sábado, 13 de enero de 2018

Capacidad de recuperación magnificada

Sé que esto os sorprenderá, siendo como soy una poderosa superheroína que vela por la seguridad en el mundo, pero tengo una forma física deplorable. La cosa ha mejorado un poco con eso de que últimamente voy bastante al gimnasio, pero vaya, milagros en Lourdes. Siempre he sido una negada para deportes y actividades relacionadas y, por supuesto, lo sigo siendo.

Lo soy, además, para gran disgusto de Speedydad que es todo lo contrario y ha tratado siempre de ayudarme a mejorar. Me ha dado consejos, ha entrenado conmigo, me ha animado a más no poder, pero como si quieres arroz, Catalina. Ni él ni yo nos explicábamos por qué leches los ejercicios que a todo perro pichichi le servían para aumentar su resistencia en mí no hacían efecto ninguno.

Me pasaba un poco en casi todo, pero el caso más claro era la carrera continua. Yo salía a correr un día y otro y otro y otro y otro y mi aguante no crecía ni miaja. Me esforzaba a morir, sufría como una condenada, pero no lograba resultado ninguno. Aquello me daba mucha rabia y me frustraba a tope, así que SpeedyDad decidió cambiar de táctica.

-Corre lo que puedas. Después anda, descansa y vuelve a correr. Así hasta que aguantes. No crecerá tu resistencia, pero para el cuerpo todo cuenta. A veces la mejora no se nota en lo que aguantas sin parar sino en la rapidez con la que tu organismo se recupera.

Me he acordado hoy de esto porque parece que mi reciente afición al gimnasio ¡por fin! ha empezado a dar sus primeros frutos. Concretamente el del párrafo de arriba, que mi capacidad de recuperación se ha magnificado. Aunque resisto ná y menos y enseguida voy con la lengua fuera, vuelvo a la normalidad en segundos. Es más, por muerta que acabe después de la paliza que me metan en la clase de turno, al día siguiente estoy recuperada total. Que esto a vosotros (como al 90% de la población mundial) os habrá pasado de siempre, pero a mí no. Y estoy flipadísima.

Ahora lo que molaría es que eso no sólo me ocurriera en los músculos sino en el coco. Porque por mucho que lo intento y por más ganas que le pongo, el reverso tenebroso es fuerte en mí y no consigo mantenerme permanentemente positiva. Como en la carrera continua, oye, que no hay forma humana de aguantar en marcha. Y a lo mejor resulta que el truco es precisamente el que decía SpeedyDad, ¿no? Que igual la cosa no está tanto en resistir sin cansarse, sino en recuperarse rápidamente cuando te cansas y volver a correr enseguida. Que tampoco es tan malo caer, siempre y cuando estés abajo muy poco tiempo y vuelvas a la pelea en cuanto estés recuperado. Y entrenar justamente eso, la capacidad de recuperación, para que se magnifique. Como la de los músculos.

lunes, 8 de enero de 2018

¿Qué concursante serías tú?

Desde que mi televisor hizo su declaración unilateral de independencia catódica no veo la tele y la verdad, mejor, porque perdía mogollón de horas de vida útil tragándome truños que en realidad ni siquiera me gustaban. Ahora todas esas horas de vida útil se me van igual o más en el agujero negro que es para mí internet y sus caminos inescrutables, pero bueno, siempre me aporta algo más lo que veo navegando por la Red porque por lo menos lo elijo yo. Algo es algo.

A lo que iba, que incuso sin ver la tele hay cosas de la programación de las que no puedes escapar, porque los formatos de moda lo inundan todo. Las redes sociales se llenan de comentarios, de vídeos, de gifs y quieras o no quieras terminas conociendo las expresiones de los concursantes de turno y las polémicas más sonadas.

Pensando en estos concursos siempre me sorprende darme cuenta que yo me fijo en cosas totalmente distintas a las de la mayoría de los espectadores. En los pocos que he seguido (y normalmente muy por encima, la verdad) nunca me han interesado demasiado las discusiones de unos con otros, ni sus amores, ni siquiera sus habilidades más específicas al cantar, bailar o lo que sea para lo que entraron en el programa. Lo que me llama la atención son sus reacciones ante la presión

En estos formatos siempre suele haber muchos participantes y de perfiles muy diferentes. Y aunque soy consciente de que en televisión está todo preparado y queda un espacio pequeño para la naturalidad, sí que es cierto que poco se puede esconder cuando te vigilan mil cámaras las 24 horas, cuando millones de ojos te escrutan día y noche. Y por eso mismo es interesante ver de qué forma personas muy distintas hacen frente a las críticas, a los juicios, a los retos. Porque me da por pensar cómo lo encararía yo.

