lunes, 30 de abril de 2012

Mis novios imaginarios: Manu

En cuestiones cardíacas, lo peor que te puede pasar es enamorarte de alguien que no te quiere. Eso es un golpe de mala suerte como que te toque presidir una mesa electoral en los comicios municipales o que se te cague un pájaro en la cabeza, pero también es una putada de proporciones gigantescas, sobre todo si el tema se alarga. Y desgraciadamente, como la vida se ponga perraca y no te facilite un poco la huida, el tema suele alargarse.

También os digo que siempre hay unos pocos suertudos a los que esto no les afecta, porque vinieron de fábrica con el botón de "off" en el cerebro y tienen la capacidad de aceptar en dos milisegundos que lo que no puede ser, no puede ser y a otra cosa mariposa. O que les habilitaron en la mente la función "cambiar de canal" y por eso son capaces de dejar de pensar en las cosas que van reguleras y no darles más vueltas. Qué cabritos, los suertudos estos, ¿no? Igual pagaron un suplemento o algo cuando les encargaron a fábrica, ¿o qué? Yo estoy por pedirles a los Speedypadres la factura que les dieron por mí, a ver si aún estoy en garantía y me pueden mandar al servicio técnico a que me hagan un apaño. Que esto no puede ser, hombre, aquí o jugamos todos o rompemos la baraja.

Total, a lo que iba, que yo la gracia esta de enamorarme de quien no debía la he hecho alguna vez que otra, para qué os voy a engañar. Y en cambio, a lo mejor precisamente porque estaba distraida haciendo el primo, se han ido quedando por el camino chicos estupendísimos que habrían podido ser novios maravillosos. Potencial tenían, ya os lo digo. La cosa es que no sé si ellos habrían estado de acuerdo con el plan, más que nada porque ni siquiera llegamos a empezar negociaciones. (Lo aclaro, que luego os pensáis que soy Casanova en versión superheroína y que me he pasado la vida rechazando chicos buenos y rompiendo corazones. Y vamos, ni por el forro)

El caso es que como este es mi blog y hago lo que me peta, me voy a inventar como habría sido mi vida si hubiera convertido en mis novios a los chicos más estupendísimos de mi pasado. Si me animo igual hasta hago una serie de entradas. La voy a llamar mis novios imaginarios y empiezo por Manu.

Le conocí en el primer año de los estudios de contadora de cosas. Era alto, moreno y no especialmente guapo, pero con una mirada de esas intensas, que parece que en vez de mirarte, te escanean. Era amable, tenía mucha chispa y la misma mala costumbre que yo: reírse en momentos de agobio y tensión. Este es un hábito peligroso, porque cuando surge un problema, y aparecen los nervios, si te ríes, la gente tiende a pensar que no te estás tomando en serio la situación, y se cabrean. Nada más lejos de la realidad Igual que hay personas que liberan la preocupación y el estrés llorando o gritando, hay otros que no podemos evitar las carcajadas en esos momentos. A Manu le pasaba, igual que a mí, así que ni os imagináis las risas que nos echábamos antes de los exámenes o en los desesperantes trabajos en grupo. Siempre se le ocurría alguna tontada, como ésta que le soltó a una pobre compañera agobiadísima con su teórico del carnet de conducir

-Es que estos exámenes son el infierno, las preguntas son muy liosas. A ver, qué entiendes tú aquí: "Un vehículo de ocho plazas circula en una vía de doble dirección y arcén de menos de medio metro, en un cambio rasante, en condiciones de escasa visibilidad..."

-Pero a ver, como que ocho plazas, eso no es un turismo, en un microbus...

Y todo el rato así. Si hubiera sido más lista y le hubiera convertido en mi novio, posiblemente ahora seríamos felices y comeríamos perdices, porque habríamos superado todas las dificultades a golpe de carcajada. Quizá yo ahora defendería a los débiles en Capilandia, que es donde él cuenta cosas sobre deportes y me obligaría a tragarme tooooooooooodos los partidos de tooooodas las disciplinas deportivas habidas y por haber. Para compensar, yo le arrastraría mucho al teatro, claro. Y nos reiríamos. Nos reiríamos un montón. Eso seguro.

viernes, 27 de abril de 2012

Un bloguero, una palabra

En lo que se refiere a como soy o, más bien, la sensación que transmito, normalmente suele fiarme más del criterio de los demás, que del mío, porque pienso que tienen una visión más clara. Al fin y al cabo, es imposible ser objetivo con uno mismo, ni siquiera en lo físico, dado que la imagen más parecida de nosotros la obtenemos en los espejos, donde la derecha es la izquierda y la izquierda la derecha. También engañan las fotos y los vídeos, según la luz o el nivel de fotogenia que se tenga.

