiertos los pinreles es para mi un misterio, pero ahí están las marcas. Los hechos hablan por sí mismos.

-No tengo calzado que ponerme. Con el de invierno me cuezo y todo el de verano está destrozado de la temporada anterior. Destrozado nivel IMPRACTICABLE, imposible de usar. Como para mí es una tortura comprarme zapatos porque todos me hacen daño, siempre hago la misma gracia: acabo como puedo los días de calor con unas sandalias que da pena verlas de lo estropeadas que están, cierro el armario y pienso que calzarse el próximo verano será problema de la Speedy del futuro. Y ahora la Speedy del presente, es decir la menda lerenda, se está cagando en todo lo cagable (en especial en la Speedy del pasado) por tener que andar con botas altas a 40 grados.

-Voy despeinada siempre. Dado el calor sofocante, mis incontables duchas después de gimnasio, curro y demás y la despiadada presión de SpeedyMum (inasequible al desaliento) para que me cortara el pelo, me lo he cortado. Eso significa que no tengo melena suficiente para hacerme el único peinado mágico que había aprendido hacer para no llevar permanentemente pelos de loca. ¿Resultado? Parezco una majara. Siempre. Las 24 horas del día. Qué tortura tengo con este caos que me crece de a cabeza, de verdad.

-Mi nevera está tan distinta que parece que ha pasado por algún programa tipo Cámbiame. Han desaparecido los hits de mis comidas invernales para dejar paso a todo tipo de frutas, zumos, ensaladas y vegetales imaginables. Bueno, y gazpacho, claro. Sobre todo gazpacho.




-He tenido que dejar mi saludable y recientemente adquirida costumbre de leer las etiquetas de los alimentos que como. ¿Por qué? Porque he oído rumores de que los helados y granizados tienen como un mil por ciento de azúcares y que eso debe de ser malo para la salud y tal. Y yo no puedo soportar estas temperaturas sin refuerzos. No puedo. Así que oye, ojos que no ven, corazón que no siente.

Por lo demás...

Bienvenido, verano. Pasa y ponte cómodo. Te estábamos esperando. Por lo menos yo.

martes, 23 de mayo de 2017

Cierro el chiringuito

Bueno, amigos, llegó el momento. Se acabó lo que se daba. He aguantado todo lo humanamente posible pero ya no puedo más. Cierro mi chiringuito de ligoteo digital. Aaaaaaaaaaaaaadiós.

Mi Cupidito de la Guarda ya puede volver a descansar tranquilo, que por aquí hay una que se raja. Ya está bien. He resistido como una leona para que no se diga que no lo he intentado, pero todo el mundo tiene un límite y yo he llegado al mío. ¡QUÉ HORROR!

Para mí ha sido un horror, vaya. Debe de ser cosa mía, porque a los demás les funciona a las mil maravillas, así que seré yo, que no me adapto al medio, que no confío en sus posibilidades, que no se me da bien o vaya usted a saber, pero hijos míos, a riesgo de ser reiterativa, ¡qué horror!

Me he encontrado de todo. De to-do. Como sois personas ocupadas  y no tenéis todo el día para leer chorradas, os lo resumiré es las tipologías más frecuentes:

-Los que no sé qué idioma hablan, pero el mío no. Tengo habilidad con las palabras, pero sin un mínimo de signos de puntuación, haches, bes y uves en su sitio, no hay forma de mantener una conversación. Y si no sabes el significado de términos simples ni datos básicos de cultura general, tampoco.

-Los cagaprisas nivel pro. Cada uno lleva su ritmo, está claro, pero hay por ahí cada aprendiz de Flash que ¡jodo! Igual es que el mundo se acaba mañana y yo no me he enterado.

-Los secuestrados por la mafia rusia. Hablas con ellos una vez y desaparecen. Hablas con ellos muchas veces y nunca más se supo. Tomáis un café que va bien (o eso crees) y se esfuman. Sin una explicación ni media, claro, es información clasificada. Hay qué ver la de espías secretos en misión especial que hay por las procelosas aguas interneteras, oye. Quién lo habría dicho.

-Los sí, pero no. ¿No quieres quedar? Guay. ¿Quieres que quedemos? Estupendo. Las dos cosas me parecen bien, pero DECÍDETE. La vida moderna es complicada y surgen imprevistos, pero quedar y cancelarlo más de dos veces seguidas muestra un patrón. El patrón conocido con el nombre científico "no sabes por donde te da el aire". Que no pasa nada, ¿eh? A todos nos ha ocurrido alguna vez. Pero déjame al margen mientras te aclaras, anda.

Podría seguir pero ya os hacéis una idea, ¿no? Como para no cerrar el chiringuito...

jueves, 18 de mayo de 2017

Colabora, coño

Llevo una semanita que para qué os voy a contar. Hartita me tiene más de uno. Los que no cumplen sus compromisos. Los que le echan morro. Los que sólo se preocupan de ellos mismos. Los culocagados. Los creídos. La gente más pesada que matar un cerdo a besos. Iba a intentar explicarlo pero me he encontrado esto por casualidad y una imagen vale más que mil palabras.




Pues eso.

sábado, 13 de mayo de 2017

El Efecto Cuchara

De mi último curro aún no he hablado por aquí porque tiene tela. Ya os contaré los detalles un día que tenga más tiempo. Hoy me voy a centrar en un fenómeno paranormal que se da en mi entorno de trabajo y que a mi me deja flipada. Lo llamaré el Efecto Cuchara.

A ver si consigo dar tres pinceladas para que cojáis el hilo sin soltaros una chapa.

-Mi centro laboral es un caos, porque desde allí se llevan muchos asuntos que implican a una gran cantidad de personas, la mayoría de los cuales son (para mas inri) despistados hasta la exasperación. Esto quiere decir que hay que acordarse de muchos (muchísimos) pitos y además estar al loro de que el que sea no te la líe en el momento menos pensado. Hay estrés, hay tensión y hay mogollón de imprevistos. El ambiente viene a parecerse un poco al barullo de un parquet de bolsa en hora punta, pero con asuntos superheroicos. Tal que así:
Lo del terremoto de China de mañana lo tienes controlado, ¿no? Pues acuérdate que la semana que viene tienes lo del tsunami de Japón, pero que no contarás para ir hasta allí con la nave de supervelocidad porque SpiderMan no te la ha devuelto aún (a pesar de que dijo que lo haría). Y llama a Batman y la Masa para recordárselo Y no salgáis muy pronto, que como no les gusta madrugar, igual perdéis el avión. Casi mejor llámales también a la hora que tengan que levantarse, no sea que se queden dormidos ¡Ah! Y ya sabes que el martes hay reunión, el miércoles convención y el jueves encuentro, pero el salón de actos puede que esté libre o puede que no. No lo sabré hasta el mismo día así que organízate como puedas. Y si al final se quedan 200 superhéroes acreditados compuestos y sin asiento, la vida es así, no la he inventado yo.

-Yo me dedico a unas cuantas tareas específicas que son MIS tareas. Nadie me ayuda en ellas. A la vez intento estar atenta a todo y enterarme de lo que se cuece por si hay que echar una mano para que todo vaya rodado, pero NO es mi obligación, es algo que hago extra. Y no soy omnisciente ni todopoderosa. Sin embargo, misteriosamente, se me piden explicaciones de todo como si todo fuera cosa mía. TO-DO
¿Hay patatas fritas en la despensa para la quedada-aperitivo de superhéroes? Los supertrajes tienen que estar planchados para antes del lunes a primera hora. ¿Que llueve? Hoy no me viene bien que llueva, no he traído paraguas. Haz que salga el Sol. 

- Pero lo más misterioso del tema es que se me piden explicaciones sobre el trabajo de los demás, a pesar de que yo no tengo NINGÚN tipo de autoridad sobre ellos. De hecho, tristemente, a mi la mayoría de la gente me toma por el pito del sereno. Laboralmente soy una cuchara porque ni pincho ni corto. Pero aún así tengo que responder sobre las tareas de otros que están sin hacer. ¿Y a mi qué me cuentas? Ya puedo decir yo lo que quiera que ellos harán lo que les de la gana.




Misterios sin resolver, que diría Iker Jiménez.

lunes, 8 de mayo de 2017

Sin lentillas desde ni se sabe

Una cosa os voy a decir, no os llaméis a engaño: cuando te gusta alguien, LO SABES. Cuando te gusta de verdad, digo, no en plan "me hace gracia", "es majete", "no está mal", "no tengo otra cosa mejor que hacer". ¡Cómo no te vas a enterar cuando llega alguien que te vuelve del revés! Te enteras. Ya te digo yo que te enteras.

Y sé bien de lo que hablo porque yo estoy "del derecho" desde ni se sabe. El otro día pensaba desde cuando y no me lo creía ni yo, así que entiendo perfectamente que nadie se lo trague, pero lo cierto es que hace la tira. Y así me pasa lo que me pasa, claro.



Que como no hay con nadie lo que tiene que haber, me cuesta distinguir qué tengo entre manos. Sé que no es lo que debería porque no hay suficiente, pero la pregunta es: ¿hay lo bastante para que se pueda aprovechar algo? ¿Hay bastante para una conversación, para una copa, para una juerga? ¿Hay bastante para unos mimos, para unos besos? ¿Hay bastante para un poquito más?

La parte consciente de mi cerebro nunca termina de tener claros estos matices, pero, por suerte, el inconsciente es sabio y me manda señales en forma de comportamiento reflejo: el grado de esfuerzo aplicado al acicalamiento pre-cita. Para que os hagáis una idea, el nivel máximo es un completo de "pinturas de guerra-peinado de pelo suelto con plancha-tacones-ropa de estreno-lentillas". De ahí para abajo los niveles son estos:

-Un completo sin lentillas. La cosa pinta muy bien, Puede incluso que mi intención fuera un completo total, pero que no me haya dado tiempo porque a veces los ojos se me sublevan y me pego dos horas para colocármelas. En todo caso, para mi las lentillas son un esfuerzo casi sobrehumano, no le pidamos peras al olmo tampoco.

-Que aparezca peinada, pintada, con tacones y ropa nueva es también buena señal por una cosa muy absurda que no debería confesar aquí pero que voy a largar igual, porque de perdidos al río. Tengo la absurdísima creencia que cada vez que estreno algo puedo pedir un deseo. Soy idiota, ya lo sé, pero alguien me lo debió de decir de pequeña y lo tengo grabado a fuego en la cabeza. Así que si cuando quedamos estreno algo, lo más probable es que el deseo tenga que ver contigo. Y casi seguro que no he pedido que desaparezcas.

