domingo, 5 de julio de 2026

Condenada al pasmo ininterrumpido

Dicen que el infierno es el fuego eterno y el tormento de las llamas y toda la pesca, pero yo no lo termino de ver. Yo creo que como el cielo, es personalizado, con lo que más le vaya a uno para bien y para mal. Es decir, para mi el paraíso se parecería a una papelería lleno de bolis y libretas chulis con barra libre de chocolate y en el averno lejos de hacer calor... haría mucho frío. Y por lo que parece, he empezado a pagar por mis pecados ya en vida.

Porque tengo frío SIEMPRE. En invierno porque es invierno y es lo que toca, por mucha calefacción y cinco millones de trillones de capas de ropa que me pongo. Y entonces llega el verano y sus olas de calor extremos y pienso, ya está, se acabó, ahora imposible pasar frío y entonces...




Por favor, por misericordia, POR COMPASIÓN, aleja de mi este cáliz, estoy harrrrrrrta de no separarme del forro polar en mi curro sea el día que sea, del mes que sea, de la estación que sea. Un momento de descanso, de calidez, de temple. Un poco de piedad para esta tembladora perpetua.

Y si esto es un adelanto de mi infierno particular, espero que sea como la prisión preventiva, que después se te descuenta el tiempo que has pasado en la trena de la condena total. Pues ya podéis ir apuntando: cuatro decaditas menos a restar del pasmo eterno.