Y si eso pasa con el aspecto, que en definitiva es algo tangible, cómo no va a ocurrir con la personalidad. Lo que tenemos intención de decir, de hacer, una enooooooorme cantidad de veces no tiene nada que ver con lo que logramos transmitir. Tú haces A y en muchísimos casos la gente entiende B, eso es un hecho. Y no sólo porque la comunicación sea difícil, que lo es, sino porque estamos mediatizados por absolutamente todo: por las circunstancias de la interlocución, por el ánimos que tengamos nosotros, por como se sienta el que escucha... por todo.

En la blogoesfera esto se multiplica por mil. Aquí muchos tenemos un nick inventado, una imagen prestada, una personalidad urdida mediante palabras, unos textos que nunca se sabe cuánto tienen de verdad o de ficción e incluso unos colores de plantilla de blog que les sirven a los lectores para hacerse una idea de como es el bloguero. Lo curioso es que estos lectores construyen su propia imagen con los datos de la personalidad que el bloguero se ha inventado y quiere proyectar y con los pedacitos de verdad que a todos se nos escapan por las grietas de esa cuidada fachada. Y la conclusión es un max mix raruno que a veces tiene poco que ver con la persona real que hay detrás de las letras. Y otras mucho.

Por eso se me ha ocurrido una tontada para saber como nos ven los que nos leen: "Un bloguero, una palabra". Como muchos de los que paráis por aquí sois asiduos de los mismos blogs, propongo que todos describamos a esos blogueros que visitamos habitualmente con una palabra. Que sí, que un sólo término nunca es suficiente para definir a nadie y bla, bla, bla, pero haced un esfuerzo, que ya nos vamos conociendo y no tenéis precisamente problemas para expresaros. Así que al lío.

La idea es que la palabra que adjudiquéis a cada bloguero defina la sensación general que os trasmite su blog. No tiene por qué tener que ver con la personalidad blogueril que han elegido, ni con la persona real que intuís que hay detrás, ni con el yo físico que corresponde a ese nick, en el caso de que ya os conozcáis. Se trata de cazar una imagen mental, una sensación, con una palabra. Venga, ¿os animáis? Para que no se diga, empiezo yo:

Bich: espontaneidad
Doctora: carácter
JuanRa: hogar
ECDC: tierra (el lugar donde ha nacido, quiero decir)
Pseudo: pragmatismo
Papacangrejo: sencillez
Doctora Anchoa: temperamento
$MK: ironía
Bolboreta: candidez
Miss Hurry: romanticismo
Tarambana: positividad
Kurai: friki-monez (¿qué pasa? También valen palabras inventadas ;P)
Raindrop: metáfora
Fiebre: experiencia
END: especificidad
H@n: multitarea
Adalias. esperanza
Azahara: ingenuidad
Misa: sinceridad
Daniel: imaginación
KHaL: reflexión
Anusky66: emotividad
Babilonio: veteranía
Exseminarista yeye: preocupación

Vuestro turno.

miércoles, 25 de abril de 2012

Speedymum

La semana pasada fue el cumple de Speedymum. Taitantos añazos (para que vamos a concretar, ¿no?) que cumple la mujer y tan fresca. Yo cuando la miro, flipo. No porque sea una superheroína de podereres extraordinarios que ha vencido a los villanos más peligrosos y ha salvado al mundo de la destrucción total miles de veces (que también ) sino por ser la cabeza y el corazón de la Speedyfamily. Una tarea nada fácil cuando se tiene una familia como la mía, os lo aseguro. Somos muchos, rarunos y difíciles de manejar y aún así ella se las arregla, no sé muy bien como...

Se las apañó cuando la primera generación de superhéroes (mis hermanos y yo) aún éramos cachorros y totalmente incontrolables. Estaba sola en una ciudad nueva,  con Speedydad persiguiendo supervillanos al otro lado del mundo la mayoría del tiempo y aún así podía con todo. Por ejemplo con salidas de compras en las que Speedybrother se tiraba de cabeza desde cualquier sitio medio alto que encontraba, Speedysister Peque se sentaba en los escaparates a hacerles compañía a los maniquíes, Speedysister Mayor tecleaba en las cajas registradoras de las tiendas y yo me dedicaba a abrir tooooooodos los pintauñas que veia para pintarme un dedo de cada color. Y eso en las salidas tranquilas, claro.

También podía con la hora del horror (cena y baño) de cuatro monstruitos y conseguía organizarnos y mandarnos al cole a tiempo a todos, a pesar de que algunos iluminados como la menda lerenda llegaban al portal con zapatillas de casa porque se habían olvidado de ponerse los zapatos. Logró que comiéramos de todo a base de repetir "no es que la coliflor no te guste, es que te gusta menos que otras cosas" y premiarnos de vez en cuando con sus huevos rotos, que eran el no va más.

Siguió apañándoselas cuando crecimos y llegaron los primeros cates, los primeros trabajos, las primeras decepciones laborales y los primeros males de amores. Repitió uuuuuuuuna y otra vez, a uno detrás de otro, que no era el fin del mundo y que vendrían oportunidades mejores y novios más guapos, más divertidos y que nos tratarían mejor. Calculo que una tercera parte de su tiempo de ocio ha transcurrido en la cocina del Speedyhogar, que es donde se celebraban los gabinetes de crisis. Y donde se siguen celebrando, de hecho.

