lunes, 27 de enero de 2014

En el mar

Parece mentira que un libro sobre barcos puede decir tanto sobre tantas cosas que no tienen nada que ver con el mar ni ninguna otra masa acuática. Ya ha salido por aquí alguna vez, pero es que hoy, pensando en otras cosas, me he vuelto a acordar de Cabo Trafalgar de Pérez Reverte.


"Ése era el plan, tan impecablemente detallado como todos los de Napoleón. Cuarenta y ocho horas, pedía el fulano. Dadme sólo cuarenta y ocho horas de supremacía naval en el Canal y les meto a los ingleses varias divisiones en las playas, y un gol que se van a ir de vareta. Pero el Petit Cabrón, siempre eficaz en tierra, no tenía del mar ni zorra idea. Su maravilloso proyecto ignoraba las incertidumbres de la navegación, el mal tiempo, la insegura fortuna de guerra de un navío. Además, semejante encaje de bolillos requería un jefe de escuadra eficaz y responsable. Todo cristo sabía que Gravina era el hombre adecuado; pero Gravina era español, y a Napolichis ni le pasaba por la cabeza que un español se hiciera cargo de la operación. Así que aceptó el consejo de su ministro Decrés y nombró al recomendado de éste, Villeneuve: un capitán de navío valiente (en la defensa de Malta le había echado sus cojoncillos al asunto), pero indeciso e incapaz a más nivel, Maribel. Mandando la retaguardia gabacha, por ejemplo, cuando Nelson les rompió la cara a los imperiales en Abukir, el tal Villeneuve se había limitado a encajar leña inmóvil y resignado. Más desenvuelto en los despachos del Ministerio de Marina que en el puente de un navío almirante, carecía de voluntad propia y no aceptaba los consejos ajenos. O sea. Como jefe era un auténtico cenutrio.

-¿Para dónde tiramos ahora, mon admiral?... ¿A babord o a estribord?
-Yenesepá.
-Yo tiraría para babord.
-Yenesepá.
-Virgen santa."

Más razón que un santo. Si no tienes ni idea, pregunta. Si no quieres preguntar, confía en los que sí controlan el tema. Asesórate y toma decisiones, que para eso te pagan. Y sobre todo, Manolete, si no sabes torear... pa' qué te metes.

viernes, 24 de enero de 2014

Preparados, listos... ¡ya!

10

10 podían ser los millones que tengo en el banco.
O los meses de vacaciones que fueran obligatorios por ley.
O los regalos de Reyes pendientes que aún me quedaran por abrir.

10 podían ser las palmeras de chocolate que pudiera meterme entre pecho y espalda sin engordar ni un gramo.
O las citas con maromazos de ojos verdes que tuviera apuntadas en mi agenda para los próximos días.
O los viajes a destinos increíbles que me esperaran en un futuro cercano.

Pero no. Desgraciadamente, esa bendita cifra no corresponde a nada de eso.

10 son los exámenes que tengo el mes que viene. D-I-E-Z. Que se dice pronto. Esto no va a ser, como otros años, un febrero del horror. Ni siquiera un junio del horror total. Esto va a ser la guerra. Directamente. El infierno en la tierra. Fijaos que aún no ha empezado y ya no siento las piernas...

Pero bueno, si hay algo que las superheroínas sabemos hacer es combatir. Así que ya he preparado todo para la batalla. He revisado mis planos y mapas y he dejado muy a mano los libros de estrategias militares, por si tengo que hacer alguna consulta. He almacenado víveres, por si nos sitian y cortan las líneas de suministro y he organizado mis fuerzas y efectivos.

Esto va a ser un maraton, no un sprint. Estoy mentalizada de que hay que aguantar a toda costa, contra viento y marea. Así que ya sólo me queda respirar hondo.

La cuenta atrás empieza en 3, 2, 1....

           ¡¡¡¡ AL ATAQUERRRRRRR!!!