-Que llegue maquillada y con el pelo suelto mínimamente ordenado implica, entre pitos y flautas, una inversión de dos horas de mi escaso tiempo libre. Dudo mucho que el que haya quedado conmigo haya gastado 120 minutos de su tiempo en nada que tenga que ver con la menda lerenda. Y ya sé que los que vais peinados todos los días no lo veis un esfuerzo tan grande, pero yo soy del club de la Coleta de Caballo Perpetua y ahora la melena me llega casi hasta la cintura, lo que convierte mi relación con la plancha en una tortura total. Pido un poquito de comprensión.

-Que llegue con la cara lavada (y ya) no augura nada bueno. Mis propósitos de Año Nuevo los tengo pelín descuidados y este de pintarme todos los días lo habré cumplido el primer mes (tirando por lo alto). Pero si antes de la quedada no me apetece ni desenfundar la máscara de pestañas, mal vamos...

Dicho lo cual: Sabéis desde cuándo no me pongo lentillas, ¿no? 

Desde ni se sabe.

sábado, 6 de mayo de 2017

Shortchanged

Hay palabras que no existen en español pero que son tan buenas que deberían existir. Una es, desde luego, el patata oficial que aprendí en lengua de signos y que ya os he contado por aquí. Otra gran palabra es shortchanged. Literalmente significa que te dan mal el cambio cuando compras algo y te devuelven menos de lo correcto. Metafóricamente se usa para expresar esa sensación de que la gente coja más de lo que da, que en una relación, de cualquier tipo, uno ponga mucho y el otro nada o menos de lo que debería. Eso que pasa tan a menudo en la vida. Por lo menos a mi.

Y que es que yo no se si gané algún tipo de sorteo en una vida anterior o qué, pero en ésta me ha tocado ser el pito del sereno. Al parecer, todo el mundo se cree con derecho a darme duros a cuatro pesetas. A timarme. A tangarme. A estafarme. A quedarse con todo lo que ellos quieran sin dar nada.

¿Sabéis eso que nos ha pasado a todos alguna vez de salir de terrazas con un grupo, poner de bote 10 euros cada uno para pagar las cañas de todos y que siempre haya el típico que desaparece a la hora de apoquinar la pasta y luego bebe como el que más? Pues así me siento en mi vida, sólo que la única que pone bote soy yo.

Speedy paga y beben todos.

¡¡SALUD!!

domingo, 30 de abril de 2017

Mi primer selfie, chispas

Sé que nadie va a creerme cuando escriba esto, pero lo voy a confesar igual: nunca me he hecho un selfie. Quiero decir un selfie selfie, uno de verdad, individual y en soledad, no los multitudinarios que se hacen en plan chufla en los bares, o en una excursión para que salga el paisaje detrás o la típica foto al espejo para que vean en tu grupo de whatsapp lo bien que te queda la cazadora que te han regalado por tu cumple.

Total, a lo que vamos: por razones cero interesantes ahora me veo en la obligación de hacerme un selfie. Y lo que es peor: tiene que quedar mínimamente bien, lo cual es fácil de decir, pero dada mi nula habilidad para la fotografía y mi -1 en fotogenia, difícil de hacer. Muy difícil. Casi imposible.

Y nada, esta mañana me he puesto a ello. Dado el grado de horror total de los primeros intentos y dado que he visto que algunas personas tienen selfies bonitos, he llegado a la conclusión de que tenía que haber algún truco que todos conocían menos yo. Le he preguntado a San Google y la respuesta está clara: filtros y edición posterior.

Ayyyyyyy, queridos lectores, nunca me habría imaginado la enorme cantidad de posibilidades post-selfie que existen. Todo un mundo. Mi móvil es un cacharro del Pleistoceno superior en el que no me he bajado ningún tipo de aplicación fotográfica ni nada parecido y aún así ofrece un millón de funciones. Tirando por lo bajo. Algunas me han dejado de piedra:

-Agrandar ojos. Colegas, hay una función para agrandar los ojos. Taaaaanta gente se quería poner los ojos más grandes que se han visto en la obligación de diseñar una función que lo haga automáticamente. Mentir hasta en los ojos, que se supone que son el espejo del alma.Ya no puedes fiarte de nadie.

-Adelgazar la cara. Otra cosa que me flipa es que la gente quiera aplicar este efecto porque, no es por criticar, pero no puede decirse que esté muy conseguido. Deforma sólo una parte de la cabeza y nada más, lo que, por comparación con el resto del cuerpo, aún da un resultado más desproporcionado. Si el inventor de este efecto lo pensó para mejorar, se cayó con todo el equipo. En mi humilde opinión, vaya.

-Suavizar el rostro. ¿Y de esta función qué me decís? ¿Qué se supone que consigue? ¿Que tengas un gesto más afable si has salido seria? ¿Que se marquen menos las arrugas de expresión? No sé cuál es el objetivo, pero una cosa tengo clara: en mis fotos no lo logra, ya os lo digo.

Así que, después de una primera incursión en las procelosas aguas de la auto-fotografía sólo tengo una pregunta: ¿Por qué lo llaman selfie cuando quieren decir trola, patraña, embuste, falsedad, engaño, bola, cuento chino... MEN-TI-RA?

jueves, 27 de abril de 2017

Que no te cuenten cuentos


He encontrado esto brujuleando por internet. No estaba firmado, por eso no pongo un link con la fuente, pero me ha encantado y quería tenerlo en el blog. Aquí os lo dejo. 

¡Feliz jueves!



sábado, 22 de abril de 2017

Primavera puñetera

Y oootra semana que no iba a cumplir mi ritmo actualizatorio. Como eso no puede ser, aquí estoy al límite y sobre la bocina, pero actualizando, aunque sea con un poco de ayuda de twitter.

Y es que con la llegada de esta primavera, que por la mañana casi te hace perder los dedos de las manos por congelación y por la tarde te abrasa las plantas de los pies del fuego que desprende el asfalto, no consigo centrarme. Estoy que no estoy.



Así que estaba intentando introducir en mi vida hábitos saludables a ver si la cosa mejoraba. Pensaba dormir más (¡JA!), beber dos litros de agua al día (ahí estamos) y comer mejor. Pero chico, es que esto de la alimentación se está poniendo más cuesta arriba que nunca desde que la OMS tomó cartas en el asunto. Primero fueron los embutidos y carnes procesadas y ahora es... bueno, básicamente todo lo demás. No deja títere con cabeza. Es malo el pan blanco y el arroz, las patatas, las palomitas, el queso en lonchas, el café... ¡Si hasta las manzanas les parecen mal! ¡¡LAS MANZANAS!! Parafraseando a Julio César: "¿También tú, manzana mía?" ¿Y de qué vamos a vivir? ¿De aire y agua? Porque por lo que he oído también están contaminados...

Total, que en mi empeño por mejorar mi salud, me paso tres cuartas partes de mi tiempo dedicado a la lectura a estudiarme las etiquetas de los alimentos que compro. Y sólo tengo una cosa que deciros:



Ante el fracaso de mi búsqueda de alimento para el cuerpo, decidí seguir buscando alimento para el alma y continuar intentando encontrar el amor en las procelosas aguas interneteras. Os voy adelantando la primicia: fiasco total. De hecho me he cruzado con cada uno últimamente (ya os contaré, ya, cuando tenga un rato) que voy a encargar tres cajas de felpudos de estos, con la palabra vida en lugar de casa.


Como está el tema, chavalada. COMO-ESTÁ-EL-TEMA.

Madre del amor hermoso.

lunes, 17 de abril de 2017

Porque no tengo porqué

Al loro con el nivel de frikismo de la comparación con la que voy a empezar esta entrada (quien me ha visto y quien me ve), pero lo cierto es que me viene al pelo para lo que quiero contar, así que allá va.


 

Cutre traducción por si alguien la necesita dada la torre de Babel idiomática que hay montada en este vídeo. Él le pregunta a ella que por qué, pudiendo adoptar el aspecto normal humano (simular ser una persona corriente todo el tiempo) no lo hace. Y ella le contesta: Porque no tengo porqué.

Y ahí quiero llegar yo, a su respuesta. Por unas razones o por otras últimamente me estoy viendo en la situación de tener que contar por qué hago determinadas cosas y por qué no hago otras. Me ha costado toda una vida de intentos, unos pocos aciertos y muchísimas equivocaciones llegar al punto en el que estoy ahora, ese momento en el que por fin sabes con qué estás cómoda, qué te sienta bien y lo que a la larga te traerá problemas. Me ha costado toda una vida ser consciente de que lo que hago o no es asunto mío y que la opinión de los demás me importa un bledo. Como te has perdido toda esta vida de aprendizaje, si a estas alturas del partido me preguntas, te contaré lo que quiero hacer y lo que no me da la real gana. Pero ni por un momento pienses que voy a darte explicaciones. Porque NO TENGO PORQUÉ darte explicaciones. Y menos aún justificarme.

No voy a pedir perdón por tener cuidado con los demás y (no lo niego) conmigo misma. No voy a pedir perdón por que me importen más que a ti determinadas cosas. No voy a pedir perdón por llevar un ritmo distinto al tuyo. No voy a pedir perdón por que nuestras prioridades sean diferentes. No voy a pedir perdón por que no pensemos igual.

Soy así. Ni puedo ni quiero ser de otra manera. Y además, NO TENGO PORQUÉ.

martes, 4 de abril de 2017

Una homless en tacones

¿Hay algo mejor, para empezar un fin de semana, que estar en el rellano de tu escalera con taconazos y cargada hasta los dientes con bolsas, maletas y un anorak de nieve, venga una ráfaga de aire y se te cierre la puerta en las narices sin que te haya dado tiempo a coger la llaves? Sí, que esas mismas llaves que no has cogido estén puesta en la cerradura.

Por dentro.

Claro que sí, guapi.

Como ya habréis sospechado a estas alturas de la entrada, ese fue el comienzo de mi sábado. Y así, pertrechada con mis taconazos, mi anorak y mis mil millones de bultos y maletas y al lado malo de una puerta cerrada a cal y canto, valoré mis opciones:

-Darme de cabezazos contra la pared por mi torpeza.
-Maldecir mi estampa por mi mala suerte
-Aparcar todo mi equipamiento en casa de los SpeedyPadres, coger las llaves de mi casa que me guardan ellos y esperar el milagro de que, de algún modo mágico y misterioso, la puerta se abriera cuando volviera con ellas.

