martes, 20 de junio de 2017

No nos aburrimos

Iba a hacer una entrada contando los últimos días, pero me siento completamente incapaz de escribir algo que no sea un testamento y que se medio entienda. Así lo que voy a hacer es deciros que la mayor parte de las últimas horas de mi vida las he pasado trabajando y que en un momento u otro de esas horas se han oído cosas como estas:

-He recogido 4 cubos de agua del suelo del baño y todavía cuando entro hago olas porque me cubre por el tobillo. Sólo te digo una cosa: el muñequito que viene dibujado en la factura del agua no va a hacer el signo del ok este mes, sino que aparecerá con las manos en la cabeza escandalizado por el aumento del consumo. Te lo aviso para que no te asustes cuando llegue.

-¿Que se ha desmayado una trabajadora de este turno?
-Sí.
-¿Desmayado?
-Sí.
-¿Una trabajadora?
-Sí.
-¿Desmayado una trabajadora?
-Sí.
-¿Pero ahora, en el turno?
-Sí.
-¿Que se ha desmayado una trabajadora de este turno?
-Por muchas veces que me lo preguntes la respuesta va a seguir siendo sí. Reacciona ya, que has entrado en bucle.

-Ha llegado el horario de verano al gimnasio y nos han quitado todas las clases del mediodía, el único momento en el que podemos ir. Hemos hecho un sorteo y te ha tocado dirigir los ejercicios, así que ya estás buscando en youtube entrenamientos funcionales y sesiones de spinning para que mañana nos metamos caña.

-¿Que te han llamado a las siete de la mañana diciendo que no nos traen una máquina que necesitábamos sin falta para hoy?
-No, no, ojalá me hubieran llamado. Así por lo menos podría haberles gritado. Pero no. Me han mandado un whatsapp.
-¿Pero que te han dicho?
-Que les ha surgido un imprevisto y que lo sienten.
-Subtexto: "Que os den aire fresco", ¿no?
-Efectivamente.

-¿Cojeas? ¿Y eso?
-¿Te acuerdas que fui corriendo a coger al que se desmayó y me tropecé?
-Sí.
-Pues esguince.

-Pero, ¿por qué no cortasteis el agua cuando empezó a inundarse el baño?
-La cortamos, o eso creíamos hasta que el fontanero nos dijo que la llave intermedia estaba rota y aunque movíamos la manivela aquello no cerraba ni abría nada.
-¿Y ahora por qué no sale agua de los grifos?
-Porque cuando conseguimos cortar el suministro se partió la llave general y ahora aunque mueves la manivela ni abre ni cierra nada.
-Esto es el día de la marmota de "Atrapado en el Tiempo".

-¿Podemos ya declarar oficialmente este turno como el peor turno de la historia?
-Quita, quita, que aún quedan dos horas, no lo digas muy alto a ver si va a pasar algo más...

-¿Que tu madre se ha equivocado de medicina y se ha intoxicado? Sí, claro, por supuesto, vete con ella al hospital, corre...

-¿Que ha sido ese ruido?
-Espero que otras dos baldosas de la pared de la cocina que se han caído, porque si es algo peor no quiero saberlo. No me lo digas.

-¿Y ese reloj tan tecnológico?
-Es una pulsera de actividad cutrona. Mide los pasos y las calorías consumidas, pero lo de las calorías no va bien, ¿cómo vas a quemar sólo 300 dando 14.000 pasos en un día?

-¿Puedo ir al baño?
-Sí, pero quédate donde tocas pie que no hemos contratado socorrista aún.

-Podréis decir muchas cosas de esta semana, pero NO que os habéis aburrido. Eso no podréis decirlo.

viernes, 9 de junio de 2017

Un Joey con moño y a lo loco

No sé qué curriculum tendrá el medio-jefecillo de mi gimnasio. No quiero extender falsos rumorazos. A lo mejor es un tío que sabe un montón de máquinas y ejercicios, con una formación muy completa sobre forma física y mucha experiencia. Pero me huelo que todo eso es lo que menos tuvieron en cuenta cuando le contrataron.

Y es que la principal labor del medio-jefecillo de mi gimnasio es, SIN NINGUNA DUDA, ligar con las usuarias. Es, desde luego, en lo que más tiempo invierte y de verdad que no creo que sea por elección propia. Mucho me temo que debe de tener, incluso, una cláusula específica en su contrato para indicar que es uno de sus deberes. Algo tal que así.

"Artículo 15, barra 12, párrafo B. El abajo firmante tendrá la obligación de ligar con cada una de las clientas de las instalaciones sin perjuicio de raza, edad o complexión física. Deberá llamarlas con apelativos cariñosos al estilo de "chiqui" y la expresión y tonos más zalameros de los que el trabajador sea capaz"

Y su capacidad es muy alta, ya os lo digo yo. No sé qué otras habilidades tendrá en esta vida (a lo mejor muchas, ¿eh? Que yo no le juzgo) pero DESDE LUEGO la de ligar y flirtear la tiene extremadamente desarrollada.