Me fijo sobre todo en  los típicos que empiezan mal, que le gustan poco al jurado, a la audiencia o a quien sea que decida el ganador de ese concurso en concreto. Algunos se hunden, lloran, se cabrean con las injusticias de la vida. Yo flipo con los que relativizan, con los mantienen la positividad. Los que mejoran lo que les piden, reajustan las velas pero sin dudar de sí mismos ni de sus capacidades y siguen trabajando hasta que los vientos cambien.

También me llama la atención cómo se aceptan las críticas, las nominaciones, las correcciones. Siempre es duro que te juzguen, más aún si es delante de toda España. Hace falta mucho temple para recibirlas bien en el momento (cara, voz, gestos...) y más aún para que no te afecten a la autoestima o no determinen tu comportamiento posterior. Y lo que es más importante, hace falta clarividencia para distinguir cuáles de esas críticas son parte del show y cuáles tienen un fondo de verdad. Asumir los mejor posible éstas últimas es clave.

Otra cosa que me interesa es la convivencia y la competición. En esos formatos en los que los participantes están aislados, pasan juntos las 24 horas y son al mismo tiempo compañeros y contrincantes, porque todos aspiran a ganar. Algunos llevan el concurso en la sangre y en cada gesto, en cada decisión, en cada reacción se intuye un atisbo de estrategia. Otros consiguen olvidarse del concurso y se hacen amigos. Se ayudan, se apoyan, se piden consejo confiando plenamente en que la recomendación que les den será sincera y no para obtener una ventaja.

Es llamativa, igualmente, la resistencia emocional de unos y de otros cuando aumenta la carga de trabajo, bajo presión y alejados de sus apoyos habituales de familia y amigos. Con el tiempo eso hace mella, claro, y algunos se van apagando, como si se les estuviera acabando la batería. Se vuelven tristones, irritables. Otro consiguen sujetar las riendas y patalear con sus trucos para no hundirse en las arenas movedizas del desánimo. Y si en alguna ocasión no lo logran, están en el hoyo sólo un segundo. Después salen rebotados como con un muelle y empiezan de cero, día tras días tras día tras día...

Todo ello sin olvidar lo más evidente cuando se trata de enfrentarse al público. Los que mantienen la serenidad frente a los que los nervios del directo les juegan malas pasadas. Los que se crecen en el escenario y son su mejor versión en los momentos clave, incluso cuando en los ensayos no han estado perfectos. Y los que saben darle la vuelta a las cosas, que empiezan mal una actuación (por un fallo de sonido, por un gallo..) y lejos de dejar que cunda el pánico se centran y terminan clavándola. Los que van de menos a más frente a los que se empequeñecen ante las dificultades. Esos privilegiados.

Las pocas veces que he visto algo de esta clase de concursos no me he planteado quién era más guapo o más simpático, quién lo hacía mejor, quién tenía más estilo o quién podría ser el ganador. Yo siempre pensaba: ¿qué tipo de concursante sería yo?

miércoles, 3 de enero de 2018

"OHHH SIIIII, MENUDO DRAMA". EPISODIO PILOTO.

Bueno, colegas, pues ya está aquí 2018, un año nuevecito y reluciente para estrenar. Bienvenido sea.

Si os digo la verdad yo al 2017 lo he mandado a escaparrar con un "a tomar aire fresco" que me ha salido del alma. No porque haya sido especialmente malo, en realidad. Pero tampoco bueno. Ha sido un año meh. Soso. Sin intensidad. Sin emociones fuertes. Sin mucha chicha, vaya. Si la vida no se cuenta por los momentos en los que respiras sino por los que te dejan sin respiración este año lo he vivido tirando a poco. Así que, oye, si se va para dejar espacio a algo mejor pues por mi estupendo, tanta paz lleves como descanso dejas, hijo mío. Así te lo digo.

También es cierto que que 2017 haya sido un poco meh probablemente no es culpa de 2017 sino mía, que he estado a medio gas o yo que sé. No tengo muy claro qué ha pasado, la verdad, pero lo que está fuera de toda duda es que algo habré tenido yo que ver, que para eso estoy a los mandos de la nave. Y de esta revelación esclarecedora que me ha venido en un momento de lucidez mental extrema se desprende mi PROPÓSITO para 2018. 

Sí, sí, propósitO, en singular, que quien mucho abarca poco aprieta y dado mi discreto porcentaje de cumplimiento de propósitos anteriores más me vale concentrar mis escasas fuerzas en un único objetivo. Uno, pero gordo: dejar de ser una víctima. Ahí lo llevas. Con eso no te digo nada y te lo digo toco.