Sorprendentemente, mi brillante tercer plan tenía algún que otro punto débil, el primero de los cuales radicaba en que no hay modo de transportar miles de bultos en coche si no puedes entrar en el garaje porque no tienes LLAVES del garaje. Así que ya veis a una homless con taconazos, anorak de nieve y cargada de bolsas hasta lo dientes, apostada al lado de la puerta, esperando a que entrara algún vecino para colarse en su propio aparcamiento y llegar hasta su propio automóvil. Ni os cuento la cara que se le quedó al vecino detrás del cual me colé, claro...

Otro de los puntos débiles de mi maravilloso tercer plan era que la magia está para otras cosas más importantes que para abrir puertas con llaves a ambos lados de la cerradura, así que mis taconazos y yo nos volvimos a casa de los SpeedyPadres a esperar a que el cerrajero tuviera un hueco para obrar un milagro. Todo esto se traduce en una Speedy que pide asilo político en el SpeedyHogar y se pasa tres días con la misma ropa y los mismos zapatos, tan bonitos como incómodos.

Ahora escribo esto desde mi superguarida, a la que, ¡por fin!, he podido volver a entrar hoy. De mi largo exilio me he traído unos pies destrozados tras 76 horas de taconeo ininterrumpido y la certeza de que podría haber sido peor. ¿Cómo? Si el portazo me hubiera pillado a punto de ir a una fiesta de disfraces y vestida de conejita de Playboy, en lugar de con tacones y anorak de nieve.

Ni tan mal, oye...

jueves, 30 de marzo de 2017

El monstruo de ojos rojos

Shakespeare llamaba a los celos el monstruo de ojos verdes. No sé si tenía un nombre así de molón para la ira, pero me vendría de perlas para esta entrada. Porque este post va de eso: de la rabia, de la cólera, del temperamento, del genio... De la mala leche, vaya, para entendernos.

Y es que yo de eso tengo para dar y regalar. Mi mala leche no es grande, es enorme, gigante, descomunal. TITÁNICA. Tengo una mala leche de flipar. No lo parece porque llevo años entrenando para controlarla y no la saco a pasear prácticamente nunca. Bueno, de hecho NUNCA. Cuando sale, no la saco yo, se me escapa.

Por suerte, apenas me ocurre. Intento evitarlo a toda costa porque salirse del tiesto me parece una falta de educación y un signo de debilidad. Si la ira se te apodera, pierdes el control. De repente no eres tú, eres un monstruo de ojos rojos que no tiene ningún poder sobre su comportamiento. No puede elegir lo que dice, cómo lo dice, en qué tono lo dice. No puede escoger las palabras, la brusquedad de los gestos, la furia de la mirada. No puede prever la gravedad de las consecuencias de sus actos Y si las prevé, se la refanfinfla.

Mantengo a mi monstruo encadenado en el sótano más recóndito de mi cerebro porque si sale, no soy capaz de volver a meterlo hasta que la ha liado parda y ya no hay vuelta atrás. Controlo a mi monstruo por mi y por los demás. Porque lo exige la educación, porque es lo que hace falta para vivir en sociedad. Por eso, cuando otros me montan pollos a mí (cosa que ocurre mucho más a menudo de lo que me gustaría) me llevan los demonios. Ellos, con sus rabias diminutas, con sus cóleras microscópicas, creen que me dominan, que me achantan a base de gritos y malas maneras. Y lo que yo pienso mientras tanto es algo así:

"Mira, débil mental. Como diría David el Gnomo, tengo siete veces más mala leche que tú. Se te pondría el pelo blanco de la bronca que podría echarte. Me aguanto porque tengo más educación, más estilo y más clase que tú. Me aguanto porque como libere a mi monstruo me va a costar la vida misma volverlo a encerrarlo. Pero en serio, por tu seguridad, deja de tocarme las pelotas, porque no sé cuánto más podré contenerme"

Madre mía, qué ganas de azuzarles mi monstruo a unos cuantos. ¡Qué ganas!

Me estoy ganando el cielo.

lunes, 27 de marzo de 2017

Grandes hits para un detector de mentiras

Hay bastantes cosas que estoy llevando mal en esto del ligoteo on line. Una de ellas es, sin duda, las preguntas a bocajarro. No sé qué manía tiene la gente de disparar cuestiones así, a lo loco, como proyectiles de ametralladora. Yo soy de las que piensa que para tejer una buena conversación hace falta, como en todo, un precalentamiento. Si no te conozco de nada lo último que me apetece es contarte mi vida. Lo lógico es empezar por algo neutro, poco personal, que tengamos en común. Templar la gélida temperatura inicial con alguna tontada. Y después si eso ya eso. Vamos, digo yo, ¿eh? Que tampoco pido la luna.

Me refiero a que si a los dos nos gusta El Coche Fantástico empecemos hablando de las series más míticas de los 80, que las risas están aseguradas recordando los momentazos de El Equipo A o Mc Gyver. Que si los dos somos fans de Faemino y Cansado charlemos primero de sus sketches más divertidos y así por lo menos nos partamos la caja. Que si a los dos nos gustaría ir a Nueva York en nuestro próximo viaje, comentemos para empezar los sitios que más nos apetece conocer de la ciudad que nunca duerme. Vamos, lo que viene siendo precalentar para cuando vengan las preguntas incómodas.

A la mayoría de la gente lo del calentamiento previo ni les suena y las preguntas incómodas llegan en el minuto 1. Y encima son doblemente incómodas: porque son personales y porque a la mayoría de ellas, en realidad, ni yo misma sé responder. Como para contárselo a nadie. Salgo del paso como puedo, pero esto es lo que tendría que decir para superar la prueba del detector de mentiras.

-¿Qué buscas?
Sé que quieres que responda que un polvo ahora mismo, pero no, lo siento. No quiero sexo casual, pero tampoco soy de los que necesita pareja a toda costa, me da igual 8 que 80 y me agarro a lo primero que pase. No sólo no me conformo con cualquier cosa, sino que me parece un CRIMEN hacerlo y que lo hagan conmigo. Lo que busco es conocer a alguien que me guste. Que me llegue un whatsapp suyo y se me escape una sonrisa. Que me apetezca verle a todas horas, pero que me deje espacio para que los dos hagamos cosas por nuestra cuenta. Que podamos hablar de todo. Que me muera de ganas por contarle mis locuras. Eso es lo que busco. Y si eso está, lo demás llegará por sí mismo.

-¿Te gusto?
Teniendo en cuenta que he hablado contigo dos milésimas de segundo y que la foto que pones en tu perfil puede ser la tuya real o la del anuncio de "Ya es primavera en el Tajo Inglés", pues no, hijo mío, no, por supuesto que no me gustas. Pero ni tú ni nadie en esas circunstancias. A lo mejor me has parecido interesante, o ingenioso o simpático. A lo mejor no me importaría conocerte más o quedar en persona para ver si más adelante me gustas. Pero ¿ahora mismo? Pues no, hijo mío, no. Milagros en Lourdes.

-¿Y esa trayectoria sentimental?
Primero: es requeteprontisisisisimo para tener la conversación de los exs. Y segundo: esa es la pregunta del millón. Ya me gustaría a mí saber por qué me va como me va en asuntos cardíacos. Porque tengo un Cupido más vago que el sastre de Tarzán y con complejo de ángel de la guarda... Yo que sé tronco, pregúntale a mi angelote alado, a mí que me cuentas.

-¿Y esa trayectoria laboral?
Otra de los grandes misterios del Universo. Estoy leyendo mucho últimamente sobre que hay que responsabilizarse de la vida y que lo que nos pasa lo provocamos nosotros, pero no sé... sinceramente no creo que sea totalmente aplicable a mis temas de curro. Porque yo he hecho lo que se suponía que tenía que hacer, lo que han hecho muchos otros a los que les va bien y aquí estoy, batiéndome el cobre cada día para mantenerme a flote. Así que, chico, ni idea. Si tú llegas a alguna conclusión, ya me la contarás. Me muero de curiosidad.

Estos son algunos de los grandes hits, pero hay más. Y todos disparados a bocajarro, sin avisar, sin precalentamiento y sin un mínimo de mentalización previa. Y luego que esto del ligoteo on line se me hace bola. Pues claro...

miércoles, 22 de marzo de 2017

La superpoderosa ermitaña de las cumbres

Contra todo pronóstico, sobreviví a la batalla encarnizada que mis anticuerpos libraron contra un violento virus la semana pasada. Fue una lucha sin cuartel que terminó bien, pero que me dejó para el arrastre. Tuve dos infernales días de curro para recuperarme y el finde no se me ocurrió otra brillante ida que irme de excursión. A la nieve. Para desconectar y tal. Claro que sí, guapi.

El caso es que yo creía haberme apuntado a un día tranquilo de pasear y tomar el sol en la montaña. Y bueno, nada más lejos de la realidad. Lo pensé porque mi amiga (desde el otro día, EXAMIGA) me vendió la moto del relax y la tranquilidad, pero es cierto que yo tampoco supe reconocer las señales: si te dicen que además de las raquetas de nieve alquiles crampones y piolets lo mínimo es olerse la tostada un poco. Pero yo, que estaba medio convaleciente del proceso viral superado por mi cuerpo hacía nada, no me cosqué ni miaja. Y así pasó lo que pasó, claro.

Que por poco desaparece una superheroina de la llanura para aparecer una ermitaña superpoderosa en las más altas cumbres. Y es que no sé cómo el ligero y agradable paseo previsto se convirtió en una extenuante subida por paredes de hielo que me llevaba, no hace falta ni decirlo, con la lengua fuera. Iba la última de la expedición al más puro estilo Evans en este temazo de Mecano.



Y si subir fue un problema, ni os quiero contar bajar, por laderas completamente verticales escurridizas a más no poder y con unas preciosas vistas que dejaban más que claro que si perdías el equilibrio bajabas rodando y sin obstáculos hasta los pies de la montaña. Unos 2000 metros de nada. Lo que se dice un descenso rápido y efectivo. Así que te agarrabas a cualquier saliente con pies, manos y las pestañas, si te descuidas.

