¿Sabéis cuando ves claro lo que deberías hacer porque es lo mejor para ti, lo mejor para todos, pero te apetece nada y menos hacer eso? ¿Sabéis cuando estáis hartos de hacer lo que debéis y no lo que queréis?
Os suena el tema, me imagino.
Pues dadle al play.
jueves, 20 de septiembre de 2018
lunes, 17 de septiembre de 2018
Haciendo posible lo imposible in My Ideal World
De un tiempo a esta parte me he vuelto una experta en crushes imposibles. Experta en padecerlos, que no en combatirlos, porque lo que no puede ser no puede ser y ajo y agua, amiguis. Lo que sí he notado es que, sin duda, la relación entre la imposibilidad del crush y las maneras que se me ocurren de materializarlo es directamente proporcional. Vamos, que cuanto más imposible es el crush más locuras geniales se me ocurren para arrancarlo en un mundo ideal donde lo imposible fuera posible.
Como de momento no tiene pinta que vaya a venir Aladdin con una alfombra mágica para llevarme a Un Mundo Ideal en el que lo imposible sea posible, por ahora me voy a conformar con escribir aquí las piradas de pinza que me vayan ocurriendo para tenerlas a mano por si algún día surge la oportunidad de usarlas. O más bien para echarme unas risas porque soy una culcagao y no creo que nunca me atreva a llevarlas a cabo, ni siquiera en un mundo ideal. Aunque bueno, si le paso la pelota a él... porque claro, en mi mundo ideal no tendría que hacer yo todo el trabajo. A ver...
-Eso que dice el profe de los pulgares en alto para pedir más caña no sé si me termina de convencer.
-Bueno, podría ser peor. En las clases de surf cuando te tiraba una ola a la otra punta de la playa, para decirle al monitor que estabas bien había que hacer un ok grande que se viera desde lejos y poníamos los brazos haciendo un redondo alrededor de la cabeza, como imitando una o. Eso sí que no me convencía.
-¿Surf? ¿Eres surfera? No tienes pinta de surfera...
-Y tú qué sabrás qué pinta tengo si sólo me ves aquí, con las cutre mallas estas y el cutre moño. Igual en mi vida normal voy con neopreno a todas horas.
-Ahora que lo dices, eso no puede ser.
-¿No puede ser que lleve neopreno a todas horas?
-No puede ser que sólo te vea aquí. Eso hay que arreglarlo. Una cañas el día que me digas para que me cuentes eso del surf, vestida con neopreno o con otro estilismo, lo dejo a tu elección.
-En realidad, para seguir nuestra línea argumental de guerra total continua, ahora tendría que decirte que no. Pero me apetece decirte que sí.
-Pues dime que sí
-Vale.
---
-Ya sé que con lo sanísimo que comes estas chuches no las vas ni a tocar, pero no te iba a traer una hoja de lechuga y lo importante es el detalle. ¡Feliz cumple!
-Ay, joer, gracias, pero ¿cómo sabes que hoy es mi cumpleaños?
-Tengo mis fuentes... que son básicamente tú dejándolo caer el otro día y pensando que no me había enterado porque estaba echando el corazón por la boca encima de la bici y yo archivando los datos importantes INCLUSO estando al borde de la muerte.
-Bueno, pues tienes razón, yo no como chuches, así que necesitaré ayuda para acabar con estas. ¿Se te ocurre a alguien para una sesión de azúcar en vena acompañada de una ronda de cañas?
-Hombreee, no es por tirarme el folio, pero yo soy cinturón negro en sesiones de azúcar en vena.
-Ya será menos... Igual te gano hasta yo.
-Uyyy, hijo mío, ya quisieras. Tú aguantarás la vida misma encima de la bicicleta, pero en bombardeos de grasa, glucosa y colesterol yo soy imbatible.
-Demuéstralo.
-Vale.
-----
-Voy a parar, de verdad, estoy al borde de la muerte.
-No, no, tú grita. Suelta tacos. He leído que soltando tacos el cuerpo aguanta mas el sufrimiento.
-Si, ya, claro.
-Que sí, que lo leí el otro día no sé donde.
-No sé como te da la vida para pedalear a ese ritmo mientras te inventas cosas.
-Que no me lo invento... Ya buscaré el link y te lo pasaré y entonces me deberás un entrenamiento lleno de grito y tacos.
-Pues como no me mandes el link por señales de humo..
-No, no, luego me das tu número de móvil y te lo paso por whats.
-Bueno, si te empeñas... Pero vamos, igual la que te manda algo sobre psicología inversa soy yo.
Y sí, en mi mundo ideal este tipo de piradas de pinza funcionarían genial porque las cosas siempre acabaría como los episodios del equipo A.
Que para eso me monto yo un mundo ideal, ¡hombre ya!
Como de momento no tiene pinta que vaya a venir Aladdin con una alfombra mágica para llevarme a Un Mundo Ideal en el que lo imposible sea posible, por ahora me voy a conformar con escribir aquí las piradas de pinza que me vayan ocurriendo para tenerlas a mano por si algún día surge la oportunidad de usarlas. O más bien para echarme unas risas porque soy una culcagao y no creo que nunca me atreva a llevarlas a cabo, ni siquiera en un mundo ideal. Aunque bueno, si le paso la pelota a él... porque claro, en mi mundo ideal no tendría que hacer yo todo el trabajo. A ver...
-Eso que dice el profe de los pulgares en alto para pedir más caña no sé si me termina de convencer.
-Bueno, podría ser peor. En las clases de surf cuando te tiraba una ola a la otra punta de la playa, para decirle al monitor que estabas bien había que hacer un ok grande que se viera desde lejos y poníamos los brazos haciendo un redondo alrededor de la cabeza, como imitando una o. Eso sí que no me convencía.
-¿Surf? ¿Eres surfera? No tienes pinta de surfera...
-Y tú qué sabrás qué pinta tengo si sólo me ves aquí, con las cutre mallas estas y el cutre moño. Igual en mi vida normal voy con neopreno a todas horas.
-Ahora que lo dices, eso no puede ser.
-¿No puede ser que lleve neopreno a todas horas?