Yo lo puedo decir con total objetividad porque en mí apenas tiene efecto. Le saco unos 1500 años (aprox) y no es nada mi tipo. Pero NADA. Es el típico chulillo de gimnasio, con unos muslos más grandes que la cabeza de lo musculados que los tiene y que lleva un mini-moñillo alto de esos que ahora están tan de moda. Vamos, que el chico tendrá su público, seguro, pero yo no formo parte de él. EN ABSOLUTO. Ahora, lo que es verdad es verdad. El chaval sabe que su habilidad es ligar... y la emplea.

Me di cuenta por algo que pasó el otro día. Iba yo con todos mis calores después de casi morir extenuada en una clase de bici, a la que había ido con unas mallas muy cortas para intentar no morir, TAMBIÉN, asfixiada. Me ve el  medio-jefecillo de mi gimnasio, me dedica el "chiqui" de rigor y lanzándome una mirada que parecía que me estaba pasando el Norton Antivirus me suelta:

-Ya se te está notando el gimnasio, ya...

Y a mi, que no soy su público objetivo, que le saco 1500 años y que no es nada mi estilo de chico, me dio hasta un poquito de corte. No demasiado, ¿eh? que tengo mucha mili, pero algo de ruborcillo ya me subió a las mejillas, ya, y pensé... ¡Bah! Este con sus parroquianas tiene que ser como Joey en Friends y su "¿cómo va eso?"

Un Joey con moño y a lo loco ;P




domingo, 4 de junio de 2017

Echando una cana al aire con Pe

Os cuento un secreto si prometéis no chivárselo al Consejo Superior de la Federación de Superhéroes. Este fin de semana me he portado un poco mal. Le he sido infiel a mi supertraje. Me he quitado mis mallas verdes y las he cambiado por otras rosas fosforitas. Y es que durante unas horas me he metido en la piel de una dama sobre ruedas.

Los que ya tengáis algunos añitos seguro que la recordáis. Era estilosa, muy rápida, mantenía su imagen intacta hasta en la carreras más estresantes y podía convertir un producto tan simple como el champú en un arma poderosa. Efectivamente, es ella, la que tantas veces hizo exclamar a Pierre Nodoyuna "maldición, maldición y tres veces maldición".



Durante unas horas ella fui yo. O yo fui ella. Y antes de que llaméis al manicomio pensando que me disfracé de ella voluntariamente, aclararé algunos puntos:

-Era una fiesta de disfraces. Los personajes se repartieron por sorteo. OBVIAMENTE, yo perdí ese sorteo. Habría preferido ser cualquiera de los otros protagonistas de series de dibujos animados que se sorteaban: Pedro Picapiedra, Las Tortugas Ninja o incluso una neurona de Érase una vez la Vida.

-Encontrar unas mallas de tamaño adulto de un rosa tan fosforito como ese no fue tarea fácil, pero, sin duda, el verdadero reto radicó en intentar construir con cartón un coche medio parecido al de Pe. Ilusa de mí, empecé intentando utilizar un caja de frigorífico. Tuve que abortar misión, claro, aquello era de todo punto inabarcable. Su (nuestro) vehículo acabó siendo el que veis en la imagen, más pequeño e infinitamente más manejable. Meter un coche (aunque sea de esas dimensiones y de cartón) dentro de otro coche tiene más miga de la que podáis imaginar.

-Al final la cosa quedó como muestra la foto. Para el desastre que me esperaba, ni tan mal, oye. Eso sí, los daños colaterales y las réplicas del terremoto disfracero se sienten todavía a estas horas en mi superguarida, donde el rosa lo ha invadido todo. Hay por todas partes restos de pintura rosa, de spray rosa, de gomas rosas. Hay papel rosa de todas las clases imaginables: de celofán, de seda, de cartulina....  Hay gomaeva rosa. Y creo que no hace falta que os diga de qué color son mis uñas en este momento...

Me enorgullece decir que tanto sufrimiento ha tenido recompensa. Ya puedo decir que, por primera vez en mi vida, he ganado un concurso de disfraces.

Más vale tarde que nunca ;P

martes, 30 de mayo de 2017

Vivir sin pensar

Por una movida laboral cero interesante, el otro día me vi en la obligación de describirme con cuatro palabras, dos buenas y dos malas. Para afinar el tiro y asegurarme de que acertaba, hice una encuesta entre mis más allegados para que ellos, que son los que mejor me conocen (seguramente mejor que yo misma), me dieran su opinión sobre los cuatro adjetivos que más me definen. Pensé que los resultados serían dispares y que tendría que decidir entre varias opciones, pero me equivoqué. Hubo bastante consenso. La mayoría de ellos estaban de acuerdo en que uno de mis  peores defectos es que pienso demasiado. ¡Toma ya! Ahí lo llevas.

