lunes, 20 de agosto de 2012

Qué sabrán ellos

Os voy a decir una cosa que no le digo a mucha gente: me duelen los pies. No ahora mismo, sino de forma habitual, casi cada día. Igual que todos conocemos a alguien que tiene migrañas, o personas a las que se les resiente la rodilla cuando va a llover porque tuvieron una lesión o los típicos a los que se les carga enseguida la espalda, mi punto débil son los pies. Me molestan a todas horas.

Me dan la lata cuando ando mucho o no tanto, pero por supeficies irregulares. Es lo primero que me falla cuando intento hacer algún deporte y me toca saltar o pisar más fuerte que de costumbre. Se me hinchan enseguida y se me abren en cuanto cambio de calzado. Si me pisan, veo las estrellas, porque la mayoría del tiempo tengo algún bullullu turbio organizado en esa zona.

Comprar zapatos es un auténtico suplicio. Todos, ABSOLUTAMENTE TODOS, me hacen daño. Me aprietan, o me rozan o me provocan ampollas en sitios inverosímiles. He llegado a tener sandalias que me han quemado las plantas de los pies. ¿Cómo? Buena pregunta, nunca llegué a entenderlo. Eran de un material normal, como muchas otras, pero daba dos pasos con ellas, de día o de noche, y la piel de debajo del pie se me ponía en carne viva. Porque sí.

Sé que el dolor de pies no va a matarme, pero la verdad es que es un coñazo total. Me acompaña en las noches de juerga, en las que salgo hasta las mil y desde el minuto uno ya quiero descalzarme. Viene conmigo en excursiones, pachanguillas deportivas y días playeros. No falta a interminables jornadas de curro de pie, ni a bodas, bautizos y comuniones donde los tacones imposibles son casi obligatorios. Probablemente, hagas lo que hagas conmigo, yo prestaré atención a lo que me cuentas, pero por dentro también estaré pensando si tengo tiritas para ponerme  luego en las rozaduras que se me están formando en ese mismo momento, mientras hablamos. Lo pensaré, pero no lo diré en voz alta. Porque yo no hablo de mi dolor de pies.

Por eso me molesta tanto cuando me vienen los típicos quejicas profesionales a abrasarme con sus padecimientos. A darme la chapa con todo lo que sufren con la alergia que les aparece en primavera, o lo mucho que les duele la espalda porque trabajan, como tantos otros, ocho horas sentados. Y a decirme la suerte que tengo porque a mí no me pasa.

Qué sabrán ellos...

14 comentarios:

  1. Nada, mujer, les dices, como quien no quiere la cosa:

    ¿A tu edad, y ya hecho una mierda? Te veo mala cara, ciertamente; yo que tú iría haciendo testamento.

    No-fa-lla. Antes que volver a quejarse delante de ti, se come un truño de perro. Pruébalo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Está increíble la respuesta! La voy a usar!!

      Eliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  3. solo una palabra....
    plan-ti-llas
    vete a una ortopedia y gástate los 100 euros mejor gastados de tu vida, ojalá esto me lo hubiera chivado alguien hace 20 años...

    ResponderEliminar
  4. Por un momento pensé que ibas a quejarte de los zapatos de tacón e iba a reirme de tí, pero la verdad es que es una putada no poder llevar nada en los pies. Necesitas superpinreles.

    Prueba con lo que dice Primaveritis, aunque con tu suerte igual se te cae el pie o algo así... ¡Ánimo, sufridora en silencio!

    ResponderEliminar
  5. Joder, pero qué putadísima.

    Yo que no sé lo que es una ampolla...no sé cómo te sientes, pero sí puedo imaginármelo.

    ¿Has ido al médico? Cómo dice Primaveritis

    ResponderEliminar
  6. Cuando trabajaba en la droguería siempre iba y venía andando y al final cada día me hacía varios kilómetros a pie. Durante esos 4 años me salieron durezas, toda la planta de los pies se me puso de color marrón (que me quemé) y me salían ampollas acojonantes (una vez me salió una en el meñique que era más grande que el dedo mismo).
    Dolerme no me dolían, pero como ves también tengo los pies sensibles y te entiendo muy bien.
    ¿Cuando vas en bici también te molestan?. Deberías mirarte un calzado especial, pero en una tienda seria, porque en Decathlon tienen zapatillas que dicen que son especiales para la marcha pero después nanai.

