sábado, 20 de enero de 2024
Con Speedy habéis topado
viernes, 12 de enero de 2024
El milagro de lo panes y los peces en versión escatológica
Mi 2024 ha empezado un poco al contrario del de la mayoría de la gente. La peña estaba megapreocupada por los excesos navideños y mentalizada ya para luchar contra los kilos sobrevenidos y yo estaba intentando parar las evacuaciones forzosas continuas que mi cuerpo decidió unilateralmente empezar el día de Reyes.
Se ve que mi body no tenía ganas de recibir a Sus Majestades de Oriente y en vez de planteármelo civilizadamente, recurrió a la artillería pesada: náusea a discreción. Tantas, que se mascó la tragedia porque tenía que llevar todos los regalos de los SpeedySobris al Speedyhogar antes de que se levantaran a abrirlos y no conseguía ni llegar al portal de mi superguarida sin echar la pota. Imaginaos mi pinta: cargada con enormes sacos de paquetes al más puro estilo Papa Noel y en vez de ir dejando la estela de mis renos voladores ir regando con mi ADN las calles de SpeedyTown. Dantesco, sí, desde luego.
Pero bueno, la cosa es que los regalos llegaron a tiempo (lo único importante) y que yo sobreviví a ese viaje con pérdida de "combustible" en ruta. Pensé que cuando consiguiera tumbarme dos minutos tranquila en mi cama volvería la paz, pero ni por asomo. Las evacuaciones delanteras siguieron el día entero y al siguiente fueron sustituidas por todo tipo de fuegos artificiales en el flanco posterior. Allí no entraba ni agua y salían toneladas de residuos orgánicos variados. El milagro de los panes y los peces en versión escatológica.
Como estuve así media semana me quedé en la raspa. La peña preocupada porque no le cerraban los vaqueros y yo probándome una talla menos de la ropa que me estaba comprando con los fondos de sus altezas reales. El mundo al revés.
Total, que en un alarde de porlomenosismo de mi etapa Magenta, pensé que bien, que sí, que me sentiría al borde de la muerte y bla bla bla, pero que POR LO MENOS empezaba el año con eficiencia máxima, resolviendo en tres días la eliminación de stock sobrante que al resto de la gente le iba a costar dos meses de sufrimiento. Más resultados en menos tiempo. Los gurús de la productividad estarían orgullosos de mi.
A ver si me dura. La eficiencia y la productividad, digo. Del milagro de los panes y los peces en plan gastrointestinal ya he tenido suficiente, gracias.
viernes, 5 de enero de 2024
X, Y, Z
Siempre tengo mucho lío con esto de las generaciones. Más o menos me suenan los conceptos, de forma borrosa y desdibujada sé ubicar a grandes rasgos su cercanía (o no tanto) con la hoja del calendario actual, pero si me preguntas por el detalle me pillas. Así que, como no puede ser de otra manera, consulté con el oráculo de San Google. Y para qué queremos más.
Lo que más me sorprendió fue la precisión y la arbitrariedad con la que dividen los años de nacimiento de los que se incluyen en ellas. Porque si fueran décadas... pues vale que vale. Pero no. Son años ahí, por el medio, sin mucha diferenciación evidente. Por ejemplo, la generación X comprende los nacidos entre 1965 y 1981 o según a quien le preguntes hasta 1982 o 1984. Los que crecieron después de la 2º Guerra Mundial, dicen. Bien, pero, ¿por qué no se incluye ya el 80, empezando la década? ¿Por qué el 82, el 84? ¡Qué arbitrario!, ¿no?
Después viene la "generación Y" o los millenial, que os sonará más. Los jovenzuelos estos de los que no paran de repetir que son nativos digitales y que la tecnología no tiene secretos para ellos, aunque no la usaran desde la cuna. A estos los meten desde el 82 al 94, así, por ejemplo, a boleo. ¿Por qué 94? ¿Y por qué no? Debieron de pensar los cerebros pensantes de esta división.
Nos parece que los Y son los más nuevos porque han dado la turra máxima con ellos, pero ahora les pisan los talones los Z, que son los que más usan su letra, dado que nadie te va a entender si le dices centenial. Estos van del 95 al 2010 porque vinieron con un smartphone y una tablet debajo del brazo cuando nacieron, por lo visto. Si, ya, bueno... recuerdo que en España en 2001 la mayoría de la gente no tenía aún internet en su casa, había que ir a ordenadores públicos en bibliotecas y universidades. Y los pocos afortunados que iban teniendo ya en casa, usaban la conexión telefónica que hacía ese sonido mítico, así que se podía navegar pocos minutos porque mientras estabas conectado, el teléfono fijo (que toda la familia necesitaba) no funcionaba.
Os diré más. Poco antes de los primeros dosmiles el no va más de la tecnología portátil era la blackberry, porque los móviles eran zapatófonos gigantescos. Cuando se redujeron de tamaño y el común de los mortales los empezó a llevar, hablábamos por mensaje (no whatsapp) dado que no tenía internet en el móvil ni el tato. Además, una cosa os voy a decir no os llaméis a engaño: lo más inteligente que hacían los teléfonos era medirte el biorritmo: tres rayitos si estabas bien de energía, tres corazones si el amor te sonreía e ibas a ligar esa noche en la disco. Así que, queridos Z, no os flipéis con lo del smartphone desde la cuna, porque tururú.
Los siguientes, dicen, son los Alpha. Si sus predecesores tenían una capacidad de atención limitada, imaginad estos pobres comidos por las redes sociales desde la cuna. Ya veremos. Al menos su generación empieza con el cambio de década, un punto menos de confusión añadida. Algo es algo.
lunes, 1 de enero de 2024
¡A bailar!
Llegué ayer de mis periplos excursionistas justo sobre la bocina para hacer una entrada de despedida del año que me permitiera acabar el 2023 bloguero con número par de post. Lejísimos de los 100 deseados, pero al menos par. Luego que si duchas, lavadoras, bla bla bla, la vida se me hizo bola y casi mejor, porque no estoy yo para balances y recordatorios.
Diré sólo una cosa que me sirve de revisión del viejo y de aviso para el siguiente. El que se acaba de ir me trajo algunas cosas muy buenas y un montón de planes, lo que hacía mucho que no me pasaba. He vivido la vida a tope con experiencias chulas que agradezco muchísimo y aún así no me he librado de bajones, de atascos, de bloqueos. Porque ya lo decía Rosana, "en lo más bonito, también se tienen penas".
Así que para 2024 más que objetivos y metas lo que quiero es tener siempre presente que la vida va de eso, de caerse y volverse a levantar. Y que lo malo, sea lo que sea, acaba pasando. Y que como lo único que existe es el hoy, el ahora, nuestra única obligación es aprovecharlo a tope. Después que venga lo que tenga que venir porque, me remito a la línea de arriba, igual que vino se terminará yendo.
Equipo, llegan ahora otros 12 meses nuevecitos, brillantes, sin estrenar. Úsemoslos al 100 por 100 para que no se diga que nosotros no pusimos todo de nuestra parte para ser felices. El resto, bueno... lo ponen otros. Según en lo que creas (o no) tiene diversos nombres, pero estaremos todos de acuerdo en que no somos nosotros.
Así que, amiguis, ¡a bailar! Y que haya suerte.