A estas alturas, toda la primera generación de superhéroes tenemos nuestra propia guarida y ha llegado la segunda generación: los Speedysobris. Speedymum consigue que dejen de llorar cuando nadie más lo logra y les convence de lo que sea que se hayan empeñado en no hacer en ese momento. Casi lo mejor que tiene Speedymum es que es multitarea: lo mismo te fija los objetivos didácticos de curriculum formativo para la primera etapa escolar del alumnado, que te ayuda a hacerte un disfraz de soldado imperial para la cena temática que tienes esa noche. Mantiene la calma pase lo que pase y jamás la he visto llorar por algo malo (por algo bueno, como la boda de Speedysister, igual se le escapa alguna lagrimilla...) Le gustan las películas que acaban bien, siempre pregunta quién es el malo en la series y en los libros y no se aprende el nombre de los actores extranjeros famosos ni a tiros.

Conduce estupendamente, aunque siempre deja al volante a Speedydad porque a él le encanta y me sigue ganando a las palas en la playa. Desde que se retiró de la lucha contra el mal, tiene hobbys sucesivos. Cuando le dio por fabricar broches de lana para las camisetas, tuvimos que pararle los pies, porque estaba haciendo tantos que ya no cabían en casa y ahora está tejiendo una colcha para mi cama. Siempre que voy al Speedyhogar la pillo con la aguja en ristre, yo creo que ya tiene material para 10 o 12 camas como la mía, pero fin, ella verá...

Speedymum es pasar mucho calor en verano y mucho frío en invierno porque "mi piel no me aisla nada" y repetirnos a todos "ala, ala, ala, exagerao", como si ella fuera el colmo de la no exageración. Speedymum es decirnos siempre "no sé qué hacéis tanto rato delante del ordenador" y luego pillarla ante la pantalla buscando dibujos para que los Speedysobris los coloreen. Speedymum es preferir sopas calientes "y platos de cuchara" incluso en pleno agosto y empeñarse en que todos nos llevemos tuppers a casa después de cada comida familiar.

Speedymum es... flipante. No os lo puedo explicar, tendríais que conocerla.

viernes, 20 de abril de 2012

¿Atascos a mí? ¡Tururú!

Es viernes y en este blog toca entrada. Y por mis narices que va a haber entrada. He estado a punto de no escribirla, porque soy de las que piensa que es mejor callarse cuando no se tiene nada interesante, o bonito o divertido que decir. Pero en este caso voy a hacer una excepción, porque estoy atascada y no me gusta. No me gusta nada. Así que me voy a quitar la tontería a base de palabras. Quedáis avisados, este post es totalmente prescindible, si seguís leyendo, bajo vuestra responsabilidad.

Me atasqué el miércoles. No sé por qué. Será que está siendo la semana del horror en mi curro, o los madrugones del averno, o que en Speedytown no sale el sol desde el siglo pasado. Será que ayer les robé 50 minutos a mis escasísimas cinco horas de sueño para alisarme el pelo y no seguir pareciendo una loca y hoy me ha caído la mundial encima. TRES VECES. Será que son fechas duras que me traen recuerdos dolorosos. Será que el síndrome premenstrual se acerca, OTRA VEZ. Será que estoy harta de algunas cosas. Pero me atasqué.

La cosa comenzó regulera. Empecé como un millón de intentos de entrada que acabaron en borradores horrendos que dudo mucho que jamás llegue a terminar. No me preocupé. Me pasa a menudo que la inspiración se hace la remolona y aparece cuando se acerca la hora límite. Vicios de contadora de cosas.

Ayer tampoco estaba muy fina. Tenía un par de ideas que pintaban bien mientras las pensaba en el bus de vuelta a casa, pero a las que luego no conseguí dar forma con las teclas. Tampoco logré darle una vuelta de tuerca a ningún borrador viejo para convertirlo en una entrada nueva, ni apareció una idea brillante de última hora para salvar el expediente. Cero pelotero.

Y no pasa nada, porque este es un blog de lerdeces, que leen cuatro gatos (MIS preciosos cuatro gatos) que el viernes ya están preinstalados en el fin de semana y no van a darse ni cuenta. Así que no, no se va a acabar el mundo porque no actualice. Pero esta semana he pasado frío, y sueño y he trabajado como una esclava, y he perdido mi segunda competición de esgrima y me he mojado mil veces con la lluvia. Y en general todo ha sido una caca de la vaca paca. Lo único que me faltaba es, que además de todo esto, no pudiera escribir porque estoy atascada.

Así pues: anuncio oficialmente el fin del atasco. Mañana, en el primer día de mi larguíiiiiiiiiiisimo puente, voy a dormir ocho horazas, a ponerme mi preciosa y escotadísima camiseta nueva, a alisarme el pelo y a plantarme delante del ordenador hasta que me salga algo decente. ¡Qué coño! Hasta que me salga algo bonito y pueda borrar la mieeeeeeeeeeerdaca de entrada que me estoy marcando.

