Los toppings están bien, por supuesto. ¿Quién se atrevería a negarlo? Virutas de chocolate. Lacasitos. Trozos de Oreo. Sirope de fresa. Frutos secos rallados. Gominolas. Cereales de colores. Incluso algún elemento decorativo tipo sombrillita de cocktail.
Fantasía. Maravilla. Yo, de hecho, soy de las que ha llegado a decir alguna vez que lo mejor de los postres son los complementos. Siempre que debajo de ellos haya helado, claro.
Porque imaginaos (y de esto había una escena ilustrativa en Barrio Sésamo que ahora no logro encontrar en Youtube para linkarla) que sólo os ponen los toppings. Es decir, un plato con dos miligramos de virutas de chocolate, tres lacasitos, medio canutillo de oblea, un cuarto de Oreo. Y ya. Después no os dan la copa con dos bolas gigantes de helado de chocolate. Ni siquiera un triste cucurucho infantil. Nada.
Y tú, pasmado, preguntas: ¿No hay más? ¿Sólo es esto?
Y te contestan: ¿Te parece poco? Los toppings están buenísimos. ¿Es que no te gusta el cacao en polvo, el sirope, las galletas? No sé de qué te quejas, además. Hay gente en otras mesas que no tiene lacasitos o a los que sólo les han dado una cuchara corta y no llegan a rebañar bien el fondo del bol.
Ya... pero ellos tienen helado.
(Y no, esto no es una entrada promocional de Frigo, porque no estoy hablando de helados)
lunes, 18 de mayo de 2026
Toppings
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