Lo he estado pensando mucho y creo que la razón de fondo por la que mi vida es manifiestamente mejorable es porque soy una drama queen a la que le gusta demasiado que le pasen la manita por el lomo en plan compasión. Me doy mucha pena a mí misma, demasiada. Y esto se tiene que acabar.

Y ahora vosotros os preguntaréis: ¿Por qué nos suelta esta chapa Speedy, si no tenemos nada que ver con sus revelaciones mentales? Y yo os respondo: porque somos un equipo. Se me ha ocurrido un plan y necesito vuestra colaboración. Os cuento.

Tengo tan interiorizado el dramatismo absurdo y el" pobrecita de mi" que me sale automático, como parpadear o los estornudos. No me doy ni cuenta. Por eso mismo necesito tomar conciencia, para señalar el sinsentido de la mayoría de mis actitudes y poder reírme de ellas. Y no hay mejor sitio para reírme de mi misma  que éste mi querido blog.

Así pues declaro oficialmente inaugurado este pantano y una nueva serie de entradas que se llamarán "OHHH SIIIII, MENUDO DRAMA". La idea es ir contando aquí, en plan coña, los megaproblemones que me complican el día a día a ver si así me doy cuenta de lo ridícula que puedo llegar a ser a veces y que más se perdió en Cuba y volvieron cantando. Yo ya me voy a meter mucha caña a mí misma en estos posts, pero será bienvenida vuestra colaboración: a todo el que le apetezca, que se una a la fiesta y le quite hierro a la tontada que sea que os cuente en cada uno de los textos. De hecho, molaría que todos los comentarios de esas entradas empezaran por el nombre de la serie: "OHHH SIIIII, MENUDO DRAMA" y luego lo que queráis añadir. Quedaría muy en plan equipo, ¿no? jajaja

En fin, que espero que vosotros hayáis empezado bien 2018 y que os traiga todo lo mejor. Yo tengo muchas esperanzas en el nuevo.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Un milagro navideño-teatrero

A ver si consigo contaros bien esto, porque estos días he vivido un milagro navideño de los molones molones. Y para que entendáis la magnitud del asunto tengo que poneros en antecedentes.

Los que pasáis por aquí de vez en cuando sabéis que me encanta el teatro y que pienso que es pura magia porque al final, no se sabe por qué ni cómo, por mal que vayan los ensayos, todo termina saliendo bien. Inexplicablemente.

Los lectores habituales también sabéis que yo tengo una tropa de Speedysobris de tamaño considerable. Entre ellos los hay de muy distintas edades. Con algunos aún puedo jugar al pilla pilla y a saltar olas en la playa, pero otros se están adentrando ya en el tortuoso camino hacia la madurez. Y están en la parte más chunga del sendero, en el momento en que no eres ni niño ni adulto, en el que no entiendes nada de lo que te pasa ni de lo que sientes, en el que odias el 90% del tiempo al 90% de la humanidad. Son adolescentes.

No es que sean  malos chavales, todo sea dicho, pero tienen un pavo encima que ni el de la comida de Navidad, lo que se traduce en languidez, pocas ganas de nada que no tenga que ver con ordenador o móvil y capacidad comunicativa escasa tirando a nula. Muy nula, diría yo. Como son chicos majetes los pobres intentan contarme cosas, pero no saben como y no les sale natural, así que de un tiempo a esta parte, me cuesta un mundo llegar a ellos.

Y aquí es, precisamente, donde viene lo del MILAGRO que os decía. Y es que en Nochebuena, aún no sé muy bien cómo porque el móvil tenía batería y la wifi funcionaba, terminamos organizando juegos antes de la cena. Como no teníamos ni cartas ni nada preparado, se me ocurrió explicarles unadinámica de improvisación teatral, parecida a los que ya os he contado por aquí y a los que hemos jugado en el blog alguna que otra vez. Una apuesta arriesgada (ya lo sé) que no pudo salir mejor.

En cuanto calentaron y le cogieron el truquillo, apareció la magia. Se les ocurrieron unas ideas geniales con las que estuvimos parténdonos la caja, literal, más de dos horas. Me sorprendieron (y se sorprendieron a ellos mismos) con su creatividad, con su agilidad mental, con su rapidez de reflejos. Me dejaron ojiplática con su humor y la capacidad de reírse de sí mismos. Me quedé flipada con su imaginación y lo deprisa que pillaron la forma de pensar de la impro, que no es precisamente fácil. Una pasada. Hacía mucho que no me reía tanto y tan a gusto. Aún tengo agujetas en los abdominales de las carcajadas.