(Que diría Chiquito)

lunes, 20 de enero de 2014

Mis cuadros

No se lo digáis a Speedymum (que lleva este tema regular) pero aún tengo mi superguarida sin decorar. Las paredes están vacías (como si me acabara de mudar) desde que me trasladé, algo de lo que va haciendo ya un tiempecillo. Y vosotros os preguntaréis, ¿por? Y yo os respondo:  porque sufro un grado medio alto de memez. Pero como esto dicho así puede sonar más grave de lo que es, me voy a explicar.

Cuando volé del Speedyhogar lo hice un poco a lo loco. No tenía unas cuentas muy saneadas ni un futuro económico demasiado claro, pero pensé que ya era hora de decidirse, cerrar lo ojos, lanzarse al vacío y esperar con los dedos bien cruzados que mi situación se fuera estabilizando con el tiempo. De hecho, estaba TOTALMENTE segura de que se estabilizaría. Pero no sé, igual crucé mal los dedos o lo que sea,  porque esa estabilidad nunca terminó de llegar. Bueno, no voy a exagerar, sí que llegó: me estabilicé en la desestabilidad continua. Me instalé en un "a saber qué pasará mañana" perpetuo que era de lo más estable. Es más, siempre tenía claro lo que iba a ocurrir al día siguiente: algo que me iba a romper los esquemas. Eso fijo.

Esa estupendísima desestabilidad se traducía, en la práctica, en un riesgo cierto y continuo de tener que regresar al Speedyhogar en cualquier momento. Por eso nunca me decidía a colgar un cuadro, porque pensaba que quizás al día siguiente lo iba a tener que quitar para meterlo en una caja de mudanza y como dirían los del Cruz y Raya, si hay que colgar, se cuelga, pero colgar pa'na... es tontería.

Y así pasaron los días. Y los meses. La desestabilidad se hizo crónica y yo me acostumbré a convivir con ella, ignorando que estaba allí para casi todas las facetas de mi vida. Excepto para el tema decoración. En eso me entró una neura completamente absurda: me daba la sensación de que si colgaba un cuadro, el karma se iba a pensar que me había confiado en que todo iba a ir bien y por ser tan chula me iba a meter un viaje. Uno de los buenos, de los que te dejan tan tocada que igual no te queda otra que volver a Speedyhogar. Y eso tirando por lo bajo. Así que condicionada por esa gilipollez no colgaba ni un cuadro ni medio.

Aunque mi desestabilidad sigue tan estable como antes, ahora veo claramente la absurdez de esa neura. Sin embargo, mis paredes continúan vacías, en parte por costumbre y en parte porque me viene bien tener sitio libre. Para empezar para que me quepan mis medidas desesperadas ante el examen de alemán, que las listas de verbos irregulares cada vez son más largas. Y para seguir porque mi vida colapsadísima a veces merma mis reservas de energía positiva y me hace más falta que nunca recordar ciertas cosas.

Cosas como que equivocarse es humano. O que si no hiciésemos estupideces, nunca se haría nada inteligente. Cosas como que más vale ser uno mismo, porque los demás ya están cogidos o que la vida no consiste en que te toquen buenas cartas, sino en jugar bien las que te han tocado. Mis paredes también recuerdan que si quieres que tus sueños se hagan realidad tienes que despertar y que no hay que olvidar que, a veces, no conseguir lo que quieres es un golpe de suerte.

Esos son mis cuadros. No son un Miró ni un Picasso... pero a mi me sirven.

viernes, 17 de enero de 2014

Vivir sin coche

No tengo nada en contra de los coches. Están bien. Son cómodos. Te llevan adonde quieres ir y además de puerta a puerta, sin hacer trasbordos ni tener que andar. Si llueve y vas en coche no te mojas. No te hace falta estar pendiente de horarios o salidas para no perder el coche, lo coges cuando te conviene. En el coche puedes escuchar música, cantar a voz en grito o incluso dormir, siempre que no conduzcas tú, claro. Los coches molan.