Sorprendentemente, ahora me duelen músculos del cuerpo que no sabía que existían. No sé por qué será...

miércoles, 15 de marzo de 2017

No, hoy no hay entrada

Escribiría algo para cumplir con mi dos entradas semanales pero estoy al borde mismo de la mismísima muerte. Si ECDC tenía opresión yo tengo combustión interna. No sé qué tipo de virus está atacando mi organismo, pero mis anticuerpos lo están combatiendo con tal fiereza que el campo de batalla (es decir el reverso de mi cuerpo serrano) arde en llamas. Me queman las vías respiratorias. No me pican, ni me escuecen. Me queman. Me abrasan de tal manera que me lloran los ojos. Las lágrimas hacen espejo con el sol y cuando voy por la calle apenas puedo mantener los párpados abiertos. Estoy por comprarme un bastón de esos que usan los ciegos, no os digo más...
Así que para resumir: 

-No, hoy no hay entrada.
-Y sí, os tengo presentes en mi testamento. 

Tenedme presente vosotros también en vuestras buenas intenciones y deseos, que estoy al borde mismo de la mismísima muerte.

Sin exagerar.

viernes, 10 de marzo de 2017

Excusas

Bla, bla, bla, bla... Obras son amores y no buenas razones. Todo lo demás son cuentos chinos. Que no te la den con queso.


 

martes, 7 de marzo de 2017

Dificultades on line

No se puede decir que no le esté poniendo voluntad a esto del ligoteo on line, pero hay que reconocer que el tema es más difícil de lo que parece. Igual es porque a mi no me va mucho esta modalidad ligoteril o porque no estoy entrenada, pero creo que también tiene algo que ver que hay cada un@ por ahí que ¡jodo!, para qué os voy a contar. Aunque bueno, pensándolo bien sí que os lo voy contar sí, porque algunos de los perfiles que me he encontrado son de agárrate y no te menees. Y hablo de ellOs y ellAs. Madre-del-amor-hermoso.

-Están los optimistas totales y superpositivos.

"La verdad es que había abandonado esto y volviendo me encuentro, las mismas caras, las mismas fotos... lo cual me demuestra que este sitio no funciona... No creo que esté aquí la chica que busco, pero quién sabe"
Madre mía, qué buena actitud, no veo el momento de empezar a hablar contigo.

-Están los que se ponen a pedir y se quedan solos.

"Chica humilde, educada, con caracter, lista, guapa, con buen cuerpo....con la cabeza bien amueblada, culta, con estudios."
Por supuesto que sí, hijo mío, lista, guapa, limpia, hacendosa, dócil, de buena familia y puestos a exigir que también sea millonaria, con una casa en Malibú y con avión privado. Y lo de los estudios es fundamental, sobre todo teniendo en cuenta que una línea más abajo tú has puesto que no sé qué era "bonito y Vello", bello con V. Claro que sí. Consejos vendo y para mi no tengo...

-Están los que van de graciosos y tienen la gracia en ... bueno, no sé donde la tienen, pero yo no se la encuentro

"Quiero una chica no-calva.... no-vívora.... y si me pone un chalet en Mallorca.... mejor que mejor"
¡Qué chispa! No me digas más, te vas el verano que viene de gira con Las Virtudes, ¿no?

-Están los ingenuos de la vida

"No contesto a perfiles sin foto"
Haces bien, pero deberías ser consciente de que en esta web el 50% de la gente pone imágenes de la última campaña publicitaria de Mango o fotografías suyas, pero de hace más de dos décadas. Así que si lo que más en cuenta tienes es la foto... ¡buena suerte!

-Están los que eso de la concreción no les suena de nada

"Busco una mujer normal"
Pues, chico, a estas altura de la película, define normal.

-Y las que concretan a más no poder

"Que tenga mas que un bachillerato, piercings , tatuajes, gafas, lado friki, ser alto jajaj que usen colonia (parece una tontería pero pff, chicos, en serio, nos encanta)"
¿Y un lunar en un punto determinado de detrás de la oreja no pides? Porque si no tiene una peca en esa ubicación exacta no sé qué vas a hacer con él...

Y esto es sólo una pequeña muestra de lo que me estoy encontrando por ahí. ¿Ahora me entendéis cuando os digo que el tema está difícil?

viernes, 3 de marzo de 2017

Mi Cupido de la Guarda

No es un secreto por aquí que el Cupido que me ha tocado en suerte no es muy trabajador que digamos. Desde luego, no creo que le de un ataque al corazón por el estrés que le generan mis asuntos, vaya. Él me suelta en el ruedo amoroso, así sin burladero, capote ni ná de ná y allá me las componga. Y bueno, así me va como me va, claro.

El caso es que estaba mi angelote con la mosca detrás de la oreja con esto de mis intentos de ligoteo on line. Creía el pobre que se le iba a amontonar el trabajo del éxito que yo iba a tener con el tema. Y bueno, visto el discurrir de las primeras semanas, el querubín ya está bastante más tranquilo. Tranquilo nivel comprarse un sofá para esperar cómodamente a que me canse de intentarlo. Con eso os lo digo todo.

La cosa es que con el sofá le han vendido un látigo que le está viniendo al pelo. Porque mi Cupido particular tiene, además de toda la vagancia del mundo concentrada en su cuerpo celestial, complejo de ángel de la guarda. Él hacer algo para que las cosas fluyan no hace, pero para provocar cortocircuitos cuando considera que el candidato entraña algo de riesgo le falta tiempo, ¿sabes? Y para eso el látigo le viene que ni pintado, claro.

Y ahí le veis, repanchingado en el sofá viéndome escarbar entre montañas de opciones masculinas que ni fu ni fa cuando, de repente, doy con un tipo distinto. Original, listo, ingenioso. Con atención al detalle, que lee... ¡y que escribe! (Los nervios de Cupido se tensan.) Y no sólo escribe sino que escribe con gracia, con franqueza, diciendo cosas diferentes de forma diferente. (Cupido se incorpora y adopta postura de acción.) Su estilo es fresco, espontáneo, casi como si le oyeras hablar en vez de leerle. Como un bloguer, vaya. Uno de estos bloguers encantadores, canallas y pelín vivalavirgen. (Saltan todas las alarmas celestiales y...)

¡¡¡¡ZAS!!! 

Latigazo al canto.

"Sentimos informarle de que el usuario ha abandonado la aplicación"

Así que sólo me queda una cosa por decir:

"Cupidito de la Guarda, eres niño como yo, por eso te quiero tanto y te doy mi corazón... Que sí tronco, que sí, que se veía de lejos que ese era un vivalavirgen que me iba a llevar un poco por la calle de la amargura a largo plazo, pero joer, colega, para uno que encuentro, déjamelo un ratito, anda... tómalo, tómalo, tuyo es, mío no"

Encima de vago, amarrategui. Qué joyita de Cupido, oye.

lunes, 27 de febrero de 2017

Daño gratuito

Últimamente me han dado un par de patadas emocionales de las buenas, buenas, de las que te dejan lista para papeles. Que parece mentira que no haya hecho callo ya, con la de leches que me estoy comiendo de un tiempo a esta parte, pero aquí estoy, hecha un poco una piltrafilla y pensando exactamente lo que decían en Twitter el otro día:



Y es que eso es justamente lo que me pasa por la cabeza cada vez que me calzan un guantazo anímico de estas dimensiones. Pienso: Pero esto... ¿a cuento de qué? ¿a qué fin? ¿qué necesidad?

Sí que tengo clara una cosa, y es que en el fondo de cada sopapo afectivo hay siempre un elemento común: un ego descomunal. En concreto el de la persona que te suelta la galleta, que se pone a ella misma por delante de cualquier otra y que hace su santa voluntad caiga quien caiga, o peor aún, sin ni siquiera pararse a pensar cómo te afecta a ti lo que hace. Tú ni siquiera eres un elemento de la ecuación, no estás, no cuentas, eres invisible. Como un superhéroe, oye, no te quejarás...

Y cuando es eso... pues vale que vale, eso es lo que hay y no hay más, para qué darle más vueltas. La cosa se hace más difícil de digerir cuando el bofetón te lo atizan sin que haga falta atizártelo para salirse con la suya. Cuando podrían hacer lo que les conviene sin necesidad de repartir cera, cuando conseguirían exactamente lo mismo sin tener que hacerte daño. Pero claro, para qué plantearse si quiera llevar un poquito de cuidado, si meter leches es gratis...

martes, 21 de febrero de 2017

El Homo Selfie

Según el siempre sapientísimo San Google, fotogénico no tiene antónimo, lo cual me deja sin título para esta entrada y con la obligación de inventarme un palabro para contaros lo que os quería contar. Así que me tengo que sacar uno de la manga. Por ejemplo, un, dos, tres, responda otra vez: -1 en fotogenia.

Y ese, desde luego, es una de mis superpoderes negativos más desarrollados. No es que en 3D sea aspirante a finalista en la próxima edición de Miss Universo, pero bueno, ahí vamos. Con mis puntos fuertes y mis defectos, como todos, pero me defiendo. Ahora, es que me apunten con una cámara y... bueno, no tengo palabras. Me pasa exactamente lo mismo que a Chandler en este episodio de Friends.

 

E-xac-ta-men-te lo mismo. No lo puedo evitar. Me enfoca un objetivo, de lo que sea (vídeo, fotos...) y me salen unos caretos que dan miedito. Flipante, en serio.

Como yo no soy una loca de la fotografía, el tema no me preocupa demasiado. Es una lata cuando me toca hacer un curriculum actualizado y no tengo una imagen mía en la que no parezca una terrorista, pero como contemplar mi HO-RRO-RO-SO DNI me tiene bien entrenada, tampoco me quita el sueño. Pienso que la empresa que me contrate estará llena de valientes que no le tienen miedo a nada (ni siquiera a mujeres con intención de detonar bombas) y arreglado. Pero, ¡ay, amigos! con internet y las redes sociales hemos topado. Ahí mi pasotismo fotográfico no me sirve para nada.

Porque internet ES IMAGEN y, desgraciadamente para los que ya tenemos cierta edad, convivimos con la generación selfie. Estos chavales que ya jugaban con el móvil de sus padres desde la cuna, que teclean mucho mejor a ordenador de lo que escriben a mano y que no saben lo que es un diccionario porque todas sus dudas las han consultado on line. Esos que hasta ahora eran chavales y que se han convertido en adultos jóvenes que conocen el smartphone como al palma de su mano y dominan completamente el (no tan sencillo) arte de sacarse fotos con ese aparatito: la luz, el encuadre, el gesto... no hay error en sus disparos. Es la perfección hecha selfie, esa foto de perfil en la que parecen top models vengan con la cara que vengan de fábrica.