-No puede ser que sólo te vea aquí. Eso hay que arreglarlo. Una cañas el día que me digas para que me cuentes eso del surf, vestida con neopreno o con otro estilismo, lo dejo a tu elección.
-En realidad, para seguir nuestra línea argumental de guerra total continua, ahora tendría que decirte que no. Pero me apetece decirte que sí.
-Pues dime que sí
-Vale.
---
-Ya sé que con lo sanísimo que comes estas chuches no las vas ni a tocar, pero no te iba a traer una hoja de lechuga y lo importante es el detalle. ¡Feliz cumple!
-Ay, joer, gracias, pero ¿cómo sabes que hoy es mi cumpleaños?
-Tengo mis fuentes... que son básicamente tú dejándolo caer el otro día y pensando que no me había enterado porque estaba echando el corazón por la boca encima de la bici y yo archivando los datos importantes INCLUSO estando al borde de la muerte.
-Bueno, pues tienes razón, yo no como chuches, así que necesitaré ayuda para acabar con estas. ¿Se te ocurre a alguien para una sesión de azúcar en vena acompañada de una ronda de cañas?
-Hombreee, no es por tirarme el folio, pero yo soy cinturón negro en sesiones de azúcar en vena.
-Ya será menos... Igual te gano hasta yo.
-Uyyy, hijo mío, ya quisieras. Tú aguantarás la vida misma encima de la bicicleta, pero en bombardeos de grasa, glucosa y colesterol yo soy imbatible.
-Demuéstralo.
-Vale.
-----
-Voy a parar, de verdad, estoy al borde de la muerte.
-No, no, tú grita. Suelta tacos. He leído que soltando tacos el cuerpo aguanta mas el sufrimiento.
-Si, ya, claro.
-Que sí, que lo leí el otro día no sé donde.
-No sé como te da la vida para pedalear a ese ritmo mientras te inventas cosas.
-Que no me lo invento... Ya buscaré el link y te lo pasaré y entonces me deberás un entrenamiento lleno de grito y tacos.
-Pues como no me mandes el link por señales de humo..
-No, no, luego me das tu número de móvil y te lo paso por whats.
-Bueno, si te empeñas... Pero vamos, igual la que te manda algo sobre psicología inversa soy yo.
Y sí, en mi mundo ideal este tipo de piradas de pinza funcionarían genial porque las cosas siempre acabaría como los episodios del equipo A.
Que para eso me monto yo un mundo ideal, ¡hombre ya!
lunes, 10 de septiembre de 2018
Juego, set y partido
Parece mentira llamándome como me llamo SpeedyGirl, pero para algunas cosas soy lenta. Quién lo diría, ¿eh? La pobre SpeedyMum a veces se ponía negra conmigo, sobre todo de peque cuando tenía que organizarnos a mis hermanos y a mi y no había manera de llegar a tiempo al cole porque me faltaba coger la carpeta, o no encontraba el estuche o llegaba al portal con las zapatillas de casa puestas en lugar de los zapatos. Ayyyyyy, qué tiempos.
En fin. Era lenta entonces y sigo siendo lenta ahora para determinados asuntos. Me cuesta la vida misma hacer cambios. La-vi-da. Será que creo mucho en eso de más vale malo conocido que bueno por conocer. Tardo siglos en confiar en las personas. Milenios, más bien. Y habría que inventar una nueva unidad de tiempo para describir lo que me lleva enamorarme de alguien. Para eso sí que podéis esperarme cómodamente sentados.
Esto tendrá bastante que ver, supongo, en mis enooormes sequías sentimentales, pero bueno, yo funciono así. A mi un chico me llama la atención por algo (porque conoce una canción friki que nunca te esperarías, porque tiene una risa contagiosa, porque mira bonito, porque recuerda datos random tipo cuántos corazones tiene un pulpo, porque es guapo... por lo que sea) y a partir de ahí empieza el partido. Un partido a puntos, como el tenis, pero en este caso a puntos positivos.
-Nos encontramos en la puerta y me cede el paso, punto positivo. Y antes de que venga algún indignadx a decirme que la caballerosidad es machista, diré que no tal y como yo la entiendo. Porque que me sujete la puerta al pasar me hace sospechar que masticará con la boca cerrada, que pedirá las cosas por favor, que saludará al entrar al curro y que en el bus se levantará para que se siente la persona mayor que acaba de subir. Porque la caballerosidad, en realidad, es una forma de educación, una manera de organizarnos en sociedad. Igual que caminamos por la derecha para no chocarnos con el que viene de frente en la acera (podría haber sido la izquierda pero se eligió la derecha y si todos seguimos la misma norma no hay choques), alguien tiene que ceder el paso en la puerta. Podrían ser ellos o nosotras y se eligió ellos, sin más. No veo machismo de ningún tipo ahí, lo siento. Punto positivo.
-Prefiere los Reyes Magos, antes que Papa Noel, punto positivo. No hay nada que explicar, yo soy team Reyes Magos total. ¿Cómo no serlo? Vienen en camellos, tienen esas capas tan molonas y no van de rojo porque Coca Cola pagara por cambiar de color su traje. El team Reyes Magos mola y punto. Punto positivo, de hecho.
-Hace referencias frikis a series y dibujos viejunos, punto positivo. Más aún si no son de su época, porque eso demuestra un interés por la cultura en general, incluso la que no se ha vivido directamente. Cualquier comentario sobre Los Diminutos, La Bola de Cristal, El Equipo A, McGyver e incluso Bola de Dragón va a captar mi interés, seguro. Igual no estamos de acuerdo, pero por lo menos va a ser un debate interesante. Punto positivo.
-Cuando habla conmigo, habla conmigo, centrado, punto positivo. Esto parece una obviedad, pero desgraciadamente no lo es y cada vez menos. Hay muchísima gente (no sólo chicos) que habla contigo mientras mira de reojo el móvil, o se fija quien se sienta detrás o repasa la lista de la compra. Es poco frecuente encontrar personas que te escuchen o que al menos demuestren que te están escuchando. Da igual si es una conversación seria de una hora o una coña de un minuto sobre la última peli que hemos visto. Si es una coña de un minuto, céntrate en mi ese minuto y ya seguirás con lo que sea 60 segundos después. Centrarse, punto positivo.