Aún así, creo que estaremos todos de acuerdo en que se puede vivir sin coche. Para viajar está el avión o el tren y para moverte por la ciudad el autobús. Si tienes prisa, siempre puedes coger un taxi o engañar a un amigo para que te acerque a donde necesitas ir. Los coches son cómodos pero no voy a morirme si no tengo uno.

Ahora imaginaos por un momento que los coches estuvieran por todas partes, a todas horas, en todas las situaciones. Que toooooooooodos los libros hablaran sobre coches. Que en las películas, trataran lo de lo que trataran, para acabar bien, el protagonista tuviera que conseguir un coche al final. Que el 90% de las canciones contaran lo maravilloso que es tener un coche y lo mal que se está sin él. Que los poetas se inspiraran en los coches para escribir sus versos. Que los anuncios de colonia garantizaran que poniéndote tal o cual perfume seguuuuro que consigues un coche. Que en las portadas de las revistas apareciera el famoso de turno paseando por la playa feliz con su nuevo coche.

Pensad por un segundo que todo el mundo en las bodas te preguntara si ya tienes coche y que si es así cuando vas a contratar con él un seguro a todo riesgo. Que en el café de los descansos entre clases el tema de conversación fuera coches. Que cuando quedaras con una amiga que hace tiempo que no ves lo primero que te preguntara es que qué tal sigues con tu coche. Que una lección de tu libro de alemán explicara como encontrar un coche en Internet.

Imaginaos que España ganara el Mundial de fútbol y que la imagen más repetida, más incluso que los goles de la victoria, fuera la del capitán de la selección enseñando lo bonito que es su coche. Que Julieta se asomara al balcón cada noche para ver su coche y que Romeo se quitara la vida al pensar que su coche se había estropeado para siempre.

Si esa fuera la situación: ¿Viviríamos felices sin un coche? No creo. ¿Y sería culpa nuestra? No sé yo....

miércoles, 15 de enero de 2014

Colocar jugadores a ambos lados del campo

(Esta entrada es un intento turbio y me temo que no muy efectivo de explicar lo que algunos me preguntan en los comentarios, por qué tengo la vida tan colapsadísima como la tengo. A ver si se entiende algo)

En la Academia de Superhéroes a la que todos vamos antes de empezar a defender a la Humanidad por nuestra cuenta hay mogollón de asignaturas que sobran porque no sirven para nada. Mo-go-llón. Y es que yo no sé quien sería el listillo que incluyó en el programa formativo materias como "Historia de las capas y otros elementos complementarios de lo supertrajes", pero desde aquí quiero decirle que se ha lucido. Pero de verdad. Y que muchas gracias. Porque generaciones de superhéroes han perdido (y siguen perdiendo) su tiempo y 40 créditos lectivos en esta tontada, cuando podrían estar practicando su vuelo rasante o sus tácticas de combate cuerpo a cuerpo. Pero claro, como a los que le dejan la cara hecha un mapa en las primeras peleas es a los novatos y no al listillo de las capas, pues claro, así nos va.

De todas formas, por suerte, en la Academia también había asignaturas útiles. Una de las que más, sin duda, era la que explicaba la política internacional y como se relacionan (en la historia y en la actualidad) unos países con otros. No hay nada mejor que dar un paso atrás y mirar el conjunto para darnos cuenta de que lo que pasa en el mundo, (lo gordo, nivel guerras o crisis nucleares) forma parte de una partida de ajedrez entre unos pocos donde está todo calculado al milímetro. Luego nos venden la moto, que si evolución de mentalidades, que si ciclos financieros, que si cambios socioeconómicos, que si patatín, que si patatán, pero esas cosas son decisivas pocas veces en la historia. La mayoría de los conflictos y de las crisis se desencadenan porque alguno de los grandes quiere hacer jaque a la reina y para eso no le importa sacrificar un peón. Esto es así y es así.