Esos son ellos, el Homo Selfie, la siguiente generación, unos especímenes que han mutado para adaptarse a la siempre temible y llena de competencia selva digital. Quien se adapta sobrevive, ya lo decía Darwin. Y frente a ellos quedamos sus antepasados, nada preparados para los nuevos peligros y amenazas interneteros. Nos reconoceréis porque nuestra imagen de perfil está tomada por otro, con cierta distancia, seguramente en la playa o durante el transcurso de alguna excursión y si me apuras la hemos escaneado de una foto previamente revelada en papel.

Sí, esos somos nosotros. Y la verdad, no sé si seremos capaces de sobrevivir. Tengo miedo. ;P

viernes, 17 de febrero de 2017

Que me parta un rayo

Aunque estoy poniéndole todo el empeño del mundo, esto del ligoteo digital se me está dando regulero. No sólo por todo lo que ya os he contado, sino porque en esta práctica, como en los bienintencionados (Y HORRIBLES) intentos de emparejamientos externos, se empieza por el final. Y claro, así no hay manera.

Y es que en asuntos cardíacos, por lo menos para mí, las cosas van al revés. Vas por la vida, te cruzas con gente, de repente alguien te llama la atención (por su ingenio, por su amabilidad, por su físico...) y empiezas a poner los medios para conocerle y así saber si puede salir alguna historia romanticona de ahí. Sin embargo cuando te intentan emparejar con ese chico que seguro que te va a encantaaaaaarrrr o cuando te dedicas a recoger setas on line no hay nada previo, esa chispa, ese "no sé qué que qué sé yo" que te llama la atención y pone en marcha tu radar amoroso. En ambos casos te sueltan en el ruedo ligoteril a las bravas, a lo loco, a probar si el que han metido contigo en el ring te sirve como contrincante. Y claro, es una lotería. Hay las mismas posibilidades de que eso funcione como de que te toque el Gordo de Navidad o te caiga un rayo, es decir, más bien pocas.

Y no es una cuestión de exigencia ni muchísimo menos porque a aquí la que escribe le ha gustado cada peor de la vida de agárrate y no te menees. Por si alguno de mis exs llegáis a leer esto alguna vez por casualidad (¡¡HOLA AMORES!! ¿Qué taaaaalll?) aclaro que os quise un montón y que siempre os tendré cariño, pero reconocédmelo, eráis unos peores de la vida. No en plan mal, claro, más bien en plan desastre simpatiquete como lo soy yo, pero unos peores de la vida, hijos míos, ya os lo digo.

Ni qué decir tiene que todos teníais "un algo", por supuesto. Por lo menos para mi. A, eras el más buenín del mundo. L, conseguías convertirlo todo en un juego, aún no sé cómo. D, tenías (y tienes) las habilidades sociales más desarrolladas que he visto jamás, les caías (y les caes) bien a todos. J, no sabría decirte, Creo que era tu forma de mirarme, pero en realidad nunca supe a ciencia cierta qué hacía que me encantaras como me encantabas. J (2), tu sensibilidad (para lo bueno y para lo malo) y tu intensidad al vivir el arte.  No voy a seguir porque ni vosotros ni los que me quedan por nombrar vais a leer esto nunca y si llegáis a hacerlo y os queda alguna duda dadme un toque y lo hablamos, que no he cambiado de número de móvil.

A lo que iba es que para que a mi me guste alguien tiene que tener "un algo", que a veces surge de repente y otras tardo siglos en descubrir. En los intentos externos de emparejamiento y en la caza on line de setas lo de esperar está fuera de la ecuación, porque nadie va a darte un margen. O funciona desde el minuto uno o pista. Pero como he dicho en el párrafo de arriba que funcione desde el principio, que el que tienes enfrente tenga "un algo", es una lotería tan poco probable como que te caiga un rayo.

Así que sólo me queda decir lo que diría el pobre Pierre Nodoyuna de los Autos Locos...

Maldición, maldición y tres veces maldición.

martes, 14 de febrero de 2017

5 minutos bien empleados

Madre mía, qué preciosidad. Buscando no sé qué me he encontrado esto. Dicen un montón de verdades, muy bien explicadas y mejor interpretadas. Invertid 5 minutos de vuestros tiempo en ver este vídeo.  Me lo vais a agradecer


 


Y ya es casualidad haberlo encontrado ahora porque a pesar del despiadado bombardeo publicitario casi me había olvidado de que hoy es San Solterín.

jueves, 9 de febrero de 2017

Tú te lo pierdes

Lo voy a aclarar desde el principio, porque igual en los siguientes párrafos parece lo contrario, pero yo tengo una autoestima bastante enclenque. Soy muy muy consciente de mis defectos y limitaciones porque siempre estoy en primera fila de mis enormes cagadas y soy un público difícil, de los que no perdonan fácilmente un resbalón. Hay muchas cualidades (muchísimas) que no tengo y me encantaría tener y un millón de cosas que cambiaría de mi. Pero también sé que hay unos cuantos rasgos importantes, básicos, que yo tengo y que no son tan corrientes. Y puedo decirlo con total tranquilidad porque no es mérito mío, sino de los Speedypadres que me han sabido educar concentrándose en lo (a mi juicio) esencial de verdad. Esencial y poco habitual, dicho sea de paso.

Y yo lo sé bien: estoy en esa época de la vida en la que no paras de pegarte leches porque cosas que dabas por sentadas resulta que no están tan garantizadas como siempre habías creído. Crecer, lo llaman algunos. Yo lo llamo darte cuenta de que la gente va a su bola y no puedes fiarte de (casi) nadie. Y es curioso que esta revelación no sea algo que se tiene de una vez por todas y ya está, sino que sea como una serie de explosiones sucesivas en tu corazón. Cada vez que te pasa con alguien es un latigazo. Siempre piensas que a la siguiente ya te lo vas a esperar y que no te va a doler, pero resulta que sí, que duele cada vez. Un chollo  total, vamos.

De la suma del dolor de esta cadena de explosiones sólo sacas la enseñanza general de que el ser humano es colosalmente egoísta, que (casi) todo el mundo se pone a sí mismo en primer lugar y que sólo hará algo por ti a quien le intereses por algo o le encajes en sus planes de vida de alguna manera. Salvo honrosas y escasísimas excepciones, por aquello de que quien tiene un amigo tiene un tesoro,(casi) nadie va a estar a la altura de las circunstancias.

Bien, pues yo soy una de esas excepciones. De mi te puedes fiar. Yo soy leal, sincera, honrada. Yo siempre estoy ahí. Yo me preocupo por ti, te escucho, te cuido. Yo pienso en lo que te viene bien a ti, igual que en lo que a mi me conviene. Yo estoy atenta a los detalles. Yo guardo tus secretos. Yo mantengo mis promesas. Puede que no sepa cantar, ni dibujar, ni cocinar. Puede que sea la peor fotógrafa de la historia de la humanidad, que mi habitación sea un vórtice de entropía y que no entienda ni jota de deportes y vídeojuegos. Pero a mi ME IMPORTAS y siempre podrás contar conmigo para lo que necesites.

¿Y tú tiras todo eso a la basura por... ni siquiera sé si es a cambio de algo? Bueno, pues tú te lo pierdes. No se hizo la miel para la boca del asno.

martes, 7 de febrero de 2017

Imposibles conversacionales

Aunque en mi vida en 3D hablo como si o fueran a prohibir (en cuanto a cantidad y ritmo) la verdad es que charlar en otro tipo de soportes se me da bastante peor. Las conversaciones telefónicas, por ejemplo, no me molan. No ves la expresión facial del otro, ni te queda claro si ha terminado ya su intervención y te toca contestar, ni sabes si está centrado en lo que le dices o haciendo siete cosas a la vez y por tanto a por uvas de todo. Tampoco soy precisamente la reina de los grupos de whatsapp, dada mi infinita capacidad de cambiar unas letras por otras en un intento involuntario de inventar un idioma nuevo. Pero si hay algo que se me da mal es charlar por internet. De verdad, en eso soy una negada absoluta.

Lo sé y lo asumo. Soy consciente de que por ese medio se me ocurren mucho menos temas de conversación, que escribo tan lento que al otro le crecen las uñas de los pies esperando mi respuesta y que el nuevo idioma que intento involuntariamente crear en whapsapp también lo aplico aquí. Pero aún reconociendo mi inutilidad extrema en este campo concreto tengo que deciros que no soy la peor que me he encontrado por estos lares. Ni de coña.

Porque a ver, no creo que sea mucho pedir un signo de puntuación de vez en cuando. No voy a exigir que distingas entre punto y punto y coma (que no lo tengo claro ni yo) pero saber si has acabado de hablar o si vas a seguir escribiendo no me vendría mal. Como también sería positivo que me dieras una pista en forma de interrogante sobre si tu última frase es una pregunta o una afirmación o que usaras alguna mayúscula en el caso de que exista un punto invisible que marca sólo en tu mente el final de tus palabras.

Otra tema que ayudaría un montón sería concretar un poquito. No mucho, ¿eh? Lo justo y necesario. Preguntas como "¿Tienes algún interés?" dejan, sin duda, un gran espacio a la creatividad del que tiene que contestar, que no sabe si contarte el tipo TAE que le aplican en su entidad bancaria o explicarte sus aficiones o defender a capa y espada su personalidad y valía que POR SUPUESTO interesan a más de uno y más de dos.

Y bueno, lo que sería ya la repanocha montada en bicicleta es que el del otro lado de la pantalla pusiera algo de su parte para que la pelota conversacional pasara al otro campo. Porque a ver, vamos a hacer un repaso rápido, por si el tema no está claro. Primero pregunto yo. Después te toca a ti responder. Y después es mi turno de nuevo. Y vale, que sí, que me toca a mi otra vez, pero que algo de material has tenido que poner tú para que yo pueda devolverte la bola. Si contestas sin más, el tiro pierde fuerza y no pasa la red para llegar hasta mi cancha. Cuenta algo interesante, o hazme una pregunta o relacionalo con otro tema. Dinamiza el juego con un raquetazo contundente o el partido se va a acabar en un plis, ya te lo digo...

