Como ya me temía yo que iba a pasar, la Operación Calabazas va a ser un fiasco, pero GimnasioMan está siendo un cielazo como la copa de una pino. Como la CO-PA-DE-UN-PINO. Sigue amabilísimo a más no poder, me trata, si cabe, mejor que antes y mantiene una normalidad absoluta, como si nada hubiera pasado. Que ya sé que esto va a cargar de razones a los comentaristas de la otra entrada y de twitter que aseguraban que el pobre no se había coscado de nada, pero sigo sin estar de acuerdo (ya continuaremos el debate en otro post, si queréis).
El caso es que como GimnasioMan está tan majérrimo tengo que declarar el fracaso de la Operación Calabazas como el fracaso de Schrödinger, es decir, que es un fracaso y al mismo tiempo no lo es. Lo es porque yo sigo convencida de que él lo ha pillado y se está haciendo el longuis (que no está el hombre por la labor, vaya). Y no lo es porque por lo menos ha servido para que conozca por fin un poco a la verdadera Speedy. Y quizá ella tenga más posibilidades que la antigua en una hipotética nueva edición de la Operación Calabazas. A ver si consigo explicar esto bien.
Quiero decir... que lo que más me ha dicho él después de darle el detalle es que se quedó flipado, que no esperaba para nada que yo estuviera tan loca. El regalo es una tontada ingeniosa y divertida, muy en la línea de este blog, relacionada con una expresión de coña que él usa mucho en las clases, Es una memez que hice a mano y que demuestra que le escucho y que soy lo suficientemente ocurrente para seguir con la broma. Y de paso deja claro que tengo cerebro, que en el gimnasio como voy siempre cansadísima y con la lengua fuera debía de parecer medio lerda, por lo visto...
Total, que por un lado la Operación ha conseguido que GimnasioMan me conozca mejor y por otro ha aumentado mogollón nuestra complicidad. Ahora tenemos algo sólo nuestro, que nadie más sabe. Ahora, cuando él se me queda mirando fijamente sin decir nada yo ya sé que lo que piensa es que estoy pa'llá. Cada vez que él usa esa expresión suya de coña (y la utiliza mucho) cruzamos la mirada y nos partimos de risa. Y además ha activado la escalada de violencia, porque el otro día él ya estaba maquinando una continuación a mi memez ("se me está ocurriendo una cosa para usar tu regalo que vas a alucinar. Ya verás, ya...) y como a mi no me hacen falta sardinas para beber agua, fijo que me invento algo para lo que se invente él... Como si lo viera...
En fin, que no doy la batalla por perdida aún. Vamos, la de esta edición sí, claro. La Speedy de gimnasio que parecía medio lerda se ha comido unas calabazas como un castillo. Pero a la otra, la que se parece más a mi... a esa le voy a dar un plazo para trabajar. Dos semanas como máximo, que si no estas cosas se alargan sin ir a ningún lado. 14 días de Operación Calabazas II. Si en ese tiempo la nueva no consigue algún avance significativo, corto el grifo, que no estamos a estas alturas para tontás infinitas. Pero es que, yo soy muy pero muy del club de la imagen de abajo...