Recuerdo que en los años en los que yo estudiaba había muchos bullullus turbios por Irak y esa zona. Algunos de los países de la Unión Europea querían meterse en medio del follón y otros no y a muchos expertos se les llenaba la boca diciendo que eso era un cisma en la UE, que mostraba su división interna. Mi profe, en cambio, afirmaba con toda seguridad que se trataba de una estrategia con la que  los europeos colocaban sus jugadores a ambos lados del campo: si lo de Irak acababa bien, la UE habría acertado al apoyarlo. Si terminaba como el rosario de la aurora, habría dado en el clavo quedándose al margen. Éxito asegurado.

Pues bien, esa también es mi estrategia. A esto vienen estos tres parrafazos nostálgicos de recuerdos estudiantiles que no terminabais de entender qué pintaban en esta entrada, a explicar por qué me complico la vida como me la complico. Mi día a día es una lucha (como el de todos, supongo) y hasta ahora las cosas no han ido demasiado bien para mi bando. He lanzado varios sistemas de ataque que, a pesar de reajustes y perfeccionamientos, han resultado no ser efectivos a la larga y ahora me toca buscar otra manera de ganar la guerra. La cosa es que después de tantas tácticas bélicas inútiles no sé bien por donde tirar y por eso aplico la estrategia de colocar mis jugadores a ambos lados del campo. Por eso los pongo a cuidar la retaguardia alemana y a vigilar la frontera con la Supermovida y a recargar munición en lengua de signos. Por eso estoy que no estoy y me paso todo el día de la ceca a la meca. Por eso no puedo soltar lastre. Porque, simplemente, ahora mismo, no me lo puedo permitir.

Y ya sé lo que me vais a decir, lo que siempre me repite Speedydad, que quien mucho abarca poco aprieta. Y tenéis razón. Pero el problema es que, aunque mi guerra empezó hace mucho, está casi como al principio, cuando queda todo por hacer, y por eso no puedo jugármela a una carta. No quiero arriesgarme a apostar por una sola táctica y que falle, como las anteriores. Ya no tengo tiempo para errores. Ahora lo que toca es estar en todos los frentes. No me queda otra.

lunes, 13 de enero de 2014

Trapicheando

Si la policía nacional se diera una vuelta por la Supermovida iba a hacer su agosto porque ahí nos llevamos unos trapicheos de flipar. Para vuestra tranquilidad os diré que no pasamos ni porros, ni pastillas ni ningún otro tipo de droga dura, lo que en ciertos momentos es una auténtica pena porque cuando llevas cuatro horas oyendo blablabla de lo que te dan ganas es de tomarte un copazo o algo más fuerte de pura desesperación. Pero en fin, a lo que iba, que puede que en Superchef no haya tráfico de estupefacientes, pero desde luego sí que hay contrabando. ¿Que de qué? Pues de apuntes, hijos míos, de apuntes: allí hay montado un mercado negro, que ríete tú del tráfico de animales exóticos. ¡Qué barbaridad!

El tema no era tan descarado hace unos meses, porque ya os dije que muchos de los concursantes de la Supermovida se veían sobrados y supongo que pensaban que no les hacían falta. Después llegaron los primeros exámenes y las primeras sorpresas en forma de cates como castillos y la gente ha empezado a verle las orejas al lobo. Sobre todo porque, la mayoría del tiempo, el tema está tal que así:

-¿Os habéis enterado de algo?
-De la mitad de la pizarra hacia la derecha de nada.
-Yo lo único que tengo claro es que la salsa de la pasta lleva nata.
-¿Pasta? ¿Pero ahora no estábamos con los solomillos?
-Ahhhh, ya me extrañaba a mí que hubiera que utilizar una sartén con aceite para cocer la pasta... ¿Me podrías dejar tus apuntes, a ver si me aclaro?
-Hombre, pues si los quieres te lo presto, pero te aviso: tengo letra de médico, para que me de tiempo a cogerlo todo escribo sin artículos y sin conjugar los verbos en plan "tú Tarzán, yo Chita" y a veces cambio la frase de orden...
-¿Y estos interrogantes?
-Eso es de cosas que no sé si me he enterado muy bien...
-Pues hay 10 por página...