Conmigo tonterías (y atascos) los justos, que he tenido una semana muy dura y estoy mu loca.

miércoles, 18 de abril de 2012

Gestos

Siempre me dicen que hablo mucho. No sé, puede que tengan razón, pero yo no estoy muy de acuerdo, la verdad. A mí me parece que hablo deprisa, me da tiempo a condensar mucha información en poco tiempo y que por eso la gente que me escucha se aturulla un poco. Pero hablo lo normal, más que algunos y menos que muchos. De hecho, más que de palabras, me considero una persona de gestos.

Si llego siempre puntual, incluso cuando sé que llevas el movil para avisarte, o que estás tranquilamente sentado en una cafetería con un libro que te tiene enganchadísimo, es porque me importas. Si me tomo la molestia de arreglarme con la suficiente antelación, de coger el bus tan pronto como para que un atasco no me descuadre el horario, es para que sepas que te respeto. Que igual que me espabilo para no llegar tarde a una entrevista de trabajo o a un examen, también lo hago contigo porque, de otra manera, eres igual de importante para mí.

Si me acuerdo del nombre de tus amigos de la playa en la que veraneas (aunque no los he visto nunca) o si sé cuál de tus compañeros de trabajo te putea y de cuál te puedes fiar cuando surge un marronazo laboral, es porque el que me interesa eres tú. Es mi demostración de que te escucho y de que estoy al día de tu vida, casi como si fuera la mía. Para que cuando necesites ayuda o un consejo, no tengas que explicármelo todo de cero... porque ya sabré de qué va el tema.

Si jamás me olvido de tu cumpleaños (sin necesidad de que me lo chive Facebook) y me acuerdo perfectamente de qué te hemos regalado otros años para no repetir regalo. Si recuerdo qué ensalada no podemos pedir para centro de mesa porque lleva cebolla o anchoas, o cualquier otro ingrediente que no te gusta. Si sé qué peli de cine podemos ir a ver todos y a cuál no vamos a poder arrastrarte ni a tiros y cuando ha llegado tu hora de "no retorno" en una noche de juerga, el momento a partir del que ya no puedes más y es ir a casa o morir.

Si intuyo por donde vas, incluso cuando te haces un lío al hablar y no acabas las frases y repites en bucle "pero, pero, pero, pero". Si me enfado cuando tomas malas decisiones porque, aunque es verdad que es tu vida y es cosa tuya, lo siento también un poco como cosa mía. Si noto perfectamente cuando estás diciendo blanco, pero en realidad piensas negro. Si me basta mirarte a la cara para saber que algo pasa, es porque te quiero.

Podría decírtelo o escribírtelo, pero prefiero demostrarlo. Porque las palabras son bonitas y me gustan, pero lo gestos valen más.

lunes, 16 de abril de 2012

De juerga con Blogguer

No os vais a creer a quién conocí el sábado. ¡¡¡¡Al jefazo de Blogguer!!!!...

Bueeeeeeeno, igual no era el jefazo jefazo, a lo mejor era un más bien un jefecillo intermedio, pero en la empresa curraba seguro, porque todo el rato le pitaban los oídos de lo mucho que todos los blogueros del mundo se estaban acordando de su madre. Pues eso, gente a la que se le habían juntado los párrafos de una entrada o desordenado las fotos... qué os voy a contar que no sepáis.

Total, que ya que lo tenía allí, aproveché para comentarle unos temas. Como podréis suponer, la conversación se desarrolló en perfecto inglés, pero os hago traducción simultánea para comodidad de todos (de nada ;P)

-Tronco, y la gracia esa del nuevo escritorio, ¿a qué ha venido?
-Nuevos tiempos, nuevo formato...
-Nuevas pifias...Pero a ver... ¿a  qué iluminado le habéis preguntado para hacer esos cambios? Va fatal, nos ha obligado a todos a modificar el formato de los comentarios para poder activar el seguimiento, la lista de blogs se ve peor, el corrector ortográfico es más lento que el caballo del malo... Y no me hagas hablar de las estadísticas de visitas... que no acabamos.
-¿Qué le pasan?
-Pues que haciéndolas la duquesa de Alba a ojo, se acercarían más a la realidad. El número total o está muy por debajo o muy por encima del real, que me lo chiva el Statcounter.
-...
-Qué pasa, no me mires así, os soy infiel con el Statcounter, sí, pero dada vuestra eficiencia tendré que diversificar mis fuentes, ¿no? Y ya que estamos, una curiosidad, ¿por qué de vez en cuando disparáis las cifras de visitas artificialmente? ¿Es un chute de moral para el bloguero? ¿Pero así, aleatorio? ¿No sería mejor preguntarle al afectado cuándo necesita ánimos? No sé, se me ocurre...
-Bueno..
-¡AH! Y una sugerencia, dejaos de tanto escritorio nuevo y poned una nueva aplicación que seguro que la agradecen todos los usuarios: un envío automático de avisos a los que llegan al blog con palabras clave que no tienen nada que ver con ese blog. A mí por ejemplo me tienen frita los que vienen buscando disfraces de conejita de playboy... A ver, qué a mí me vistieron de eso los cabrones de mis amigos para putearme el día de mi cumple, pero que yo ni compré el disfraz ni tengo ni idea de nada... ¡preguntadles a ellos!