No sé, igual es que pido imposibles. Va a ser eso...

viernes, 3 de febrero de 2017

Grados de optimismo

Ser optimista es apuntarte al gimnasio y creer que vas a ir tan frecuentemente como te propusiste al rellenar la hoja de inscripción.

Ser MUY optimista es pensar que gracias al ejercicio vas a perder todos los kilos que habías planeado

Y ser el COLMO del optimismo total es creer que por una cuota razonable vas a tener acceso a unas instalaciones con máquinas de calidad, buenos horarios de clases y que además de todo eso los vestuarios van a ser... MIXTOS. Es decir, UNISEX, chicos y chicas mezclados, ahí, a lo loco. Claro que sí, guapi.

Bueno, pues así de optimistas eran los dos señores que me crucé el otro día en mi gimnasio, que entraron tan campantes al vestuario de chicas creyendo que iban a cambiarse allí.  Cierto es que traían cara de despiste, asomaron la cabeza, vieron dos féminas y su reacción automática fue salir de la habitación pensando que se habían equivocado. Pero en los dos segundos siguientes la información captada por sus retinas llegó hasta su cerebro y la cosa cambió.

Porque junto a la imagen de una Speedy ya lista para irse con bufanda puesta y todo vieron a la MACIZORRA que ocupaba la taquilla de al lado y que estaba en plena operación secado post-ducha. Una de estas chicas adictas al gimnasio que en realidad no necesitarían ir porque ya tienen un vientre plano, unas piernas firmes y torneadas y un culo duro como una piedra. Vamos, el sueño de todo hombre hecho realidad. Así que ante semejante imagen los dos despistadillos volvieron a entrar y me preguntaron, con la cara de quien pregunta si le ha tocado la lotería de Navidad.

-¿Para cambiarse es aquí?

Y yo, con máxima delicadeza y cuidado, con la sutileza de quien no quiere romperle el corazón a nadie ni hacer añicos sus ilusiones les contesté:

-Ya os gustaría ;P

Madre mía. Aún quedan optimistas totales. Quien iba a decirlo.

martes, 31 de enero de 2017

Setas on line

La verdad, yo no soy mucho de ir a buscar setas, para qué os voy a engañar. Yo soy más de salir de excursión porque me apetece airearme, dar un paseo relajado para disfrutar de la naturaleza y el buen tiempo y si andando entre risas y pasándomelo bien de repente me encuentro una seta que me parece que tiene buena pinta, la recojo. Como os podéis imaginar, esa no es la manera ni más rápida, ni más eficaz, ni más productiva de recoger rebollones. Está claro.

Seguramente esta técnica de recolección ha influido en que mi cesta esté a veces más vacía de lo que debería, por lo que uno de mis propósitos para 2017 era probar estrategias nuevas. ¿Problema? Que eso significa hacer cosas que no van mucho conmigo. No que me parezcan mal, ni que las rechace por nada en concreto sino que, simplemente, no son muy de mi estilo y claro, me falta práctica y soltura.

Por lo visto el último grito en micología es buscar setas a través de internet y redes sociales. Y bueno, hay que reconocer que las ventajas de esta técnica son más que evidentes: no tienes que salir de casa, ni pasar frío, ni mancharte las manos de barro. Con la Red de redes puedes encontrar ejemplares que crecen en la otra punta del mundo y no sólo al lado de tu casa, lo que multiplica por infinito las posibilidades. Pero, qué queréis que os diga, a mi... es que no me va.

Lo he probado más que nada para callar bocas a los pesadérrimos que no hacían más que repetirme que no ponía lo suficiente de mi parte y para que Sus Majestades no creyeran que me escaqueo de ayudarles con su encargo pero es que, de verdad, no termino de cogerle el truco.

Para empezar porque el orden está cambiado. Antes yo salía de excursión, iba mirando las setas del suelo mientras hablaba y me reía y si alguna me llamaba la atención, tenía pinta de ser saludable y apetecible, la metía en mi bolsa. No sé, el orden lógico. No había presión, ni nerviosismo, ni estabas todo el rato pensando en lo que tenías que decir o hacer para parecer el recolector perfecto. Si surgía, surgía, así de repente. Por Internet tienes delante mil millones de setas que no te dicen nada porque ni las conoces ni las has visto de cerca y tienes que ir metiéndolas todas en la bolsa por si acaso alguna de ellas termina siendo la seta que querías encontrar. Ahí es nada.

Y claro, para averiguarlo hay que mantener conversaciones triviales con gente con la que no te apetece hablar porque no los conoces para que dejen de ser desconocidos y saber si pueden llegar a ser más que amigos. Y no te queda otra que hablar de ti a personas a las que no has visto nunca y de las que no sabes nada en realidad, por lo que tampoco tienes claro qué puedes contarles y qué no. Todo son situaciones forzadas e incomodidades porque las cosas tienden a ir muy rápidas y porque los implicados saben que el otro les está sometiendo a examen, les está evaluando para decidir si le sirven o no. Que para eso ojalá existiera el botón de la foto de abajo y así acabaríamos todos antes.




No sé, igual es que hay que cogerle el truco a la nueva técnica micológica y yo no se lo termino de pillar. Será eso...

viernes, 27 de enero de 2017

El Ayuno Involuntario

Ya os lo dije, después de sangre, sudor y lágrimas mi guerra contra los kilos empezó a dar unos frutos medio aceptables. El objetivo final no lo he conseguido porque ya me olía yo que era mucho cartucho, pero lo que he logrado no está mal. Por lo menos entro en mis pantalones imposibles que, oye, algo es algo. El tema es que noto que los gramos polizones que se me colaron al abordaje no andan lejos y que están escondidos, acechando para volver a subirse a mi barco en cuanto me descuide. Y a eso viene esta entrada, a contaros la estrategia que voy a desplegar para defenderme del bombardeo calórico. ¿O ya os habías creído que actualizaba sólo para presumir? Mal pensados...

En fin, que mi plan se llama El Ayuno Involuntario porque, aunque nadie me obliga a hacerlo, me está trayendo por la calle de la amargura y cualquiera diría que lo hago (o lo intento hacer) por propia voluntad. El caso es que cada vez leo en más sitios los beneficios del ayuno no sólo para perder peso sino para mantener la salud del organismo. En esta cuestión hay mucha tela que cortar, así que no voy a irme para lo hondo y sólo os voy a explicar el que practico (o intento practicar) yo: El Ayuno Intermitente.

Para saber bien en qué consiste, mejor pincháis en el link. Pero en breve viene a ser que si cada día aguantas sin comer 16 horas seguidas y comes más o menos lo que quieras (moderadamente, claro) en las ocho restantes consigues mantener las calorías a raya. Yo lo he hecho durante algunas temporadas y me ha funcionado bastante bien. Además no me costaba ABSOLUTAMENTE ningún esfuerzo, así que todo eran ventajas.

Y vosotros diréis: Si antes lo llevabas tan guay, ¿por qué ahora vienes a lloriquear en el blog con sufrimientos ayunantes? Y la respuesta se resume en una palabral: gimnasio.

Y es que yo antes ayunaba por la mañana, es decir, ocho horas (las de sueño) sin comer y las otras 8 matinales (hasta el mediodía) sin probar bocado. Eso sumaba dos tercios de día ayunando sin el menor sacrificio porque nunca tengo ganas de desayunar ni picar nada en esos momentos. Y cuando me llegaba el hambre (a partir de las dos) ya estaba permitido comer casi de todo, dulces y caprichitos incluidos. En esa franja horaria devoraba, claro, pero en conjunto era un chollo total.

Ahora el chollo se me ha acabado porque voy al gimnasio al mediodía y si bien nutrida no aguanto el tirón en las clases, imaginaos si aparezco sin comer nada en las 16 horas anteriores. No pasaría ni de la puerta, como si lo viera. Eso implica que he tenido que mover mis rutinas ayunantes, comer todo lo que pueda antes de hacer ejercicio y no comer naaaaaaada durante las 16 horas posteriores a la paliza. Y claro, se me hace bola.

Se me hace bola desayunar (aunque eso es lo de menos, ya me estoy acostumbrando y el otro día me trapiñé a las ocho de la mañana unos macarrones con tomate que no se los salta un gitano). Pero SOBRE TODO se me hace bola no poder comer nada desde las cuatro de la tarde. Estoy muyyyy habituada a merendar y cenar y me cuesta la vida misma aguantarme las ganas de picar algo cuando estoy en casa. A la salida del curro a veces tengo tanta hambre que miro la foto de una vaca y me imagino chuletones, como el pobre león de Madagascar. Un horror.

Lo curioso es que no debería estar tan canina, porque a mi cuerpo le aporto los mismos alimentos que antes, sólo que más temprano. Y de hecho la sensación de vacío en el estómago no la siento. Pero tengo tan asociado el final del día a sofá, ordenador y comida que es un sufrimiento que me lo quiten. Supongo que será parecido a esos exfumadores que ya no sienten el mono de tabaco pero que lo pasan mal si toman un café sin un cigarro. Por eso, porque lo tienen asociado.

En fin, yo aquí estoy, cambiando hábitos (o intentándolo). Por si acaso, un consejo: si por casualidad os encontráis con una superheroína de mallas verdes a partir de las ocho de la tarde, cruzaos de acera... puede que os muerda un brazo.

Que no lo digo por propia experiencia, ¿eh? Que a mí me lo han contado ;P

martes, 24 de enero de 2017

En plena forma (o casi)

La mayoría de mi entorno nunca creyó que vivirían para ver esto, pero ahora soy una asidua al gimnasio. ¡¡YO!! Quién lo habría dicho hace nada....

Llevo dos meses y ahí estoy, al pie de cañón. Voy siempre que puedo, unas cuatro o cinco veces por semana en mi único momento libre, el mediodía, lo que quiere decir que siempre que me paso por allí las instalaciones están medio vacías. Consecuencia 1: tengo todo el espacio para mi. Biennnnnn. Consecuencia 2: me tienen más fichada que para qué. Fichadísima. Y eso ya no está tan bien. Porque los profes me ven allí día tras día y se piensan lo normal, que voy a ser como esos musculitos megaentrenados que controlan los ejercicios, conocen el material y aguantan toda la caña que les metas. Y, queridos lectores, que quede entre nosotros, pero nada más lejos de la realidad.