Y todo el rato así. A medida que se acercan los exámenes, cunde el pánico y la gente busca desesperadamente alguna forma de enterarse de algo. Y ahí empiezan los trapicheos, claro

-Pues yo he encontrado en Internet una página que explica recetas con verduras...
-¡Ah!, ¿si? ¿Cuál?
-Una de Todococina...
-Bah, sí, ya la he visto, pero no viene nada de carnes ni pescados...
-¿Y este libro de la biblioteca no servirá?
-Hombre, serviría si quisiéramos hacer platos de los años 50.
-¿Y esas diapositivas?
-Se las pusieron a los del año pasado.
-¿Y qué pasaba? ¿Que les cobraban el papel a precio de oro o qué? Son tan esquemáticos que no ponen ni los verbos. ¿De qué me sirve que me detallen los ingredientes si no me explican qué hacer con ellos?
-Pues yo he conseguido unos apuntes de un amigo del novio de mi vecina que no están mal...
-¡Pásamelos!
-¿A cambio de qué?
-Una caña...
-Veo tu caña y subo dos pinchos de tortilla.
-Y un copazo.
-¿No querías que te presentara a mi amigo P? Traéme los apuntes mañana y se pasa por aquí en el descanso.

Competencia desleal. Así no hay que trapichee.

viernes, 10 de enero de 2014

Bus y más bus

No se puede decir que yo sea la persona más energética del mundo, pero habitualmente me las solía apañar bastante bien para estar todo el día a tope de power. Ahora la Supermovida, mi curro, defender a la Humanidad, pelearme con el alemán (el idioma, no un maromazo germano, que ya me veo que alguno se piensa lo que no es) y echarle un ojo a una Speedyfamily cada vez más enorme me deja las reservas de energía bastante tocadas, pero no es lo que me agota. Lo que realmente me deja para el arrastre es trasladarme de unos marrones a otros. Eso es un horror.

Creo que era John Lennon el que decía que la vida es lo que te pasa mientra tú te empeñas en hacer planes. Bien, pues eso sería para él que como buena pop star que era le llevarían en coche a todos los lados. Para los pobres desgraciados que, como yo, nos movemos en transporte público, la vida es lo que pasa mientras esperas el autobús. O mientras casi mueres aplastada en el bus. O mientras buscas las nuevas paradas de los recorridos de bus que a algún iluminado mandatario de Speedytown se le ocurre cambiar cada cinco minutos. Si Lennon hubiera tenido que vivir este drama ya veríamos si le había hecho una canción a un submarino amarillo o a un autobús rojo.

Total, que como ya habréis supuesto a estas alturas de la entrada, yo cojo mucho el bus. Muchísimo. Mi superguarida y mi curro están una en cada punta de Speedytown, así que yo me levanto cada mañana, atravieso el Pais de las Maravillas, cruzo Hogwarts, mato a la Bruja Blanca, salvo Narnia y si hay suerte, llego sin problemas a mi lugar de trabajo. Allí paso las horas del estrés del averno (que de vez en cuando incluyen otros dos magníficos paseos por la ciudad en transporte público), y vueeeeeeeeelvo a coger el bus para ir a sufrir en alemán a otra punta de la ciudad, distinta de la de mi superguarida. Paso dos horas la mar de entretenida sin entender ni torta de lo que dice la profe y me las piro a la Supermovida, adonde llego 45 minutos más tarde y ¡oh, sorpresa! en autobús. Allí me resigno a estar un buen rato oyendo blablablabla y cuando ya no puedo ni con mi vida viene Ambrosio con los Ferrero Rocher y la limusina y me acerca a casa (modo irónico on). Qué vida más dura.