En fin, que allí estuvimos, departiendo amigablemente entre copa y copa y cuando llevábamos unas cuantas, en plena fase de exaltación de la amistad, dejé de darle tanta caña:

-Blogguer essh el mejooooorrrrrr editor, y lossh coloresh sshoon muy bonitosh y cuando tieneshhhhhhh un día gris la gente te recomienda música luminosa, te manda ánimos de colores y abrazos virtuales y sopla para que se vayan las nubeshhh, y mola mazo.

La resaca bien, gracias. Ahora, si estos días veis alguna mejora en blogguer, ya sabéis a quién agradecérselo. ¡Ah! Y como al final de toda juerga que se precie, el de Blogguer y yo acabamos agregándanos a Facebook, claro, así que ahora lo tengo de amigo. Si se os ocurre alguna sugerencia más, dejadla en los comentarios... que se la pegaré en el muro.

viernes, 13 de abril de 2012

Gris

Nada. Cero. Niente. Nichts. Nasti de plasti.

El vacío total. Eso es lo peor.

Dicen que no news, good news. No estoy yo tan segura. Lo bueno es que pasen cosas. Que vale, que la vida es requeteperra y la tira de veces esas cosas salen mal. Y duelen. Y complican lesiones anteriores que han curado mal o que todavía están en proceso de curación. Los nuevos fracasos te hunden tanto que quieres sentarte en el banquillo y no volver a la pelea, para que no te tumben de nuevo. Porque estar en el suelo es horrible, desgarrador, lacerante. Y sobre todo desesperanzador.

Cuando el dolor es intenso, (intenso de verdad) la angustia invade tan completamente tu cuerpo y tu mente que te colapsa. Dejas de pensar. Pierdes la capacidad de raciocinio, de distinguir lo que depende de ti y lo que no, de recordar que ya antes has salido de cosas peores. Estás convencida de que no lo superarás, de que te quedarás para siempre en ese pozo negrísimo en el que te has caído. Al que te han empujado.

Por eso cuando el tiempo pasa y empiezas a ver el borde del pozo, sólo piensas que jamás volverás a acercarte a ese foso. Que el riesgo no merece la pena. Que más vale estar en tierra firme, aunque te lo pierdas todo, que exponerte a volver a la negrura. Porque no sabes si podrás escapar de ella de nuevo si vuelve a atraparte.

Y así transcurren los días, uno detrás de otro y otro detrás del siguiente. Y te mantienes a salvo de lo negro, pero el gris empieza a inundarlo todo. No hay dolor porque tampoco hay alegría, ni emoción, ni nervios. Todo es... eso. Gris. Un gris plomizo, denso, agobiante. Un gris tan espeso que no se puede atravesar, que te inmoviliza, que no te deja ver nada más. Un gris tan intenso que, a largo plazo, tiene los mismos efectos de la negrura, aunque no estés en el fondo del pozo.

Así que no, que no pase nada malo no significa que todo vaya bien. Sólo quiere decir que vives en modo ahorro de energía, con el piloto automático, a medias. Eres un zombie, un muerto viviente. NADA va bien.

miércoles, 11 de abril de 2012

La comunicación es una pifia

El mundo se divide en dos tipos de personas: los que escriben y los que no. Y no me refiero a escribir la lista de la compra o los apuntes de inglés (que lo hacemos prácticamente todos) ni a crear y elaborar cuidadísimas obras literarias (que no lo hacemos casi ninguno). Me refiero a escribir como forma de expresión, como manera de comunicación con los demás y con uno mismo.
Yo soy de escribir, ya os lo he contado. Lo necesito para tranquilizarme, para pensar, pero también para relacionarme con los demás. Las cosas realmente importantes (buenas y malas) a las personas imprescindibles de mi vida se las he dicho por escrito. También de palabra, claro, pero en algún momento, antes o después, las he convertido en letras. Porque lo necesito. Porque siento que lo expreso mejor y con más exactitud. Porque hablando soy un desastre: me descentro, me pierdo, destaco cosas que en realidad no quiero resaltar y me olvido de otras que era imprescindible para mí decir.

El problema es que el hecho de que yo me exprese mejor, no quiere decir que la gente me entienda más. En el papel no hay manera de transmitir la intención, el significado, que en las conversaciones ponemos en el tono, los gestos, las caras. Por eso hay tantos malentendidos por escrito. Porque por muchos emoticones que empleemos, onomatopeyas de risas o signos ortográficos que imitan caritas sonrientes que pongamos, siempre hay mucho riesgo de que las bromas se entiendan mal. De que se tome en serio una ironía con la que se pretende decir exactamente lo contrario a lo que expresan las palabras o de que no se entienda una exageración con intención cómica.