Y entonces... se obró el milagro.

Conectamos.

Sí... conectar. Es la palabra que mejor lo define, yo creo. Después de algún tiempo sin esa complicidad que tenía con ellos de pequeños, sin esa energía invisible que hace que te entiendas con otros sin palabras, esa noche, conectamos. Sentí que me acerqué a ellos, a sus inquietudes, a sus miedos, a sus ilusiones, que se colaron en algunas de sus escenas sin que ellos se dieran cuenta. Noté que han cambiado, pero que en alguna parte de su caótica mente a medio formar aún están esos niños que fueron hace no tanto y que ahora parecen tener tanta prisa en dejar atrás. Percibí claramente el cariño que ahora les cuesta mostrar por el torbellino de sentimientos confusos que les provoca la pavez extrema. Les entendí un poco más. Y lo que es aún más increíble, creo que ellos también me entendieron un poco a mí.

-Tía, ¿haces estos juegos en teatro? Pues no me extraña que te guste tanto...

Incluso con lo tímidos que son, les veo dentro de nada encima de un escenario.

Es un milagro navideño.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Sorpresa sorpresa

Me diviertes. Me enterneces. Me intrigas. Pero sobre todo me sorprendes. Un montón.

-Me alucina tu pasión. Que te guste tantíiiisimo lo que te gusta. En cualquiera de sus formas, en todas sus modalidades. Te encanta, te emociona a más no poder. Una pasión así no se pierde, la tendrás para siempre. Te ocurra lo que te ocurra en la vida, siempre tendrás eso. Eres un suertudo, lo sabes, ¿verdad?

-Me flipa tu enoooorme capacidad para expresar cariño con cualquiera, en cualquier momento. Tus miradas, tus gestos, tu manera de tocar que traspasa la piel y va directa al corazón. Con todos. Con quien sea, cuando sea. Una pasada.

-Me deja ojiplática tu mundo interior y el funcionamiento de tu mente. Que sepas tantísimo de lo que te gusta y un montón de cosas que nunca sospecharía si quiera que te molan. Que siempre tengas un dato interesante que aportar.

-Me quedo de piedra con tu positividad, con el entusiasmo y energía con los que afrontas cualquier reto. Pero sobre todo con cómo plantas cara a lo malo. Con cómo huyes de hacerte la víctima y tratas de relativizarlo todo. Tu frase de cabecera es "ya ves tú, qué drama". Incluso las cagadas de verdad las gestionas bien. "A ver, no fustigarse, ya ha ocurrido y no se puede cambiar. Aprendamos de ello para que no se repita y pa' alante". Claro que sí.

-Me pasma tu seguridad. Lo sereno que pareces (incluso en las pocas ocasiones en las que por dentro estás como un flan) y la convicción con la que expresas lo que piensas. Y lo que sientes. No eres nunca una víctima pero no te da miedo mostrar vulnerabilidad, necesidad de cariño, de cercanía, de apoyo.

¿Y sabes lo que más me sorprende de todo? Que todavía eres un crío. Cuando los años te mejoren, como al buen vino, ¿cuánto más serás capaz de sorprenderme?

lunes, 18 de diciembre de 2017

El factor locura

Uno de los elementos que más contribuyen a que mi vida sea manifiestamente mejorable es lo que yo llamo el factor locura. Así en breve y para no meterme en detalles cero interesantes y divertidos, os diré que ese factor es una relación que ahora mismo no me queda más remedio que mantener y que me trae por la calle de la amargura. Y es que la parte contratante de la primera parte de ese tandem es un desequilibrado total que vive en una realidad paralela tipo Matrix a la que intenta arrastrarme cada día con sus locos argumentos mientras yo no hago más que pensar "¿pero qué me estás contando?"

Neo (como llamaremos a partir de ahora  a la parte contratante de la primera parte para acortar) me saca de quicio porque coge cualquier minucia insignificante y la agranda, la agranda, la agranda y la agranda hasta que termina pareciendo que el mundo se va a acabar por eso. Mira que yo tengo asumido que moriré de exagerada, pero él me da millones de vueltas, una cosa increíble, de verdad, no he visto nada igual en los días de mi vida. Una pasada. A ello le sumas un ego como una catedral y una absoluta incapacidad para reconocer sus errores y tienes el cóctel explosivo con el que yo tengo que enfrentarme cada semana.

El caso es que, ahora mismo, no me queda otra que seguirle la corriente con sus idas de olla sin poder decir ni palabra porque, si no, la cosa se pone peor. Ello nos deja a una Speedy apretando los dientes para no soltarle cuatro verdades al zumbado ese mientras siente como está a punto de reventarle el hígado de toda la bilis que está acumulando. Realmente puedo oír como la bilis circula libremente por mi organismo, en serio. Lo llevo fatal.