Aún con todo, yo no llevaría tan mal este tema si por lo menos fuera ligera de equipaje. Pero no. Nada más lejos de la realidad. En mi maravillosa confraternización con los diversos medios públicos de transporte de Speedytown me acompañan cada día los apuntes de la Supermovida, el libro de alemán, el cuaderno, el diccionario, el ordenador del curro (que es ligero y manejable al más puro estilo zapatófono del Superagente 86), cables varios y las absurdeces totalmente inexplicables que aparecen en mi bolso cuando menos te los esperas. Absurdeces nivel un matasuegras. Y si, cuando lo vi yo también puse la misma cara que tenéis ahora mismo vosotros.

Que bueno, ahora que lo pienso, si los Speedysobris me cuelan matasuegras en el bolso en Nochevieja y yo no me doy ni cuenta hasta el 9 de enero, igual me merezco lo del autobús y todo lo que me pase, ¿no?

¡¡FELIZ FIN DE SEMANA!!

miércoles, 8 de enero de 2014

Hacerse la sueca

Si lo pensara en serio, mi situación de prebancarrota perpetua sería un tema preocupante, así que mi técnica para vivir sin agobios mortales es hacerme la sueca. Sigo a rajatabla las medidas de ajuste y racionalización de gasto que tuve que aplicar a mi economía y procuro interceptar cualquier inyección monetaria que se aviste en el horizonte, pero la cosa se queda allí. NI SE ME OCURRE hacer cuentas, porque sospecho que mis estupendos recortes, como los del Mariano, de poco están sirviendo. Me huelo que mis gastos ganan por goleada a mis ingresos (lo que en lenguaje marianista se diría vivir por encima de mis posibilidades) pero prefiero no saberlo a ciencia cierta. Más que nada, porque yo no tengo ningún impuesto que subir y ya no me quedan más partidas presupuestarias que eliminar, así que poco puedo hacer para equilibrar mi balanza de pagos. Bueno, aún confío en que me toque la lotería o encontrar un marido rico, pero ese tipo de incidencias económicas imprevistas no se pueden incluir en previsiones y balances. Qué le vamos a hacer.

Lo de la técnica de hacerme la sueca que os decía al principio de la entrada viene a cuento porque últimamente la aplico mucho. Muchísimo. La he usado, por ejemplo, en el cierre del ejercicio 2013, que se ha ido a tomar viento fresco sin que a mí NI SE ME OCURRIERA hacer reflexiones o repasos. Ni de coña, vamos. No quiero saber de verdad como ha sido el año pasado porque me huelo que, como mi situación financiera, es preocupante. Y paso de agobios mortales.

Sé que me quedan temas pendientes y ahí estamos, buscando soluciones. Algunos de estos remedios son reformas estructurales a largo plazo que ahora mismo son una tortura china pero que confío en que en el futuro me ayuden a resolver problemas. Cruzo los dedos. Por ahora sólo me queda resistir y pensar que si 2013 ha sido regulero, mucha culpa la tienen estas reformas que se supone que van a contribuir a que los años siguientes sean mejores. Así que aprieto los dientes y tiro pa'lante como puedo. Con los dedos bien cruzados.

viernes, 3 de enero de 2014

Adios 2013... hola 2mildesastre

Las últimas horas de 2013 volaron en el Speedyhogar en el caos habitual. Tal que así:

-¡Pero qué tarde llegas! ¿Donde estabas?
-Pues aparcando, que estaba fatal la cosa...
-¿Te has traído coche? ¿Y eso?
-Que esta noche salgo
-¡Ah!, ¿si? ¿Adonde?
-A un cotillón de esos organizados.
-¡Ah qué bien! ¿Y con quien vas?
-Sí, eso, ¿con quiennnnnnnnn vas? ¿Con tu amiguito?
-No seas perraco del infierno y empieces falsos rumorazos, Speedybrother.
-¿Amiguito? ¿Qué amiguito?
-¿No me habías dicho que ya está puesta la mesa para la cena? Es que si no estoy encima no dais una.
-¿Pero adonde llevas el taburete del baño? 
-Al salón, ya no quedan más sillas en la casa para que nos sentemos todos.
-Bien, pues ponemos música y jugamos al juego de las sillas para ver quien se sienta el último y le toca el taburete, que es bajísimo y ya me veo a quien se lo vais a encansquetar si no.
-¿Qué haces con ese plato?
-Pues a ponerlo, que falta uno.
-Somos 10 a cenar.
-Somos 11.
-Somos 10, a no ser que hayas invitado a tu amigo invisible a venir y no se lo hayas comunicado a Speedymum.
-Hablando de amigos, ¿tu amiguito viene, Speedy?
-¿Amiguito? ¿Qué amiguito?
-El que sale con ella esta noche.
-¡Ah! ¿Sales? ¿Y dónde vas?
-De cotillón.
-¿Quien ha quitado la copa que había puesto aquí?
-Yo, porque sobraba.
-No sobraba, mira, cuento: un, dos, tres... 11
-¡Que somos 10!
-Yo ceno al lado de la tía.
-No, L, tú aquí, donde el plato de plástico.
-No, al lado de la tía.
-L, que ahora es un lío cambiarlo todo.
-¡No, yo aquí!
-Venga, vale, te quito la copa y el cuchillo... Pero, ¿no falta un tenedor?
-¡¡¡¡Que somos 10!!!!
...
-¿Quien quiere más? Speedy, que tú eres siempre la baza segura para repetir, ¿quieres?
-Querría, pero he sufrido un ataque masivo de gambas por mi flanco izquierdo mientras no miraba porque le estaba cortando el pescado a L. Los que te habían dicho que querían tres y les has puesto 4, me han encasquetado las que les sobraban... y ahora tengo unas dos millones de gambas en el plato. Así que no, no voy a repetir, gracias.
-Que además no se puede llenar mucho, que hoy sale.
-¿Sales? ¿Adonde?
-De cotillón.
-Con su amiguito.
-¿Qué amiguito?
...
-Comprobad todos que tenéis 12 uvas en el plato, que las ha traído L de la cocina, así que se puede haber perdido alguna por el camino.
-A ver L, esto va así: cada vez que oigas una campanada, te comes una uva, ¿vale?
-Y mientras esperamos, que faltan 3 minutos, ¿qué tal si Speedy nos cuenta donde va esta noche? Que creo que aún no se lo ha preguntado nadie jajaja
¡Los cuartos, los cuartos!! ¿Quien no ha cogido su plato de uvas, que hay uno encima de la mesa?
-Todos tenemos uno... ese sobra.
-Si no puede ser que sobre, las he repartido yo, 11 platos justos.
-¡¡¡QUE SOMOS 10!!!
-Dong
-Dong
-L, espabila, que no te va a dar tiempo a comerte las 12 uvas.
-¡Es que tiene pipos!
-¿Vamos por la ocho o por la nueve?
-Por la nueve
-En la tele ponen 8 circulitos.
-Es la nueve.
Dong
-Ahora la 10
¡¡FELIZ 2014!!
-Joer, me ha faltado una uva, en la tele los circulitos iban mal.
-Ya te lo he dicho
...
-Bueno, yo me voy.
-¡Ah! ¿Pero que te vas? ¿Adonde?
-Creo que voy a ponerme a llorar

...

Al rato llego a (¿adivináis dónde?) al cotillón y lo primero que hago es sorprenderme de que mi amiguito (el que se ha inventado Speedybrother) no esté, porque ya me han preguntado tanto por él que me parece hasta real. Y ahí empieza mi 2mildesastre. Pero eso ya casi os lo cuento en otra entrada... que aún me dura la resaca.