Y eso partiendo de la base de que el que escribe se maneja bien en la comunicación escrita, domina la ortografía y está a lo que está. Porque si nos metemos en las veces en las que queremos contar algo sobre una Vaca (animal) y nos sale una Baca (maletero), como la copa de un pino, ni os cuento. O los momentos en los que tenemos 10 ventanas del ordenador abiertas y contestamos en la que no es, o escribimos perro donde queríamos decir tractor. Y las ocasiones en las que se nos escapan los dedos en el teclado y parece que estamos inventando un idioma nuevo de todas las letras que sobran o que no están en el lugar que les corresponde en la palabra.

Si me dieran un euro por cada vez que le he escrito a alguien te "lamo" en lugar de "te llamo" a estas alturas ya sería millonetis. Que cuando hay confianza, tira que te va, pero un "te lamo" de esos en las primeras conversaciones con un posible proyecto de novio, pues es un tema: o acelera el ritmo de las negociaciones porque el chaval se piensa que estás requetedecididísima a darlo todo o sale corriendo al verte tan echá pa' lante tan pronto. Los "te lamo" son momentos cruciales y difíciles que podrían evitarse escribiendo bien, ni más ni menos.

Y aún así no es la peor pasada que te pueden jugar las letras escritas. Aún me acuerdo de un correo formal que recibí de temas laborales en el que un hombre, exquisitamente educado en el resto de su mensaje, se despidió con un "atentamente, un salido". Un salIdo. Pobre hombre, lo tiene tan asumido que lo reconoce hasta en la firma. Madre mía...

Y lo más triste es que de palabra nos entendemos un poco mejor, pero muy poquito mejor. Que la comunicación es un pifia. Y ya.

lunes, 9 de abril de 2012

Inventando vidas (III)

¿Qué tal la Semana Santa corazones? Antes de que se me olvide, me invento las vidas que me quedaban pendientes:

ECDC

Lo que sé
El Chico de La Consuelo es un maño de pura cepa, periodista de vocación, aunque no de profesión. A veces, le toca hablar en los medios a causa de su trabajo, que me huelo que tiene que ver con derecho y temas laborales. Durante todos los años que se enfrentó a las oposiciones demostró que no es un boxeador con mandíbula de cristal precisamente y ahora tiene una estupenda familia con la que de vez en cuando organiza performances dignas de La Furas dels Baus y en las que nunca nunca nunca falta una minipimer. ECDC da rienda suelta a su vena poética en su blog, que, como siempre dice él, es de culto, pero al que se puede llegar buscando en google "viva Radio Teletaxi" XDDDDDDDDDD

Lo que me invento
El hijo de Consuelo se llama José y no hace falta que os cuente mucho de él porque seguro que todos le habéis visto alguna vez. Por lo menos una parte de su anatomía. Y antes de que penséis mal aclaro de José es modelo de pies y ha servido de doble de estas extremidades a actores famosísimos como Ed Harris o Pierce Brosnan en taquillazos que nadie se ha perdido. Tener unos pies perfectos para dar bien en pantalla grande no es fácil, así que José tiene que aplicarles inmensos cuidados, entre los que se incluyen no andar demasiado. Esto le deja mucho tiempo para investigar delante del ordenador y encontrar esas pedazo de músicas minoritarias que luego nos regala en su blog. Pero esto no lo contéis, que tiene una imagen que mantener frente a su colegas de Hollywood...

Papacangrejo

Lo que sé
Como su nombre indica, Papacangrejo es un extraterrestre que ha venido desde la Galaxia Cangrejo con su mujer Mamacangreja y su precioso chiquitín, Cangrejito. Como son extraterrestres, pero no tontos, han elegido tierras valencianas para vivir, porque les han chivado que allí hace buen tiempo casi todo el año. A Papacangrejo no le gusta el fútbol, aunque es forofo incondicional del Castellón (creo) y se dedica a temas relacionados con el diseño gráfico, sobre lo que está poniendo en marcha un nuevo proyecto. El resto del día es papá a tiempo completo y nos cuenta todas las aventuras de Cangrejito en su blog.

Lo que me invento
Seguro que alguna vez habéis oído a Papacangrejo decir lo mucho que le interesa la lengua y cultura japonesa y no es de extrañar teniendo en cuenta que, en realidad, él proviene del país del Sol Naciente. Allí en Japón era toda una celebridad porque fue campeón nacional de sumo en repetidas ocasiones, pero llegó a tener tanta fama que no podía vivir tranquilo y decidió mudarse a España a disfrutar de su jubilación bajo el sol. Ahora dedica su tiempo a tostarse en la playa y a perder los kilos que le sobran (muy útiles en las luchas de sumo, pero algo incómodos para la vida diaria) gracias a la milagrosa dieta Dukan. A ver si nos escribe en su blog unas cuantas entradas con consejos para adelgazar, que ya llega el veranito y hay que ponerse a tope con la operación bikini. XDDDDDDDDDD