Estoy de acuerdo en que le doy muchas (demasiadas) vueltas al coco y que la tira de veces soy mi peor enemiga. En mi cabeza me imagino siempre los escenarios más horrorosos, las condiciones más adversas y las consecuencias más terribles. Después, esos apocalípticos temores unas veces se cumplen y otras no y cuando pasa lo segundo siempre pienso que ha sido una tontada darme tanto mal. Reconozco que creer que más allá del horizonte hay dragones y mazmorras puede hacerme dudar demasiado, incluso paralizarme en alguna ocasión. Sin embargo, también pienso que esa forma de afrontar el futuro me prepara para lo que venga.

Quiero decir... Que si te esperas lo peor, diseñas tus defensas para hacer frente a lo peor (en la medida de lo posible). Buscas soluciones (en la medida de lo posible) para lo que pudiera surgir. Piensas planes B (en la medida de lo posible) para cuando los planes A fallen. Es una forma de adelantar trabajo para cuando vengan mal dadas e intentar optimizar los resultados. En la medida de lo posible, digo. ¿Qué la mayoría de las veces no sirve para nada tanta preparación? Cierto. Pero qué menos que intentarlo, ¿no?

Lo pensaba el otro día viendo a gente que es totalmente lo contrario a esto. Que actúan y luego piensan. Hasta niveles insospechados. Y para muestra un botón.

A una chica de mi gimnasio se le atascó la semana pasada el candado de la taquilla y no podía sacar sus cosas para irse a casa: su móvil, las llaves de su piso, las del coche... Ni corta ni perezosa, sin pedir ayuda ni consejo a otros para solucionar su problema, cortó por lo sano: rompió el candado. No le costó ni un minuto tomar esa decisión. Y no fue hasta después de hacerlo que reparó en el quid de la cuestión: una vez recuperados los enseres que le interesaban, ¿cómo cerraría de nuevo para dejar dentro del armario los que no quería llevarse? Porque ya no tenía ningún candado con el que asegurar el cierre...

Ella ni se lo había planteado. No es que pensara "da igual, me lo llevo todo, ya lo traeré" o "¡bah! Lo que dejo no tiene ningún valor, da lo mismo si no cierro la taquilla y desaparece". Simplemente no fue más allá de su problema. Vio una dificultad y la solucionó, sin reparar ni un segundo si su acción tenía algún tipo de consecuencia.

Lo que me alucina de esto es que estoy segura de que esta chica reacciona así en otros momentos y aspectos de su vida (no sólo en tontadas como la que os cuento). Es su forma de ser. Fijo que hará cosas parecidas en el trabajo, en los estudios, en el amor... Y seguramente le va bien. Al menos igual de bien que  me va a mi, que le doy mil vueltas a todo, intentando prever y evitar los problemas. Sólo que ella se quita las comeduras de tarro. Y eso que tiene adelantado...

No sé, estaría bien poder parar de vez en cuando este torbellino que tengo por cerebro y vivir sin pensar. O sin pensar demasiado. Quién sabe. Igual hasta me terminaba gustando.

sábado, 27 de mayo de 2017

Bienvenido, verano

Bueno, pues ya está aquí, ha llegado y ha venido para quedarse.

Ya es verano.

Yo lo he notado un poco porque el 90% de los termómetros de SpeedyTown están rotos. Claro, una oscilación térmica de más de 20 grados de un día para otro vuelve loco a cualquiera, más si eres el responsable directo de comunicar la temperatura. Los meteorólogos de la tele mantienen la cordura porque están duramente entrenados para la tarea, si no de qué.

Pero vamos, que eso de que sobre el asfalto se puedan freír huevos sin problemas ha sido sólo una pistilla, no lo más importante para darme cuenta de la llegada del estío. Los signos oficiales del cambio de estación son mucho menos científicos pero, sin duda, incontestables:

-Ya tengo en los pies la marca de las sandalias. La marca de bronceado, no ampollas (que TAMBIÉN, POR SUPUESTO, pero de eso ya hablaremos) Cómo se me han puesto morenos en un sólo día (en realidad unas pocas horas) en el que he llevado descubiertos los pinreles es para mi un misterio, pero ahí están las marcas. Los hechos hablan por sí mismos.