Seguiría, pero ya os hacéis una idea del nivel. Los puntos positivos son cosas absolutamente random que van sumando hasta que hay suficientes para subir de nivel y cambiar de pantalla. El problema es que hacen falta bastantes para estar seguro porque el margen de error es grande y luego te encuentras por ahí cada tonto a las tres que es team Reyes Magos que asusta. Si no tiene ningún punto positivo más no cuela, claro, pero ya te da cosa a ver si es que el sistema va a estar fallando...
Pero se te pasan las dudas cuando te topas con uno que gana un positivo, y después otro, y después otro y después otro y después otro y después otro, y después otros... Y no te queda otra que mirar al juez de línea y decir: Venga, vale, sí...
Juego, set y partido.
En fin. Era lenta entonces y sigo siendo lenta ahora para determinados asuntos. Me cuesta la vida misma hacer cambios. La-vi-da. Será que creo mucho en eso de más vale malo conocido que bueno por conocer. Tardo siglos en confiar en las personas. Milenios, más bien. Y habría que inventar una nueva unidad de tiempo para describir lo que me lleva enamorarme de alguien. Para eso sí que podéis esperarme cómodamente sentados.
Esto tendrá bastante que ver, supongo, en mis enooormes sequías sentimentales, pero bueno, yo funciono así. A mi un chico me llama la atención por algo (porque conoce una canción friki que nunca te esperarías, porque tiene una risa contagiosa, porque mira bonito, porque recuerda datos random tipo cuántos corazones tiene un pulpo, porque es guapo... por lo que sea) y a partir de ahí empieza el partido. Un partido a puntos, como el tenis, pero en este caso a puntos positivos.
-Nos encontramos en la puerta y me cede el paso, punto positivo. Y antes de que venga algún indignadx a decirme que la caballerosidad es machista, diré que no tal y como yo la entiendo. Porque que me sujete la puerta al pasar me hace sospechar que masticará con la boca cerrada, que pedirá las cosas por favor, que saludará al entrar al curro y que en el bus se levantará para que se siente la persona mayor que acaba de subir. Porque la caballerosidad, en realidad, es una forma de educación, una manera de organizarnos en sociedad. Igual que caminamos por la derecha para no chocarnos con el que viene de frente en la acera (podría haber sido la izquierda pero se eligió la derecha y si todos seguimos la misma norma no hay choques), alguien tiene que ceder el paso en la puerta. Podrían ser ellos o nosotras y se eligió ellos, sin más. No veo machismo de ningún tipo ahí, lo siento. Punto positivo.
-Prefiere los Reyes Magos, antes que Papa Noel, punto positivo. No hay nada que explicar, yo soy team Reyes Magos total. ¿Cómo no serlo? Vienen en camellos, tienen esas capas tan molonas y no van de rojo porque Coca Cola pagara por cambiar de color su traje. El team Reyes Magos mola y punto. Punto positivo, de hecho.
-Hace referencias frikis a series y dibujos viejunos, punto positivo. Más aún si no son de su época, porque eso demuestra un interés por la cultura en general, incluso la que no se ha vivido directamente. Cualquier comentario sobre Los Diminutos, La Bola de Cristal, El Equipo A, McGyver e incluso Bola de Dragón va a captar mi interés, seguro. Igual no estamos de acuerdo, pero por lo menos va a ser un debate interesante. Punto positivo.
-Cuando habla conmigo, habla conmigo, centrado, punto positivo. Esto parece una obviedad, pero desgraciadamente no lo es y cada vez menos. Hay muchísima gente (no sólo chicos) que habla contigo mientras mira de reojo el móvil, o se fija quien se sienta detrás o repasa la lista de la compra. Es poco frecuente encontrar personas que te escuchen o que al menos demuestren que te están escuchando. Da igual si es una conversación seria de una hora o una coña de un minuto sobre la última peli que hemos visto. Si es una coña de un minuto, céntrate en mi ese minuto y ya seguirás con lo que sea 60 segundos después. Centrarse, punto positivo.
Seguiría, pero ya os hacéis una idea del nivel. Los puntos positivos son cosas absolutamente random que van sumando hasta que hay suficientes para subir de nivel y cambiar de pantalla. El problema es que hacen falta bastantes para estar seguro porque el margen de error es grande y luego te encuentras por ahí cada tonto a las tres que es team Reyes Magos que asusta. Si no tiene ningún punto positivo más no cuela, claro, pero ya te da cosa a ver si es que el sistema va a estar fallando...
Pero se te pasan las dudas cuando te topas con uno que gana un positivo, y después otro, y después otro y después otro y después otro y después otro, y después otros... Y no te queda otra que mirar al juez de línea y decir: Venga, vale, sí...
Juego, set y partido.
miércoles, 5 de septiembre de 2018
Un tirón alfa de tres pares
Supongo que habrá muchas y buenas razones por las que la mayoría de las veces mis maromazos de turno no digi evolucionan a novios, novietes o por lo menos rollos pasajeros. Supongo que hacer una encuesta entre los candidatos arrojaría mucha luz sobre el asunto, pero como no creo que estén muy por la labor y como tampoco quiero irme mucho para lo hondo vamos a analizar una causa que también influye y a la que no se le presta la suficiente atención: el Tirón Alfa. O mejor dicho, la falta de él.
¿Qué no sabéis lo que es el Tirón Alfa? Pues hijos míos, muy mal. Es un concepto básico de la vida que se aprende viendo una de estas películas maluchas ideales para no pensar y echarse unas risas: Cha cha cha. En esa "obra maestra del cine" Gabino Diego explica a su manera este término (al final del vídeo), así que si os queréis enterar bien os veis la peli y así de paso que os enteráis de algo nuevo pasáis un buen rato. Yo aquí para entendernos y poder seguir con la entrada, lo resumo diciendo que son esas casualidades que se dan a veces entre algunas personas, que se encuentran una y otra y otra vez en el camino sin saber muy bien por qué y sin razones lógicas aparentes. Casualidades tan sospechosamente frecuentes que parecen tener algo de mágico. El Tirón Alfa, vaya.
