lunes, 31 de agosto de 2026

Sacrificarse en el altar de la dignidad

Por mucho que Eloncio la haya roto y esté hecha un cuadro, la única red social en la que paso algo de tiempo es Twitter. Tik Tok no he sido capaz ni de intentarlo y con Insta estoy haciendo algo de esfuerzo porque intuyo potencial, pero, colegas, qué agobio. No termino de entender la movida de reels y stories y me resulta imposible leer sólo lo que me interesa. No hay forma humana de escapar del algoritmo tirano y, la verdad, me agota, porque además es un exagerado. Se me ocurrió ver hasta el final un vídeo de cocina y en qué hora, hijos míos. Lleva MESES bombardeándome con recetas de pasta con tal cansinez que ahora es oler un gnoqui de refilón y sentir una arcada. En serio, un horror.

Aún así lo prefiero a la nueva moda. No sé qué le habrá parecido escuchar a mi móvil, pero los ataques masivos actuales son con contenido de temas amorosos. Insta me dispara a discreción peña quejándose de lo mal que le van las relaciones románticas, quedadas de solteros, publi de nuevas app de ligue y muchos, muchísimos, gurús de citas. En serio, Mark, por piedad, por misericordia, por compasión... ¡¡DÉJAME EN PAZ!! ¿Cuántos vídeos de pandas tengo que ver completos para que cambies el rollo? Estoy al límite de mis fuerzas.

Aún así, entre tanta morralla siempre se encuentra algo de material para el blog y sacamos algo positivo. Por ejemplo, vi que uno de estos profes de ligoteo hablaba sobre tomar la iniciativa en el cortejo, diferenciándolo de arrastrase o ser un pesado y me recordó a esto.

 

En ese clasicazo que es ya Diez razones para odiarte, al prota de la peli (todo un malote) no le duelen prendas al marcarse esta actuación graciosa, tierna y romántica para pedir perdón a la prota. La guapísima cara del actor, ayuda, claro, pero aquí la clave es la originalidad y el salero. Y por eso no parece en absoluto que se haya sacrificado en el altar de la dignidad (como le dice el pazguatillo en el vídeo de abajo)

 

Y me hizo pensar, Porque, para mi desgracia, en las relaciones yo soy la reina del orgullo mal entendido. Cuando alguien me gusta mucho, acercarme antes de que se me acerque, escribir primero, prestarle atención, mostrar interés me parece un DRAMA. Me hace sentir vulnerable y ridícula y me paraliza. De forma objetiva lo considero lo acertado y en los demás lo veo un comportamiento perfecto, pero cuando estoy yo metida en el bullullu... bloqueo al canto. 

Y ahí aún existe la excusa de la intensidad, que agranda el pánico al dolor del rechazo. Pero me ocurre parecido en los nuevos coqueteos, en los que no tengo claro todavía ni mi propio interés. Y entonces dar pasos, hacer esfuerzos por alguien que aún no ha demostrado merecerlos me cuesta un mundo. Ahí no ya por orgullo, sino por pereza. No hay incentivo, no hay emoción y pienso... ¿a santo de qué voy yo a hacer nada por este advenedizo?

Y me parece oír el rechinar de dientes de los gurús del ligoteo al otro lado de la pantalla del algoritmo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Eh, no te vayas sin decir nada! No tengo el superpoder de leerte la mente.