Para lo abajo que está el estilismo capilar en mi escala de prioridades, lo cierto es que en este blog mi pelo, su rebeldía y sus cambios han salido mucho. Os he contado cuando lo tenía largo, corto, cuando lo teñí primero de moreno y luego de otros colores. Hemos comentado, incluso, hasta el fenómeno paranormal conocido como LA RASTA. Bien, pues aquí se viene un nuevo capítulo.
Vosotros no lo sabéis porque apenas doy la turra por aquí (guiño, guiño, codazo) pero mi momento vital es manifiestamente mejorable. ¿Y cuál es la receta estándar para crisis personales varias? Cambiar de imagen y, en concreto, de peinado. Así que en una ampliación del lema whatever it takes, he ido de excursión a la peluquería.
Y después de años de cambios... lo teníamos complicado para innovar. Ahora entre descanso de tinte y canas incipientes no tengo la melena ni amarilla, ni marrón, ni negra, sino de un (cuanto menos sospechoso) color gris oscuro, así que eso no lo hemos tocado para no liarla más. Los largos y los cortes fantasía ya los habíamos probado todos, así que hemos gritado "¡el que tenga miedo a morir que no nazca!" y hemos pulsado el botón FLEQUILLO.
Sí, amigos, por primera vez desde los 13 años tengo pelo cubriéndome la frente y, con la mano en el corazón os lo digo: no sé cuanto tiempo voy a aguantar. Llevo ocho horas y ya oigo gritarme a todas la horquillas y pinzas del planeta Tierra si pueden ayudarme en algo. Así que bueno, el tema está chungo, pero no perdamos la esperanza.
Todo sea por el feng shui capilar
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡Eh, no te vayas sin decir nada! No tengo el superpoder de leerte la mente.