    ResponderEliminar
  7. Daniel, lo que me molesta no es tanto que se quejen, como que se crean que son los únicos en el mundo que sufren. Aquí cada uno tiene lo suyo. Que no lo diga a todas horas, no quiere decir que lo que me pasa sea menos incómodo o malo que lo que les pasa a ellos... lo que ocurre es que no es mi estilo decirlo a todas horas.

    Primaveritis, pues he usado unas cuantas y no me han servido de mucho, pero es verdad que no las compré en una ortopedia ni me asesoré de qué tipo me convenía. Si me dices que a ti te funcionaron, seguiré tu consejo.

    Pues Zorro, muy maaaal por reirte de los tacones, que bastante tenemos con lo que tenemos ;P

    Misa, no sabes lo que es una ampolla? No te salen nunca??? Qué suerteeeeeee!!! Te odio un poco! ;P

    Doctora, pues si lo has sufrido ya sabes lo que es... un auténtico coñazo.








    ResponderEliminar
  8. Jo, yo también soy doña pupas. Y encontrar calzado es un suplicio porque uso un 41, tengo el empeine alto y los pies anchos, además de hipermegasensibles. He sentido como ardía la suela de mis zapatos bajo mis pies... En resumen, te entiendo tanto.
    Te recomiento la barrita de Compeed esa que anuncian contra rozaduras, funciona muy bien...

    Besos

    ResponderEliminar
  9. Es dura la vida de los superhéroes (y superheroínas). Además, sois gente que se queja poco y tiene que aguantar mucho.
    En fin, te llevaría en brazos un día entero para que al menos tuvieras 24 horas de relax pinreril. Pero de poco iba a servir...
    Haz caso a esos buenos consejos que te han dado ahí arriba, porque los pies te tienen que durar para toda la vida y aún quedan muchos malos a los que darles caña.

    besos

    ResponderEliminar
  10. Yo te entiendo perfectamente. Así andaba yo, sin importar qué calzado usara, el dolor era innombrable, mi problera eran más que ampoyas, calambres, con dos cuadras que caminara tenía calambres permanentes desde los dedos de los pies hasta la cadera... para morirse... todos los días...
    Inclusive tomaba medicamento para los calambres, porque no podía ni caminar, nada, y con frío o humedad, ni hablar.
    Un día mi papá me llevó (a los 20) con el ortopedista, un médico serio y decente, y me mandó a hacer dos tipos de platillas: para zapatos de piso y para tacones. Son lo más maravilloso del mundo. Con ellas podía caminar bastante más y el dolor disminuyó muchísimo.
    Se me quitaron los calambres cuando fui (por un año...) con una masajista para que me desinflamara las piernas y la cadera, y ¡listo!
    Ahora, aunque hay muchísimos zapatos que me molesta y lastiman, con algunos puedo caminar y bastante.
    Ah, porque también tengo el arco muy alto, levanto los dedos al caminar y esto hace que me roce los dedos siempre, que no me quepan los zapatos, que los compre hasta tres números más grandes... Por eso, decidí mejor quedarme con los tenis, unos zapatos de chinito (de esos de tela con suela suae, suave), y unas botas Dr. Martens. Son los únicos con los que puedo caminar, y no los dejo por nada...

    ResponderEliminar
  11. Por qué no pruebas a ir a un podólogo?? suelen saber bastante de esto, igual te solucionan el problema, el de los pies porque el de la gente quejica es mas dificil

    ResponderEliminar
  12. Bolboreta, funciona eso Pues lo probaré! No me fiaba mucho de eso antes de que me lo dijeras...

    Ariadna, si es que es un sufimiento! Tenemos una cruz con esto de los pies!!

    Sisma, si es verdad que el problema de la gente quejica es casi imposible de solucionar ;P

    ResponderEliminar
  13. ¿Eres piscis?
    Si lo eres no tiene remedio, si no PLANTILLAS, pero de las serias, de las que te hacen un estudio de si tienes desviación de la columna, si pisas de derechas o de izquierdas.Compeed a la menor molestia y silicona para cuando los taconazos.
    Y recuerda que hay mucha gente que sufre en silencio...las hemorroides.

    ResponderEliminar

¡Eh, no te vayas sin decir nada! No tengo el superpoder de leerte la mente.