Bolboreta

Lo que sé
Bolboreta es una gallega locatis de la vida que está a puntito (si no lo ha sido ya) de ser mamá (a su bebé Lola le está costando decidirse a salir de su tripa). En los últimos tiempos, la vida de Bolboreta ha sido como un anuncio de Meetic: Conoció a Amor Verdadero gracias a esta web, se enamoraron a los 5 segundos, se fueron a vivir juntos a los 10 minutos, a Lola la encargaron a la media hora de conocerse y ahora les queda toda una vida de felicidad por delante. Creo que Cupido estaba pensando hacerles protagonistas de su próxima campaña publicitaria, no sé si ya se habrá puesto en contacto con ellos. XDDDDDDDDDDD

Lo que me invento
Bolboreta, que en realidad se llama Lisa, es de las que saben que lo importante para triunfar en esta vida es tener una buena idea de negocio, así que un día se paró a pensar... y se inventó las minisombrillas. No hombre, las de la playa no, las pequeñitas esas de papel de seda de colores chillones que llevan los cocktails exóticos. Que serán de adorno y todo lo que tú quieras, pero que a todo el mundo le mola que su copa lleve una. Lisa patentó su idea, y ahora por cada sombrillita que se pone en cada cocktail del mundo, se embolsa un euro. Echad cuentas, si os atrevéis. Y parecía tonta la Bolboreta cuando la cambiamos por el burro... XDDDDDDDD

Tarambana

Lo que sé
Pues por lo que cuenta en su blog, poca cosa: que tiene veintipocos, que está estudiando algo en lo que necesita hacer trabajos en grupo y que le encaaaaaaaaaaaantan los comics y todo lo relacionado ligeramente con frikismos varios. (Pensándolo bien, no tan ligeramente ;P) Por sus comentarios sé que es experto en batallas de juegos de mesa, que le gusta mucho pasear y que quedaría bien clasificado en unas olimpiadas de amabilidad, porque siempre se le ocurre algo amable que decir. Y se agradece, la verdad.

Lo que me invento
Pablo (o Tarambana, como vosotros lo conocéis) lleva siendo farero toda su vida. Llegó a su faro hace como un millón de años, la última vez que cruzó el Canal de la Mancha a nado, cuando aún era un deportista afamado, numerosas veces campeón del mundo de natación de largas distancias. En su última travesía de este tipo llegó a su faro, se enamoró de él... y dejó atrás su trayectoria de premios y reconocimientos para abrazar una vida de dureza y soledad, pero cerca del mar, SU mar, lo único importante. Mientras vigila la furia de las aguas desde su atalaya particular, Pablo navega por su imaginación y por Internet. Sus descubrimientos los comparte en su terraza bloguera.

viernes, 6 de abril de 2012

Premomentos happy chupis

(Si después de leer este horror de título habéis seguido adelante, sois unos valientes, os dedico desde el otro lado de la pantalla el aplauso que os merecéis y os prometo que la entrada mejora a partir de aquí. Más que nada porque era muy difícil ir a peor. En fin, que se hará lo que se pueda, como siempre. Allá vamos.)

Lo de encontrar a la pareja de tu vida y vivir en "amor todo el rato siempre" está muy  bien, no seré yo quién lo niegue. Tener alguien que te quiera, que te apoye, que sepa lo que estás pensando con sólo mirarte a lo ojos. Que te haga mimos en el sofá, que te regale justo lo que quieres por tu cumple o reyes, que lo sepa todo de ti. Alguien con el que te imagines construyendo un futuro común y viviendo el resto de tu vida, vaya. Tener eso está muy requetebien, la verdad.

Pero bueno, por sacarle alguna pega, reconoceréis que a esa etapa le falta emoción, diversión, la efusividad de los primeros momentos, de los pasos previos a que nazca una relación. Esos "si pero no", en los que se huele claramente que va a ser un sí. Un sí que a ti, (que a los dos) os apetece un montooooooon. Esos premomentos happy chupis. Como estos:

-La primera vez que notas que te mira. Mucho. Que al principio piensas que tienes una mancha en la camiseta o que se te ha corrido el maquillaje o que tienes detrás una tía buena que es la verdadera razón por la que mira en tu dirección. Pero luego resulta que no, que eres tú lo que está mirando. Y mola.

-La primera vez que te das cuenta que recuerda nimiedades que tienen que ver contigo, como que has guardado el movil en el bolso y no en el abrigo después de terminar la última ronda de cañas en el anterior bar o que fuiste a la peluquería hace tres semanas y no cuatro, como crees recordar tú. Que te extrañas de que se acuerde y te sonríes ante la posibilidad de que no sea sólo buena memoria. Que sea algo más.

-El primer e-mail que te manda con alguna excusa muy floja, como que le pases unas fotos (que sabes que tiene) de la última juerga de la pandilla o que ha leído no sé qué, no sé donde que podría interesarte. Que tú dudas si has puesto una excusa taaaaaaan mala porque quería que supieras que era una excusa o porque no se le ha ocurrido nada mejor y en los dos casos piensas: ¡¡¡¡Qué monooooo!!!!