A mí esto con los maromazos de turno no me suele pasar. De hecho, la mayoría de las veces sufro el "anti-tirón", es decir, que no hay forma humana de coincidir en el espacio-tiempo con ellos un mínimo como para que la cosa empiece a digi-evolucionar hacia ninguna parte. Una pena.
Pooooor eso precisamente es tan destacable las poquísimas veces que sí que hay Tirón Alfa. Y con GimnasioMan hay un Tirón Alfa de tres pares de narices. Una pasada. Me lo encuentro en todas partes, a todas horas, toque o no toque. Una pasada, de verdad. Y me quedo flipada, claro. En plan:
--A pesar de que media población de SpeedyTown va a mi gimnasio megamasificado, nunca me encuentro con ninguno de estos usuarios por la calle. Jamás. Que por pura estadística debería, porque con tanta gente hay posibilidades a porrillo. Pero no me pasa. Y sin embargo con GimnasioMan sí. A GimnasioMan me lo encuentro. Y no, ni yo le sigo a él ni el me sigue a mi. Tirón Alfa.
-Yo salgo pronto de mi clase para llegar antes al curro. Él entra tarde porque le han entretenido en la ofi. No deberíamos coincidir en el espacio-tiempo y sin embargo, en las escaleras del gimnasio:
-¿A estas horas por aquí?
-A estas horas por aquí.
Tirón Alfa.
--Le cambian el turno. Ya no nos viene bien el mismo horario así que lo normal es que no nos viéramos. Y en la puerta.
-¡Anda!
-Cuando tú vas, yo vengo de allí, que diría Chenoa.
Tirón Alfa
--Abriéndome paso entre la multitud para llegar a la barra.
-Ay, perdona el pisotón.
-¡Anda, tú! Ala, ala, ala, ala, ¿donde vas sin cervezas?
-2 clases de spinning voy a necesitar para quemar esto.
-O cuatro.
Tirón Alfa.
--Y la prueba definitiva. A pesar de mis denodados esfuerzos, yo nunca voy peinada, lo sabéis Y mucho menos ahora que estoy en el gimnasio un día sí y otro también. Puedo llevar los pelos controlados los cinco minutos antes de entrar, pero después de casi morirme en las clases y ducharme a toda prisa sin tener tiempo de utilizar la plancha mágica, salgo con un estilismo capilar de loca que se queda así hasta las 11 de la noche que llego a mi superguarida. Pues, a pesar de ello, un día entrando..
-¿Te has hecho algo en el pelo?
-¿Yo? No, sólo voy peinada. estás acostumbrado a verme con un cutre moño empeorado con churretones de sudor, pero este es mi aspecto normal.
Y bueno... vosotros y yo sabemos que ir peinada no es mi aspecto normal. Al menos no el más habitual y frecuente durante el día, eso seguro. Y él me pilla en los 5 minutos al día con estilismo capilar controlado.
Si eso no es el Tirón Alfa que baje Dios y lo vea.
¿Qué no sabéis lo que es el Tirón Alfa? Pues hijos míos, muy mal. Es un concepto básico de la vida que se aprende viendo una de estas películas maluchas ideales para no pensar y echarse unas risas: Cha cha cha. En esa "obra maestra del cine" Gabino Diego explica a su manera este término (al final del vídeo), así que si os queréis enterar bien os veis la peli y así de paso que os enteráis de algo nuevo pasáis un buen rato. Yo aquí para entendernos y poder seguir con la entrada, lo resumo diciendo que son esas casualidades que se dan a veces entre algunas personas, que se encuentran una y otra y otra vez en el camino sin saber muy bien por qué y sin razones lógicas aparentes. Casualidades tan sospechosamente frecuentes que parecen tener algo de mágico. El Tirón Alfa, vaya.
A mí esto con los maromazos de turno no me suele pasar. De hecho, la mayoría de las veces sufro el "anti-tirón", es decir, que no hay forma humana de coincidir en el espacio-tiempo con ellos un mínimo como para que la cosa empiece a digi-evolucionar hacia ninguna parte. Una pena.
Pooooor eso precisamente es tan destacable las poquísimas veces que sí que hay Tirón Alfa. Y con GimnasioMan hay un Tirón Alfa de tres pares de narices. Una pasada. Me lo encuentro en todas partes, a todas horas, toque o no toque. Una pasada, de verdad. Y me quedo flipada, claro. En plan:
--A pesar de que media población de SpeedyTown va a mi gimnasio megamasificado, nunca me encuentro con ninguno de estos usuarios por la calle. Jamás. Que por pura estadística debería, porque con tanta gente hay posibilidades a porrillo. Pero no me pasa. Y sin embargo con GimnasioMan sí. A GimnasioMan me lo encuentro. Y no, ni yo le sigo a él ni el me sigue a mi. Tirón Alfa.
-Yo salgo pronto de mi clase para llegar antes al curro. Él entra tarde porque le han entretenido en la ofi. No deberíamos coincidir en el espacio-tiempo y sin embargo, en las escaleras del gimnasio:
-¿A estas horas por aquí?
-A estas horas por aquí.
Tirón Alfa.
--Le cambian el turno. Ya no nos viene bien el mismo horario así que lo normal es que no nos viéramos. Y en la puerta.
-¡Anda!
-Cuando tú vas, yo vengo de allí, que diría Chenoa.
Tirón Alfa
--Abriéndome paso entre la multitud para llegar a la barra.
-Ay, perdona el pisotón.
-¡Anda, tú! Ala, ala, ala, ala, ¿donde vas sin cervezas?
-2 clases de spinning voy a necesitar para quemar esto.
-O cuatro.
Tirón Alfa.
--Y la prueba definitiva. A pesar de mis denodados esfuerzos, yo nunca voy peinada, lo sabéis Y mucho menos ahora que estoy en el gimnasio un día sí y otro también. Puedo llevar los pelos controlados los cinco minutos antes de entrar, pero después de casi morirme en las clases y ducharme a toda prisa sin tener tiempo de utilizar la plancha mágica, salgo con un estilismo capilar de loca que se queda así hasta las 11 de la noche que llego a mi superguarida. Pues, a pesar de ello, un día entrando..
