jueves, 14 de mayo de 2026

Small talk

Hay pocas cosas que se me den bien, pero, sin duda, una de ellas es lo que los modernos llaman small talk. Las conversaciones de ascensor de toda la vida, vaya. En parte por talento natural y en parte por entrenamiento. Hace ya unos años que un porcentaje nada despreciable de mi desempeño laboral consiste en esto, lo que me convierte en cinturón negro en la materia, a la vez que me satura bastante. Porque hay días que no has dormido nada, que te han roto el corazón, que las hormonas te están apretando las tuercas... y no tienes el c*ño para farolillos. Pero sobre todo por la repetición. Recibir y tener que contestar los mismos comentarios genéricos una y otra y otra vez me drena la energía, a la vez que me saca de mis casillas.

Y bueno, si esto ocurriera sólo en entornos laborales, vale que vale. Pero siento que el 99% de mis interacciones diarias son superficiales. Gente a la que apenas conozco con la que no tengo confianza y con la que, desde luego, no puedo comentar más que generalidades. Nada que me importe de verdad.

Que vosotros diréis, ¿y tu familia y amigos qué? Y esto precisamente es lo que yo venía a consultar. Alcanzadas determinadas edades, ¿no os sentís un poco como en el programa de 59 segundos, que tenéis que contar lo que sea en menos de un minuto u os bajan el micrófono? Siempre hay un bebé llorando, o alguien en el hospital o un dolor persistente o un divorcio traumático o cualquier otro imprevisto que reclama atención urgente y que impide una charla tranquila. Y sin cierta calma y tiempo, ¿cómo se va a profundizar en nada? 

Y esa sensación fuera de casa, se multiplica por infinito dentro.¿No creéis que la vejez de los padres los aleja por completo? De repente ya sólo se habla de sus medicinas, de sus dolores, de sus citas hospitalarias. Cualquier problema serio tuyo o les va a preocupar o no lo van a entender, así que se lo ahorras. Ya no cabe consultarles esa duda de la declaración de la renta, ni te pueden echar una mano con la cisterna que gotea. Tampoco les quedan ganas ni ilusión para aconsejarte en la búsqueda de coche de segunda mano, algo que años atrás les habría encantado porque el tema les chifla. Ahora sólo te preguntan una y otra y otra vez por trivialidades que a ti te importan un bledo y que respondes una y otra y otra vez respirando hondo. Porque estás del small talk hasta la mismísima pepitilla.

1 comentario:

  1. Te entiendo perfectamente: en los últimos años, al menos yo, entre que me hago mayor y que las conversaciones con colegas son propias de un instituto, empiezo a pensar que el motivo por el cual el personal mata por tener trabajo remoto no es porque pueden ver Netflix mientras hacen su trabajo (gran falacia, por cierto: lo habrá, seguro, pero la mayoría de la gente es más productiva) sino porque no tienen que lidiar con todo el mamoneo que existe, donde el que no es una cheerleader o el capitán de fútbol lo lleva claro.

    Pero quizás es porque nos hacemos mayores y más cínicos, no lo sé: la gente tiene vidas más reducidas, todo gira alrededor de los hijos y, si tú no los tienes, eres un elemento extraño (¿Quieres tener una conversación de adultos en medio del cumple de Izán? Buena suerte).

    Y tú, que quieres conversaciones elaboradas, “quality time”, te encuentras con situaciones donde es imposible (nos pasa a todos: intenta tener una conversación con alguien mientras sus hijos intentan sabotearte porque les quitas la atención de la mami).

    Tranquila: dentro de unos años, cuando los nenes crezcan, volverán al redil, pero las maternidades y paternidades eliminan eso.

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¡Eh, no te vayas sin decir nada! No tengo el superpoder de leerte la mente.