Para empezar estoy en una forma física horrorosa que me va a costar eones mejorar hasta niveles más o menos aceptables. Me meta en la clase que me meta, voy con la lengua fuera, me tiemblan piernas y brazos a causa del agotamiento y sudo a chorros. Vamos, un cuadro como pa' verlo. Menos mal que yo no soy de las que se apuntan al gimnasio para ligar, porque me iba a quedar con tres palmos de narices. Y los monitores no hacen más que repetir: "Venga, que para los veteranos que venís siempre esto es pan comido", así como no mirando a nadie pero mirándome a mi y yo tengo ya diseñada una respuesta tipo: "¿Quieres que te deje algo especial en mi testamento? Porque estoy a punto de cascar el peine."

Y si eso fuera lo peor.... Pero no, NO es lo peor. Lo peor es que en los últimos tiempos, estos pocos milloncejos de años en los que yo no he puesto un pie en un gimnasio, las disciplinas han cambiado un montón y se utiliza material totalmente de distinto al que yo conocía. Hay la tira de cosas raras con nombres más raros aún que yo no consigo recordar. Y claro, luego tú me oyes intentando explicar al superdeportita SpeedyDad los ejercicio que hacemos y le digo cosas tal que así:

Speedy.- Pues me dolían los brazos un montón porque he tenido que estar dos minutos moviendo dos cuerdas supergordas que parecían mangueras gigantes y que pesaban un quintal. Y después de eso tres series de sentadillas con el queTeDen o como se llame esa pesa que tiene como un asa para cogerla. Y del circuito acababa con abdominales en equilibro sobre una especie de media pelota, el foflu o ozú o como sea, que parece fácil, pero que no hay quien se mantenga recto en esa cosa y....

SpeedyDad.- Espera, espera, espera... no he entendido nada desde brazos. Pero si no te enteras de los nombres, ¿cómo sigues las instrucciones de los profes?

Speedy.- Pues cuando dicen que cojamos tal o cual cosa yo les preguntó ¿lo azul o lo rojo? y así nos aclaramos todos.

SpeedyDad.- Bueno, tú te aclararás y los demás pensarán que tienes algún tipo de deficiencia mental en grado severo...

Y luego que no ligo en el gimnasio... No sé qué puede estar fallando. ;P

viernes, 20 de enero de 2017

El superpoder de Buenafuente

Como buena superheroina, hago gala de una amplia gama de poderes extraordinarios y como LERDA de manual estoy siempre pensando en que me encantaría tener los que me faltan. No sé, a lo mejor es el precio que hay que pagar por observar mucho a tu alrededor. Yo voy por la vida mirando a los demás y pensando: "¡Qué bien baila! Lo que daría por bailar así..."; "¡Qué agilidad mental! Pagaría por tener esa velocidad de reacción..." "¡Qué físico tan bien entrenado! La de horas de gimnasio que me quedan para eso..." Este tipo de pensamientos me pasan por la cabeza a todas horas y el otro día lo pensé viendo a Buenafuente en la tele. Pensé: "Yo quiero tener ese superpoder...."

No me refiero a que sea gracioso (que lo es), ni ocurrente (que también) sino a que es capaz de hacer cualquier comentario (incluso uno negativo y crítico) y no resultar ofensivo. Lo que Speedymum llamaría "saber decir la cosas".

Lo demostró hace poco en una de sus programas, el que os enlazo aquí. El tema es que el invitado debía de ser un poco especialito y le mandó un cuestionario completo (y respondido) para que el presentador lo usase durante la entrevista en directo en lugar de hacer sus propias preguntas. Buenafuente, CON RAZÓN, se ofendió porque se dudase de su profesionalidad y dijo que TURURÚ. Que por supuesto que no iba a hacer ese cuestionario y que además iba a afearle ese gesto al invitado allí mismo.

El cómico estaba enfadado, se notaba, y fue duro y crítico. Expresó su malestar por lo del asunto de las preguntas y tampoco se cortó al cuestionar la eficacia de los libros que el entrevistado venía a promocionar. Y TODO eso lo supo decir tan estupendamente bien que en ningún momento hubo tensión ni conflicto. Mantuvo la calma, empleó un tono conciliador, recurrió al humor, no incurrió en falta de respeto alguna y quedó como un señor sin callarse nada. Esa noche dormiría a pierna suelta, eso seguro, porque le soltó todo lo que le vino en gana. Pero se lo soltó BIEN, que es lo difícil en estos casos.

Yo ALUCINO con la gente que es capaz de hacer eso. Las personas que, en situaciones de desacuerdo, incluso de conflicto, en temas que les duelen o les cabrean, consiguen expresar lo que piensan eligiendo las palabras adecuadas. Usando un gesto sereno. Con una actitud tranquila, pero firme que es tremendamente difícil de desmontar. Esa gente consigue todo lo que se propone.

Porque cuando hay pelea, la Masa se pone verde y no hay quien le gane calzando leches al personal. Pero, por suerte, muchos temas no se deciden con tortas de por medio y en esos casos lo que funciona es el poder de Buenafuente. Ya le gustaría a la Masa tenerlo, ya...

miércoles, 18 de enero de 2017

Coraza Que Te Den Dos Duros

Uno de mis propósitos para 2017 era ponerme las pilas en asuntos ligoteriles para echarles una mano a los Reyes Magos con su encargo. Esto hace falta porque yo soy muy de "lo que tenga que pasar pasará cuando tenga que pasar" y últimamente (y desde hace mucho, además) esa máxima se ha traducido en que no pasa nada de nada de nada de nada de nada. Y ya me he cansado de tanta nada, la verdad.

Así que había pensado salir del banquillo y saltar al terreno de juego, aunque sólo sea para divertirme mientras dure el partido. La cuestión es que, entre que hace mucho que no entreno y que estoy baja de defensas, como me despiste me van a pegar una paliza de padre y muy señor mío. Ademas, siempre he tenido la piel muy fina para estas lides, por lo que más me vale agenciarme una buena coraza y un casco y coderas y espinilleras y guantes y todo tipo de elemento protector contra las leches que, con toda seguridad, me van a calzar en el proceso.

Porque sí, soy muy consciente de que salir a la cancha no es siempre un camino de rosas. Sé que hay la tira de jugadores en el campo que tienen el gen de la gilipollez dominante y que querrán hacerme fintas para despistarme y tapones para que no consiga tirar a canasta. Sé que muchos simularán estar en mi equipo y después se pasarán al otro bando, de repente y sin avisar. Sé que haré pases a gente que no recogerá el balón y que recibiré muchos codazos, golpes y pisotones al intentar coger un rebote cualquiera.

Conozco bien los peligros de los deportes de contacto y por eso tengo que protegerme con una nueva actitud a prueba de balas y de cualquier tipo de proyectil emocional. La llamo la Coraza Que Te Den Dos Duros y  tiene diversos accesorios para contrarrestar mis debilidades sobre el terreno de juego. 

-Casco Contra Rayadas Mentales. 
Yo soy muy de darle vueltas a las cosas: "¿Y qué habrá pasado?" y "¿por qué tal?" y "¿por qué no cuál?" Me vuelvo loca buscando explicaciones aún cuando sé que a estas alturas de la vida las cabezas están fatal y la mitad de las veces no hay explicación que valga. Así que me pondré este casco y me daré cuenta de que mucha gente tiene un cable suelto en el cerebro que hace chispa y provoca reacciones inexplicables. Y que esa gente cuanto más lejos mejor.



-Bloqueador de Paciencia Excesiva
Las cosas no suelen salirme a la primera, así que yo soy muy de insistir. Esto, que en el 90% de las situaciones es algo bueno, en los intentos ligoteriles fallidos  te lleva de cabeza al desastre. Me cuesta un mundo admitir que lo que no puede ser no puede ser y muchas veces me encabezono en historias lacerantes con gente que a la larga demuestra no merecer semejante esfuerzo. El Bloqueador me ayudará a reconocer pronto a sinvergüenzas y trastornados con los que hay que tener tolerancia cero.



-Engrasador de Despedidas.
Otra cosa que se me da fatal es poner puntos finales. No sólo por lo de la paciencia excesiva que decía antes sino porque vivo los adioses como un fracaso personal. Siempre me da la sensación de que me estoy perdiendo algo bueno, lo cual es una memez como un castillo, obviamente. La mayoría de las veces "a enemigo que huye puente de plata" es el refrán más cierto del mundo porque esa despedida es una bendición que deja sitio a algo mejor. El Engrasador me ayudará a decir bye bye, arrivederci, au revoir, do svidaniya, aaaaaaaaaadiós. 




QUE-TE-DEN-DOS-DU-ROS

domingo, 15 de enero de 2017

Booooomba

Cuando estábamos en los últimos cursos de la Academia de Formación de Superhéroes, a mis compañeros y a mi nos tocó hacer prácticas en todos los sitios imaginables para complementar nuestros conocimientos teóricos viviendo situaciones de batalla reales. Como es lógico, si eres un pardillo que acabas de terminar de estudiar no te van a mandar de primeras a salvar al mundo de la destrucción total. Empiezas bajando gatos de árboles y cosas así, para ir cogiéndole el tranquillo al tema y trabajas con empresas de salvamento novatas que se dedican a quehaceres menores y que muchas veces no sobreviven a largo plazo.

Esto implica que en los primeros años de carrera  el curriculum de muchos superheroes está lleno de empleos en entornos laborales que ya no existen. De hecho, una de mis compañeras de promoción enganchó una mala racha y acumuló en su experiencia muchos trabajos en empresas que se fueron a pique justo después de que ella dejara de currar allí. La cosa era tan exagerada que nos reíamos diciendo que tenía la "Maldición del primerizo" y nos daba miedo que nos la pegara.

Bien, pues tengo una triste noticia: ahora la maldición la tengo yo. El karma, que es muy sabio, me ha devuelto todas las risas que me eché a costa de la desgracia de mi pobre compi de promoción pasándome a mi el mal de ojo. Llevo una rachita que bueno... mejor no os cuento, entre otras cosas porque ese no es el tema de esta entrada.

El tema de este post es que cuando encadenas un desastre laboral tras otro se te agudiza el olfato y te hueles enseguida cuando las cosas empiezan a torcerse en tu empresa. A la mínima intuyes que el tema va a ponerse feo y la experiencia te dice que será un proceso lento, largo, tenso y doloroso que acabará como el rosario de la aurora. La cuestión es: ¿cuándo?