-¿Te has hecho algo en el pelo?
-¿Yo? No, sólo voy peinada. estás acostumbrado a verme con un cutre moño empeorado con churretones de sudor, pero este es mi aspecto normal.
Y bueno... vosotros y yo sabemos que ir peinada no es mi aspecto normal. Al menos no el más habitual y frecuente durante el día, eso seguro. Y él me pilla en los 5 minutos al día con estilismo capilar controlado.
Si eso no es el Tirón Alfa que baje Dios y lo vea.
sábado, 1 de septiembre de 2018
Plot twist
Así sin meterme en el detalle (porque ya os uso habitualmente de psicólogo y hoy no toca) el principal problema de mi vida ahora mismo es que está en encefalograma plano. No pasa nada bueno (ni excesivamente malo, la verdad. Cruzo los dedos). Las parcas que llevan mi cuenta pasaron de estar en huelga a tirarse en la tumbona a beber cocolocos y abanicarse con un pai pai (abanicarse sin mucho garbo, claro, no se fueran a estresar las cabronas), así que yo llevaba bastante tiempo a verlas venir. Hasta esta semana, amigos. Esta semana...
Me he quedado flipadísima. No sé, igual es que al guionista de mi vida que era becario se le han acabado las prácticas y ha ocupado su puesto alguien con más ilusión o qué.. pero plot twist, amigos. No me lo esperaba. A ver, no os emocionéis demasiado, porque tampoco ha sido nada del otro mundo, pero chico, estaba el tema tan parado que cualquier cosica se agradece. Y además como ha sido un plot twist en varios frentes a la vez, pues como que cunde más. Os cuento.
Tenía yo un cutre-proyecto medio de ocio medio laboral que no arrancaba ni a tiros. Tras meses de dedicarle mogollón de tiempo con cero resultados iba a cerrar el chiringuito, porque la cosa no tiraba ni mínimamente. Y de repente el lunes... alguien se dio cuenta de que existo. Lo curioso es que no hay ninguna razón para ello. No cambié nada ni hice nada especial. Simplemente, dejé de ser invisible por un segundo y alguien me vio. Y después de él, otros pocos. Siendo realistas, esto supone un avance minúsculo con ninguna repercusión efectiva, pero me ha animado, por lo menos, a no cerrar el chiringuito, a reunir paciencia para esperar el siguiente plot twist y, sobre todo, a asegurarme de que mi superpoder de invisibilidad no se me había descontrolado y estaba activado a todas horas. Porque yo me miraba en el espejo y pensaba: "Pues no sé, chica, yo me veo. ¿Será que los demás no?"
La hipótesis de la invisibilidad temporalmente desactivada cobra fuerza porque el plot twist no acaba aquí y en mi gimnasio megamasificado ha pasado lo mismo. Llevaba meses siendo invisible (cosa absolutamente lógica porque era imposible destacar entre semejante multitud) y de repente alguien me ha visto. Tampoco en este caso he cambiado nada ni he hecho nada especial, pero ahora, de repente, él me ve. Me habla. Me sonríe. Me toma el pelo. Me acompaña a coger la mochila. Se acuerda de nuestras conversaciones del día anterior. Lo que viene siendo verme, vaya. Como si no fuera invisible.
Y no os emocionéis, que ya me estoy imaginando los gritos al otro lado de la pantalla pensando que hay algo que celebrar y NO. Que el guionista recién incorporado tiene ilusión, pero es nuevo en mi vida y al hombre no le da para más. De momento mete un plot twist sin consecuencia efectiva alguna y sin explicación lógica y se queda tan ancho. Que si viera algo así yo en una peli pensaría. "Bua, y ahora escriben esta escena porque les peta sin conexión con la evolución y la lógica de la historia. No se lo creen ni ellos".
Pero bueno, con mi guionista novato no voy a ser tan dura porque está empezando el pobre y, siendo justos, mi vida no es el sitio más fácil en el que empezar. Y además el becario anterior le había dejado organizada una zapatiesta vital que tiene tela para desliarla y reactivarla, soy consciente. Así que voy a darle un voto de confianza y a esperar que se le vayan ocurriendo más y mejores tramas para los distintos aspectos de mi día a día. De momento el plot twist de desactivar mi invisibilidad, aunque un poco traído por lo pelos porque no ha venido a cuento de nada, ha estado bien, que yo ya estaba hasta el toto de ser invisible a todas horas.
A ver qué se le ocurre ahora....
¡¡PLOT TWIST!!
Me he quedado flipadísima. No sé, igual es que al guionista de mi vida que era becario se le han acabado las prácticas y ha ocupado su puesto alguien con más ilusión o qué.. pero plot twist, amigos. No me lo esperaba. A ver, no os emocionéis demasiado, porque tampoco ha sido nada del otro mundo, pero chico, estaba el tema tan parado que cualquier cosica se agradece. Y además como ha sido un plot twist en varios frentes a la vez, pues como que cunde más. Os cuento.
Tenía yo un cutre-proyecto medio de ocio medio laboral que no arrancaba ni a tiros. Tras meses de dedicarle mogollón de tiempo con cero resultados iba a cerrar el chiringuito, porque la cosa no tiraba ni mínimamente. Y de repente el lunes... alguien se dio cuenta de que existo. Lo curioso es que no hay ninguna razón para ello. No cambié nada ni hice nada especial. Simplemente, dejé de ser invisible por un segundo y alguien me vio. Y después de él, otros pocos. Siendo realistas, esto supone un avance minúsculo con ninguna repercusión efectiva, pero me ha animado, por lo menos, a no cerrar el chiringuito, a reunir paciencia para esperar el siguiente plot twist y, sobre todo, a asegurarme de que mi superpoder de invisibilidad no se me había descontrolado y estaba activado a todas horas. Porque yo me miraba en el espejo y pensaba: "Pues no sé, chica, yo me veo. ¿Será que los demás no?"