-No tengo calzado que ponerme. Con el de invierno me cuezo y todo el de verano está destrozado de la temporada anterior. Destrozado nivel IMPRACTICABLE, imposible de usar. Como para mí es una tortura comprarme zapatos porque todos me hacen daño, siempre hago la misma gracia: acabo como puedo los días de calor con unas sandalias que da pena verlas de lo estropeadas que están, cierro el armario y pienso que calzarse el próximo verano será problema de la Speedy del futuro. Y ahora la Speedy del presente, es decir la menda lerenda, se está cagando en todo lo cagable (en especial en la Speedy del pasado) por tener que andar con botas altas a 40 grados.

-Voy despeinada siempre. Dado el calor sofocante, mis incontables duchas después de gimnasio, curro y demás y la despiadada presión de SpeedyMum (inasequible al desaliento) para que me cortara el pelo, me lo he cortado. Eso significa que no tengo melena suficiente para hacerme el único peinado mágico que había aprendido hacer para no llevar permanentemente pelos de loca. ¿Resultado? Parezco una majara. Siempre. Las 24 horas del día. Qué tortura tengo con este caos que me crece de a cabeza, de verdad.

-Mi nevera está tan distinta que parece que ha pasado por algún programa tipo Cámbiame. Han desaparecido los hits de mis comidas invernales para dejar paso a todo tipo de frutas, zumos, ensaladas y vegetales imaginables. Bueno, y gazpacho, claro. Sobre todo gazpacho.




-He tenido que dejar mi saludable y recientemente adquirida costumbre de leer las etiquetas de los alimentos que como. ¿Por qué? Porque he oído rumores de que los helados y granizados tienen como un mil por ciento de azúcares y que eso debe de ser malo para la salud y tal. Y yo no puedo soportar estas temperaturas sin refuerzos. No puedo. Así que oye, ojos que no ven, corazón que no siente.

Por lo demás...

Bienvenido, verano. Pasa y ponte cómodo. Te estábamos esperando. Por lo menos yo.

martes, 23 de mayo de 2017

Cierro el chiringuito

Bueno, amigos, llegó el momento. Se acabó lo que se daba. He aguantado todo lo humanamente posible pero ya no puedo más. Cierro mi chiringuito de ligoteo digital. Aaaaaaaaaaaaaadiós.

Mi Cupidito de la Guarda ya puede volver a descansar tranquilo, que por aquí hay una que se raja. Ya está bien. He resistido como una leona para que no se diga que no lo he intentado, pero todo el mundo tiene un límite y yo he llegado al mío. ¡QUÉ HORROR!

Para mí ha sido un horror, vaya. Debe de ser cosa mía, porque a los demás les funciona a las mil maravillas, así que seré yo, que no me adapto al medio, que no confío en sus posibilidades, que no se me da bien o vaya usted a saber, pero hijos míos, a riesgo de ser reiterativa, ¡qué horror!

Me he encontrado de todo. De to-do. Como sois personas ocupadas  y no tenéis todo el día para leer chorradas, os lo resumiré es las tipologías más frecuentes:

-Los que no sé qué idioma hablan, pero el mío no. Tengo habilidad con las palabras, pero sin un mínimo de signos de puntuación, haches, bes y uves en su sitio, no hay forma de mantener una conversación. Y si no sabes el significado de términos simples ni datos básicos de cultura general, tampoco.

-Los cagaprisas nivel pro. Cada uno lleva su ritmo, está claro, pero hay por ahí cada aprendiz de Flash que ¡jodo! Igual es que el mundo se acaba mañana y yo no me he enterado.

-Los secuestrados por la mafia rusia. Hablas con ellos una vez y desaparecen. Hablas con ellos muchas veces y nunca más se supo. Tomáis un café que va bien (o eso crees) y se esfuman. Sin una explicación ni media, claro, es información clasificada. Hay qué ver la de espías secretos en misión especial que hay por las procelosas aguas interneteras, oye. Quién lo habría dicho.

-Los sí, pero no. ¿No quieres quedar? Guay. ¿Quieres que quedemos? Estupendo. Las dos cosas me parecen bien, pero DECÍDETE. La vida moderna es complicada y surgen imprevistos, pero quedar y cancelarlo más de dos veces seguidas muestra un patrón. El patrón conocido con el nombre científico "no sabes por donde te da el aire". Que no pasa nada, ¿eh? A todos nos ha ocurrido alguna vez. Pero déjame al margen mientras te aclaras, anda.

Podría seguir pero ya os hacéis una idea, ¿no? Como para no cerrar el chiringuito...

jueves, 18 de mayo de 2017

Colabora, coño

Llevo una semanita que para qué os voy a contar. Hartita me tiene más de uno. Los que no cumplen sus compromisos. Los que le echan morro. Los que sólo se preocupan de ellos mismos. Los culocagados. Los creídos. La gente más pesada que matar un cerdo a besos. Iba a intentar explicarlo pero me he encontrado esto por casualidad y una imagen vale más que mil palabras.




Pues eso.