martes, 10 de diciembre de 2019

Amor intergaláctico

Ella era la reina del papel couché (con permiso de su madre, claro). Él el ser más sabio de esta galaxia y de otra muy muy lejana. Tenían en común la forma almendrada de sus ojos y una manera peculiar de vivir la espiritualidad. Él estaba convencido de que todo podía explicarse por el poder de la Fuerza, con su lado bueno y su reverso tenebroso. Ella creía en la existencia de un ENTE superior que había creado el mundo en 7 días. Del resto del Universo no se especificaba nada, pero se sobreentendía la misma autoría, ¿no? Eso pensaba ella, al menos...

Había pocas probabilidades de que dos almas como esas, separadas en el espacio por cientos de sistemas solares, llegaran a encontrarse. Sin embargo la Fuerza del destino es poderosa, ya lo decía Mecano. Coincidieron en el Encuentro Anual Intergaláctico que se celebró en Madrid, justo un año después de la Cumbre del Clima. A ella le llamó la atención enseguida la serenidad de su rostro, la majestuosidad de su bastón y el color verdoso de su piel, pero no le terminaba de convencer que midiera menos que un niño de ocho años. Él quedó prendado de su candidez e ingenuidad aunque sentía que le faltaba la resilencia que aportan las experiencias vitales negativas. Las pruebas que tuvo que superar para ganar MasterChef pudieron ayudar algo a endurecer su carácter, pero todos sabemos que entre fogones todo se magnifica y que al final ni el león ni Jordi Cruz son tan fieros como los pintan.

Lo más difícil de superar fueron las barreras de comunicación. Las diferencias culturales de pertenecer a planetas distintos no tanto, porque eran personas viajadas y de mentes abiertas. Pero la tendencia de él a invertir el orden de las palabras en las frase y la afición de ella al spanglish no hacía sencillo que se entendieran. Aún así lo consiguieron, porque el amor es el lenguaje universal, también en el plano intergaláctico.

Tanto, que allí siguen, felices, una década después. Yoda tiene largas conversaciones con Mario sobre literatura, los premios Nobel y los avatares de la vida cuando van a comer a casa de su suegra Isabel. Tamara ultima los detalles de su subida al trono del mundo del corazón después de que su madre abdicara por motivos de salud. 80 años de reinado al servicio de los lectores cotillas es más que suficiente y la capacidad de estiramiento de la piel con cirugía plástica tiene un límite. Hay que dejar paso a las nuevas generaciones...

Así que Yoda y Tamara son felices, comen perdices y la Fuerza siempre les acompaña. Faltaría más.

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