La hipótesis de la invisibilidad temporalmente desactivada cobra fuerza porque el plot twist no acaba aquí y en mi gimnasio megamasificado ha pasado lo mismo. Llevaba meses siendo invisible (cosa absolutamente lógica porque era imposible destacar entre semejante multitud) y de repente alguien me ha visto. Tampoco en este caso he cambiado nada ni he hecho nada especial, pero ahora, de repente, él me ve. Me habla. Me sonríe. Me toma el pelo. Me acompaña a coger la mochila. Se acuerda de nuestras conversaciones del día anterior. Lo que viene siendo verme, vaya. Como si no fuera invisible.
Y no os emocionéis, que ya me estoy imaginando los gritos al otro lado de la pantalla pensando que hay algo que celebrar y NO. Que el guionista recién incorporado tiene ilusión, pero es nuevo en mi vida y al hombre no le da para más. De momento mete un plot twist sin consecuencia efectiva alguna y sin explicación lógica y se queda tan ancho. Que si viera algo así yo en una peli pensaría. "Bua, y ahora escriben esta escena porque les peta sin conexión con la evolución y la lógica de la historia. No se lo creen ni ellos".
Pero bueno, con mi guionista novato no voy a ser tan dura porque está empezando el pobre y, siendo justos, mi vida no es el sitio más fácil en el que empezar. Y además el becario anterior le había dejado organizada una zapatiesta vital que tiene tela para desliarla y reactivarla, soy consciente. Así que voy a darle un voto de confianza y a esperar que se le vayan ocurriendo más y mejores tramas para los distintos aspectos de mi día a día. De momento el plot twist de desactivar mi invisibilidad, aunque un poco traído por lo pelos porque no ha venido a cuento de nada, ha estado bien, que yo ya estaba hasta el toto de ser invisible a todas horas.
A ver qué se le ocurre ahora....
martes, 28 de agosto de 2018
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Me gustan las buenas conversaciones, esas en las que te puedes pasar horas diseccionando una situación, un diálogo o incluso una sensación con alguien al que llegar a ese nivel de detalle le emociona tanto como a ti. Esas conversaciones de horas tras las que luego, cuando os preguntan de qué habéis hablado tanto tiempo, contestáis: de nada, en realidad.
No me gusta el sonido de un grifo abierto sin razón o que gotea porque está estropeado.
Me gusta sentir la brisa fresca en la cara cuando empieza ya a hacer algo de frío y voy bien abrigada.
No me gusta tener que dar dos besos por cortesía a desconocidos que me acaban de presentar y a los que no tengo el más mínimo cariño.
Me gusta cuando me viene la inspiración para escribir mientras hago acciones cotidianas. Que se me ocurra una idea para un texto mientras voy en el autobús, o debajo de la ducha o tendiendo la ropa y sienta la necesidad de apuntarla para que no se me olvide y poder desarrollarla después.
No me gusta felicitar los cumples en grupos de whatsapp multitudinarios en los que tienes poca o ninguna relación con los que lo forman. Al "¡FELICIDADES!" número 128 el homenajeado ya no sabe ni quién se lo está diciendo y la palabra pierde hasta su sentido. No aporta nada el "¡FELICIDADES!" número 129, porque sólo se pone para no ser el único que no lo ha escrito. Eso ni es una felicitación ni es nada.
Me gustan los números pares.Son como redondeados, completos. Me gusta tener años pares, seguidores de twitter pares, correos pendientes de leer pares.
No me gustan los números impares. Me ponen nerviosa. Están como inacabados, imperfectos. Me incomodan tanto que he llegado a borrar fotos de mi galería del móvil sólo para tener un número par de imágenes. Así como os lo cuento. Una cosa ya de preocupar. Y sin embargo, diría que mis cifras preferidas son el 1 y el 7. ¿Por qué? Porque soy una contradicción andante y un caso digno de estudio, está claro.
Me gusta releer textos míos de hace mucho tiempo y no recordarlos hasta el punto de leerlos como si fueran de otra persona. Volver sobre esas líneas y encontrar bromas, chascarrillos, comparaciones o metáforas que molan y pensar "esta idea era guay, ¿cómo se me ocurriría?"
No me gusta NADA la sensación de tener algo pendiente. La odio. Es como un picor en el cerebro que no me puedo rascar y que no me deja hacer ninguna otra cosa tranquila porque una parte de mis neuronas está pensando siempre en lo que debería estar haciendo. Sin embargo, soy la mayor procrastrinadora de la historia de la humanidad. Dejo siempre para mañana lo que puedo hacer hoy. ¿Por qué? Porque soy una contradicción andante y, en este caso en concreto, un poco imbécil.
Me gusta que las pelis y los libros acaben bien. Sorry not sorry. Ya sé que el drama da más de sí y que se alcanza mayor intensidad, profundidad y realismo (porque, siendo sinceros, la vida duele) con historias tristes, pero yo prefiero que los finales felices. Para llorar ya habrá tiempo.
No me gustan las personas que hablan mal de otra gente a sus espaldas. Me incomoda enormemente. Tengo la sensación de que en cuanto me de la vuelta harán lo mismo conmigo. Y fijo que estoy en lo cierto.
Me gusta cuando empieza a hacer buen tiempo, me pongo sandalias dos días, los pies cogen un poco de colorcillo y se me queda la marca blanca de las tiras. Tener marcas de moreno, aunque sean tan poco fashion como esas, es señal de que se acerca el verano y con él, las vacaciones. Mola.
No me gusta la roñilla posvacacional. Que se me desquebraje el bronceado me parte el alma porque implica el olvido total de las vacaciones. No mola un pelo.
Me gusta mojarme con la lluvia siempre que vaya directamente a casa a cambiarme y ponerme ropa y calzado secos y calentitos.
No me gusta jugar a algo y que mis contrincantes se piquen. El malperder me resulta incómodo, me parece muy infantil. Igual que los que se regodean demasiado en la victoria, más allá de la broma. Me agotan.
Me gusta que se me ocurra el regalo perfecto para alguien.Y ver la cara de alucine total cuando se lo das y le encanta.
No me gustan los petardos y casi nada del material explosivo e incendiario que se usa en fiestas y actividades de ocio. Qué necesidad de castigarse los tímpanos con eso. Qué necesidad.