Como esta tortura me está restando años de vida necesito encontrar algún sistema de defensa y tengo claro que mi mejor arma es la risa. No consigo relativizar, ni que el tema me resbale, ni que no me cabree, así que lo único que me puede ayudar ahora mismo es ser capaz de reírme con ello. Tengo que lograr tomármelo a coña para poder descojonarme y soltar tensión. Y estas son las estrategias que he pensado hasta ahora:

-Comparar cada situación surrealista en la que me vea envuelta con él (cosa que pasa día sí, día también) con una escena de peli. Por ejemplo, él es muy de decir que todo lo hace bien y que no le cuesta nada aprender algo nuevo, así que cuando me venga con alguna de esas chorradas le soltaré mentalmente lo que dijo Neo al poco de enterarse de toda la movida de Matrix: "Ya sé kung fu"

-Juegos de beber. Él tiene muchas muletillas que repite sin parar. Así que a partir de ahora, cada vez que diga "dado que", chupito.

-Coletillas varias. Cuando entre en bucle y no pare de agrandar y agrandar y agrandar cualquier chorrada microscópica que no va a ningún lado, al final de cada frase añadiré mentalmente "menudo drama". Así quedará patente la ridiculez de la exageración. "No hay suficiente musgo en el belén". MENUDO DRAMA. Y así.

-Hacer el trailer promocional del dramón de turno  y ponerle título. Cuando haya terminado de darme la chapa inventándose una película sobre el problemazo tan enorme que es cualquier absurdez minúscula, pensaré un nombre y un resumen de la historia que empezará siempre con una voz muy tenebrosa que dice "DRAMATIZANDO ..." "Dramatizando la compra". "Dramatizando el precio del transporte público". Y así.

Es lo que se me ha ocurrido por ahora. Admito sugerencias.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Manifiestamente mejorable

Cuando mis hermanos y yo aún éramos superhéroes tamaño mini, Speedydad empleaba muchas expresiones molonas que han pasado a la historia familiar. Una de ellas era, sin duda, "manifiestamente mejorable". La usaba cuando, por la razón que fuera, no quería utilizar la palabra malo. Decía que nuestro comportamiento había sido manifiestamente mejorable, o que nuestras notas eran manifiestamente mejorables y la verdad es que, dependiendo del contexto, del tono y de la mirada, escocía bastante más que si hubiera dicho malo. No os sé explicar el motivo pero, siendo un adjetivo bastante más light que otros, el 99% de las veces era una de las cosas peores que podía decirnos en plan regañina.

Me he acordado de eso porque últimamente no hago más que pensar que mi vida es manifiestamente mejorable. Que a ver, no voy a ponerme ahora en plan víctima tipo"pobrecita de mi, cómo sufro, bollería industrial llévame pronto" porque tengo salud, una familia con la que pelearme amistosamente y un techo bajo el que vivir, que ya es mucho. Y si me oyera quejarme Speedybrother me diría "peor es picar en la mina, llorica". Pero ahora que no me oye tengo que deciros que me paro a mirar mi vida, desde fuera y con toda la objetividad de la que soy capaz, y lo siento, pero sin dramas ni lloriqueos no puedo evitar concluir que es manifiestamente mejorable. Es así.

Hay muchas cosas que deberían pasar y no pasan. Muchísimas. No salgo de una y me meto en otra. El 99% del tiempo me veo en medio de mogollón de movidas que no sé ni por donde me han venido. La gente (ALGUNA gente) me trata mal. O peor que yo a ellos. O las dos cosas a la vez. En determinados aspectos y en ciertos ámbitos no me siento valorada, como si no consiguiera transmitir lo que tengo que ofrecer, como si no lograra mostrar mi talento.

Y ahora me diréis verdades como puños. Que cada uno tiene lo suyo. Que esto nos pasa un poco a todos. Que las comparaciones son odiosas. Que envidiar es inútil porque nadie es realmente digno de envidia. Que no es oro todo lo que reluce. Que todo tiene remedio menos la muerte. Que si las cosas son así siempre, algo tendré que ver yo con el tema. Que cambie lo que no me gusta.

Y tenéis razón, supongo. Pero lo cierto, la verdad de la verdad, de la verdad, de la verdad, es que ahora mismo miro mi vida y no puedo evitar pensar que es MANIFIESTAMENTE MEJORABLE.

Eso sí, no le digáis a Speedybrother que os lo he diccho, ¿vale? Que menuda bronca me va a caer.