-El primer café (o la primera caña, o el primer cine o la primera salida) a solas, en la que hay dos conversaciones paralelas: la que mantenéis los dos como podéis en voz alta y la interna de la mente de cada uno. ¿Pero esto es una cita? No sé, yo le veo muy tranquilo, igual es una salida de amigos. A lo mejor la que parece demasiado nerviosa soy yo. ¿Me habré arreglado demasiado? ¡Joer, lo sabía!, no tenía que haberme puesto la camiseta roja del escotazo... Y ahora se empeña en pagar él, me roza la mano y me toca un momento más de lo necesario... Es una cita. Seguro. Si, ¿no?

-La primera vez que te acompaña a casa,  el camino más eterno de tu vida porque el guirigay mental alcanza cotas máximas. Me besará, ¿no? Yo creo que sí, que ha ido bien la cosa... Y si no se decide, ataco yo, que ya vale de esperar acontecimientos como una pazguata... Porque seguro que esto era una cita, ¿verdad? ¡A ver si me voy a caer con todo el equipo!

-El primer beso, premomento happy chupi por excelencia. Qué os voy a contar de esto que no sepáis.

miércoles, 4 de abril de 2012

El imperio de los montapollos

(Montapollos: dícese del especimen humano, macho o hembra, que forma parte de un grupo y nunca acepta las decisiones que se toman en él, quejándose cuando no le conviene lo que se ha decidido. Habitualmente expresa su disconformidad con malos modos, atacando a los que no defienden su postura y organizando una situación de conflicto que coloquialmente se conoce como "montar un pollo". Entre estos ejemplares existen diversas subclasificaciones. Una de las más peligrosas la forman los montapollos que además de iniciar y agudizar el conflicto, desempeñan el papel de víctima de la situación)

Siento ser yo la que os dé esta mala noticia, pero no, no vivimos en democracia. Y tranquilos, que esta no es una entrada de política, ni voy a hablar del bipartidismo, ni de la dictatura de los mercados ni de esos temas de lo que habría tanto que decir, pero de lo que no es el momento ni el lugar. Voy a escribir sobre los verdaderos tiranos de la vida, los personajes bajo cuya sombra sobrevivimos todos como podemos: lo montapollos.

Desgraciadamente, todos tenemos alguno en nuestro entorno y, si hay mala  suerte, varios. Son esos desagradables personajes que se dedican a organizar pifostios cada vez que algo les contraría. Se creen en posesión de la verdad absoluta, son egoístas como ellos solos y no tienen pudor algunos en emplear malos modos para conseguir lo que quieren. En su infinita estupidez, se piensan que tienen más mala leche que nadie, cuando lo que ocurre en realidad es que los de su entorno, con tanto o más carácter que ellos, deciden ceder para hacer posible el acuerdo. Más que nada porque de eso va convivir, de alcanzar pactos, de conciliar posturas enfrentadas.

Lo lógico es que estos acuerdos se produjeran en el término medio, cuando ambas partes hubieran modificado un poco su opinión. Pero la lógica no cabe en la cabeza de los montapollos (claro, la mala leche no les deja espacio en el cerebro para nada más) que quieren salirse con la suya siempre. O consiguen lo que quieren o montan el pollo. Los de su entorno ceden una y otra vez para evitar un conflicto desagradable e incómodo para todos hasta que, después de mucho dar su brazo a torcer, se les hinchan las narices. Y no quieren ceder más.

A estas alturas está tan harto el que se planta y dice que ni de coña el montapollos se sale esta vez con la suya, como el resto del grupo, así que suelen darle la razón, y apoyar su cara a cara con él. Y en el colmo de la falta de verguenza, el montapollos reinterpreta esta oposición como un ataque colectivo contra él y se hace la víctima. ¡Tócate los cataplines, Mariloles! Él, que siempre organiza todos los follones. Él, que crea mal ambiente con sus continuas y desaforadas exigencias. Él, que se cree con derecho a emplear malos modos con todos. ¿Él, la víctima? ¡Tururú!

El caso es que el montapollos es una evolución genética de su bisabuelo, el quejica profesional, y algo le queda de la habilidad de su antepasado para manipular a la gente y hacerles sentir culpables con el fin de hacer su santa voluntad. Así que siempre hay algún pardillo que cae en sus redes y se apiada del montapollos vestido ahora con piel de cordero y pide a los demás, por la concordia y el bien común, que cedan. Y lo más gordo es que, como el hombre es el único animal que tropieza infinitas veces con la misma piedra, la cesión llega y el montapollos, DE NUEVO, se sale con la suya.

Así que, desde aquí os lo digo:

¡DESPERTAD! ¡LIBERAOS DEL IMPERIO DE LOS MONTAPOLLOS! ¡ACABEMOS CON SU TIRANÍA!

Yes, we can!!!!!!!