Me gusta que la gente con la que me llevo bien me cuente la primera impresión que tuvo de mí cuando me conoció. Me parece muy curioso. La imagen que proyectamos y como lo entienden los demás según su momento vital.
No me gusta que se me empañen las gafas cuando hace mucho frío fuera y entro a algún local con la calefacción a tope. Me da una vergüenza que me muero. Tengo la sensación que con las gafas empañadas parezco Bartolo o el tonto el pueblo. Una gilipollez, ya lo sé, pero me pasa.
Me gusta que los monitores de mi gimnasio megamasificado se aprendan mi nombre, porque eso significa que se han dado cuenta de que soy de las fijas que van llueva o no llueva y es como un reconocimiento al esfuerzo y al constancia. No me dan una chapita de premio pero por lo menos saben como me llamo. Algo es algo.
No me gusta oír una canción y no ser capaz de recordar donde (en qué serie, película o contexto) la he escuchado antes. No puedo parar de pensar en eso hasta que me acuerdo. Otro picor en el cerebro que no me puedo rascar.
(He tenido que escribir esto para un tema mío y lo he aprovechado aquí. Igual es un poco dar la chapa de más, pero no puedo asegurar que no vaya a haber segunda parte. Os lo digo desde ya para que no podáis decir que no he avisado)
No me gusta el sonido de un grifo abierto sin razón o que gotea porque está estropeado.
Me gusta sentir la brisa fresca en la cara cuando empieza ya a hacer algo de frío y voy bien abrigada.
No me gusta tener que dar dos besos por cortesía a desconocidos que me acaban de presentar y a los que no tengo el más mínimo cariño.
Me gusta cuando me viene la inspiración para escribir mientras hago acciones cotidianas. Que se me ocurra una idea para un texto mientras voy en el autobús, o debajo de la ducha o tendiendo la ropa y sienta la necesidad de apuntarla para que no se me olvide y poder desarrollarla después.
No me gusta felicitar los cumples en grupos de whatsapp multitudinarios en los que tienes poca o ninguna relación con los que lo forman. Al "¡FELICIDADES!" número 128 el homenajeado ya no sabe ni quién se lo está diciendo y la palabra pierde hasta su sentido. No aporta nada el "¡FELICIDADES!" número 129, porque sólo se pone para no ser el único que no lo ha escrito. Eso ni es una felicitación ni es nada.
Me gustan los números pares.Son como redondeados, completos. Me gusta tener años pares, seguidores de twitter pares, correos pendientes de leer pares.
No me gustan los números impares. Me ponen nerviosa. Están como inacabados, imperfectos. Me incomodan tanto que he llegado a borrar fotos de mi galería del móvil sólo para tener un número par de imágenes. Así como os lo cuento. Una cosa ya de preocupar. Y sin embargo, diría que mis cifras preferidas son el 1 y el 7. ¿Por qué? Porque soy una contradicción andante y un caso digno de estudio, está claro.
Me gusta releer textos míos de hace mucho tiempo y no recordarlos hasta el punto de leerlos como si fueran de otra persona. Volver sobre esas líneas y encontrar bromas, chascarrillos, comparaciones o metáforas que molan y pensar "esta idea era guay, ¿cómo se me ocurriría?"
No me gusta NADA la sensación de tener algo pendiente. La odio. Es como un picor en el cerebro que no me puedo rascar y que no me deja hacer ninguna otra cosa tranquila porque una parte de mis neuronas está pensando siempre en lo que debería estar haciendo. Sin embargo, soy la mayor procrastrinadora de la historia de la humanidad. Dejo siempre para mañana lo que puedo hacer hoy. ¿Por qué? Porque soy una contradicción andante y, en este caso en concreto, un poco imbécil.
Me gusta que las pelis y los libros acaben bien. Sorry not sorry. Ya sé que el drama da más de sí y que se alcanza mayor intensidad, profundidad y realismo (porque, siendo sinceros, la vida duele) con historias tristes, pero yo prefiero que los finales felices. Para llorar ya habrá tiempo.
No me gustan las personas que hablan mal de otra gente a sus espaldas. Me incomoda enormemente. Tengo la sensación de que en cuanto me de la vuelta harán lo mismo conmigo. Y fijo que estoy en lo cierto.
Me gusta cuando empieza a hacer buen tiempo, me pongo sandalias dos días, los pies cogen un poco de colorcillo y se me queda la marca blanca de las tiras. Tener marcas de moreno, aunque sean tan poco fashion como esas, es señal de que se acerca el verano y con él, las vacaciones. Mola.
No me gusta la roñilla posvacacional. Que se me desquebraje el bronceado me parte el alma porque implica el olvido total de las vacaciones. No mola un pelo.
Me gusta mojarme con la lluvia siempre que vaya directamente a casa a cambiarme y ponerme ropa y calzado secos y calentitos.
No me gusta jugar a algo y que mis contrincantes se piquen. El malperder me resulta incómodo, me parece muy infantil. Igual que los que se regodean demasiado en la victoria, más allá de la broma. Me agotan.
Me gusta que se me ocurra el regalo perfecto para alguien.Y ver la cara de alucine total cuando se lo das y le encanta.
No me gustan los petardos y casi nada del material explosivo e incendiario que se usa en fiestas y actividades de ocio. Qué necesidad de castigarse los tímpanos con eso. Qué necesidad.
Me gusta que la gente con la que me llevo bien me cuente la primera impresión que tuvo de mí cuando me conoció. Me parece muy curioso. La imagen que proyectamos y como lo entienden los demás según su momento vital.
No me gusta que se me empañen las gafas cuando hace mucho frío fuera y entro a algún local con la calefacción a tope. Me da una vergüenza que me muero. Tengo la sensación que con las gafas empañadas parezco Bartolo o el tonto el pueblo. Una gilipollez, ya lo sé, pero me pasa.
Me gusta que los monitores de mi gimnasio megamasificado se aprendan mi nombre, porque eso significa que se han dado cuenta de que soy de las fijas que van llueva o no llueva y es como un reconocimiento al esfuerzo y al constancia. No me dan una chapita de premio pero por lo menos saben como me llamo. Algo es algo.