Porque eso es lo realmente difícil: controlar los tiempos. El barco se hunde, lo sabes. Lo que te toca hacer ahora es agarrarte a los restos del naufragio y aguantar a flote todo lo que puedas antes de que la embarcación se vaya al fondo y te arrastre con ella. Hay que esperar, esperar, esperar, esperar... y saltar en el último momento juuuuusto antes del desastre.

Y eso, queridos lectores, es un ESTRÉS. Y una tensión. Y un sufrimiento continuo. Incluso para los nervios de acero de una superheroína como yo vivir con esa espada de Damocles encima permanentemente es una caca de la vaca Paca. Tengo la misma sensación que cuando era pequeña y jugaba a bomba. Sabéis que juego os digo, ¿no? Ese en el que había que pasarse unos a otros un globo de agua que tenía un temporizador y que se pinchaba cuando se acababa el tiempo, calando hasta los huesos al pobre pringado al que le hubieran pasado el globo en ese momento. El reloj sonaba y ¡¡¡¡PLAFFF!!! ¡¡AAAAAGUA VAAAAAAAA!!

Ahora, de nuevo, mi peculiar temporizador de hundimientos laborales parece haberse vuelto a poner en marcha. Ooooootra vez.

TIC TAC TIC TAC TIC TAC TIC TAC

Estoy hasta el pico de la boina de este juego. En serio. Ojalá pudiera dejar de jugar.

miércoles, 11 de enero de 2017

Propósitos

No suelo hacer propósitos de Año Nuevo porque me conozco y al tercer día no es que se me hayan olvidado es más bien un "¿¿¿propoqué???" Sin embargo este 2017 me apetece porque tengo muchos temas pendientes y muchas cosas que quiero que sean distintas, lo que implica necesariamente que no me queda otra que introducir cambios en mis hábitos. Y el comienzo de un año nuevecito y brillante, así sin estrenar, es tan buen momento como otro cualquiera para ponerme con estas innovaciones. Así que vamos a ello.

-Recuperar el blog.
Esto es un must, pero must, must.  La SuperMovida acaparó totalmente mis reservas de tiempo disponibles y me alejó del teclado, pero la cosa ha debido de ser aún más grave porque acabé ese infierno estudiantil el pasado mes de junio y en el año completo he escrito dos entradas menos que en todo 2015, en el hubo SuperMovida a todas horas, no sólo el 50% del curso. Total que mal, muy mal, no sé lo que me ha pasado pero hay que ponerle remedio desde ya. De momento, instauro la obligación de dos post obligatorios a la semana, llueva o no llueva. Intentaré publicar martes y jueves, pero no prometo nada porque hoy es miércoles y aquí me tenéis, pero vaya, que lo importante es la intención.

-Pintarme y peinarme bien todos los días para ver si reencuentro a la nueva Speedy.
Creo que esto no llegué a contároslo en su día, ya haré una entrada, pero vamos, se podría resumir en el grito de guerra "la antigua Speedy ha muerto, ha sido terrible, nunca la volveréis a ver". Ya os contaré, ya...

-Ayudar los Reyes Magos con su encargo
Esto también tengo que explicarlo con tranquilidad en otro post, pero la idea es que yo nunca hago nada en asuntos del corazón y este año me he propuesto hacer algo cada día, por pequeñíiiiiiiiiiiisimo que sea ese algo, pero CADA día. A ver qué se me va ocurriendo. Hasta ahora he cumplido (creo).

-Tirar basurillas reales y metafóricas
Acumulo tantos zarrios en mi casa que muy pronto no cabré ni yo. Ropa que no me pongo, electrodomésticos que no fucionan, restos inservibles de fiestas de disfraces... todo lo que os podáis imaginar. Padezco un transtorno serio y me cuesta la misma vida tirar algo, por muy zarrapastroso que sea. Pero se acabó, en 2017 hago limpia. Ya no me queda ni un milímetro más donde guardar mierdas.
Las otras basurillas, las metafóricas, son las del cerebro y el corazón, esos sentimientos o gente que ocupan espacio y que no sólo no te hacen ningún bien, sino que te hacen mal. ¡Esas basurillas fuera este año! Como sea.

-Perder algún kilo más
Esto también os lo tengo que contar con más calma, pero en breve se podría decir que mi guerra contra los kilos se estaba empezando a encauzar satisfactoriamente cuando de repente irrumpieron las supercomidas y cenas navideñas y mi plan se fue al garete con esta frase de abajo.



Ahora vueeeeeeeeeeeeelta a empezar. ¡Qué horror! Lo bueno es que en el gimnasio ya soy tan tan tan habitual que en vez de por mi nombre me llaman chiqui (donde hay confianza da asco) y que tengo un plan para echar a los kilos polizones que se llama ayuno involuntario y que tienen poco de ayuno y nada de involuntario. Ya os iré contando...

Tengo algún propósito  más pendiente pero para empezar me vale con estos. A ver qué tal se me dan...

sábado, 7 de enero de 2017

Mi encargo a los Reyes Magos

¡Hola corazones!

¿Qué tal se han portado lo Reyes Magos con vosotros? Seguro que bien, que sois buenos chicos...
Conmigo Sus Majestades de Oriente siempre mantienen el nivel y un año más no han defraudado. Ahora, también es cierto que esta vez se han dejado algo pendiente. Les había hecho una petición pro, un encargo nivel experto, que ni ellos con todos sus poderes podían conseguirlo en un solo día, así que les he dado un plazo razonable, que vayan trabajando en ello y ya si eso cuando lo vean más claro que me den un toque. Lo que viene siendo un regalo en diferido en forma de simulación al más puro estilo Cospedal-Bárcenas.

¿Que qué regalo se me había ocurrido poner en mi carta para que hasta los Magos necesiten una prórroga? Pues un noviete. He decidido que en 2017 mi sequía absoluta eterna se va a acabar y que este año quiero mimitos y que me cuiden y que me traten bien, que ya me va tocando. La cosa es que, para que Sus Majestades no se confundieran y me trajeran un maromo que no va conmigo, se me ocurrió describirles en mi misiva qué tipo de novio quería. Y claro los Reyes se han quedado un poco flipados, los pobres, porque me he puesto a pedir y me he quedado sola.

Les he dicho que no se agobien, que no hace falta que el chico que me traigan sea guapo en plan Ian Somerhalder, que con que tenga un "algo" (por lo menos para mí) me conformo. Y que si echan un vistazo a mis exs se darán cuenta que esa no será ni de lejos la dificultad del encargo.

Les he explicado que lo más importante es que sea un tío legal, en el que se pueda confiar, honesto, sincero y que sepa guardar los secretos (no sólo los míos, sino los del cualquiera). Que también le tendrían que interesar muchas cosas (casi todo) y gustarle pensar planes nuevos y probar cosas distintas. Y que ganaría muchos puntos (muchísimos) si fuera gracioso o, mejor aún, ingenioso, porque implicaría que es un tipo listo.

Les he contado que además sería ideal que tuviera creatividad y disfrutara con el arte. pero no en plan snob "en esta obra se atisban las obsesiones del autor" sino más bien que le toque la patata un espectáculo de teatro o que le mole una peli que no necesariamente esté llena de tiros ni efectos especiales impresionantes. Que estaría genial que le gustara leer y comentar conmigo lo que lee y que ya sería la bomba si fuera tan tan tan fan de escribir como yo. Es más, les he soplado a los Reyes que si encuentran a un chico que sepa escribir bien, que no lo pierdan de vista, porque será muy posible que cumpla también muchas de mis otras peticiones, que se lo digo por experiencia.

Eso sí, les he dejado muy claro a Sus Majestades que el maromo que me traigan me tiene que tratar bien. No, no, sólo bien no, BIEN con mayúsculas. Tiene que valorarme y ser muy consciente de que, pese a todos mis defectos, en conjunto soy una pasada y que tiene muchísima suerte de estar conmigo (la misma suerte que tengo yo de estar con él, vamos). Por eso me lo demostrará cada día con tontadas que sabe que me llegan como traerme por sorpresa un boli chulo en esa papelería que me encanta, dejarme la última chocolatina de la despensa por si he tenido un día de horror en el curro y NECESITO MI DOSIS o escribirme mensajes subliminales como este de abajo en los sitios más inesperados.


Y por supuesto los Magos ya saben que el tío que me regalen tendrá que respetarme, cuidarme y escucharme tanto como yo a él, es decir, UN MONTÓN, Supongo que, dado lo sabios que son, Melchor, Gaspar y Baltasar tienen claro que les queda mucho curro por delante para cumplir mi encargo, pero oye, mala suerte, es su trabajo, haber elegido muerte, que decía el chiste. Y si no pueden encontrarlo ellos que tienen poderes regalísticos infinitos, ¿quién podría?

miércoles, 4 de enero de 2017

2017 ¡allá voy!

Estuve intentando hacer balance de 2016 pero la extraordinaria velocidad a la que mueren mis neuronas reduce preocupantemente mis recuerdos disponibles. No me acuerdo de lo que pasó  el año pasado ni aunque me maten, oye. Qué horror.

Tengo algunas cosas claras. Sé que la recta final de la Supermovida hizo de mi vida un auténtico infierno durante meses, pero también que fue el curso en el que ¡por fin! acabó definitivamente ese averno estudiantil, lo que fue lo mejor que me ha ocurrido en décadas. Sé que estuve a punto de perder algo genial, pero lo recuperé (o eso creí en aquel momento). Sé que viví la última parte de un ciclo pésimo en el curro y el principio de otro no tan malo. Sé que se produjeron varias crisis hospitalarias y por suerte todas acabaron medio bien. Sé que no viajé en verano tanto como me habría gustado, aunque por lo menos encontré a mi alter ego SpeedySurfera, que algo es algo. Mi sensación es que 2016 fue regulero, pero según los pocos datos almacenados en mis escasas neuronas supervivientes parece que no estuvo mal. Tampoco bien, la verdad. Neutral. Eso podría ser una valoración próxima a la realidad.

El caso es que ahora llega 2017 y NO PUEDE ser neutral. Ni malo. Se acabó. Me toca uno bueno. ME TOCA. Me lo merezco. 2017 tiene que traer diversión y tranquilidad y salud y amor. Y ya puestos a pedir un poquito de dinero.

Habrá que ponerse las pilas...