No me gusta oír una canción y no ser capaz de recordar donde (en qué serie, película o contexto) la he escuchado antes. No puedo parar de pensar en eso hasta que me acuerdo. Otro picor en el cerebro que no me puedo rascar.
(He tenido que escribir esto para un tema mío y lo he aprovechado aquí. Igual es un poco dar la chapa de más, pero no puedo asegurar que no vaya a haber segunda parte. Os lo digo desde ya para que no podáis decir que no he avisado)
lunes, 20 de agosto de 2018
Los hitazos del verano
Dado que, desgraciadamente, no ne ha tocado la lotería, el eromillones ni el cuponazo, no me ha quedado otra que ponerle fin a mis vacaciones y volver al curro. Sin animo de ponerme dramática, ya podéis suponer que esto ha sido un horror que me tiene emocional y físicamente arrasada. Sin exagerar.
Total, que ya estamos aquí. Por centrarme en lo positivo, lo cierto es que estos días de relax me han cundido. Sobre todo en lo que se refiere a desconectar. Poco ha faltado para que me olvidara hasta de mi propio nombre, así os lo digo. Me habría gustado hacer algunas cosas más de las que me ha dado tiempo, pero la verdad es que el nivel tampoco ha estado mal. Estos son los principales hits del verano:
-La gama completa de actividades relacionadas con los SpeedySobris de todas las tallas: saltar olas con los más peques, jugar al Uno, al Mentiroso y a Burro con los medianos y hablar de cine y de música con los mayores. Y eso sí que ha sido un hitazo inesperado, el plot-twist de las vacaciones: que ya se pueda charlar con los mayores casi como minipersonitas adultas cuando hace ná y menos había que cortarles los filetes porque no les dejaban usar cuchillo. Cómo pasa el tiempo, amigos..
-Salir de viaje y hablar un ¿inglés? macarrónico al más puro estilo "Yo Tarzán, tú Chita". No sé ni como leches hemos conseguido hacernos entender. Porque el lenguaje gestual es universal, supongo, si no, de qué.
-Pasar una semana andando 16 kilómetros diarios entre impresionantes paisajes rodeados de enormes masas acuáticas y que el trending topic de muchas conversaciones fuera: "¿Pero esto es un lago o ya hemos llegado al mar?"
-Ponerte al día con tus amigas de toda la vida a las que hace tiempo que no ves y que te manden a terapia."Yo creo que tienes algún tipo de bloqueo ahí, ¿eh?" Y yo lo que creo es que tengo un atasco vital de padre y muy señor mío, pero no termino de ver claro que ninguna terapia pueda hacer gran cosa para cambiar eso, la verdad. Aún así las conversaciones, las idas de olla y las risas me han venido muy bien, qué duda cabe.
-Sofocar minicrisis familiares intentando enterarte de todo mientras te haces la sueca de Estocolmo porque se supone que no deberías saber ni la mitad. Interceptar comunicaciones cifradas en whatsapp, mandar mensajes de esos que "se autodestruirán en 15 segundos" y en general actuar de agente doble en guerras que te han pillado en medio sin tener mucho que ver. Me ha faltado un walkie-talkie, contestar diciendo "águila roja llamando a águila azul, ¿me recibes?" y unos buenos abdominales para parecer Tom Cruise en Misión Imposible.
Seguiría, pero creo que con esto ya os hacéis una idea de como ha ido la cosa. Y luego que me cuesta volver de vacaciones. Como para no costarme...
Total, que ya estamos aquí. Por centrarme en lo positivo, lo cierto es que estos días de relax me han cundido. Sobre todo en lo que se refiere a desconectar. Poco ha faltado para que me olvidara hasta de mi propio nombre, así os lo digo. Me habría gustado hacer algunas cosas más de las que me ha dado tiempo, pero la verdad es que el nivel tampoco ha estado mal. Estos son los principales hits del verano:
-La gama completa de actividades relacionadas con los SpeedySobris de todas las tallas: saltar olas con los más peques, jugar al Uno, al Mentiroso y a Burro con los medianos y hablar de cine y de música con los mayores. Y eso sí que ha sido un hitazo inesperado, el plot-twist de las vacaciones: que ya se pueda charlar con los mayores casi como minipersonitas adultas cuando hace ná y menos había que cortarles los filetes porque no les dejaban usar cuchillo. Cómo pasa el tiempo, amigos..
-Salir de viaje y hablar un ¿inglés? macarrónico al más puro estilo "Yo Tarzán, tú Chita". No sé ni como leches hemos conseguido hacernos entender. Porque el lenguaje gestual es universal, supongo, si no, de qué.
-Pasar una semana andando 16 kilómetros diarios entre impresionantes paisajes rodeados de enormes masas acuáticas y que el trending topic de muchas conversaciones fuera: "¿Pero esto es un lago o ya hemos llegado al mar?"
-Ponerte al día con tus amigas de toda la vida a las que hace tiempo que no ves y que te manden a terapia."Yo creo que tienes algún tipo de bloqueo ahí, ¿eh?" Y yo lo que creo es que tengo un atasco vital de padre y muy señor mío, pero no termino de ver claro que ninguna terapia pueda hacer gran cosa para cambiar eso, la verdad. Aún así las conversaciones, las idas de olla y las risas me han venido muy bien, qué duda cabe.
-Sofocar minicrisis familiares intentando enterarte de todo mientras te haces la sueca de Estocolmo porque se supone que no deberías saber ni la mitad. Interceptar comunicaciones cifradas en whatsapp, mandar mensajes de esos que "se autodestruirán en 15 segundos" y en general actuar de agente doble en guerras que te han pillado en medio sin tener mucho que ver. Me ha faltado un walkie-talkie, contestar diciendo "águila roja llamando a águila azul, ¿me recibes?" y unos buenos abdominales para parecer Tom Cruise en Misión Imposible.
Seguiría, pero creo que con esto ya os hacéis una idea de como ha ido la cosa. Y luego que me cuesta volver de vacaciones. Como para no costarme...
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